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Capítulo 5:

 La mente disfruta de aprender y de enseñar

Hace muchos, pero muchos años, -comenzó diciendo el señor oveja- cuando era un niño pequeñito como ustedes, odiaba ir a la escuela. ¿Saben por qué? Porque me parecía que no había nada más feo que ir a estudiar....ir todos los días al mismo lugar, hacer todos los días las mismas cosas, quedarse en las sillas quietos, rígidos, tensos, sin hablar y fuera de todo compitiendo con los compañeros por tener las mejores notas del salón, mirándolos como al enemigo cuando sacaban una nota mejor .

Era tanto mi stress, decía, que me enfermaba solo para poder faltar. Pero un día llegó a mi vida un gran maestro... el señor jirafa y me enseñó con su ejemplo cuál era la verdadera misión de un maestro; aprendí a través de él, cómo aprender y disfrutar al mismo tiempo.

Un día estábamos jugando en clase, tirándonos bolitas de papel mientras repetíamos las tablas de multiplicar, cuando llegó la señora sapa que era la maestra de matemáticas; nos castigó a todos por estar jugando.

Nunca antes mire a un maestro tan enojado como ese día; nos puso un cero en la materia, nos bajó en conducta y disciplina y manoteó tan fuerte con sus grandes ancas que pensamos que nos iba a golpear. Por fortuna apareció el señor jirafa. El siempre tan derecho, tan estirado, tan serio, pero también con ese gigante corazón que identifica a las jirafas, se interpuso entre ella y nosotros y con esa voz profunda digna de un alma buena y sabia, habló para todos tan fuerte que los otros maestros y alumnos del colegio se reunieron en el patio para ver qué ocurría: allí todos nosotros recibimos la mas grande lección.

El maestro jirafa comenzó diciendo: hay una frase que reza: "Para hacer calidad, hay que ser de calidad".

Los seres que nos comportamos como humanos, permanentemente estamos entregando a nuestro entorno una gran cantidad de información a través de nuestra comunicación verbal y no verbal; información de la cual no somos conscientes, sin embargo sí responsables. Allí comienza la historia. Alrededor nuestra gran cantidad de niños y adolescentes, indefensos que están con su cerebro ávido de aprender dispuestos a absorber como una esponja, todo lo que los adultos les demos.

No evalúan nada; solo chupan y absorben cada estímulo que el entorno les dé; absorben cada palabra, cada gesto, cada sensación, cada imagen, cada sonido y con eso comienzan a formar su propio mundo, un mundo hecho por las personas de autoridad que pasan por su lado y con las cuales se vinculan emocionalmente y de ahí salen los triunfadores o perdedores de la vida.

Nadie en el mundo se encarga de controlar esta información que está haciendo nuevos seres humanos; papá y mamá de acuerdo con su propia historia son los encargados de poblar el planeta... de acuerdo con lo que ellos recibieron, van dando a sus hijos, como se dice, una dosis de su misma medicina; haciendo repetitiva la historia y creando algo que se llama constelaciones familiares, o familias que repiten las mismas historias.

Para poder paliar esta dramática situación, aparece el maestro, preceptor, tutor, profesor, o alguien que tiene la más ardua labor del mundo: educar un ser humano. Así el niño empieza a educarse de acuerdo con la forma en que le dicen teóricamente que tiene que ser.

Empiezan entonces, a sembrarse en el alumno todas las áreas del saber; son tantas que es necesario especializarse, es allí donde comienza a llenarse el cerebro del alumno de una forma que riñe completamente con la forma de aprender.

Los niños tienen un extraordinario interés por aprender cosas nuevas. Durante la primera infancia, aprendemos más del 80% de todo lo que aprendemos en la vida; aprendemos de forma natural, sin técnica, sin embargo cuando llegamos a la escuela se cambia todo. En vez de darle preferencia a los sentidos, se da preferencia a la cabeza, a la parte racional sin tener en cuenta que los seres humanos nos ponemos en comunicación con el mundo a través de los sentidos.

