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Periodismo científico. Crear opiniones

Autor: Mikel Orrantia Diez
Curso:
10/10 (2 opiniones) |572 alumnos|Fecha publicación: 26/06/2009
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Capítulo 2:

 Sociología de la comunicación. Marco y proyecciones


La sociedad mundial contemporánea es ya cada día más postindustrial, más global, interdependiente e interrelacionada, sea desde la perspectiva de la economía, sea desde la relativa a la tecnología o la ciencia, sea desde la de la cultura dominante, del sistema; sus verdades e informaciones mediáticas están cada vez más universalizadas, admitidas y utilizadas en todos los países y regiones del mundo.

Como el resto de los parámetros motrices de la sociedad contemporánea, la comunicación también se encuentra en un periodo y proceso de cambios y adaptación que habrá de comportar movimientos estructurales en los métodos, técnicas y tecnologías, en los usos, formas y culturas que la configuran y definen, en correspondencia con los cambios que se dan y darán en la sociedad en la que se desarrolla y a la que sirve.

El sistema de comunicación de masas se conformó a lo largo de un tiempo muy prolongado como una réplica del sistema capitalista de producción y distribución, como una confluencia identitaria entre la producción de noticias y la producción de bienes; ello se efectuó cuando la información era acrónica, abstracta y sólo se difundía en áreas políticamente bien delimitadas. Según Martín Serrano (La Producción Social de la Comunicación), esa misma forma de producción de comunicación es la que va a controlar el uso de los nuevos instrumentos, capacitados para la sincronía, la iconicidad y la universalidad en la transmisión.

Dice el profesor Manuel Martín Serrano en el citado libro que el uso del aparato comunicativo para los fines institucionales de la sociedad monopolista habría entrado ya en contradicción con el desar rollo que ha adquirido la infraestructura de los medios de comunicación de masas y con las funciones que la comunicación de masas debe satisfacer. La producción, distribución y consumo de información de masas se organizan muy tempranamente en la sociedad capitalista en base a una división funcional de los comunicantes y a otra división de los productos comunicativos según su uso social. En estas diferencias estaría el germen de las actuales contradicciones.

En este trabajo nos preocupa conocer (siguiendo a Martín Serrano y otros investigadores) el nivel de los productos comunicativos que utilizan las instituciones para llevar a cabo su labor de control social recurriendo a la información. En concreto, "se investigan las visiones del acontecer que elaboran quienes producen la comunicación de masas; y se analizan cómo se materializan en los productos comunicativos que se difunden a través de la Prensa y de la televisión."

El debate, plagado de contradicciones y de matices, y de gran relevancia, es para mí el siguiente: ¿Existen posibilidades de manipulación informativa y cultural, desde el Sistema hacia los grupos sociales? ¿Cuál sería el papel que juegan la información científica y su credibilidad en este momento y sistema? Por mi parte, creo que sí existen esas posibilidades de manipular a beneficio del emisor la información pública de un acontecer o de un producto o sistema de investigación, y ello me parece evidente. Son más claras y fuertes, y con resultados más rotundos, cuanto más sectorializados sean los objetivos que se buscan en la campaña y más definidos sean los públicos que se persiguen con ella, y cuanto más especializada sea la política de comunicación adoptada para convencer. (La duda per tinente: ¿existe alguien con un control suficiente del Sistema en su conjunto?, tiene desde mi punto de vista una respuesta parcial pero ampliamente positiva. Cfr. mi libro Los centros de poder. La trilateral. San Sebastián: Ordago, 1979). Desde luego, en una campaña de comunicación de imagen científica que busca crear mercado para un nuevo producto recién salido del laboratorio, el éxito de la política comunicativa significa casi siempre el éxito en las ventas del producto .

Entiendo que profesionalmente, en determinadas circunstancias favorables (que son provocables), es posible la "manipulación" de los mensajes y de los media para lograr conformar la formación global de estados de opinión social sectoriales; ello es patente, al menos, actuando sobre microplanos o grupos sociales sectoriales: una empresa o una organización y sus respectivos públicos objetivos, seleccionados y adecuadamente clasificados y relacionados al efecto. Microplano que ignoro si será comparable al contexto macro de la sociedad (un país) en su conjunto, pero me inclino a pensar que sí, a la luz de mi experiencia y conocimientos teóricos. Desde luego, hay que tener presente el fenómeno de la entropía en la comunicación (esa parte de la información o mensaje perdida en toda transferencia, debida, entre otras circunstancias, a la predisposición o buena acogida del receptor y al conocimiento e ideas previos que de la materia a informar éste tiene).

