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La paz y el nuevo orden mundial

Autor: Jesús González García
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |435 alumnos|Fecha publicaciýn: 27/02/2008
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Capýtulo 1:

 Los prejuicios un obstáculo para la paz

Los prejuicios un obstáculo para la paz:

Parece sumamente pertinente: «Como las guerras comienzan en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres que han de construirse las defensas de la paz». Por lo tanto, parecería que ninguno de nosotros puede evadir la responsabilidad de por lo menos«desarmar» nuestros prejuicios, que suelen hallarse en la raíz de nuestra incapacidad de llevarnos bien los unos con los otros en las familias, las comunidades o en los planos nacional e internacional. La otra cara de la moneda, desde luego, está constituida por las medidas que los gobiernos pueden adoptar para promover el desarme general y completo y lograr una paz duradera en este planeta.

(Comunidad Internacional Baha'i, El Desarme y la Paz)
Asimismo a medida que los prejuicios de sexo, así como los de credo, raza, clase y nacionalidad, sean abandonados en un espíritu de dedicación a la unidad de la humanidad, podrá producirse en ambos, hombres y mujeres, la motivación necesaria para el establecimiento de la paz.

Entre las enseñanzas de Bahá'u'lláh está la que dice que los prejuicios religiosos, raciales, políticos, económicos y patrióticos destruyen el edificio de la humanidad. Mientras prevalezcan estos prejuicios, el mundo de la humanidad no tendrá descanso. Durante un período de seis mil años la historia nos informa acerca del mundo de la humanidad. Durante estos seis mil años el mundo de la humanidad no ha estado libre de guerras, de luchas, de homicidios y sed de sangre. En toda época se ha hecho la guerra en un país o en otro, y esa guerra se ha debido ya sea al prejuicio religioso, al prejuicio racial, al prejuicio político, o al prejuicio patriótico. Por tanto, se ha determinado y probado que todos los prejuicios son destructivos para el edificio humano. Mientras estos prejuicios persistan, la lucha por la existencia debe permanecer dominante, y debe continuar la sed de venganza y rapacidad. Por consiguiente, lo mismo que en el pasado, el mundo de la humanidad no puede ser salvado de la oscuridad de la naturaleza, y no puede alcanzar la iluminación si no es por medio del abandono de los prejuicios y la adquisición de la conducta del Reino.

Si este prejuicio y esta enemistad son por cuenta de la religión, considerad que la religión debe ser la causa de camaradería, de lo contrario es infructuosa. Y si este prejuicio es el prejuicio de la nacionalidad, considerad que todo el género humano es de una única nación; todos han brotado del árbol de Adán, y Adán es la raíz del árbol. Ese árbol es tan solo uno, y todas estas naciones son como las ramas, en tanto que los individuos de la humanidad son como hojas, como flores y frutos del mismo. Luego, el establecimiento de las diferentes naciones y el consecuente derramamiento de sangre y destrucción del edificio de la humanidad, son el resultado de la ignorancia humana y de los motivos egoístas.

En cuanto al prejuicio patriótico, esto también es debido a la absoluta ignorancia, pues la superficie de la tierra es un solo país natal. Todos pueden vivir en cualquier punto del globo terráqueo. Por tanto, todo el mundo es el lugar de nacimiento del hombre. Estas fronteras y sus pasos han sido ideados por el hombre. En la creación no han sido asignados tales límites y pasos fronterizos. Europa es un solo continente, Asia es un solo continente, África es un solo continente, Australia es un solo continente, pero algunas almas, por motivos personales e intereses egoístas, han dividido a cada uno de estos continentes y han considerado a cierta parte como su propio país. Dios no ha establecido frontera entre Francia y Alemania; ellas son continuas. En efecto, en las primeras centurias, almas egoístas, por la promoción de sus propios intereses, han señalado límites y pasos y, día a día, han asignado más importancia a los mismos, hasta que ello condujo a intensa enemistad, derramamiento de sangre y rapacidad en los siguientes siglos. De la misma manera, esto continuará indefinidamente, y si esta concepción del patriotismo permanece limitada dentro de un cierto círculo, ello será la causa principal de la destrucción del mundo. Ninguna persona sabia y justa reconoce estas distinciones imaginarias. Cada área limitada a la cual llamamos nuestro país natal la consideramos como nuestra patria, mientras que el globo terráqueo es la patria de todos, y no algún área restringida. En resumen, vivimos en esta tierra durante unos pocos días, y finalmente somos sepultados en ella, ella, nuestro sepulcro eterno. ¿Vale la pena que nos preocupemos en derramar sangre y en hacernos pedazos unos a otros por este sepulcro eterno? No, nada de eso, ni Dios es complacido por tal conducta, ni ningún hombre en su sano juicio lo aprobaría.

