12.176 cursos gratis
8.741.959 alumnos
Facebook Twitter YouTube
Busca cursos gratis:

La paz y el nuevo orden mundial

Autor: Jesús González García
Curso:
10/10 (1 opinión) |435 alumnos|Fecha publicación: 27/02/2008
Envía un mensaje al autor

Capítulo 4:

 Selección de los escritos de Abdul-Bahá sobre la paz

SELECCIÓN DE LOS ESCRITOS DE 'ABDU'L-BAHÁ SOBRE LA PAZ

Has de saber que todos los poderes combinados de la tierra no tienen el poder de establecer la paz universal, ni de oponerse al dominio superior de estas guerras sin fin, en todo tiempo y época. Sin embargo, dentro de poco, el poder del cielo, el dominio del Espíritu Santo, enarbolará las banderas del amor y la paz sobre las altas cumbres, y allí, por encima de los castillos de majestad y potencia, ondearán esas banderas con los fuertes vientos que soplan desde la tierna misericordia de Dios.18

Ten la seguridad de que en esta era del espíritu el Reino de la Paz levantará su tabernáculo sobre las cumbres del mundo y los mandamientos del Príncipe de la Paz dominarán de tal manera las arterias y los nervios de todos los pueblos como para atraer bajo su protección a todas las naciones de la tierra. El verdadero Pastor dará de beber a sus ovejas de las fuentes de la verdad, de la unidad y del amor.
Oh sierva de Dios, la paz se tiene que establecer primero entre los individuos, hasta que conduzca finalmente a la paz entre las naciones. Por ello, oh bahá'ís, esforzaos con todo vuestro empeño para crear, mediante el poder de la Palabra de Dios, auténtico amor, comunión espiritual y lazos duraderos entre los individuos. Ésta es vuestra tarea.19

Mientras duren estos prejuicios (religiosos, raciales, nacionales, políticos), habrá guerras continuas y espantosas.
Para remediar esta condición debe haber paz universal. Para conseguir esto se tiene que establecer un Tribunal Supremo, representativo de todos los Gobiernos y pueblos; a él se le deben referir los asuntos nacionales e internacionales, y todos deben cumplir los decretos de este Tribunal. Si algún Gobierno o pueblo desobedeciera, que todo el mundo se levante contra ese Gobierno o pueblo.20

Actualmente la paz universal es un asunto de gran importancia, pero la unidad de conciencia es esencial para que la base de este asunto esté segura, su establecimiento sea firme y su edificio sea fuerte.
Por ello Bahá'u'lláh, hace cincuenta años, expuso este tema de la paz universal en una época en la que estaba confinado en la fortaleza de 'Akká, agraviado y encarcelado...
Entre sus enseñanzas estaba la declaración de la paz universal... las enseñanzas de Bahá'u'lláh no se limitaban al establecimiento de la paz universal. Abarcaban muchas enseñanzas que complementaban y apoyaban la de la paz universal...
En conclusión, tales enseñanzas son numerosas. Estos múltiples principios, que constituyen la mayor base de la felicidad de la humanidad y son los dones del Misericordioso, deben añadirse a la cuestión de la paz universal y combinarse con él para que produzcan resultados. De lo contrario la realización de la paz universal por sí sola en el mundo de la humanidad es difícil. Como las enseñanzas de Bahá'u'lláh están combinadas con la paz universal, son como una mesa provista de todo tipo de comida fresca y deliciosa. Cada alma puede encontrar lo que desea en esa mesa de dones infinitos. Si se limita el tema solamente a la paz universal, no se alcanzarán los resultados extraordinarios que se esperan. El alcance de dicha paz universal debe ser tal que todas las comunidades y religiones encuentre realizados en ella sus más elevados deseos. Las enseñanzas de Bahá'u'lláh son tales que todas las comunidades del mundo, sean religiosas, políticas o éticas, antiguas o modernas, encuentran en ellas sus más elevados deseos...