Esa "manipulación" puede darse a condición de contar con los medios adecuados para hacerlo y de autolimitar los cambios propuestos al estado (incluso subliminal) de la cultura de masas dominante en ese ámbito social y / o individual en el que sitúan los públicos objetivos receptores del mensaje y la campaña en cuestión, y a los cuales nos dirijimos direccionalmente con el contenido seleccionado y manipulado (en defensa de nuestros objetivos) de nuestros mensajes e informaciones.

Es decir, es factible manipular y estimular modificaciones deseadas en los modelos de comportamiento individual y grupal, promoviendo el cambio o incentivándolo con las comunicaciones sociales y dirigiéndolo hacia zonas de interés aceptables y preestablecidas, entre los sujetos que van a recibir los mensajes e informaciones y que están predispuestos a aceptarlo e incluso a promoverlo, y a condición de que se apoye ese "cambio posible" en la relación de fuerza social dominante.

A nivel global de la sociedad, debe existir socialmente libertad real suficiente y admitida genéricamente por los sujetos objeto de la promoción del cambio preconizado, para que éste sea realizable impulsado por y desde la campaña en cuestión; y / o debe existir fuerza suficiente, por parte de los emisores que lo preconizan, del mismo nivel al menos que la de aquellos que se le oponen, para imponerlo (o hacerlo aceptable) a las minorías informadas y formadas en su contra que se opongan a él.

Dice Martín Serrano que:

"[...] puede afirmarse que la comunicación (incluyendo la que recurre a los MCM) establece una cierta consonancia entre el cambio del entorno y la transformación de las representaciones del mundo. [...] también se realiza por el recurso a la observación del entorno y a la manipulación del entorno. [...]. Las tres vías (observación, comunicación, práctica) coinciden en que proporcionan al Agente información. La característica de la información que se obtiene a través de los MCM radica en que ha sido seleccionada y preelaborada por la tarea expresiva de otro u otros Actores diferentes del usuario. Por esa razón la consonancia entre el acontecer y el conocer que quepa atribuir al efecto de la comunicación está mediada por Alter; y cuando el mediador actúa a través de los MCM, que son instituciones sociales, la mediación está institucionalizada. [...] La comunicación pública es una actividad institucionalizada de mediación entre el Sistema de Referencia y el Sistema Cognitivo [...]".

A mi entender, se pueden provocar comportamientos inducidos y estados de opinión buscados, con técnicas apropiadas: seleccionando bien los mensajes y su contenido, elaborándolos apropiadamente en sus contenidos direccionales, y seleccionando adecuadamente los receptores potenciales (públicos) y los emisores condicionados como auténticos prescriptores de lo que deseamos los periodistas y los canales (MCM) más apropiados para cada ocasión, así como, desde luego, los públicos potenciales receptores y objetivos de nuestra campaña.

Durante cuatro siglos los problemas creados por la innovación en las tecnologías comunicativas se han venido resolviendo persistiendo en el mismo modo de producción. Se establecían especializaciones más finas entre la información que proveían los diversos medios concurrentes y se utilizaban distinciones más sutiles entre sus respectivas audiencias; es decir, se insistía en la división funcional e instrumental de los sujetos, de los objetos y de los procesos comunicativos.

Esta organización social ha llegado a un estadio histórico en el que ni puede prescindir para el funcionamiento de su sistema de producción de las innovaciones comunicativas, ni puede permitir que los efectos del uso social de las nuevas tecnologías hagan inviable su propia reproducción. Esa contradicción primordial implica consecuencias tanto para el sistema social como para el comunicativo; consecuencias que no sabrán determinarse y definirse con claridad hasta que concluya una experiencia histórica de cambio y adaptación que sólo ahora acaba de iniciarse, según señala el profesor Manuel Martín Serrano en su obra citada.

Por lo que respecta a su función social, para Marx, la prensa "es el ojo siempre vigilante del espíritu del pueblo, la confianza materializada de un pueblo en sí mismo, el nexo expresado en palabras que une al individuo con el Estado y con el mundo..." (Observaciones sobre la censura). Dice Vicente Romano (Sobre prensa, periodismo y comunicación. Karl Marx y Friederich Engels) que bajo este ropaje idealista Marx apunta ya la idea de que la Prensa, y el Periodismo en general, debe ser medio de observación de la vida, medio de conocimiento de la sociedad.

Dice Marx que el Periodismo sólo puede participar en la dirección de la sociedad influyendo sobre ella, contribuyendo a la elevación del nivel cultural, del nivel de conciencia del pueblo. Para él, dice Vicente Romano, la opinión pública es uno de los medios más efectivos para influir en la sociedad. De ahí que la prensa y los medios de comunicación deban convertirse en instrumento de expresión y formación de la opinión pública.

Sintetizando, Marx y Engels asignaban al Periodismo una tarea doble. Por un lado, misiones de carácter esencialmente informativo cognoscitivo; los medios de información y comunicación deben conocer y reflejar la realidad, la vida social, y transmitir la información adquirida a toda la sociedad, a todos sus miembros. Esto es, información a disposición de todos, accesible a todos. De ahí su oposición a toda censura y su insistencia en la crítica recíproca como medio de llegar al conocimiento.

