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Nueva teoría literaria

Autor: Mario Blacutt Mendoza
Curso:
7,73/10 (11 opiniones) |13740 alumnos|Fecha publicaciýn: 25/01/2005
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Capýtulo 8:

 La Inmanencia del Sentimiento (II)

El Realismo y el Escritor Latinoamericano

Nuestro realismo parecía inacabable; y lo peor, no era nuestro.

Entre los productos de importancia europea, el Realismo tuvo una ponderación muy apreciable.

Conocedor de ello, y como corresponde a todo gran señor, llegó tarde; pero lo hizo con la consigna de quedarse.

Automarginados por un romanticismo narcotizante, un gran comité de recepción saludó por muchas (pero muchas) décadas al gran visitador.

Auroleado de estampas revolucionarias, venía investido de cierta autoridad histórica que le había conferido su medio hermano, el Realismo Socialista.

Desde entonces, ser "realista" fue sinónimo de escribir con la fuerza que exigía el compromiso.

Hombres ansiosos de fotografiar la barbarie de la realidad acudieron a los Balzac, a los Dickens y a los Standhal y a los Zola en busca de inspiración criticadora y, para bien o para mal, encontraron en las páginas amarillas el secreto de la realidad.

Con semejante arcano descubierto, cada uno se propuso ser "el secretario de actas" de la historia de su respectivo país o de Latinoamérica  en su conjunto.

Para Eustasio Rivera, el mundo objetivo de los acontecimientos humanos fue una "Vorágine" hecha de verde simbólico (Latinoamérica ya sabía transformar).

La ferocidad aristocrática fue para Echeverría un paradigma de su "Matadero"

"Don Segundo Sombra", el alma en pena del gaucho hernandecino.

El indio boliviano fecundó una "Raza de Bronce" y Jorge Icaza transcribió a la página la parcela formidable de "Huasipungo".

El Romanticismo empezó a desfigurarse, hasta que se hizo espectro cuando el látigo de "Doña Bárbara" convirtió la palidez ingenua de "María" en el marfil neutral de un cadáver.

Nuestros escritores escribieron realidades para un mundo real, donde habitaba gente hecha de realidad.

Pero luego se presentaría un pero; mejor dicho, dos.

Las nuevas generaciones descubrieron que nuestros realistas nunca habían logrado identificar la realidad.

En su puntilloso afán de ser objetivos, no se habían dado cuenta que al expresar esa objetividad, como reflejo de lo que captaban con los sentidos y no con la Intuición, la desfiguraban progresivamente.

Ilusionados por hacer del Indio un ser independiente del feudal, lo habían empalado en el paisaje hasta hacer un simple elemento de éste.

En el relato de su vertiginoso movimiento reivindicatorio en la realidad de la hacienda o la mita, lo inmovilización en el cosmos literario.

En la descripción de su valentía, moralidad y estoicismo, lo caricaturizaron en el mundo de la literatura.

La contradicción de los realistas fue asombrosa: mientras más intentaron captar al indio en su movimiento histórico, más estático lo reflejaron en el movimiento ético-estético.

Nunca el Indio fue tan "indio" como en la exégesis voluntarista de nuestros escritores realistas.

La incapacidad del realismo latinoamericano de expresar adecuadamente el devenir indígena y proletario, incluso, sus mismas estampas, no le permitieron  traspasar las barreras que lo separaron siempre de las capas populares de Latinoamérica, algo que había sido objetivo primero y último del Realismo Latinoamericano.

De este modo, el "Realista", enderezador de entuertos y defensor de justicias sociales habló un lenguaje mediatizado para un público de capas medias.

Jorge Enrique Adoum, en "El Realismo de la Otra Realidad", con una franqueza emparentada con la brusquedad, dice que para el campesino analfabeto y para el obrero, las obras literarias son todas iguales, porque para ellos, simplemente no existen.

Respaldo a todos aquellos que ven en la mayoría de nuestros escritores actuales, escritores comprometidos con tareas reivindicatorias de las clases marginadas de esta parte del mundo tal como lo hizo Kafka en la parte del suyo.

Para ello necesitan conocer y expresar la realidad con una nitidez jamás lograda por ningún realista de éste o de cualquier otro continente.