Considerad: los animales benditos no se ocupan en disputas patrióticas. Están en la mayor camaradería unos con otros y viven juntos en armonía. Por ejemplo, si una paloma del este y una paloma del oeste, una paloma del norte y una del sur llegan al mismo tiempo a un mismo lugar, inmediatamente se asocian en armonía. Así ocurre con todos los animales y las aves benditas. Pero los animales feroces, tan pronto como se encuentran, se atacan y luchan unos con otros, se despedazan mutuamente y les es imposible vivir en forma pacífica en un mismo sitio. Son todos huraños y fieros, salvajes y combativos luchadores.
Con respecto al prejuicio económico, es evidente que cuando quiera que se fortalezcan los vínculos entre las naciones y se acelere el intercambio de mercancías, y que en algún país se establezca algún principio económico, ello finalmente afectará a los demás países y se obtendrán beneficios universales. Luego, ¿por qué este prejuicio?

En cuanto a los prejuicios políticos, debe seguirse la política de Dios, y es indiscutible que la política de Dios es más grande que la política humana. Debemos seguir la política divina, y ello es aplicable por igual a todos los individuos. Él trata a todos los individuos del mismo modo; no hace distinción, y este es el basamento de las Religiones Divinas. (Selección de los Escritos de Abdul-Bahá).

Las Revelaciones de Dios no difieren una de otra en ningún aspecto esencial, aunque las necesidades cambiantes de las que se ocupan, de época en época, han exigido de cada una de ellas respuestas especiales para cada caso.
Todos los Profetas de Dios, Sus favorecidos, Sus santos y escogidos Mensajeros, son sin excepción los portadores de Sus nombres y las personificaciones de Sus atributos. Sólo difieren en la intensidad de Su revelación y en la potencia relativa de Su luz.

Se advierte a los que estudian la religión que no permitan que los dogmas teológicos u otros prejuicios les lleven a hacer discriminaciones entre aquellos a quienes Dios ha utilizado como canales de Su luz:

Cuidado, OH creyentes en la Unidad de Dios, no seáis tentados a hacer distinción alguna entre las Manifestaciones de Su Causa o menospreciar los signos que han acompañado y proclamado Su Revelación. Éste es ciertamente el verdadero significado de la Unidad Divina; ojala seáis de los que comprenden esta verdad y creen en ella. Además, estad seguros de que las obras y hechos de todas y cada una de estas Manifestaciones de Dios, más aún, todo lo que a Ellas atañe y todo lo que manifiesten en el futuro está ordenado por Dios y es un reflejo de Su Voluntad y Propósito. (Baháulláh).
La insistencia en los prejuicios de cualquier tipo no sólo está dañando los intereses de la humanidad, sino que también es una violación de la Voluntad de Dios para esta época:

¡OH pueblos y razas contendientes de la Tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Reuníos y, por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros. No puede haber duda alguna de que los pueblos del mundo, de cualquier raza o religión, derivan su inspiración de una única Fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas a las que están sometidos debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la época en la que fueron reveladas. Todas ellas, excepto unas pocas que son producto de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son el reflejo de Su Voluntad y Propósito. Levantaos y, armados con el poder de la fe, despedazad los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los sembradores de disensión entre vosotros.

Cuando un niño nace de una familia cristiana, él es automáticamente un cristiano, cuando los padres son musulmanes, los niños serán musulmanes; si son hindúes, los hijos serán hindúes. ¿Por qué? Porque la mayoría de la gente continúa imitando a sus antepasados, y ciertamente si esta ciega imitación continúa, la gente nunca podrá unirse. Todos pelean sobre sus imitaciones. Todos dicen que ellos son los que conocen la verdad y que los otros están errados. La gente muy rara vez se detiene a pensar que si hubiera nacido dentro de una familia diferente, con diferentes creencias, habría pensado en forma muy diferente de lo que ahora cree ser el único camino a la verdad.