Por ejemplo, el tema de la paz universal, sobre el cual dice Bahá'u'lláh que se tiene que establecer el Tribunal Supremo: Aunque se ha creado la Liga de las Naciones, es incapaz de establecer la paz universal. Pero el Tribunal Supremo que Bahá'u'lláh ha descrito cumplirá esta sagrada tarea con la mayor fuerza y poder. Y su plan es éste: que las asambleas nacionales de cada país y nación (es decir, los Parlamentos) deben elegir dos o tres personas que sean las más selectas de esa nación y estén bien informadas de las leyes internacionales y las relaciones entre los Gobiernos y sean conscientes de las necesidades esenciales del mundo de la humanidad en este día. El número de estos representantes debe ser proporcional al número de habitantes de este país. La elección de esas almas escogidas por la asamblea nacional, es decir, el Parlamento, debe ser confirmada por la cámara alta, el congreso y el gabinete, y también por el presidente o monarca, de modo que estas personas sean las elegidas de toda la nación y el Gobierno. El Tribunal Supremo estará compuesto por estas personas, y toda la humanidad estará representada en ella, pues cada uno de esos delegados es plenamente representativo de su nación. Cuando el Tribunal Supremo pronuncie su fallo sobre cualquier tema internacional, ya sea por unanimidad o por mayoría, ya no habrá pretexto alguno para el demandante ni base de objeción para el defensor. En caso de que alguno de los Gobiernos y naciones sea negligente o ande con dilatorias en la ejecución de la decisión irrefutablemente del Tribunal Supremo, las demás naciones se levantarán contra él, porque los defensores de este Tribunal Supremo son todos los Gobiernos y naciones del mundo. ¡Considerad lo firme que es esta base! Pero mediante una Liga limitada y restringida no se cumplirá el propósito como debiera. Ésta es la verdad de la situación que ha sido enunciada...21

La verdadera civilización desplegará su bandera en el mismísimo corazón del mundo cuando cierto número de sus distinguidos soberanos de mentalidad elevada (los brillantes ejemplos de la devoción y la determinación) se levanten para establecer la Causa de la Paz Universal con firme resolución y clara visión. Deben hacer de la Causa de la Paz el objeto de consulta general y buscar, por todos los medios a su alcance, establecer una Unión de las naciones del mundo. Deben concertar un tratado de obligado cumplimiento y establecer un convenio cuyas provisiones sean sólidas, inviolables y definitivas. Deben proclamarlo a todo el mundo y obtener para él la sanción de toda la raza humana. Esta suprema y noble empresa (la verdadera fuente de paz y bienestar de todo el mundo) se ha de considerar como sagrada por todos los moradores de la tierra. Todas las fuerzas de la humanidad deben ser movilizadas para asegurar la estabilidad y permanencia de este Convenio. En este Pacto Supremo universal se deben fijar claramente los límites y fronteras de cada una de las naciones, establecer definitivamente los principios subyacentes en las relaciones entre los Gobiernos y determinar todos los acuerdos y obligaciones internacionales. De la misma manera, se debe limitar estrictamente la cantidad de armamentos de cada Gobierno, pues si se permitiera incrementar los preparativos para la guerra y las fuerzas militares de cualquier nación, se provocaría la desconfianza de las otras. El principio fundamental subyacente en este Pacto solemne se debe fijar de tal manera que si algún Gobierno más adelante violara alguna de sus disposiciones, todos los Gobiernos de la tierra deberán levantarse para reducirlo a completa sumisión; incluso la raza humana entera debería tomar resolución de destruir ese Gobierno con todos los poderes a su alcance. Si se aplica este el mayor de los remedios al cuerpo enfermo del mundo, con seguridad se recobrará de sus enfermedades y permanecerá eternamente a salvo y seguro.

Observad que si se alcanza tan feliz situación, ningún Gobierno necesita acumular continuamente armas de guerra, ni sentirse obligado a producir armas militares cada vez más actuales con las que conquistar a la raza humana. Se requerirá solamente una pequeña fuerza para propósitos de seguridad interna, la corrección de elementos criminales y alborotadores y la prevención de los disturbios locales, nada más. De esta manera, en primer lugar, toda la población se aliviará de la agobiante carga del gasto que actualmente se impone para propósitos militares, y, en segundo lugar, grandes cantidades de personas dejarían de dedicar su tiempo a inventar continuamente nuevas armas de destrucción (esos testimonios de codicia sanguinaria, tan inconsistentes con el don de la vida) y en su lugar dirigirían sus esfuerzos hacia la producción de todo lo que fomentara la existencia humana, la paz y el bienestar, y se convertirían en la causa de la prosperidad y el desarrollo universal. Entonces todas las naciones de la tierra reinarán con honor y todo pueblo se mecerá en tranquilidad y satisfacción.
Algunos, inconscientes del poder latente en el esfuerzo humano, consideran este asunto casi impracticable, incluso por encima del alcance de los mayores esfuerzos del hombre. Sin embargo, éste no es el caso. Por el contrario, gracias a la indefectible gracia de Dios, la amorosa bondad de sus favorecidos, los esfuerzos incomparables de almas sabias y capaces y los pensamientos e ideas de líderes sin par de esta edad, nada en absoluto se puede considerar inalcanzable. Se requiere esfuerzo, esfuerzo sin pausas. Nada que no sea una determinación indomable puede lograrlo jamás. Muchas causas que edades pasadas han considerado puramente visionarias, se han convertido en fáciles y practicables en este día. ¿Por qué esta Causa, la más grande y exaltada (la estrella del firmamento de la verdadera civilización y la causa de la gloria, el avance, el bienestar y el éxito de toda la humanidad) se ha de considerar imposible de alcanzar? Sin duda llegará el día en que su bella luz iluminará a la asamblea de los hombres.