Por el otro, para Marx y Engels las tareas y funciones del Periodismo y sus medios como instrumento de expresión y formación de la opinión pública están directamente ligadas al problema de la libertad, considerada por ellos en su forma de liber tad de prensa y expresión como pre s upuesto principal y necesario para que el Periodismo pueda desempeñar sus funciones.

Para Marx, al decir de Vicente Romano, la verdadera libertad estriba en la independencia del pensamiento del autor, en la profundidad del contenido de su trabajo. Por independencia entiende originalidad en la elección del tema, reflejo de la realidad, análisis de todo el material y una configuración final acorde con la necesidad, partiendo de la comprensión del desarrollo histórico, de sus tendencias principales, de las necesidades reales de la sociedad. En mi opinión, todo ello resulta ser demasiado idealista y subjetivo, como para que funcione en una sociedad compleja como ésta contemporánea que nos está tocando vivir.

El miedo a la manipulación no debe, no puede, por otra parte, llevarnos al aislamiento anacoreta. Dice Bakunin (El sistema del anarquismo), y estoy de acuerdo con él, que:

"La libertad no implica renunciar al ejercicio de la influencia. La libertad de todo hombre es el resultado siempre renovado de una multitud de influencias físicas, intelectuales y morales a las cuales está sometido por el medio en el que ha nacido y en el que vive y muere. El deseo de escapar a esta influencia en nombre de una libertad transcendental, divina, autosuficiente y absolutamente egoísta, es la aspiración a la no existencia; renunciar a la influencia sobre los demás es renunciar a la acción social o inclusive a manifestar los propios pensamientos y sentimientos, lo cual significa de nuevo tender a la no existencia. Esta independencia tan exaltada por los idealistas y por los metafísicos, juntamente con una libertad individual concebida en este sentido, no es sino la nada". Tanto Karl Jaspers como el profesor M. Mar tín Serrano (La producción social de la comunicación) y el profesor de la UPV-EHU, Dr. Ignacio Sánchez de la Yncera, consultados al efecto, parecen coincidir con calor descriptivo cuando afirman la identificación de la comunicación con la cultura en el sentido más amplio del concepto: conocimiento científico y filosófico, saber y f o rma de vida. Para el profesor y Dr. Harry Próss, en el prólogo a la obra de M a r tín Serrano: "Cultura y comunicación son dos cosas inseparables, puesto que la cultura se constituye a base de comunicaciones repetidas"; mientras, el profesor Sánchez de la Yncera repite en su discurso, como concepto clave muy querido por él, que "la base, el fundamento objetivo de la comunicación, permite situar el estudio de esta materia en el plano adecuado de análisis: el de la cultura como ámbito de la interacción y de la comunicación posible".

Karl Jaspers, cuyo pensamiento estudia la filosofía del esclarecimiento de la existencia del ser humano, en sus obras Psicología sobre los conceptos del mundo y Filosofía, se pregunta por el camino idóneo para alcanzar el ideal de la comunicación. Este pensador considera posible que un día los seres humanos comenzarán a unirse con sensación y conciencia de pertenecer al género humano y obrar en consecuencia (ideal utópico alcanzable). Una posibilidad que Jaspers vincula a la comunicación.

El profesor Martín Serrano, en el libro citado (p. 23), da la pista de la importancia que concede a la relación entre cultura y comunicación al señalar, en relación con su aportación científica en esta obra, que los antecedentes teóricos más pertinentes se encuentran en los trabajos que se ocupan de las relaciones entre cultura y sociedad, uno de los temas que dan nacimiento a las Ciencias Sociales. Para Sánchez de la Yncera: "Las ciencias sociales o eluden el idealismo (la hueca abstracción) o la espuria compilación de datos mostrencos, cuando su discurso afecta personalmente a quienes las practican, y, al ayudarles a comprender mejor la vida humana y su ámbito, les mueve a revisar su propia posición en la existencia y a reiniciar una vez y otra el esclarecimiento de esta". Un ensayista libertario alemán que vivió a caballo de finales del XIX hasta la mitad del XX, Rudolf Rocker, en su obra tan magnífica e importante como desconocida, Nacionalismo y Cultura (publicada en castellano en Buenos Aires, 1954), dice que (pag. 316):

"Toda cultura procede del mismo impulso y tiende en lógica consecuencia a los mismos objetivos. Comienza en todas partes, primero como acción civilizadora que opone barreras artificiales a la naturaleza cruda, indomada, lo que permite al ser humano satisfacer sus necesidades perentorias más fácil y libremente. [...] De ahí surge luego, de una manera espontánea, la aspiración a una conformación superior y a una espiritualización a la vida individual y social, que arraiga hondamente en el sentido social del hombre y ha de ser considerada como la fuerza impulsora de toda cultura superior."

