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La paz y el nuevo orden mundial

Autor: Jesús González García
Curso:
10/10 (1 opinión) |435 alumnos|Fecha publicación: 27/02/2008
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Capítulo 3:

 Selección de los escritos de Baháulláh sobre la paz

SELECCIÓN DE LOS ESCRITOS DE BAHÁ'U'LLÁH: Sobre la paz:

Éste es el día en que los más excelentes favores de Dios han sido derramados sobre los hombres, Día en que su poderosísima gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferencias y, con perfecta unidad y paz, morar bajo la sombra del Árbol de su cuidado y amorosa bondad. Les incumbe aferrarse a todo aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación de su posición y la promoción de sus mejores intereses.1

Dios, al enviar sus Profetas a los hombres, tiene dos propósitos. El primero es liberar a los hijos de los hombres de la oscuridad de la ignorancia y guiarlos a la luz del verdadero entendimiento. El segundo es asegurar la paz y tranquilidad del género humano y proveer todos los medios por los cuales puedan éstas ser establecidas.2

¡Oh vosotros que moráis en la tierra! El rasgo distintivo que marca el carácter preeminente de esta Suprema Revelación consiste en que hemos sentado los requisitos esenciales de la conducta, entendimiento y de completa y permanente unidad. Venturosos quienes guardan mis mandamientos.3

El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para la paz y tranquilidad del mundo y el adelanto de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el tiempo en que la imperativa necesidad de tener una concentración amplia y abierta a todos los hombres será universalmente comprendida. Los gobernantes y reyes de la tierra deben necesariamente concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, deben considerar los procedimientos y medios que establezcan entre los hombres los fundamentos de la Gran Paz mundial. Tal paz exige que las Grandes Potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tierra, estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey tomare sus armas contra otro, todos deberán levantarse unidos e impedírselo; si esto se hace, las naciones del mundo ya no necesitarán armamento, salvo con el fin de preservar la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno dentro de sus territorios. Esto asegurará la paz y la calma de todos los pueblos, Gobiernos y naciones. Esperamos que los reyes y gobernantes de la tierra, los espejos del dadivoso y omnipotente nombre de Dios, puedan alcanzar esta posición y escudar a la humanidad de la embestida de la tiranía... Se aproxima el día en que todos los pueblos de la tierra habrán adoptado un idioma universal y una escritura común. Cuando se haya logrado esto, a cualquier ciudad que uno viaje será como llegar a la tierra nativa. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales. Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión esforzarse por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acción... Es de hecho un hombre quien hoy se dedica al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice nuevamente: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En otro pasaje Él ha proclamado: No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país y la humanidad sus ciudadanos.4

¡Oh gobernantes de la tierra! ¿Por qué habéis ofuscado el resplandor del Sol y hecho que deje de brillar? Escuchad el consejo que os da la Pluma del Altísimo, que quizá tanto vosotros como los pobres podáis lograr tranquilidad y paz. Imploramos a Dios que ayude a los reyes de la tierra a establecer la paz en el mundo. Él verdaderamente hace lo que es su Voluntad.

¡Oh reyes de la tierra! Vemos que aumentáis vuestros gastos cada año, y colocáis su carga sobre vuestros súbditos. Esto, verdaderamente, es total y gravemente injusto. Temed los suspiros y lágrimas de este Agraviado, y no coloquéis cargas excesivas sobre vuestros pueblos. No les saqueéis para levantar palacios para vosotros mismos; no, más bien escoged para ellos aquello que escogéis para vosotros mismos. Así desplegamos ante vuestros ojos lo que os beneficia, si sólo percibierais. Vuestros pueblos son vuestro tesoro. Tened cuidado, no sea que vuestro imperio viole los mandamientos de Dios y entreguéis a los que están bajo vuestra tutela en manos del saqueador. Por ellos gobernáis, por medio de ellos subsistís, con su ayuda conquistáis. Sin embargo, ¡con cuánto desdén los miráis! ¡Cuán extraño es, cuán sumamente extraño!
Ahora que habéis rechazado la Más Grande Paz, aferraos a esta la Paz Menor, para que quizás podáis mejorar en cierto grado vuestra propia condición y la de quienes dependen de vosotros.
¡Oh gobernantes de la tierra! Reconciliaos entre vosotros, para que no necesitéis más de armamentos salvo en la medida en que lo exija la protección de vuestros territorios y dominios. Cuidado, no sea que desestiméis el consejo del Omnisciente, el Fiel.