Pero esa realidad no ha sido descubierta por la ciencia o por los periodistas, dado que es trascendente a la Razón y sólo es captada por la Intuición del Poeta.

Esa Realidad es un Estado del Ser dado únicamente a la Intuición del Poeta.

Por eso es que el Poeta describe cosas que aparentemente no son "reales", de un modo extraño a la Razón.

En la esfera donde se desenvuelve y desde los ángulos que le sirven de atalaya de observación, el verdadero escritor, el poeta, se da cuenta que tiene encuentros intuitivos con Estado del Ser y que la expresión de esos estados es su misión específica.

El escritor verdadero, el poeta, decide que sobre los cimientos materiales conformados por la multiplicidad de sensaciones, representaciones, ideas y razonamientos se yergue una estructura ético-estética propia; un mundo dentro de otro mundo. Mundo constitutivo del Ser; nunca mundo aparte.

Bajo estas circunstancias, la tarea del escritor, del poeta, es lograr que esa realidad develada por la Intuición despierte en el lector la Emoción Poética y es su goce expresarla a través de la fuerza generada por ella. Pero antes, transforma esa realidad develada, por medio de su propia subjetividad ético-estética (¿No es ésta una hermosa paradoja?)

Es en este proceso de transformación que exige y logra crear instrumentos cognoscitivos de tipo ético-estético.

Estos instrumentos forman la forma. Pero la forman partiendo de un contendido determinado por el Estado de Ser develado.

Y entonces, el misterio de la vida se expresa; nace la gran simbiosis: el movimiento ético-estético, convertido en instrumento cognoscitivo, esculpe la nueva criatura: la unidad de la forma y el contenido unidad contra la cual tanto se opusieron los realistas.

En el momento del encuentro intuitivo del Poeta (el Ser Poético) con un Estado del Ser, en ese momento, Ser y Estado del Ser conforman una identidad, no una simple unidad sujeto-objeto.

Pero, debido a la facultad del Ser Poético (el escritor, el poeta) de transformar en la expresión poética el Estado del Ser, por su subjetividad ético-estética.

La forma en que se expresa el Estado del Ser no es idéntica con el Estado del Ser: el soplo creativo divide esa identidad.

Algún día, cuando la facultad intuitiva del Ser se haya desarrollada plenamente, el Científico expresará el Estado de Ser manteniendo la identidad Forma-Estado del Ser, puesto que su tarea seguirá siendo la de describir el Ser, no de modificarlo.

Por eso, continuará siendo privilegio exclusivo del artista separar esa identidad Forma-Estado del Ser, debido a la transformación realizada por el sustento ético-estético que lo diferencia de todos los demás seres.

Esa es y seguirá siendo la magia del poema; algo que el sentimiento, por ser utilitario, jamás podrá realizar....

Para expresar esa identidad y esa realidad, algunos de nuestros mejores escritores usan recursos que nos transportan a mundos oníricos; otros nos envuelven con claro-oscuros mágicos.

Hay quienes regresan a la semilla mítica y los hay aquellos que inventan mundos nuevos.

Adecuar la Forma para expresar el encuentro intuitivo con un Estado del Ser, es la brecha infinita que separa al gran escritor, al poeta, de la mediocridad de los "best sellers" y de los sentimentales utilitarios.

Es lo que hace la gran diferencia entre la verdadera literatura, de la biografía de alguna señora experta en alcobas secretas, que termina siendo un éxito literario.

El mercado es muy avaro con el talento; mucho más, con el genio.....

¿Qué queda del Realismo?

Todo, excepto lo que no sirve.

Por las siempre extrañas contradicciones que rigen el devenir de la evolución humana, el escritor latinoamericano tuvo que matar al realismo para que el verdadero Realismo, el que expresa el encuentro intuitivo del Ser Poético con un Estado del Ser viviera.

*********

(Esta aparente manía de insertar poemas y ensayos en el Curso no tiene el afán de mostrar alguna pretensión creativa, sino más bien, hacer notar la importancia del Poema o del Ensayo Literario para llegar a profundidades conceptuales a los que los textos o el tratado no llegan).

(Aquí termina la segunda parte del Módulo II del Curso).

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