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Capítulo 7:

 La mente funciona como un computador, tiene su propio lenguaje

Un día al lado del mar, estaba la señora gansa, limpiándose sus plumas con una cara de preocupación impresionante. Ella estaba allí, mirando la magnificencia de la naturaleza, escuchando simplemente el sonido del mar y viendo cómo los animalitos se divertían; se entretenía mirando cómo a lo lejos los delfines bailaban y cantaban... mientras todos estaban felices ella no podía dejar su preocupación.

Hacía pocos minutos se había ido el señor ganso; se había ido muy enojado y le había dicho que estaba pensando seriamente en abandonarla, pues ya no se la resistía; preocupada, la gansa se preguntaba una y otra vez: "yo no entiendo, no entiendo cómo es posible, que este hombre maravilloso que me ama profundamente quiera dejarme.

Los gansos jamás dejan a las gansas, los gansos se casan para toda la vida. ¿Cómo es posible que me quiera dejar?" Se preguntaba mientras se miraba en el mar; veía su reflejo, se veía hermosa, se veía blanca, iluminada, sabía que era suave, sabía que normalmente no ponía mayor problema, pero el señor ganso estaba muy enojado con ella.

Su mente no dejaba de tratar de encontrar respuestas: "yo no entiendo por qué es tan tonto; sólo porque yo esta mañana pelee un poco, porque él es un desordenado, porque lo deja todo tirado; las cosas no funcionan así. Yo todos los días me mato arreglando la casa y este ganso pareciera que no me amara ni pensara en mi; lo único que hace es ir sacar la camisa y preciso saca la última camisa que hay y me deja todo el closet desordenado; se come la comida y hace migas por todas partes; no se sienta en la silla, si no que se recuesta y parece que se desparramara, lo que ha deformado la silla totalmente.

Estoy cansada, realmente estoy muy cansada; no entiendo por qué el señor Ganso es así conmigo. Yo todos los días estoy hermosa para él, yo todos los días me preocupo por él, quiero que todo se vea hermoso, que todo se vea bien, muy limpio y él definitivamente no lo entiende ni lo agradece. La gansa seguía haciendo su limpieza matinal, totalmente metida en sus pensamientos con una cara de preocupación tal, que los animales pararon de jugar para mirarla fijamente.

De repente un hermoso delfín rosado se le acercó. El delfín sacó su naricita del agua y miró con una gran sonrisa a la señora gansa. Ella estaba tan ocupada que ni cuenta se dio que estaba siendo observada. Después de unos minutos el delfín rosado tosió suavemente; fue entonces cuando la señora Gansa se disculpó por no verlo.

Él simplemente dijo: no se preocupe señora. La vi tan pensativa y meditabunda, que por eso decidí venir a visitarla para ver si puedo ayudarle de alguna forma. La señora gansa asintió con su cabeza y moviendo majestuosamente su cuerpo se metió en el mar; se arrimó al delfín y le dijo: creo que nadie puede ayudarme. Mi esposo está a punto de separarse de mí porque dice que lo molesto mucho. Yo lo único que hago es preocuparme por él y tener en casa todo hermoso e impecable; Me arreglo para él y ni siquiera lo nota; su escritorio en el estudio es un desastre y si lo arreglo se enoja conmigo pues dice que el entiende su desorden; Arreglo el closet y preciso saca la última camisa del cajón dejando todo vuelto nada; Si me enojo dice que yo no molesto sino que j.... ya no se qué hacer.

Y el pequeño delfín rosado brincó en el agua mientras se carcajeaba y le decía a la señora gansa: ahora entiendo, usted está viviendo el síndrome de incomunicación, por no conocer el lenguaje del cerebro. ¿El lenguaje de qué? Preguntó la Gansa. Pues el lenguaje de ese computador que tenemos los seres vivos que se llama cerebro.

La señora Gansa no entendía nada de lo que decía el delfín. Por eso él mirándola le dijo que no se preocupara, que él le explicaría para que después ella no tuviera que volver a sufrir con su esposo.

A mi me pasaba lo mismo- comenzó contando el delfín rosado- Un día llegué a casa y mi esposa tenía todo listo para irse, pues decía que había descubierto que yo ya no la amaba. Yo un ser amoroso y dulce, que no sabía qué hacer para demostrarle todo lo que la quería. Yo, que le llevaba flores cada semana, le compraba chocolates, que le había hecho un hermoso castillo para que viviera y que le daba besitos todos los días... sin embrago ella estaba empeñada en que ya no la amaba, pues decía que jamás se lo había dicho. A mi esto me parecía lo más tonto del mundo, pues en ese momento creía que el amor se demostraba y no se decía.

Ella salió de casa llorando, se llevó mi delfincito adorado, y yo como un tonto no hice nada. Después de superar el shock que me produjo el verla partir, salí como un loco a buscarla por todas partes y no la pude encontrar por ningún lado; desesperado me fui a las aguas más profundas y tormentosas, con la idea de que los remolinos del mar me mataran y acabaran con mi suplicio. Cuando estaba listo, dispuesto a dejarme morir, del fondo del mar salió una hermosísima sirena que me tomó en sus brazos y me permitió llorar mi pérdida. Sin preguntar nada, se limitó a acariciar mi lomo consolándome hasta que por fin me calmé; en ese momento me entregó una información que cambió mi vida.

