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Niño deprimido. Funcionamiento familiar

Autor: Centre Londres 94
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |215 alumnos|Fecha publicaciýn: 24/03/2010

Capýtulo 1:

 Niño deprimido. Funcionamiento familiar

Vínculo padre-hijo y funcionamiento familiar en el niño deprimido y en niños con bajo y alto riesgo de presentar depresión futura.

Tanto los factores genéticos como los ambientales son considerados como influencias en la determinación de la conducta paternal. Kendler (1996) en un estudio extenso transgeneracional de paternidad entre gemelos adultos monocigotos y dicigotos, sus padres y sus hijos concluyó que está influenciado por las actitudes derivadas del origen de la familia de los padres, de las características genéticas de temperamento de los padres que influyen en la paternidad y de las características genético-temperamentales del hijo que influyen en la obtención y provisión de la paternidad.

Desde una perspectiva diferente, los patrones de conducta típicos de las especies que promueven la supervivencia pueden actuar específicamente en la propensión congénita del niño para desarrollar ataduras emocionales con los padres (Bowlby, 1988). La calidad de la atadura varia en una dimensión de seguridad. Las experiencias tempranas de pérdida de padre o madre que inducen a una rotura total de la relación han sido tradicionalmente consideradas un factor de riesgo para el desarrollo de una depresión posterior (Bowlby, 1988). Estudios más recientes han demostrado que la depresión está asociada también, de alguna manera, con un historial de apego inseguro (Radke-Yarrow et al., 1985), abuso, absencia y negligencia (Rutter, 1995), así como con roturas en los vínculos padre-hijo.

El vínculo, originalmente considerado en el paradigma de gran controversia (Crouch y Manderson, 1995) de contacto entre madre e hijo durante un período crítico de los primeros días de vida (Klaus y Kennel, 1976), a llegado a ser reconocido como representante de los únicos lazos emocionales de los padres con sus hijos desarrollado a lo largo de un período extenso de tiempo (Crouch y Manderson, 1995). El vínculo y el apego no son idénticos (Crouch y Maderson, 1995), así el apego se refiere básicamente a la búsqueda de proximidad en el niño, mientras que el vínculo refleja un proceso similar del padre al hijo (Volkmar, 1995). Sin embargo, son considerados como procesos interconectados, ambos dirigidos a optimizar la distancia entre niño y padre, y así servir como función protectora orientada de desarrollo (Bowlby, 1988).

Evaluaciones estandarizadas de familias con niños deprimidos y no deprimidos han mostrado niveles más altos de emociones expresadas en los primeros (Arsanow et al., 1994). Se vio que los niños deprimidos describían que sus familias les daban menos apoyo y cohesión y estaban más desocupadas (Kashani et al., 1995) y mostraban elevados niveles de crítica (Puig-Antich et al., 1985) y rechazo (Cole y McPherson, 1993), comparado con los controles. Comparado con los niños no deprimidos, los niños clínicamente deprimidos (Armsden et al., 1990; Burbach et al., 1989), así como muestras de la comunidad de niños con síntomas depresivos (Martin y Waite, 1994; McFarlane et al., 1995), también informan de más dificultades de apego, menor cuidado del padre y/ o la madre, alta sobreprotección del padre y/ o de la madre y un elevado nivel de vínculo de bajo cuidado- alta protección, indicativo de tanto el rechazo como de la intrusión (Parker et al., 1979). Este tipo de vínculo específico ha sido considerado por algunos autores (McFarlane et al., 1995; Parker, 1983), aunque no todos (Mackinnon et al., 1993), como menos beneficioso y de una relevancia particular en la depresión.

El estudio de familias de niños que ya están deprimidos imposibilita cualquier distinción entre la influencia de la depresión del niño en la disfunción familiar y el posible papel mediador del vínculo padre-hijo, y el funcionamiento de la familia en el desarrollo de una depresión en la infancia (Kaslow et al., 1994). Una estrategia para superar este problema es la investigación de niños con alto riesgo de desarrollar depresión, léase hijos no 2 deprimidos de padres deprimidos (Weissman et al., 1997). Las evaluaciones estandarizadas de madres deprimidas y no deprimidas han mostrado mayor frecuencia de unión insegura entre las primeras (Radke-Yarrow et al., 1985). Comparado con las madres control normales, las madres deprimidas informan de más interacciones disfuncionales con sus hijos, sin tener en cuenta si el niño esta deprimido (Weissman et al., 1997). Estas interacciones son evidentes en comunicaciones más intrusivas, negativas y críticas (Hamilton et al., 1993); respuestas afectivas escuetas y menos interacciones significativas; y el uso de menos conductas centradas en tareas y estrategias cognitivas en la interacción con el niño (Downy y Coyne, 1990). Los niños no deprimidos de padres con depresión, comparados con los niños de los padres control, informan niveles más altos de estrés familiar (Downy y Coyne, 1990), bajo cuidado con alta protección en los patrones de vínculo padre-hijo, y menor cohesión familiar (Fendrich et al., 1990).

De los muchos determinantes relacionados con la depresión, buscamos examinar el papel del vínculo padre-hijo y el funcionamiento de la familia en familias con niños con un diagnóstico actual de depresión, a niños no deprimidos con alto riesgo de depresión futura esto es, con al menos un familiar de primer grado con historia de depresión (Birmaher et al., 1997) y controles de bajo riesgo sin historia de desórdenes de humor entre los familiares de primer grado. No está en nuestro conocimiento que una comparación tal haya sido llevada a cabo con anterioridad.

Nuestra hipótesis fueron las siguientes: Los niños deprimidos deberían demostrar un mayor trastorno en la mayoría de parámetros del vínculo padre-hijo y del funcionamiento de la familia, comparado con los niños de bajo riesgo.

Los niños de alto riesgo deberían mostrar un vínculo padre-niño y un funcionamiento familiar menos perturbado, comparado con los niños deprimidos.

Los niños de alto riesgo deberían demostrar niveles elevados de un tipo de vínculo de bajo cuidado y alta protección y una disfunción total en la familia, comparado con los controles de bajo riesgo.

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