Siéntete afortunado si en algún momento te faltó, porque eso significa que el resto de momentos la tuviste.
LA ILUSIÓN
La ilusión debemos compararla con el aire que respiramos y sin el cual no podemos vivir. Si no respiramos, morimos físicamente, es la llamada muerte por asfixia y obviamente si no tenemos ilusión, no morimos pero, lo que está totalmente claro es que al igual que si no respiramos no vivimos, si no tenemos ilusión tampoco vivimos como vive un Vividor. Viviríamos como vive un árbol o un cangrejo de mar o un gato, es decir, físicamente pero, no intensamente, no de verdad. Vivir como vive un Vividor no puede vivir una planta ni un animal irracional. Como vive un Vividor sólo puede vivir un ser humano.
No me estoy refiriendo al sentido de vida con el que una compañía de seguros promociona su producto: "Su familia es lo que más quiere, asegure su vida". No me refiero al sentido con el que un científico se dirige a sus alumnos: "hoy descubriremos el origen de la vida en la Tierra". No me refiero al sentido con el que un cineasta graba su documental: "La vida en la sabana".
El sentido de vida del que estoy hablando es el sentido más puro y esencial, es el sentido con el que un amante le dice a su pareja: "no puedo vivir sin ti". Es el sentido con el que una madre le dice a su hijo: "hijo mío, tú eres mi vida". Es el sentido con el que una abuela le dice a su nieto de tres años: "Feliz Navidad vida mía".
En la vida muchas veces el punto de inflexión o diferencia entre dos posibilidades es casi invisible e imperceptible. Muchas veces que el resultado caiga hacia un lado u otro es pura cuestión de creer que es posible, de compartir un objetivo, de compartir un sentimiento, de compartir una ilusión.
¿Cuántas veces dos personas distintas que han hecho el mismo esfuerzo para una misma cosa han obtenido resultados diferentes?
Me refiero a dos personas que incluso han preparado a conciencia y juntas un examen y mientras una lo aprueba la otra lo suspende. Sabiendo lo mismo, habiendo dedicado el mismo número de horas de estudio, siendo las dos igual de inteligentes.
Me refiero a aquellas escuderías de motos que disponen de fábricas y tecnología parecidas para desarrollar sus motos, mecánicos altamente preparados, presupuestos adecuadamente grandes como para que no falte de nada, buenos pilotos, rápidos, entregados, audaces y sin embargo consiguen resultados totalmente diferentes a los largo de un campeonato del mundo. Mientras una escudería gana casi siempre, la otra casi nunca triunfa.
La ilusión es lo que marca la diferencia y hace que podamos vivir intensamente y de verdad. Un Vividor siempre tiene ilusión y si alguien está ilusionado, sin duda vive mejor. Ilusión es igual a vida. Ilusionado es igual a Vividor.
Para mi la clave está en que ilusión es plural y no singular, es decir, para mi la palabra ilusión implica más de una persona, al menos dos, una pareja, un grupo, un departamento, una empresa, una nación pero, siempre plural. Para mi, los mismos sentimientos pero sentidos por una sola persona es deseo y no ilusión. Cuando esos sentimientos se comparten y pasan a ser de un grupo, eso ya es ilusión. Nosotros transformamos el deseo individual de cada unos de nosotros de ganar partidos y hacer las cosas bien, en la ilusión del equipo de Tres Cantos por abrirse camino y salir adelante. Y obviamente la ilusión de todos era muchísimo más fuerte que el deseo de cada uno.
No creo que exista una formula mágica que siempre resulte y que haga que un grupo se ilusione y gane enteros. Seguro que la fórmula dependerá de las personas involucradas, de sus historias, de sus creencias, de sus motivaciones, de sus pensamientos. Por eso es tan difícil y tan preciado ese estado de ánimo que adquiere un grupo y lo convierte ganador.
En este momento el domingo 3 de septiembre de 2006, mientras escribo, la selección nacional de baloncesto de España se acaba de proclamar ante mis ojos Campeona de Mundo de Baloncesto en Japón. ¿Qué fórmula mágica habrá empleado el entrenador Pepu (a quien todos admiran y respetan) para ilusionar a todo el equipo, a toda la afición y a todo el país?
El equipo nacional de baloncesto de España ha sido un ejemplo de Equipo y lo que les ha llevado a ser los mejores ha sido junto con su calidad y su buen hacer, su ilusión. Aun sin poder jugar en la final su mejor jugador (Pau Gasol), el equipo ha demostrado ser eso, un equipo y pasar por encima de las individualidades para conseguir el éxito.
Sin embargo, la manera de vivir esa victoria ha sido un poco peculiar. No he visto una euforia desmedida, ni locura desmadrada, ni cava, ni todo el mundo a la ducha. Mucha alegría, eso si. Cuando las cámaras de televisión han entrado al vestuario, los jugadores estaban cantando algunas canciones unidos formado un corro, pero bastante tranquilos, es decir, que se han visto por supuesto lágrimas, abrazos, alegría y mucha emoción pero, si esta victoria hubiera sido del equipo nacional de fútbol, seguro que en el vestuario hubiera explotado una gran bomba de júbilo incontrolado y todos a la ducha, jugadores, entrenador, masajista y presidente.