Manteneos unidos, oh reyes de la tierra, pues con ello la tempestad de la discordia será acallada entre vosotros y vuestros pueblos encontrarán descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si uno de entre vosotros tomare armas contra otro, levantaos todos contra él, pues esto no es sino justicia manifiesta.5

El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables a menos que su unidad sea firmemente establecida. Esta unidad no podrá jamás lograrse mientras se permita que los consejos que ha revelado la Pluma del Altísimo pasen desatendidos.6

Imploramos a Dios -exaltada sea su gloria- y abrigamos la esperanza de que Él asista benignamente a las manifestaciones de afluencia y poder y a las auroras de soberanía y gloria, los reyes de la tierra -que Dios les ayude con su gracia fortalecedora-, a establecer la Paz Menor. En verdad, éste es el mayor medio de asegurar la tranquilidad de las naciones. Incumbe a los soberanos del mundo -que Dios les asista- que unánimemente se aferren a esta Paz, pues es el principal instrumento para la protección de toda la humanidad. Es nuestra esperanza que se levantarán para lograr lo que conduzca al bienestar del hombre. Es su deber convocar una asamblea universal a la cual asistan ellos mismos o sus ministros, y poner en vigor todas las medidas necesarias para establecer la unidad y concordia entre los hombres. Ellos deben abandonar las armas y los equipos bélicos, porque no serán necesarios más allá de los requerimientos para garantizar la seguridad interna de sus respectivos países. Si ellos logran esta excelentísima bendición, el pueblo de cada nación se dedicará con tranquilidad y satisfacción a sus propias ocupaciones, y los quejidos y lamentos de la mayoría de los hombres serán silenciados. Pedimos a Dios que les ayude a hacer su voluntad y placer. Verdaderamente, Él es el Señor del trono en lo alto y abajo en la tierra, y el Señor de este mundo y del venidero. Sería preferible y más adecuado que los honorables reyes asistiesen personalmente a tal asamblea y proclamasen sus edictos. En verdad, cualquier rey que se levante y lleve a cabo esta tarea se convertirá, ante los ojos de Dios, en el adalid de todos los reyes. ¡Feliz es él y grande su bienaventuranza!7

La sexta Buena Nueva es el establecimiento de la Paz Menor, cuyos detalles han sido anteriormente revelados por nuestra Exaltadísima Pluma. Grande es la bendición de aquel que la sostenga y observe todo cuanto ha sido ordenado por Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente.8

Es deseable la moderación en todos los asuntos. Si una cosa es llevada al exceso, será fuente de perjuicio. Considerad cómo la civilización de Occidente ha agitado y alarmado a los pueblos del mundo. Una máquina infernal ha sido inventada y ha resultado ser un arma de destrucción como nadie ha visto ni oído cosa igual. La depuración de tan profundamente arraigadas y abrumadoras corrupciones no puede llevarse a cabo, a menos que los pueblos del mundo se unan en la consecución de una meta común y abracen una fe universal. Inclinad vuestros oídos al Llamamiento de este Agraviado y adheríos firmemente a la Paz Menor.9

Primero: es de incumbencia de los ministros de la Casa de Justicia la promoción de la Paz Menor, para que el pueblo de la tierra pueda ser liberado de la carga de gastos exorbitantes. Este asunto es imperativo y absolutamente esencial, por cuanto las hostilidades y el conflicto son causa de aflicción y calamidad.10

En la abundancia de nuestro favor y amorosa bondad, hemos revelado, especialmente para los gobernantes y ministros del mundo, aquello que conduce a la seguridad y protección, a la tranquilidad y paz; quizá los hijos de los hombres puedan ser resguardados de los males de la opresión. Él, verdaderamente, es el Protector, el Auxiliador, el Otorgador de victoria. Es de la incumbencia de los hombres de la Casa de Justicia de Dios fijar su mirada día y noche sobre aquello que ha emanado de la Pluma de Gloria para la instrucción de los pueblos, la edificación de las naciones, la protección del hombre y la salvaguarda de su honor.11

Aquellos que poseen riqueza y están investidos con autoridad y poder deben mostrar el más profundo respeto por la religión. En verdad, la religión es una luz radiante y una fortaleza inexpugnable para la protección y el bienestar de los pueblos del mundo, porque el temor de Dios impulsa al hombre a sujetarse a lo que es bueno y a evitar todo mal. Si se oscureciera la lámpara de la religión, sobrevendría el caos y la confusión, y las luces de la imparcialidad y la justicia, de la tranquilidad y la paz cesarían de brillar. De ello será testigo todo hombre de verdadero entendimiento.12

