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Capýtulo 9:

 Función tiroidea (1/2)

Durante el envejecimiento se producen pequeños cambios en la fisiología tiroidea que pueden considerarse «normales para la edad». Además, estudios histológicos muestran una reducción en el tamaño de los folículos, fibrosis interfolicular, varios grados de infiltración linfocitaria y aumento del número de células parafoliculares.

La producción tiroidea de tiroxina (T4) y triyodotironina (T3) disminuye, como posiblemente también disminuya la conversión periférica de T4 a T3. Asimismo, se produce una disminución del aclaramiento de T4. Como resultado, la concentración de T4 (total y libre) sigue manteniéndose normal, mientras que los niveles de T3 libre disminuyen progresivamente con los años, pero manteniéndose dentro o ligeramente por debajo del rango de la normalidad. De hecho, según algunos autores, si se estudia a los sujetos de edad avanzada seleccionándolos cuidadosamente para descartar a aquellos que padezcan alguna otra enfermedad crónica debilitante se puede observar que los niveles de T3 libre no han disminuido, excepto en los sujetos «muy, muy ancianos».

Con respecto a la tirotropina (TSH), su concentración basal es normal, pero se observa una disminución en la amplitud de los pulsos de secreción.

En resumen, en las personas mayores sin patología tiroidea los niveles basales de TSH y T4 libre son normales; en cuanto a los niveles de T3 libre, suelen ser normales o hallarse en el límite bajo de la normalidad, excepto si estas personas padecen alguna enfermedad crónica debilitante o son de edad muy avanzada, en cuyo caso pueden haber disminuido ligeramente, sin que ello implique la presencia de hipotiroidismo.

Las enfermedades tiroideas son comunes en los individuos mayores de 60 años y, en algunos casos, pueden tener algunas peculiaridades. Así, sus manifestaciones clínicas frecuentemente son distintas a las que presentan los sujetos más jóvenes. Además, la interpretación de las pruebas de función tiroidea puede verse dificultada por la presencia de otras enfermedades o por el uso de algunos fármacos.


Hipotiroidismo
La incidencia y prevalencia de hipotiroidismo es más elevada en los ancianos, especialmente en las mujeres. De hecho, aproximadamente el 5-10% de las mujeres mayores presentan hipotiroidismo. La causa más frecuente de hipotiroidismo en el anciano es la tiroiditis crónica autoinmunitaria. En los ancianos las manifestaciones clínicas del hipotiroidismo son relativamente «menos evidentes», debido al comienzo insidioso de la enfermedad y a la ambigüedad de los signos y síntomas (fatiga, debilidad, piel seca, anemia, estreñimiento, depresión, demencia, etc.). Éstos es fácil que se atribuyan al propio envejecimiento o a enfermedades asociadas. La coexistencia de determinadas alteraciones bioquímicas, como hipercolesterolemia, hiponatremia y anemia (típicamente macrocítica, aunque también puede ser normocítica y microcítica), debe aumentar la sospecha de la posible existencia de hipotiroidismo.

Los ancianos están más expuestos al coma mixedematoso, una complicación infrecuente del hipotiroidismo de larga evolución. Se asocia a una elevada mortalidad, que puede alcanzar tasas de hasta el 80 %, y requiere un diagnóstico y tratamiento precoces. Suele ocurrir en los meses de invierno y puede verse precipitado por enfermedades intercurrentes, fármacos, estrés o exposición al frío. Sus manifestaciones clínicas consisten en deterioro del estado mental con estupor y coma, signos neurológicos focales, hipotermia, hiponatremia, bradicardia, hipotensión, hipoventilación e hipoglucemia, así como elevaciones de lactato deshidrogenasa y creatininkinasa. Como ya se ha dicho, su mortalidad es muy elevada, a menos que se inicie un tratamiento sustitutivo con hormona tiroidea y se adopten medidas de soporte cardiorrespiratorio.

El tratamiento del hipotiroidismo en cualquier edad consiste en la administración de hormona tiroidea. La dosis media que normaliza la TSH en los adultos hipotiroideos es aproximadamente 1.6 mg por kilo de peso. Los ancianos suelen precisar dosis entre un 20-30% más bajas. En ancianos con hipotiroidismo grave o de larga evolución, o con coronariopatía u otros problemas cardíacos, la dosis sustitutiva debe establecerse con precaución, empezando con 25 microg/día e incrementándola en 12,5.25 microg al día cada 4-8 semanas, para alcanzar la dosis sustitutiva en varios meses. La razón está en que la hormona tiroidea aumenta el ritmo y contractilidad cardíacos, lo que provoca un aumento del consumo miocárdico de oxígeno. Por ello, excepcionalmente, el comienzo del tratamiento sustitutivo puede complicarse con arritmias o angina, especialmente en enfermos ancianos con cardiopatía subyacente.

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