Tan vividores son los jugadores de Baloncesto como los de Fútbol y cada uno vive a su manera sus alegrías y sus penas. Eso lo único que demuestra es que las formas de vivir son infinitas y cada Vividor elige a su manera la forma de demostrarlo.
Concentrémonos por un instante en un momento crucial. Antes de llegar a la final, España había eliminado a Argentina en un partido disputadísimo hasta el último segundo. A doce segundos para el final el encuentro estaba empatado y España tiraba dos tiros libres. Uno lo encesta y otro no, con lo que pone el partido uno arriba para España. Argentina saca de canasta y se dispone a realizar el último ataque del partido sabiendo que si encesta, de dos o de tres, gana el partido y pasa a la final contra Grecia. Los segundos van pasando con una constancia casi musical y en el último momento Argentina lanza a canasta y el balón se dirige despacito hacia el aro. Absolutamente todo el estadio mira la trayectoria del balón que comienza a descender hacia canasta. Entonces detengamos el tiempo y congelemos la imagen para preguntarnos:
¿De qué depende que ese balón entre o no entre?
Si le preguntamos al jugador que lanzó, acerca de si variaría el lanzamiento, seguramente nos diría que no, que volvería a tirar exactamente igual que lo hizo.
Si le preguntamos al resto de los jugadores, dirán que ellos ya han hecho todo lo posible y llegado ese momento, ya no pueden hacer más, no pueden hacer que entre o no entre.
El entrenador dirá que él no puede hacer que ese balón entre o no entre.
Pero está claro que de que entre o no entre, depende absolutamente todo. Depende de eso estar en la final o no. Depende de eso el ser o no ser.
Absolutamente el mismo trabajo puede tener una recompensa u otra dependiendo del desenlace del lanzamiento. Con el mismo trabajo, si el balón entra, habrá unos titulares en los periódicos totalmente distintos de si no entra. La opinión sobre el equipo nacional será una u otra dependiendo de algo sobre lo que todo el mundo dice claramente que no puede hacer ya nada para influir.
Entonces ¿De qué depende que entre o no entre?, porque lo que hay en juego es mucho.
No hay nadie que pueda hacer nada y del resultado depende que un equipo continúe su trayectoria para ser campeón del mundo o la continúe el otro, con lo que eso significa.
Yo pienso que en esos momentos decisivos, y sólo en esos momentos, son precisamente las cosas que no tienen relación directa con lo que esta pasando, las que finalmente influyen decisivamente para hacer historia. Por ejemplo, el día antes del partido falleció el padre del entrenador Pepu (Jose Vicente Hernández) con lo que eso lleva consigo y estoy convencido de que la historia de que falleciera su padre y acto seguido ganara el mundial para podérselo dedicar, merecía ser contada. Seguro que Pepu ha tenido un extra de motivación que ha sabido transmitir perfectamente a sus jugadores y han ganado el mundial.
Para mi esa transmisión de energía positiva que yo llamo ilusión fue la causa de que ese balón no entrara y España pasara a la final para ser campeona del mundo. Si la tienes, es un componente más, un plus. Si no la tienes, olvídate, no harás nada. La ilusión por si sola no te hará ser campeón del mundo, el trabajo duro y la calidad, harán ese trabajo y en el momento decisivo, si tienes ilusión, marcará la diferencia.
Además la ilusión no termina en el momento en el que se consigue el logro, sino que continúa por un poco de tiempo más. Es decir, si a alguien que ha conseguido un gran logro, le preguntas que una vez conseguido el logro, ¿qué va a hacer?, posiblemente te responda que seguir igual, trabajando de la misma forma, con el mismo empeño, con la misma ilusión. Es como en una carrera de cien metros de velocidad, que siempre te dicen que no dejes de correr justo al llegar la meta, si no que te pongas una meta ilusoria más allá, para no perder ni siquiera esas milésimas de segundo que perderías si justo cuado sientes la llegada a la meta cesas en tu esfuerzo.
Quizá una de las peores condiciones en contra de la ilusión es el egoísmo, que perjudica enormemente el espíritu de equipo. Un Vividor trata siempre de tener ilusión compartida entre su ambiente. Trata de tener proyectos con su familia, sus amigos, sus compañeros. Trata de vencer constantemente el egoísmo para poder vivir bien. Un Vividor siempre prefiere vivir bien y el egoísmo te impide vivir bien.
El trabajo en equipo y el esfuerzo común son ingredientes necesarios para tener una ilusión. Todas las cosas que merecen la pena cuestan un gran esfuerzo pero, ese trabajo realizado con ilusión lleva siempre consigo una magnífica recompensa.
Un Vividor es un busca-recompensas. Un busca-recompensas que trabaja, para conseguirlas, con mucha ilusión. Unas recompensas totalmente legítimas y que comparte con los demás. Y no basta sólo con buscarlas, hay que encontrarlas y vivirlas. Nuevamente un círculo virtuoso.
"Este curso está basado en el libro: LOS PRINCIPIOS BÁSICOS DEL VIVIDOR de Paco Lanas, edición 2006". Visita la página web de la obra en: losprincipiosbasicosdelvividor.com
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