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El Padrenuestro: historia y significado

Autor: Agustín Fabra
Curso:
10/10 (1 opinión) |422 alumnos|Fecha publicación: 28/04/2011
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Capítulo 8:

 El Padrenuestro en el Espíritu de Jesús

Por este medio analizaremos y meditaremos sobre las diferentes partes de la oración que Jesus nos dejo: el Padre Nuestro. Nuestra meditación personal la efectuaremos sobre las distintas partes de esa oración, después de haber oído la lectura del texto introductorio de cada sección del Padre Nuestro.

Jesus se retiraba a orar al Padre con frecuencia; sentía necesidad de estar con El. Uno de los discípulos le dice: Señor, enséñanos a orar. Jesus les dice que cuando oren no hablen mucho, pues el Padre conoce lo que necesitan antes de que se lo pidan; que se encierren en su interior y allí, a solas con el Padre, le digan: Padre Nuestro….

Pidamos a Jesus que nos enseñe a rezarlo con el espíritu filial con que El lo rezo, y con el espíritu filial con que quiso que también lo rezáramos nosotros.

Después de cada Reflexión a cada frase del Padre Nuestro, es aconsejable que elevemos al Señor nuestra oración personal sobre aquella reflexión en concreto.

Oración inicial:

Señor, una vez más estamos viviendo una profunda intimidad. Cada uno de nosotros siente su vida maravillosamente invadida por tu vida. Tu luz ha penetrado en los caminos de mi ser; tú eres la luz para caminar. Sé que sólo en tu luz podre construir mi vida. Sé que tu vives en la luz y que nos has comunicado un poco de esa luz, Señor.

Pero lamentablemente por nuestra parte todo son tinieblas. Señor, muchas personas parecen sentirse satisfechas caminando en las tinieblas, a ciegas, con una venda en los ojos. No quieren ver. Y este es mi pecado: a veces tampoco quiero ver.

Te suplico, Señor, que abras mis ojos; estoy seguro que quiero ver. Deja que tu luz penetre ahora en mis tinieblas. Yo quiero ver, Señor; quiero ver. Amén.

PADRE NUESTRO

Padre:

 

Dios es Todopoderoso, eterno, infinito en todo; pero quiere que al dirigirnos a Él le llamemos "Padre"; pedirle que sienta que El es mi Padre. Padre que pensando en mi y amándome, creo todas las cosas: el sol con su luz y calor, la tierra con tanta variedad de vida, el mar, las montañas, los ríos, las plantas, las flores, los frutos, el aire que respiramos, los alimentos que consumimos…. Todo lo hizo y lo sigue hacienda pensando en mí, mirándome, amándome. El formo mi cuerpo, con sus miembros y sentidos, y me los conserva; mi alma con el entendimiento, memoria y voluntad. El me hizo hijo suyo con la gracia santificante; me da su vida, me hace imagen suya viva, su hijo, y quiere mirarse a sí mismo en mi, como un padre cariñoso se mira en el hijo que se le parece. El me dio a su Hijo para que me hiciera su hijo y me lo sigue dando todos los días en la Eucaristía para que sea mi alimento, fortalezca mi vida y perfeccione su imagen. El se me quiere dar todo en herencia; El mismo será mi felicidad, viéndole, poseyéndole, amándole, gozando de Él y sintiendo el amor infinito del Padre que se vuelca en mí. ¡Cuánto me ama mi Padre!

REFLEXION:

Como he correspondido a tanto amor de Dios? ¿Me he portado como un buen hijo?. ¿Cuántas veces le he ofendido, le he vuelto la espalda, le he desobedecido? ¿Cómo he de corresponder a partir de ahora? Siendo un buen hijo. Debo vivir y sentirme como un hijo muy querido de Dios, someterme del todo a la voluntad de Dios como lo hizo Jesucristo; amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia, estimándolo más que todas las cosas, prefiriendo su voluntad a todo lo demás. Toda mi vida deberá estar dirigida solo a Dios.