La sirena había estudiado con unos hombres muy sabios el fenómeno de la comunicación; juntos habían descubierto que el cerebro es como un computador que tiene lenguaje propio. Le explicó que lo impactante de esto, es que ese lenguaje está en todos los seres, pero, ¿qué nos ganamos si tenemos el mismo lenguaje, si no lo utilizamos correctamente?. Es como tener el mejor computador del mundo con los mejores programas pero no los sabemos manejar; así no sirve para nada.

Trató de enseñarle que lo mismo le pasa al hombre con su cerebro; recibimos información del universo a través de los sentidos y cada uno de nosotros percibe el entorno, explica la experiencia, construye su propio modelo del mundo y lo representa de una manera diferente, de acuerdo con el sentido que más domina. Todos tenemos y usamos todos los sentidos, aunque tenemos también un sistema preferente a la hora de procesar la información.

Estos hombres sabios llamaron a esto Sistemas representacionales, pues con ellos representamos la experiencia externa o interna que estamos viviendo. Algunos lo conocen también como canales de comunicación, pues es la forma cómo nos comunicamos con el mundo.

Los problemas de comunicación no son problemas; son asuntos que se pueden arreglar en el ámbito de la comunicación, conociendo y aprendiendo a manejar ese lenguaje maravilloso del cerebro. Cuando entendemos que todas las personas procesan o codifican los mensajes de manera diferente, entendemos por qué tenemos tantas dificultades para que nos entiendan.

Descubrieron estos hombres, tres sistemas representacionales básicos que van formando los patrones del comportamiento: Los tres sistemas son: el visual, el auditivo y el kinestésico. Todos tenemos todos los sentidos, por lo tanto tenemos todos los sistemas, sin embargo muchos tenemos uno que domina sobre los demás.

Las personas con un sistema visual dominante son aquellas a las cuales la información les entra a través de los ojos. Sus ojos son como parabólicas que les permiten recibir la información del mundo. Todo para ellos es considerado en imágenes, todo lo visualizan. Procesan la información usando los ojos, por eso los mueven mucho, para arriba y hacia los costados como buscando como se ve todo.

Les molestan las cosas en desorden y por eso son muy organizados, muy pulcros; siempre están haciendo algo para ordenar todo alrededor. Se ven elegantes, muy bien puestos, muy bien vestidos... todo les combina y caminan muy erguidos, para no arrugarse. No hay que tocarlos mucho, pues no les gusta que los ensucien y todo a su alrededor se ve sistemáticamente acomodado y limpio.

Cuando respiran lo hacen rápidamente y con inspiraciones cortas; cuando hablan lo hacen en términos visuales y por lo tanto se expresan de cómo se ven las cosas, de la apariencia, del brillo, del panorama, de los colores, del tamaño, de la imaginación y de la visualización El segundo grupo pertenece a las personas con un sistema representacional dominante auditivo. No se reconocen con solo mirarlas como a los visuales, pero si tienen tres características muy importantes que los distinguen: se ven muy serios, parecen bravos o molestos siempre. Su ceño casi siempre es fruncido, esto no es porque les moleste alguien sino porque son muy sensibles a los sonidos y los ruidos. Lo escuchan absolutamente todo y por eso se molestan con los ruidos desagradables. Son excelentes escuchas y conocen el estado anímico de una persona por el tono de su voz.

La segunda característica de alguien auditivo es que cuando mira a una persona, aunque esté parada al frente, nunca la mira de frente... siempre mira con un ojo y un oído, pues se para de lado, como si estuviera mirando con un oído. El otro oído lo usa para conversar con él mismo y por esto a veces uno los mira y su cabeza se ve con la oreja hacia arriba lista para captar cualquier dato que usted le de con sus parabólicas. Son muy cerebrales, pensantes, racionales y tienden a hablar de lo que les interesa en lugar de estar mostrándolo.

La tercera característica por la cual se pueden identificar los auditivos es por su risa. Se ríen como si se les cobrara. Pueden estar a carcajada limpia, sin embargo si usted empieza a hablar, él inmediatamente calla pues no se quiere perder lo que usted está diciendo.

El movimiento de sus ojos es muy particular. Los auditivos miran de un lado a otro, hacia las orejas, como si estuvieran discutiendo consigo mismo y escuchando sus voces interiores. En muchos momentos miran hacia abajo a la izquierda como validando sus pensamientos Lo más importante, son sus ideas, no tanto su forma de vestir, ya que esta depende mas de lo elevado o no que tenga su sistema visual.

Hablan pensando en sonidos, dicen cómo les suenan las cosas, hacen referencia a los runrunes que llegan y van, opinan del ruido que hay o que otro hace... utilizan las palabras dialogar, hablar, cuando el ruido suena y cosas por el estilo.