Bahá'u'lláh nos enseña que la Verdad es Una. Si la gente del mundo dejara de imitar a sus padres y buscara la verdad por ella misma, llegarían todos a una sola conclusión y se unirían. Las distintas clases de gentes son como niños que viven en casas diferentes y miran al sol bajo vidrios de colores. Así como el color de los vidrios difiere, según la casa por la que se mire, así un niño al mirar al sol a través de un vidrio verde, creerá que el sol es verde, mientras que aquel que mire al sol a través de un vidrio de color rojo creerá naturalmente que el sol es rojo; y otro que mire al sol, a través de un vidrio azul creerá que el sol es azul. Estos niños pueden discutir el color del sol, cada uno creyendo que lo que ve es el color verdadero. Pero si ellos dejasen de ver a través de sus diferentes vidrios de colores, y salieran afuera, entonces todos verían el verdadero color del sol y dejarían de discutir.

Bahá'u'lláh está haciendo un llamado a los hijos del hombre para que salgan de sus casas; las casas que han heredado ellos de sus antepasados, y dejen de mirar al sol a través de distintos vidrios de colores, porque el sol al que miramos es el mismo sol, y una vez que nos quitemos el lente de colores de nuestros ojos, entonces veremos al sol en su verdadero color.
Dios espera que nosotros pensemos en lo que creemos en vez de seguir ciegamente nuestras creencias solamente por el hecho de que nuestros antepasados han creído de esa manera durante muchas generaciones. Si es que buscamos la verdad por nosotros mismos, veremos que la verdad es única, y que nos puede unir y hacernos olvidar las diferencias que hayan existido en el pasado.

'Abdu'l-Bahá dice:
" Las religiones divinas de las Manifestaciones de Dios son realmente una sola aunque difieren en nombre y nomenclatura. El hombre debe amar la luz sin importarle en qué día ella aparezca. Debe amar la rosa sin importarle en que tierra crezca. Debe buscar la verdad, sin importarle de que fuente provenga. Sentir apego a la linterna no es amar la luz, sentir apego a la tierra no es propio, pero disfrutar de la rosa que crece en la tierra eso sí vale la pena. Sentir devoción hacia un árbol es infructuoso pero participar de sus frutos es beneficioso. Los frutos deliciosos de donde quiera que ellos provengan o de donde se los haya recogido deben ser apreciados. La palabra de la verdad, no importa la lengua que la pronuncie, debe ser escuchada. Las verdades absolutas, no importa el libro en que se hallen escritas, deben ser aceptadas. Si es que amparamos el prejuicio este será la causa de depravación e ignorancia. La contienda entre religiones, entre naciones y razas se debe al malentendido. Si investigamos las religiones y descubrimos sus principios básicos, veremos que todas encierran no varios, sino un solo fundamento y que todas se hallar de acuerdo. Por este medio todos las religiones del mundo entero llegarán a comprenderse y alcanzarán la unidad y la reconciliación. . ."

En otro lugar 'Abdu'l-Bahá dice:
"¡Ay! la humanidad está totalmente sumergida en imitaciones y en falsedades; sin embargo, la verdad de la religión divina siempre ha permanecido igual. Supersticiones han oscurecido la realidad fundamental, el mundo se halla en tinieblas y la luz de la religión no se hace aparente.