Los niños aprenden de manera relajada; utilizan frecuencias bajas de aproximadamente 10 Hz; en el colegio sin embrago, les obligan a subir la frecuencia cerebral con lo que pierden concentración y rendimiento.

El niño aprende moviéndose, a través de su expresión corporal, con ritmo y música; lastimosamente en el colegio se le obliga a estar sentado y quieto, sin hablar; como una estatua.

El niño aprende en una forma integrada; en el colegio prima lo parcial, separado por asignaturas y materias.

El niño aprende de su entorno, de la vida cotidiana; en el colegio aprende de forma teórica, sin conexiones con la realidad.

El niño aprende jugando de forma alegre y despreocupada; en el colegio le enseñan que aprender es una obligación; algo a fuerza de voluntad, difícil y arduo que conlleva sacrificio.

El niño memoriza por asociación de ideas, de conceptos, de sentimientos; en la escuela le enseñan a repetir y no a asociar.

El niño desde que nace aprende compartiendo pero cuando llega a la escuela, aprende a competir y a mirar a sus compañeros como sus enemigos.

Devolver la naturalidad al aprendizaje, es un reto para todos los profesionales de la enseñanza; al romper los esquemas de lo real entran en el mundo de sembrar; como en la parábola del sembrador lo que siembras cae en un terreno y es mas fácil echar la culpa al terreno que al sembrador.

¿Cuántos realmente abonan y preparan el terreno? ¿Cuántos están realmente preparados para transmitir la información? ¿Cuántos son conscientes de la influencia que tienen en sus alumnos? ¿Saben la forma en que cada alumno recibe y asimila la información? ¿Dan a cada alumno lo que necesita de acuerdo con sus características individuales? ¿Qué creencias y valores transmiten cuando dan su asignatura? ¿Cómo están ayudando a crecer y evolucionar al ser humano que les fue entregado? Y lo mas importante....¿Es el ejemplo que dan, digno de ser modelado? Gustav Mahel sostiene: "NO HAY MAS QUE UNA EDUCACIÓN Y ES EL EJEMPLO". ¿Cuál es entonces la misión del educar? La misión de educar es enseñar con el ejemplo. Por eso la frase del principio de este capítulo; eso lo que debe guiar al verdadero maestro. Sólo cuando se es de calidad se puede enseñar calidad. ¿Qué importa saber tanto, sino se enseña a vivir? ¿Qué importancia tiene trasmitir tantos conocimientos, que después no se van a poner en práctica, si se descuida lo que realmente importa: formar seres humanos íntegros, positivos, que crean en sí mismos, capaces de arriesgarse y de pararse una y otra vez después de fracasar; capaces de demostrar sentimientos, de expresar lo que sienten y mostrar a los demás quienes son realmente? La misión de un maestro está más allá de llenar de conocimientos. Va más allá de corregir y castigar; está más allá de evaluar si se aprendió lo que se enseñó....está más allá de la lógica y la razón.

La misión de un maestro traspasa las puertas de lo humano y se mete en lo divino. Un verdadero maestro es un ser con la capacidad de formar seres maravillosos; un maestro es un ser capaz de amar sin condiciones, un maestro es un artista que esculpe y pule en la burda piedra para mostrar la más maravillosa obra: los triunfadores del futuro.

La misión de un verdadero maestro es enseñar a vivir, enseñar a amar, a respetar, a compartir, a comunicarse, a ser responsable e independiente, a saber escoger una pareja, o usar el libre albedrío. Sin embargo para lograr enseñarlo, es necesario tenerlo integrado en la vida personal. No se puede dar lo que no se tiene, por lo tanto la verdadera misión de un maestro es hacer una vida que sea un ejemplo.

Un día un hombre, hace más de dos mil años vino a enseñarlo. No sólo predicó, sino que hizo de su vida un ejemplo; no buscó formar eruditos ni científicos; lo único que enseñó fue el mandamiento del amor, porque sabía que el amor es la llave que abre todas las puertas.

Un formador motivado y con un buen estado emocional es garantía de éxito.

La verdadera misión de un educador es tener clara su misión y darles a sus estudiantes una visión, para que cada uno descubra su propia misión. La misión de educar es darle a cada quien las alas para volar; es darle un sueño y ayudarle a creer en ese sueño.

