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La narrativa. Teoría y práctica

Autor: Esteban Conde Choya
Curso:
10/10 (4 opiniones) |4640 alumnos|Fecha publicación: 24/02/2010
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Capítulo 7:

 Técnicas narrativas: el espacio y el tiempo

           Tan importante como cualquier otro elemento narrativo (la acción, los personajes, el tiempo...) es el espacio puesto que sin él no podría articularse la estructura narrativa. Los espacios o lugares donde se sitúa la narración pueden ser muy diversos, desde paisajes abiertos y amplios en plena naturaleza hasta sitios cerrados y pequeños como una simple habitación, pasando por ciudades, calles, plazas, castillos, viviendas, etcétera. Y conviene no olvidar que la elección de cualquiera de estos espacios se debe a una motivación muy singular del narrador, pues normalmente ocultan una significación o una simbología. Es decir, el hecho de que aparezca en una narración un espacio interior o exterior determinados obedece a una connotación singular, al menos en la narrativa moderna. Veamos un par de ejemplos: el primero pertenece a Tiempo de silencio, de L. Martín Santos, en el que la descripción del lugar de los hechos, un quirófano, es muy significativa si se la relaciona con el personaje que aparece él, Florita:

        "En contra de la opinión de los arquitectos sanitarios suecos que últimamente prefieren construir los quirófanos en forma hexagonal o hasta redondeada (lo que facilita los desplazamientos del personal auxiliar y el transporte del material en cada instante requerido) aquel en que yacía Florita era de forma rectangular u oblonga, un tanto achatado por uno de los polos y con el techo artificiosamente descendente a lo largo de una de sus dimensiones. No gozaba la paciente casiparturienta de niquelada mesa o de aceroinoxidada mesa con soportes de muslos para mejor obtener la posición ginecológica preferida por casi todos los artífices, sino acajonada mesa d epino gallego antes servidora del transporte de cítricos de la región valenciana..."

         El segundo ejemplo corresponde a Las ninfas, de Francisco Umbral. El espacio aquí es una plaza y las calles adyacentes donde se desenvuelven dos tipos de personajes; unos de clase alta y otros de clase más modesta:

        "La casa de CristoTeodorito, y la mía incluso, se asomaban un poco a aquella plaza, pero desde calles oscuras, estrechas y frías. seis calles entraban en aquella plaza o, mejor dicho, no entraban, sino que desaguaban allí su soledad sin faroles, y todo hacía subir el caudal de silencio y solemnidad que tenía el gran redondel. Una calle era afilada y fría como un cuchillo que venía del norte, otra era delgada y conventual, había un callejón corto, torcido y borracho, y una calle ancha y bella, con varias iglesias y conventos, y otra calle estrecha y pobre, que quedaba redimida por las luces que le venían de poniente, y, finalmente, una especie de calle comercial, con muchas mercerías y tiendas de comestibles."

           Con todo, en una misma novela varían los espacios. Por ejemplo, en La verdad sobre el caso Savolta, de E. Mendoza, aparecen, además del paisaje urbano de Barcelona (el principal), con sus calles, sus prostíbulos, sus mansiones..., la ciudad de Valladolid, varias poblaciones de la provincia de Lérida, una sala de juzgado de Nueva York...

         De todo ello se deduce que el espacio sirve en la narración entre otras cosas para causar cierto simbolismo (social, profesional, personal), ubicar a los personajes dentro de la acción o ayudar al lector a imaginarse dónde ocurren los hechos y viven los personajes. El medio lingüístico del que se vale el autor para hablar de los lugares de la novela es la descripción topográfica.

         Lo mismo que hemos dicho del espacio, el tiempo es necesario para articular la estructura narrativa. El modo más sencillo de narrar una historia es empezar por el principio y acabar por el final; sin embargo, desde muy pronto los novelistas descubrieron que empleando la alteración temporal conseguirían relaciones que de hacerlas cronológicamente serían imposibles. En la narrativa contemporánea las modificaciones temporales son recursos muy empleados, y así, al lado de las escasas tramas que son contadas linealmente en la narrativa actual, la mayoría utiliza diversas técnicas referidas al tiempo: la llamada in medias res, el tiempo retrospectivo o flashback, el tiempo simultáneo...

           El tiempo lineal es el tiempo que avanza cronológicamente. Hasta el siglo XIX los casos son generales. Desde Cervantes a Galdós la trama se cuenta de modo causal y ordenado. Sin embargo, desde muy pronto, se empleaban otras técnicas. Por ejemplo, Ulises empieza la Odisea en la mitad de la historia, in medias res, cuando de regreso a Ítaca tras la guerra de Troya, retrocede para narrar las peripecias ocurridas hasta ese momento y luego reemprende la historia hasta acabar en su patria.

           De todos modos, conviene distinguir tres tipos de tiempo: el que dura la historia que se cuenta; el que emplea el narrador para referir los sucesos, y el que tarda el lector en leer la obra. Los más importantes son los dos primeros, que el novelista hace coincidir al final de la obra; sin embargo, a medida que escribe se vale de diversas técnicas para conseguirlo: condensando el tiempo que ha pasado en unas pocas frases, acelera el ritmo narrativo; eliminando momentos de la historia que el lector debe deducir atendiendo a otros datos explicitados, expresa el tiempo transcurrido; haciendo hablar a los personajes, hace coincidir los dos tiempos importantes.

          Finalmente, cuando no coinciden el orden de la cronología de la historia y el orden del tiempo que emplea el narrador en la escritura, dan lugar a dos tipos de anacronía o ruptura del tiempo: la prolepsis o anticipación, que se produce cuando la narración principal se adelanta en el tiempo y cuenta sucesos que aún no han ocurrido realmente. Uno de los ejemplos más claros lo constituye Crónica de una muerte anunciada, de G. García Márquez.

       "Victoria Guzmán, por su parte, fue terminante en la respuesta de que ni ella ni su hija sabían que a Santiago Nasar lo estaban esperando para matarlo. Pero en el curso de sus años admitió que ambas lo sabían cuando él entró en la cocina para tomar el café. Se lo había dicho una mujer que pasó después de las cinco a pedir un poco de leche por caridad, y les reveló además los motivos y el lugar donde lo estaban esperando."

         Lo contrario es la analepsis o retrospección, que se da cuando la narración principal vuelve atrás en el tiempo para contar sucesos ocurridos. Como vemos en el siguiente fragmento de Primera memoria, de Ana Mª Matute:

       "Procuré llevar el pequeño carro de mis recuerdos hacia las varas de oro, en el huerto, o a las ramas de tonos verdes, resplandecientes en el fondo de las charcas. (A una charca en particular, sobre la que brillaba un enjambre de mosquitos, verdes también, junto a la que oía cómo me buscaban, sin contestar a sus llamadas, porque aquel día fue la abuela a buscarme vi el polvo que levantaba el coche en la lejana carretera, para llevarme con ella a la isla.)"

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