Suelen ser selectivos en cuanto al vocabulario que usan. Hablan con voz bien timbrada y un ritmo más lento, más regular y más comedido y utilizan diferentes tonos de voz de acuerdo a las situaciones en que se encuentren.

Las personas pertenecientes al tercer sistema se les llama kinéticas, kinestésicas o sensoriales; Aquí se agrupan los olfativos, gustativos y los kinestésicos propiamente dichos.

Este grupo es muy especial; está integrado por personas extraordinariamente sensibles, tienen el corazón a flor de piel y por eso son los que manejan las sensaciones y las emociones; para ellos es muy fácil expresar sus sentimientos y además les encanta hacerlo.

Son personas cálidas, amables, tiernas, temperamentales, impulsivas y profundamente humanas, por lo que los emociona cualquier cosa que tenga que ver con sus semejantes.

Para ellos lo más importante es sentirse bien; la apariencia física es lo de menos incluso a veces no se preocupan tanto de su vestimenta, ni de si sus colores combinan o no. A veces su Kinético es tan alto que no les importa el desorden pues eso a ellos no les hace ruido; ellos entienden su propio mundo.

Reaccionan principalmente ante las sensaciones táctiles, epidérmicas; les encanta tocar y que los toquen. Hablan con las manos, con el cuerpo y cuando hablan con otros, lo hacen tocándolos como para saber si están vivos; se caracterizan porque permanentemente se tocan a sí mismos.

Cuando se sientan, no parece que se sentaran sino que se desparramaran; se acomodan, se mueven, se inclinan, se recuestan buscando esa comodidad que tanto añoran.

Les gustan mucho los olores, las comidas, las diferentes sensaciones de la vida y buscan siempre sentirse cómodos y placenteros. La respiración es profunda, la voz lenta y grave, proviene del estómago y por eso hablan más despacio.

Un kinético suele dirigir la mirada hacia abajo, sobre todo abajo a la derecha; esto no quiere decir que está triste o deprimido, es sólo una señal de que está conectado con sus sentimientos. Cuando se expresa también habla Kinestésicamente habla de sensaciones, de sentimientos, de acciones, de cómo huele mal lo que los otros dicen, o cómo le deja un mal sabor lo que alguien dijo; hace referencia a inquietudes, vibraciones, presentimientos, impactos en otras personas y opinan de todo lo que tenga que ver con sentirse de determinada manera.

Es muy importante recordar que todos tenemos todos los sistemas, sin embargo en la mayoría de nosotros predomina uno de los tres sistemas. A este sistema predominante le llamaremos canal de acceso.

Por mínima que sea la comunicación, podemos hallar pistas claras e inconfundibles de cómo funciona la mente de otra persona, qué tipo de mensaje utiliza y a cuál reacciona.

¿Sabe que es lo mejor señora Gansa?- Terminó diciendo el delfín- es que a medida que la sirena hablaba, yo como tal vez lo ha hecho usted, pensaba en mi esposa y entendía cuál era el problema que había entre nosotros. Mi sistema dominante era Kinestésico y el de ella auditivo. Ella me había abandonado porque creía que yo no la amaba pues no se lo decía... ella necesitaba escuchar... yo todo el tiempo se lo demostraba, pero eso a ella no le servía para nada pues lo que la alimentaba era mi voz y no mis manifestaciones de amor. Podía demostrarle todo lo que yo la amaba y a ella eso no le hacia ningún ruido.

Cuando entendí esto, me despedí de la sirena con un gran abrazo y corrí, corrí y corrí... o mejor nade, nade y nade tan rápido como pude para encontrar a mi esposa y pedirle perdón. Le enseñé todo lo que la sirena me había enseñado y a partir de ese día vivimos felices.

He aprendido a decir te amo, a conversar un poco más, a escucharla y a contarle mis cosas. ¿Sabe que? Ella aprendió a tocar un poco más, a consentirme y a entender un poco más, solo un poco más mi desorden. Juntos hemos cambiado y ahora nuestra relación ahora es excelente. A lo mejor ahora usted por fin entiende lo del síndrome de la comunicación. ¿No cree? Y la señora Gansa tan compuesta y arreglada totalmente visual, se atrevió a abrazar al delfín. Éste sólo vio cuando ella volaba muy rápido mientras graznaba con su voz afinada: gracias, mil gracias señor Delfín; ha salvado usted mi vida y mi matrimonio. Ahora entiendo, el señor ganso tiene un sistema Kinético muy, muy fuerte, por eso no le importa lo que ve si no lo que siente. Con razón dice que molesto con j. ahora lo entiendo y voy volando a buscarlo para enseñarle toda esta maravilla. A partir de hoy mi vida será diferente, dejaré de ser tan visual para ser un poco mas kinética... además le enseñaré a ser un poco mas visual para que podamos entendernos.

El delfín sonrió viendo como se iba feliz la señora Gansa; nunca más tuvo que verla con su cara de preocupación; lo último que supo de tan hermosa pareja, era que estaban juntos, dictando conferencias por el mundo, a todas las parejas que sentían el síndrome de la incomunicación y se estaban haciendo millonarios.

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