Hemos ordenado a toda la humanidad establecer la Paz Menor, el más seguro de todos los medios para la protección de la humanidad. Los soberanos del mundo, de común acuerdo, deberían aferrarse a ella, pues éste es el supremo instrumento que puede garantizar la seguridad y bienestar de todos los pueblos y naciones. Verdaderamente, ellos son las manifestaciones del poder de Dios y las auroras de su autoridad. Imploramos al Todopoderoso que muníficamente les asista en aquello que conduzca al bienestar de sus súbditos. Una explicación completa referente a este tema ha sido anteriormente escrita por la Pluma de Gloria; bienaventurados los que actúan conforme a ella.13

El propósito de la religión, como ha sido revelado desde el cielo de la Santa Voluntad de Dios, es el de establecer la unidad y concordia entre los pueblos del mundo; no hagáis de ella causa de lucha y discordia. La religión de Dios y su divina ley son los más potentes instrumentos, y el más seguro de todos los medios, para el amanecer de la luz de la unidad entre los hombres. El progreso del mundo, el desarrollo de las naciones, la tranquilidad de los pueblos y la paz de todos los que moran en la tierra se hallan entre los principios y ordenanzas de Dios. La religión otorga al hombre el más preciado de los dones, ofrece la copa de la prosperidad, imparte vida eterna y derrama beneficios imperecederos a la humanidad. Corresponde a los jefes y gobernantes del mundo, y en particular a los Fideicomisarios de la Casa de Justicia de Dios, esforzarse al máximo de su poder para salvaguardar su posición, promover sus intereses y exaltar su Estado ante los ojos del mundo. De igual modo, es de su incumbencia informarse de las condiciones de los súbditos y familiarizarlos con los asuntos y actividades de las diversas comunidades en sus dominios. Exhortamos a las manifestaciones del poder de Dios -los soberanos y gobernantes de la tierra- a levantarse y hacer todo lo que esté en su poder para que quizá puedan erradicar la discordia en este mundo e iluminarlo con la luz de la concordia.14

Nuestra esperanza es que los jefes religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten unidos para reformar esta edad y rehabilitar su destino. Que tomen consejos juntos después de haber meditado sobre sus necesidades y, a través de deliberación ferviente y plena, administren, a un mundo enfermo y penosamente afligido, el remedio que requiere.
El Gran Ser dice: El cielo de la sabiduría divina está iluminado con las dos luminarias de la consulta y la compasión. En todos los asuntos tomad consejos juntos, por cuanto la consulta es la lámpara de guía que alumbra el camino y es la que confiere entendimiento.15

Tomad consejo juntos y ocupaos sólo de lo que beneficie a la humanidad y mejore su condición... Considerad al mundo como al cuerpo humano que, aunque creado sano y perfecto, ha sufrido, por diversas causas, graves trastornos y enfermedades. Ni un solo día logró alivio; más aún, su dolencia se hizo más severa, puesto que cayó en manos de médicos ignorantes que dieron rienda suelta a sus deseos personales y erraron gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un médico hábil, un miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto quedaba enfermo como antes. Así lo informaba el Omnisciente, el Sapientísimo... Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso instrumento para la curación del mundo entero es la unión de todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe común. Esto no puede lograrse sino por el poder de un Médico inspirado, hábil y todopoderoso. Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error...
Considerad estos días en que la Antigua Belleza, Aquel que es el Nombre Más Grande, ha sido enviado a regenerar y unificar a la humanidad. Contemplad cómo, desenvainadas sus espadas, ellos se alzaron contra Él y cometieron aquello que hizo estremecer al Espíritu Fiel. Y cuando les dijimos: "He aquí, el Reformador del Mundo ha venido", ellos respondieron: "Él ciertamente es uno de los promotores del desorden".16
¡Alabado sea Dios por haber llegado hasta Mí!... Has venido a ver a un prisionero y un desterrado... Nosotros sólo deseamos el bien del mundo y la felicidad de las naciones; sin embargo, nos consideran causantes de sedición y de rivalidades, merecedoras de la prisión y del destierro... Que todas las naciones tengan una fe común y todos los hombres sean hermanos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la diversidad de religiones y se anulen las diferencias de raza. ¿Qué mal hay en esto?... Pero esto se cumplirá, esas luchas sin objeto, esas guerras desastrosas desaparecerán y la "Paz Más Grande" reinará... Ustedes, en Europa, ¿no necesitan también de esto? ¿No fue esto mismo lo que anunció Cristo?... Sin embargo, vemos a vuestros reyes y gobernantes disipando sus tesoros más en medios de destrucción de la raza humana que en aquello que proporcionaría felicidad a la humanidad... Estas luchas, este derramamiento de sangre y esta discordia cesarán y todos los hombres serán como miembros de una sola familia... Que ningún hombre se gloríe de que ama a su patria; que más bien se gloríe de que ama a sus semejantes..."17 (a)

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