La misión de educar es convertir el aula en un paraíso; es pasar de reprochar al estudiante a moldear el líder; es crear un clima de confianza; es llenar al estudiante de momentos humanos; es dar amor incondicional; es dejar de condenar y empezar a felicitar; es en vez de reprenderlo, hacerlo pensar para que se pregunte... ¿Qué lección puedo sacar de esto? La misión de educar es estar ahí para recordarle a cada uno que el fracaso es el comienzo del éxito. Es evitar el lenguaje crítico o negativo; es ser leal con las promesas y compromisos; es convertirse en un oyente agresivo y ser fanáticamente sincero. Es orientar a su estudiante a la grandeza; es permitirle que encuentre su vocación y su talento; es enseñarle a ser lo mejor que puede ser; es darle una profesión, un arte y un oficio y busca ante todo, fomentarle sus mejores dones.

La misión de educar es enseñarle a cada estudiante, como dice Robin Sharma, en El monje que vendió su Ferrari, las 4 disciplinas de la grandeza personal: a usar su imaginación todos los días; a fijarse metas todas las semanas; a caminar todo lo que pueda al lado de gigantes y a dar con generosidad.

Para ser un maestro excelente, conviértete en un ser excelente. Para eso siembra como un jardinero; recuerda siempre que recogerás lo que siembres; renuévate y regenérate cada día; gánale a la cama y únete al club de las 5, es decir madruga cada día. Cuida tu templo; graba tu vida, y de vez en cuando tómate un descanso sabático sobre todo convierte en una luz.

La misión de un maestro es enseñar a su estudiante a hacer las cosas pequeñas con amor y atención, es enseñarle que las cosas grandes se harán por si mismas.

Quien educa debe es ser único para cada discípulo; debe entender que cada ser humano tiene una tipología de comportamiento diferente; por eso hay que adaptarse a cada ser para poder comunicarse con efectividad.

Enseñar es entender la forma en que la gente se comunica; esto permite que el maestro se adapte a cada alumno en particular, logre entenderlo, conozca sus incongruencias y le permita desarrollar las áreas en las que se encuentra débil.

Podríamos pensar cómodamente que todo podría ser peor o por el mismo precio, pensar que cada uno puede poner un granito de arena para que esto cambie.

La misión de educar es ir más allá de todas las posibilidades; es caminar con las nuevas tendencias; es cada día crear y creer que las cosas pueden ser mejor.

La misión de educar es ser auténtico, inconformista, soñador y visionario. La misión de educar es cada día conocerse un poco más, para a cada momento sin temor o con el temor, enfrentarse al reto de superarse para realmente enseñar con el ejemplo.

Un maestro es aquel a quien todos siguen, porque su luz es tal, que ilumina todo sendero por donde va pasando.

Entonces - continuó contando el señor oveja- el maestro Jirafa hablaba con tal fuerza y tal calor, que los ojos de los otros maestros se fueron iluminando, nosotros todos los alumnos comenzamos a aplaudir y sentimos que esa era la escuela a la que queríamos ir; allí donde realmente somos seres humanos; allí donde nos permiten soñar y trabajar por un sueño; donde no importan las notas, sino lo que aprendes y cómo creces como ser humano.

Y realmente la historia de mi escuela cambió. A partir de ese día los maestros nos enseñaron jugando: a partir de entonces ir a estudiar era como ir al paraíso, ya nuestros padres no tuvieron que pelear para levantarnos, ni para hacer tareas, pues nuestra motivación por el sueño de cada uno, era la que nos levantaba cada mañana y nos hacia disfrutar del aprender.

Y como saben niños, fue tanto el amor que aprendí del maestro Jirafa, que hoy en día yo soy educador. Ahora junto a mí, miles y miles de niños aprenden la magia de seguir siendo niños; mientras juegan, se relajan y disfrutan, aprenden mucho más.

Ahora, pequeñitos, es hora de dormir. Sueñen, sueñen en grande y disfruten del placer de aprender mientras juegan.

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