A medida que los preparativos sigan por su curso actual, los aparatos de conflicto alcanzarán un punto en que la guerra se convertirá en algo intolerable para la humanidad.

 Por lo que se ha dicho, está claro que la gloria y grandeza del hombre no consiste en el hecho de que esté ansioso de sangre ni tenga las uñas afiladas, no consiste en derrumbar ciudades y extender la destrucción, en liquidar fuerzas armadas y civiles. Lo que sería un brillante futuro para él sería su reputación de justicia, su amabilidad hacia la población entera, sea de alta o baja condición, su dedicación a construir países y ciudades, pueblos y distritos, a hacer la vida más fácil, pacífica y feliz para sus congéneres, a establecer los principios fundamentales para el progreso, a elevar los niveles y aumentar la riqueza de toda la población...

Ningún poder en la tierra puede imponerse a los ejércitos de la justicia y toda ciudadela debe sucumbir ante ellos; pues los hombres se someten gustosamente a los golpes triunfales de esta espada decisiva, y los lugares desolados florecen bajo la marcha de este ejército. Hay dos potentes estandartes que, al proyectar su sombra sobre la corona de cualquier rey, harán que la influencia de su gobierno se extienda rápida y fácilmente por toda la tierra, igual que si fuera la luz del sol: el primero de estos dos estandartes es la sabiduría; el segundo es la justicia. Contra estas dos potentísimas fuerzas no pueden prevalecer ni siquiera las colinas de hierro, y la muralla de Alejandro se rompería ante ellos. Está claro que la vida en este mundo que se desvanece rápidamente es tan efímera e inconstante como el viento de la mañana, y siendo esto así, qué afortunados son los grandes que dejan tras de sí un buen nombre y la memoria de una vida dedicada al camino del beneplácito de Dios...
Una conquista puede ser algo digno de alabanza, y hay ocasiones en que la guerra resulta ser la base poderosa de la paz y la ruina el mismísimo medio de la construcción. Por ejemplo, si un soberano de mentalidad elevada ordena a sus ejércitos bloquear el ataque del insurgente y el agresor, o también si sale a la palestra y se distingue en una lucha para unificar un Estado o pueblo dividido, en pocas palabras, si libra una batalla por un propósito recto, entonces esta aparente ira es la misericordia misma y esta aparente tiranía es la mismísima esencia de la justicia y esta guerra la piedra angular de la paz. Hoy día, la tarea digna de los grandes dirigentes es la de establecer la paz universal, pues en ello se encuentra la libertad de todos los pueblos.22

En siglos pasados, aunque se había establecido la armonía, sin embargo, debido a la falta de medios, no podría haberse logrado la unidad de toda la humanidad. Los continentes permanecían ampliamente separados y, es más, entre los pueblos de un mismo continente era poco menos que imposible la asociación y el intercambio de ideas. Por consiguiente, las relaciones, el entendimiento y la unidad entre las naciones, pueblos y tribus de la tierra eran inalcanzables. En este día, sin embargo, los medios de comunicación se han multiplicado y los cinco continentes de la tierra se han convertido prácticamente en uno... De igual manera, todos los miembros de la familia humana, ya sean pueblos o Gobiernos, ciudades o aldeas, han llegado a ser cada vez más dependientes unos de otros. Ninguno puede ya bastarse por sí mismo, por cuanto los lazos políticos unen a todas las naciones y pueblos y cada día se fortalecen más los vínculos del comercio y la industria, de la agricultura y la educación. Por tanto, la unidad de toda la humanidad puede lograrse en este día. En verdad, ésta no es más que una de las maravillas de esta maravillosa época, este glorioso siglo. De esto han sido privadas las épocas pasadas, pues este siglo -el siglo de la luz- ha sido dotado de gloria, poder e iluminación únicos y sin precedentes. De ahí el milagroso desarrollo de una nueva maravilla cada día. Con el tiempo se verá cuán luminosas brillarán sus luces en el conjunto de los hombres.
Contemplad cómo amanece su luz en el oscuro horizonte del mundo. La primera luz es la unidad en el dominio político, cuyos destellos iniciales pueden ya percibirse. La segunda luz es la unidad de pensamiento en las tareas mundiales, cuya consumación será presenciada pronto. La tercera luz es la unidad en libertad, la cual sin duda ha de venir. La cuarta luz es la unidad de religión, la cual es la piedra angular de la base misma y, mediante el poder de Dios, será revelada en todo su esplendor. La quinta luz es la unidad de las naciones, unidad que será seguramente establecida en este siglo, haciendo que todos los pueblos del mundo se consideren como ciudadanos de una sola patria común. La sexta luz es la unidad de las razas, que hará que todos los que habitan la tierra sean pueblos y tribus de una sola raza. La séptima luz es la unidad de lenguaje, es decir, la elección de una lengua universal en que serán instruidos y conversarán todos los pueblos. Todas y cada una de ellas han de venir inevitablemente, por cuanto el poder del Reino de Dios ayudará y contribuirá a su realización.23