Nuestro:

Dios es Padre, no solo mío, sino también de todos. A todos ama, a todos ofrece su vida y su gloria. Por todos se sacrifico, murió y se quedo en la Eucaristía. Quiere que nos amemos todos como hermanos, hijos del mismo Padre. No puedo amar a Dios si no amo a mis hermanos, sus hijos. Amarlos con el corazón de Dios, como Dios ama. Amar a todos, como Dios ama y derrama sus bendiciones sobre todos, buenos y malos. Quiere que pidamos por todos para que todos pidan para cada uno. A pedir por mí mismo me mueve la necesidad; a pedir por otros me mueve la caridad, que es más agradable a Dios. Pediré por todos: por los cristianos, por los que no creen y por los que rechazan a Dios o a Jesucristo, para que pueden decir con nosotros: Padre Nuestro.

REFLEXION:

He vivido ese ideal de fraternidad? ¿Considero, amo y trato a los demás como hijos de Dios y hermanos míos? ¡Cuántos egoísmos y cuanta falta de amor buscando mi propio gusto en vez de buscar el bien de los demás! ¿Cómo tengo que vivir el amor a los demás? Como el buen samaritano, o mejor aún, como Jesús, Nuestro Señor.

Que estás en el cielo:

Dios está en todas partes, pero en el cielo muestra de un modo especial su gloria, su bondad, su amor; allí hace felices a sus hijos con la felicidad perfecta. Por eso quiere Jesus que elevemos nuestra mirada al cielo cuando oramos. Allí esta nuestro Padre. La casa del Padre será mi casa, allí veré a mi Padre lleno de amor, le amare, le poseeré sin temor alguno de perderle, y sentiré el amor infinito del Padre. Quiere Jesús que al orar elevemos nuestros corazones al cielo, que busquemos lo de allí. Allí estaré con Jesús, sentiré su amor infinito y sus predilecciones conmigo; estaré con la Santísima Virgen sintiendo su amor maternal. Aquella será nuestra felicidad sin fin. El deseo de alcanzar el cielo nos ayudara a ser más pobres al tener nuestro corazón libre de todas las cosas; mas obedientes, buscando siempre y haciendo solo la voluntad de Dios.

REFLEXION:

¿Vivo con el corazón en el cielo o mas bien estoy siempre mirando las cosas de la tierra? Buscad las cosas de arriba, donde esta Cristo; saboread las cosas de arriba, no las de la tierra.

Santificado sea tu nombre:

Santificar el nombre significa santificar a la persona. Que todos alaben, estimen y amen a Dios; que obedezcan sus mandatos, reconozcan su majestad y, sobre todo, su bondad y misericordia. Que con nuestra vida santa mostremos que Dios es santo, y ayudemos a otros a santificarse y así muestren con su vida que Dios es santo. ¡Cuántos no le conocen y le niegan! ¡Cuántos de los que le conocen no le aman ni le obedecen porque no le conocen bien! Si realmente le conociéramos no podríamos menos que amarle. Debemos amarle sobre todas las cosas y amarle también por su bondad y misericordia infinitas porque, siendo lo que somos, nos ama como padre cariñoso.

REFLEXION:

¿Cómo es mi vida de santidad? ¿Con mi vida animo a otros a que sean santos?

Venga a nosotros tu Reino:

Dios reina sobre todas las creaturas, y de un modo especial en las almas de los justos, por medio de la gracia; y en los bienaventurados en el cielo, por la gloria. Reinara al fin del mundo sobre todos. Pedimos que todos reconozcan el reinado de Dios, que vivan como fieles súbditos suyos, que se sometan a sus leyes; que por todo el mundo se extienda su reinado de amor, de verdad y de paz. Pedimos que nos lleve a su Reino glorioso en el cielo.

