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La narrativa. Teoría y práctica

Autor: Esteban Conde Choya
Curso:
10/10 (4 opiniones) |4640 alumnos|Fecha publicación: 24/02/2010
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Capítulo 3:

 Personajes en la narrativa

Lo mismo que no hay narración sin historia, tampoco sería posible hablar de narración en la que no salieran personajes. Pues son ellos los que realizan los hechos de la historia o nos cuentan lo que ocurre en ella. Veamos en esta unidad los tipos de personajes que pueden darse.

Los personajes de la narrativa suelen ser seres vivos, personas la mayoría de las veces, Don Quijote, Ana Ozores, el Lazarillo; en ocasiones familias, como apreciamos en Nada, de Carmen Laforet, donde se nos pinta el modo de vivir de los tíos y la abuela de Andrea, la estudiante que va a vivir a la casa que poseen aquéllos en la calle de Aribau de Barcelona. Pero también los animales pueden ser personajes (ahí están los ejemplos de Moby Dick, Colmillo blanco, Juan Salvador Gaviota...). En Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, por ejemplo, el burrito del poeta se convierte en el verdadero protagonista de los numerosos acontecimientos que suceden en la obra.

      Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

       Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Otras veces ocurre que el personaje de una narración por la noche se acuesta en la historia siendo persona y se despierta a la mañana siguiente convertido en animal. Es el caso conocido de Samsa, criatura inventada por Kafka en su Metamorfosis. Ejemplos parecidos al anterior ya se dieron en la obra latina del mismo nombre de Ovidio, en la cual las personas no sólo se transforman, por bendición o maldición de los caprichosos dioses, en animales (pájaros, arañas, etc.), sino en vegetales, como los fieles esposos Cimón y Baucis o el caso más conocido de la ninfa Dafne que, perseguida por Apolo, acaba convirtiéndose en laurel.  En El bosque animado, de W. Fernández. Flórez, el verdadero protagonista de la obra son los árboles que forman ese bosque y los animales que viven en él. Hasta un muñeco de madera puede erigirse en protagonista de una historia, como es el caso de Pinocho, de la obra homónima de Collodi. Y hay obras como en Alicia en el país de las maravillas donde los animales adquieren igual protagonismo que las personas.

Existen otros modos de clasificar a los personajes de la narración. En primer lugar, pueden ser personajes planos, si son estereotipos o se comportan basados en una sola cualidad (son buenos o malos, por ejemplo) y cuyo comportamiento es siempre previsible; y personajes redondos, cuando son más complejos y cuya caracterización va tejiéndose a medida que se desarrolla la trama de la narración a la que pertenecen.

También pueden dividirse en personajes principales, cuando la acción narrativa se mueve alrededor de ellos; son los casos de Don Quijote, Ana Ozores, Mario y tantos otros; y secundarios, si sólo ayudan a que los principales puedan ejercer su cometido o a dar otra visión del tema central de la historia, como Sancho Panza, Fermín de Pas o Carmen, por citar otros que pertenecen a las mismas obras que los anteriores.

Finalmente, pueden recibir otros nombres, como personaje protagonista, frente al antagonista, personaje múltiple o colectivo (los más de trescientos personajes de La colmena, de Cela, podrían considerarse de este tipo),  personaje figurante o incidental, que ejerce un papel intrascendente en la obra y muchas veces sirve para ayudar a crear ciertos ambientes sociales...; incluso puede darse el caso del personaje ausente, del que se habla en la obra pero no aparece en ella, como la madre de Elena en La soledad era esto, de Juan José Millás, por citar un ejemplo.

En cuanto a la caracterización de los personajes, el autor de la narración puede valerse de varias fórmulas:

.El narrador omnisciente lo retrata directamente y lo hace de manera completa y objetiva, diciéndonos del personaje hasta el detalle más pequeño, la edad, sus rasgos físicos, aficiones y hasta las comidas que suele hacer o las ropas que lo visten. Eso hace Cervantes con su personaje principal en su obra más famosa. O Azorín en este fragmento de Las confesiones de un pequeño filósofo:

          Mi tío Antonio era un hombre escéptico y afable; llevaba una larga y fina cadena de oro que le pasaba y repasaba por el cuello; se ponía unas veces una gorra antigua con dos cintitas detrás, y otras un sombrero hongo, bajo de copa y espaciado de alas (). Era un hombre dulce: cuando se sentaba en la sala, se balanceaba en la mecedora suavemente, tarareando por lo bajo, al par que en el piano tocaban la sinfonía de una vieja ópera.

.El narrador protagonista o el narradortestigo lo retratan indirectamente, es decir, dicen de él lo que saben y de qué modo los impresiona o los efectos que en ellos producen los rasgos de carácter y el modo de actuar del personaje. Juan Ramón Jiménez retrata a Platero según lo ve él y describe este o aquel rasgo del burrito atendiendo al sentimiento, cariño, lástima, sorpresa, que causa en él.

        "En las lentas madrugadas de invierno, cuando los gallos alertas ven las primeras rosal del alba y las saludan, Platero, harto de dormir, rebuzna largamente. ¡Cuán dulce su lejano despertar, en la luz celeste que entra por las rendijas de la alcoba! (...) Y pienso en lo que habría sido del pobre Platero si en vez de caer en mis manos de poeta hubiese caído en las de uno de esos carboneros que van, todavía de noche, por la dura escarcha de los caminos solitarios, a robar los pinos de los montes."

           .El propio personaje se retrata a sí mismo, diciendo cómo actúa, habla o escribe. Son casos muy conocidos en nuestra novelística contemporánea los siguientes: el de Pascual Duarte, personaje creado por Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte, novela tildada de tremendista por muchas razones, como veremos en su momento; y el de Lorenzo, bedel y cazador, que Delibes hizo protagonista de sus dos novelas con forma de diario: Diario de un cazadorDiario de un emigrante.

        "Había que herir con los ojos bien abiertos, con los cinco sentidos puestos en el golpe. Había que conservar la serenidad que parecía ya como si estuviera empezando a perder ante la vista del cuerpo de mi madre... El tiempo pasaba y yo seguía allí, parado, inmóvil como una estatua, sin decidirme a acabar. No me atrevía; después de todo era mi madre, la mujer que me había parido. Con echarme al mundo no me hizo ningún favor, absolutamente ninguno."

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