... Toda gran Causa en este mundo de existencia alcanza expresión visible por tres medios: primero, la intención; segundo, la confirmación; tercero, la acción. Hoy día en esta tierra hay muchas almas que son promotoras de la paz y la reconciliación y anhelan la unidad y la unión del mundo de la humanidad; pero esta intención necesita un poder dinámico para que se pueda manifestar en el mundo del ser. En este día las instrucciones divinas y exhortaciones del Señor promulgan este máximo propósito, y las confirmaciones del Reino también ayudan y apoyan la realización de esta intención. En consecuencia, a pesar de que las fuerzas combinadas y los pensamientos de las naciones del mundo no pueden conseguir por sí solos este propósito, los poderes del mundo de Dios penetran todas las cosas y la asistencia del Reino divino es continua. Así pues, dentro de poco se hará evidente y claro que la insignia de la Paz Mayor consiste en las enseñanzas de Bahá'u'lláh, y que la tienda de la unión y la armonía entre las naciones es el tabernáculo del Reino divino, pues en ella confluyen a la vez las intenciones, el poder y la acción. La realización de todo en el mundo del ser depende de estos tres elementos.24

En la medida de lo posible, no descanses ni un momento, viaja al norte y al sur del país y convoca a todos los hombres a la unidad del mundo de la humanidad y a la paz universal, diciendo: ¡Oh pueblo! Bahá'u'lláh colocó la base de la paz universal hace cincuenta años. Incluso dirigió epístolas a los reyes en las que declaraba que la guerra destruiría los cimientos del mundo de la humanidad, que la paz conduce a la vida eterna y que a la humanidad le espera un horrendo peligro. También, tres años antes del estallido de la guerra mundial, 'Abdu'l-Bahá viajó a América y a gran parte de Europa, donde elevó su voz ante todas las reuniones, sociedades e iglesias, apelando así: ¡Oh asamblea de los hombres! El continente de Europa se ha convertido prácticamente en un arsenal lleno de explosivos. Hay vastos depósitos de material destructivo escondido bajo tierra, que pueden estallar con la más mínima chispa, haciendo temblar a toda la tierra. ¡Oh hombres de entendimiento! Moveos, para que quizás no explote esta acumulación de material volátil. Pero el llamado fue desatendido y en consecuencia estalló esa guerra asesina.

Ahora la mayor parte de la humanidad se da cuenta de la gran calamidad que supone la guerra y de cómo la guerra transforma al hombre en un animal feroz, convirtiendo los pueblos y ciudades prósperas en ruinas y desmoronando los cimientos del edificio humano. Ahora que se han despertado todos los hombres y sus oídos están atentos, es la hora de la promulgación de la paz universal, una paz basada en la rectitud y la justicia, para que la humanidad no se exponga a mayores peligros en el futuro. Éste es el amanecer de la paz universal, los primeros destellos de cuya luz están comenzando a aparecer. Sinceramente esperamos que su esfera refulgente brille y se extienda sobre el oriente y el occidente con su irradiación. El establecimiento de la paz universal no es posible por otro medio que el poder de la Palabra de Dios...25

El caos y la confusión aumentan día a día en el mundo. Alcanzarán tal intensidad que la estructura de la humanidad será incapaz de soportarlos. Entonces se despertarán los hombres y tomarán consciencia de que la religión es la fortaleza inexpugnable y la luz manifiesta del mundo, y que sus leyes, exhortaciones y enseñanzas son la fuente de la vida en la tierra.26

Nuestras novedades en tu e-mail

Escribe tu e-mail:



MailxMail tratará tus datos para realizar acciones promocionales (vía email y/o teléfono).
En la política de privacidad conocerás tu derechos y gestionarás la baja.

Cursos similares a La paz y el nuevo orden mundial



  • Vídeo
  • Alumnos
  • Valoración
  • Cursos
1. El cine y la segunda guerra mundial. Historia
En este curso, haremos mención al efecto negativo que provocó la segunda guerra... [11/01/12]
8  
2. Globalización y orden jurídico
El sistema global, afirma Giddens, no es solo un entorno dentro del cual,... [16/08/07]
963  
3. Cómo prepararse para el año nuevo
Recibir un nuevo año es una oportunidad única que nos brinda un mundo de nuevas... [24/12/10]
198  

¿Qué es mailxmail.com?|ISSN: 1699-4914|Ayuda
Publicidad|Condiciones legales de mailxmail