REFLEXION:

¿Trabajo con mis palabras y mi ejemplo por extender el Reino de Dios? ¿Ayudo a otros en el apostolado? ¿Soy súbdito fiel a Cristo Rey? ¿Guardo sus leyes? ¿Amo y vivo su Evangelio? ¿Procuro imitarle lo más posible?

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo:

Que todos hagamos la voluntad de Dios; todo lo que El manda y todo lo que le agrada, con toda perfección y amor, como lo hacen los santos en el cielo. Ellos ven a Dios cara a cara; ven el amor infinito que les tiene y le aman con todo el corazón. No desean otra cosa sino amarle y, por amor, solo quieren la voluntad de Dios. Así también todas las personas amemos a Dios y solo deseemos y hagamos lo que es Su voluntad y agrado. Que en mi y en todos se cumpla la voluntad de Dios; que aceptemos con amor y gusto lo que Dios desee de cada uno de nosotros, sea agradable o desagradable, con total y plena confianza en El, que es mi Padre y que solo desea mi bien. Que todos los acontecimientos los recibamos de la mano de Dios, que quiere o permite esas cosas para nuestro bien. Como Jesucristo en el huerto, digámosle: "No se haga mi voluntad, sino la tuya"; todo como efecto del amor total a Dios.

REFLEXION:

¿Está toda mi vida centrada en la voluntad de Dios? ¿Cuántas veces prescindo de su voluntad y busco mi gusto, mi egoísmo, y también me impaciento cuando las cosas no salen como yo deseo? ¿En todas las ocupaciones diarias busco siempre lo que le agrada a Dios, para que así se haga en mí su voluntad?

Danos hoy nuestro pan de cada día:

Tenemos muchas necesidades corporales y espirituales mientras vivimos en esta vida. Pedimos el pan, la comida, y todo lo que necesitamos para el cuerpo. Pedimos que nos de hoy nuestro pan de cada día. Debemos fomentar la confianza en el Padre y no angustiarnos por el futuro. A los hebreos en el desierto les dio Dios el mana de cada día; al día siguiente ya no servía y debían esperar el nuevo mana de aquel día y así, de esta forma, aprendieron a confiar en El. Jesus quiere también que confiemos en el Padre. Es cierto que tenemos que trabajar para conseguir el pan de cada día, pero sin ansiedad ni congoja, sino con confianza en Dios. Pediremos también el pan espiritual, necesario para conservar y fortalecer la vida de la gracia santificante, que es la gracia que necesitamos para hacer el bien y evitar el mal, y para que nuestras acciones tengan valor sobrenatural. Pidamos el pan de la eucaristía, sin el cual no podemos vivir; el que nos ofrece Jesus, su Cuerpo y su Sangre, para que nos vaya transformando en El; para que el Padre vea en nosotros una imagen cada día más perfecta de Él. 

REFLEXION:

¿Cómo está mi confianza en Dios? ¿Me contento con lo que Dios me da cada día, o ando angustiado por lo que me pueda faltar mañana? ¿Cómo estoy con respecto a mi trabajo, con angustia e inquietud deseando siempre ganar más para así asegurar mi futuro, o con paz confiando en Dios? ¿Cómo recibo la Eucaristía?, con verdadera hambre de Dios o por rutina, con poca fe y amor?

Perdónanos nuestras ofensas:

REFLEXION: ¿Vivo en actitud de arrepentimiento y detestación de mis pecados? ¿Fomento la pureza de mi alma?

Todos somos pecadores y necesitamos de la misericordia de Dios. Todos tenemos culpas y necesitamos pedir perdón. Dios, nuestro Padre, está deseando otorgarnos ese perdón; El nos conoce y nos ama; quiere que cada día nos arrepintamos de nuestros pecados y ofensas y que le pidamos perdón. Y si actualmente no encontramos en nosotros pecados más o menos graves, si tenemos al menos defectos, debilidades, faltas e indelicadezas con el Señor, y debemos pedir perdón por todo ello por haber desagradado a nuestro Padre que tanto nos ama. Una falta mía puede ser que desagrade mas al Padre que pecados más grandes en otros, por lo mucho que me ama y siente mi desagradecimiento. Tengo que pedir perdón, con verdadero arrepentimiento, de todo pecado y ofensas.

Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden:

Es la condición que Jesus pone para perdonarnos a nosotros. Quiere que tengamos un corazón grande como el de nuestro Padre, que con tanta facilidad nos perdona; que sepamos excusar las faltas de otros como el mismo Jesus hizo en la cruz; que no demos vueltas en nuestra cabeza a las ofensas que nos hayan hecho, sino que procuremos olvidarlas.

REFLEXION:

¿Como cumplo con mi obligación de perdonar a todo el que me ofende? ¿Soy fácil para perdonar o soy vengativo, que deseo que le suceda algún mal al que me ofendió y me alegro si le sucede? ¿Niego la palabra a alguien, le trato con indiferencia o le rehúyo si en alguna ocasión me ofendió? Dios me perdonara así como yo perdone. Tengo que ser generoso en perdonar, para que también Dios sea generoso conmigo.

No nos dejes caer en la tentación:

Hay tentaciones que son pruebas de Dios y sirven para nuestro bien. Hay tentaciones que nos inducen al pecado. Hemos de pedir siempre que no caigamos en pecado, ni mortal ni venial, ni en falta deliberada, ya que todo ello ofende siempre a Dios. Somos débiles y por nuestras propias fuerzas no podemos sostenernos sin pecar, por las muchas inclinaciones torcidas que tenemos en nuestra naturaleza. Necesitamos pedir gracia a Dios para no caer, pero hemos de pedirla con humildad y con confianza.

REFLEXION:

No basta con pedir, tengo que evitar las ocasiones de pecado. Si por mi culpa o negligencia me pongo en peligro de ser tentado, desmerezco la gracia de Dios y, entonces, el enemigo o mi propia sensualidad me empujan al pecado. ¿Pongo yo los medios para no caer en pecado? ¿Evito las ocasiones? ¿Sacrifico mi lengua, la vista y el oído antes de caer en pecado? Fomento pensamientos o deseos de pecado? Sería una burla pedirle a Dios que me libre de tentación y, al mismo tiempo, ponerme yo mismo en peligro de pecar.

Y líbranos del mal:

De todos los males, naturales y espirituales. Que nos libre del pecado y del infierno, que son los verdaderos males. Los males físicos, como enfermedades, dolores, muerte, etc. pueden ser bienes para el alma. Que nos libre del demonio, que ronda buscando a quien devorar; que no nos dejemos engañar ni seducir por él. Pero debemos también ayudar a otros, en cuanto este de nuestra parte, para que tampoco caigan en ningún mal. ¡Cuántos males de toda clase hay en esta vida como fruto del pecado original, y de nuestros pecados personales que cometemos, de nuestros egoísmos, soberbias e iras! Bueno es que pidamos a nuestro Padre que nos libre de todos los males. El nos librara de todos cuando nos lleve a su Reino, donde no habrá ningún mal y donde gozaremos de todos los bienes en el gozo de Dios.

REFLEXION:

Esta es la mejor petición que podemos hacer: que nos lleve a su Reino para vivir con Él. Allí descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos, alabaremos y gozaremos. Como dijo San Agustin, "eso será el fin sin fin".

Oración:

Oremos hoy dándole gracias a Dios por habernos permitido vivir esta oración del Padre Nuestro de esta forma meditada. Prometámosle al Señor poner en práctica en nuestra vida todo aquello que El nos ha enseñado en esta oración, y roguémosle por su ayuda para que le seamos fieles hasta el fin de nuestros días.

Bendición:

Que el Señor nos bendiga y nos proteja.

Que el Señor nos mire con agrado y nos muestre su bondad.

Que el Señor nos mire con amor y nos conceda la paz.



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