Rudolf Rocker, que ejerció también gran influencia en los líderes y pensadores anarquistas españoles y en su entorno cultural hasta la Guerra Civil de 1936-39 y décadas posteriores en el exilio, señala que: "Lo que denominamos en general cultura no es, en el fondo, más que una gran unidad del devenir, que lo abarca todo, que se encuentra en una transformación incesante, ininterrumpida y se manifiesta en incontables formas y figuras. Es siempre y en todas partes la misma impulsión creadora que acecha la oportunidad de expresarse, sólo que la expresión es distinta y se ajusta al ambiente especial. [...]. La reforma cultural y la fructificación social se produce siempre que entran en estrecho contacto diversos pueblos y razas...".

En mi opinión, la oposición entre civilización y cultura que hacen muchos autores sólo está plenamente justifica desde una perspectiva filosófica del hombre religioso que llega a identificar la cultura con el espíritu y la civilización con la técnica.

Entiendo que en las prácticas de las sociedades y en el desarrollo histórico de la humanidad, civilización y cultura parecen caminar siempre juntas en los grandes acontecimientos históricos que han permitido al hombre sobrevivir desar rollándose, adaptándose a las situaciones adversas y superando los retos de la naturaleza y los que unos hombres y sociedades han puesto a otros-as, gracias a la unión práctica de ambos conceptos en una sóla manera de entender el quehacer "técnico" (práctico) de la supervivencia (civilización) y el desarrollo "filosófico", fundiéndoles en un todo que al caminar juntos logran un Hombre pleno que sabe caminar y discernir caminos entre el bosque de las ideas y el árbol de la técnica.

La cultura, así entendida, en un sentido amplio, como objetivo humanista y como método de vida y trabajo, y la comunicación, comprendida y practicada como interrelación, interdependencia, apoyo mutuo y puesta en común, se constituyen en el camino apropiado para el desarrollo y la felicidad inteligentes del hombre, y de sus sociedades de ayer y de hoy. Son, a mi modesto entender, el referente básico de toda acción científica válida para mejorar la vida de los seres humanos, y sus expectativas de futuro. Comunicación, Cultura y Ciencia forman una trilogía conceptual inseparable que deberá ser básica en la acción informativa y mediática de las personas, empresas e instituciones que desde la ciencia deseen poner en contacto sus conocimientos con el resto de sus contemporáneos y con la sociedad para mejorarla aplicando aquello que sea factible y válido para tal objetivo.

Dice el profesor Manuel Martín Serrano en su libro citado (pp. 16, 18, 39, 41 y 48) que:

"[...] existen interdependencias entre la transformación de la comunicación pública y el cambio de la sociedad. El estudio de esas relaciones puede ser elevado al estatuto científico de una teoría. [...] La producción social de comunicación es el punto de partida para estudiar las relaciones que existen entre la transformación de la comunicación pública y el cambio de las sociedades. [...] La información destinada al conjunto de la comunidad es un fenómeno de producción social a partir del momento en el que se institucionaliza el tratamiento y el uso de la comunicación pública. [...]

La comunicación pública provee a los miembros de la comunidad de relatos (orales, escritos, mediante imágenes) en los que se les propone una interpretación del entorno (material, social, ideal) y de los que en él acontece. Tales narraciones ponen en relación los sucesos que ocurren con los fines y con las creencias en cuya preservación están interesados determinados grupos sociales. Por eso sugieren representaciones del mundo o se vinculan a ellas. Desde la perspectiva de su posible influencia cognitiva, la comunicación pública es una de las actividades enculturizadoras que intervienen en la socialización de las gentes. [...].

Cualquier actividad enculturizadora y también la Comunicación pública está incluida en un proceso, que se produce y reproduce al tiempo que lo hacen las organizaciones sociales y sus propios miembros. Por eso la producción de representaciones del mundo puede ser indistintamente examinada como el inicio o la culminación de algún cambio social. [...] El voluntarismo idealista es el resultado de creer que actuando adecuadamente sobre la producción y difusión de la cultura se pueden lograr cambios cualitativos en la estructura social. Esta hipótesis siempre tomó en consideración el recurso a la comunicación pública como instancia estratégica de cambio político y axiológico. [...] Esa política, basada en la influencia, creen que a la larga sería más eficaz que otras más tajantes para transformar verdaderamente el mundo; porque el cambio histórico requeriría un nuevo orden socioeconómico del que desaparezca la explotación; pero además un hombre nuevo, que hubiese vencido sus inhibiciones y contradicciones. [...] Cabe resignarse a la idea de que las transformaciones sociales no encuentran inmediatamente su representación coherente en los productos comunicativos de su época (o viceversa)."

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