Esta oscuridad conduce a crear diferencias y desacuerdos; se hallan por miles los dogmas y los ritos; por lo tanto el desacuerdo se ha levantado entre los sistemas religiosos a pesar de que la religión tiene por objeto la unificación de la humanidad. La verdadera religión es la fuente de amor y acuerdo entre los hombres, la causa principal del desarrollo de cualidades elevadas; pero la gente está acostumbrada a lo falso y a las imitaciones, y descuida la realidad que unifica; así son despojados y privados de la luz de la religión. Siguen las supersticiones heredadas de sus padres y antepasados. Esto ha prevalecido hasta tal grado que han opacado la luz celestial de la verdad divina y se sumergen en la oscuridad de la imitación y de las imaginaciones. Lo que fue el motivo de la vida ha sido causa de la muerte; lo que debería ser una evidencia de sabiduría, se convierte en una prueba de ignorancia; aquello que fue factor en la sublimidad de la naturaleza humana se ha convertido en degradación. Por lo tanto, la esfera del religionario se ha ido cerrando y oscureciendo gradualmente y el círculo del materialismo se ha ido ensanchando y avanzando; porque el religionario se ha adherido a la imitación y lo espurio, descuidando y descartando la santidad y la sagrada realidad de la religión. Es cuando el sol se pone que los murciélagos empiezan a volar. Ellos aparecen porque son criaturas de la oscuridad. Cuando la luz de la religión se oscurece, los materialistas aparecen. Ellos son los murciélagos de la noche Es en la declinación de la religión cuando ellos se vuelven más activos; buscan la sombra cuando el mundo se halla a oscuras y las nubes se han esparcido sobre él.

"Su Santidad Bahá'u'lláh se ha levantado por el horizonte oriental. Como la gloria del sol, ha venido al mundo. Ha implantado la realidad de la religión divina, ha disipado la oscuridad de las imitaciones, ha sentado las bases de nuevas enseñanzas y ha resucitado al mundo.

"La primera enseñanza de Bahá'u'lláh es la investigación de la realidad. El hombre debe buscar la realidad por sí mismo, desechando las Imitaciones y las adherencias a meros formulismos hereditarios. Como las naciones del mundo se hallan tan apegadas a las imitaciones llamándolas verdades, y corno tales son variadas, las diferencias en el credo han producido las contiendas y las guerras. Mientras estas imitaciones continúen, la unidad del mundo es Imposible. Por lo tanto, debemos investigar la realidad para que, mediante su luz, las nubes y la oscuridad puedan disiparse. La realidad es una sola, no admite multiplicidad o división. Si las naciones del mundo investigaran la realidad, se pondrían de acuerdo y llegarían a unirse. Mucha gente ha buscado la realidad a través de las enseñanzas y de la guía de Bahá'u'lláh. Han llegado a unirse y ahora viven de acuerdo, amándose unos a otros; entre ellos no hay ya la más pequeña traza de enemistad o desunión".

Bahá'u'lláh recibió en Bahjí a uno de los pocos occidentales que Le vieron y el único que dejó un relato escrito de la experiencia. El visitante era Edward Granville Browne, un orientalista joven y prometedor de la Universidad de Cambridge, cuya atención se había sentido atraída originalmente por la dramática historia del Báb y de Su heroico grupo de seguidores. Sobre su encuentro con Bahá'u'lláh, Browne escribió:

Aunque yo tenía una vaga idea del lugar a donde iba y a quién había de contemplar (pues no se me había dado ninguna indicación precisa), pasaron unos segundos antes de que, estremecido de asombro y reverente temor, tuviera conciencia de que la habitación no estaba vacía. En el ángulo donde el diván tocaba la pared, distinguí una extraordinaria y venerable figura. [...] El rostro de aquel a quien contemplé nunca lo podré olvidar aunque no puedo describirlo. Esos ojos penetrantes parecían leer en el alma de uno; en su amplia frente había poder y autoridad [...]. ¡No necesitaba preguntar en presencia de quién me encontraba al inclinarme ante aquél que es el objeto de una devoción y un amor que los reyes podrían envidiar y por los cuales los emperadores suspiran en vano! Una voz digna y suave me pidió que me sentara y continuó: "¡Alabado sea Dios ya que tú has llegado hasta mí! [...]. Has venido a ver a un prisionero y un desterrado. [...] Nosotros sólo deseamos el bien del mundo y la felicidad de las naciones; sin embargo nos consideran causantes de sedición y de contiendas, merecedoras de la prisión y el destierro [...]. Que todas las naciones tengan una fe común y todos los hombres sean como hermanos; que se fortalezcan los lazos de afecto y unidad entre los hijos de los hombres; que desaparezca la diversidad de religiones y se anulen las diferencias de raza. ¿Qué mal hay en esto? [...] Pero esto se cumplirá, estas luchas sin objeto, estas guerras desastrosas pasarán y la 'Paz Más Grande' reinará. (Baha'u'llah, Baha'u'llah)

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