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La narrativa. Teoría y práctica

Autor: Esteban Conde Choya
Curso:
10/10 (4 opiniones) |4640 alumnos|Fecha publicación: 24/02/2010
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Capítulo 9:

 Diálogos, monólogos. Técnicas narrativas

      CARTAS Y OTROS TIPOS DE LENGUAJE

      Dejando aparte los diálogos como género de obra literaria en que se finge una plática entre dos o más personajes (los filosóficos de Platón o los didácticos de Juan de Valdés), nos centraremos en los diálogos que, junto a  los pasajes descriptivos y otras formas de elocución, aparecen en el relato para dar vivacidad y fuerza a la psicología de sus personajes. Aparecen con raya de diálogo, con comillas, en estilo directo y en estilo indirecto, intercalados entre pasajes descriptivos, narrativos y de otro tipo.

"Cuando un socio pedía un libro de aquéllos, el conserje se acercaba de mal talante al pedigüeño y le hacía repetir la demanda.

Sí, señor, la crónica de Vetusta...

Pero ¿usted sabe que está ahí?

Sí, señor, ahí está...

El caso es... y se rascaba una oreja el señor conserje, como no hay costumbre...

¿Costumbre de qué?

En fin, buscaré la llave."                         (La Regenta, de L. Alas "Clarín")

          Cuando, como en el caso anterior, se citan las palabras textuales de los personajes entre rayas de diálogos y después de verbos de habla como "decir", "responder", etcétera, y dos puntos (:), se dice que el texto aparece en estilo directo. En caso de que se supriman los dos puntos y el contenido de las palabras de los personajes aparezca resumido y precedido de la conjunción "que" u otro nexo parecido, el texto está en el estilo indirecto, como en el ejemplo siguiente de Un hombre que se parecía a Orestes, de A. Cunqueiro:

       "Alabó Eumón los estudios dramáticos de Filón el Mozo, y agradeció la copia de la pieza que trataba de los amores de doña Inés, y todavía el autor no había decidido qué título darle, y añadió el tracio que en su reino no había teatro, pero que si llegaba el desenlace fatídico de la tragedia, que le mandase el texto en copia iluminada, que la leería en voz alta con mucho gusto, y pagaría por ella lo que Filón el Mozo pidiese."           

        Sin embargo, existen novelas que adoptan en su totalidad la forma de diálogo. Paradox, rey, de Pío Baroja, o Las guerras de nuestros antepasados, de Delibes, son dos claros ejemplos. En esta última Pacífico Pérez, el protagonista, y el doctor que lo trata dialogan sobre diversos asuntos.

"Dr. ¡Qué tipo tan original! ¿Y duró mucho esa situación?

P. P. Ande, por él hubiera durado una vida, ya ve, menudo era. Menos mal que la Corina se encampanó y le puso un día las peras a cuarto.

Dr. ¿Se le enfrentó tu hermana al viejo?

P. P.Cómo se lo diría yo, doctor, pero tampoco le choque que la Corina desde chavala tuvo mucho carácter. lo que pasa es que se lo guardó mientras la abuela Benetilde y madre estuvieron en casa, ¿entiende? Pero un día le picó el genio, que yo me pienso que se hartaría de tanto pitido, natural, y fue y se asomó a la ventana y le voceó: ¡Bisa, o deja usted tranquila la corneta o tendré que tomar una determinación!

Dr. Pero ¿ se lo dijo así?

P.P. Así se lo dijo, con todo el aplomo, como lo está usted oyendo..."

        Los monólogos son técnicas narrativas (también teatrales) que consisten en introducir directamente en el texto la voz de un personaje que o bien habla solo para exponer opiniones o razonamientos o bien se dirige a un tú que no puede contestarle. Uno de los ejemplos más notables de monólogo de este tipo es el de Carmen, la protagonista de Cinco horas con Mario, de Delibes.

"Y yo, bien sabe Dios, que no lo quería por presumir que, al fin y al cabo, con traje blanco o sin él, una no deja de ser lo que es, pero después de lo de Julia, tú dirás, la gente, con la recámara que se gasta, que habría que oírla, y tú, todavía, "que ¿qué?", a ver si crees que te lo van a decir a ti. Lo blanco, Mario, por si no lo sabes, es símbolo de virginidad, para que te enteres."

        Conviene, sin embargo, no confundir este tipo de monólogo con el llamado monólogo interior. Su creador, el escritor francés E. Dujardin, lo definió como el discurso que hace un determinado personaje para introducirnos directamente en su vida interior sin que el autor haga introducciones de ningún tipo. En nuestra literatura contemporánea existen numerosos ejemplos de monólogo interior, como en Señas de identidad, de J. Goytisolo, San Camilo, 1936, de C. J. Cela, El mercurio, de J. M. Guelbenzu o en Tiempo de silencio, de MartínSantos. He aquí un ejemplo de este último:

"Pensar despacio. Saber que no pasa nada grave, que no hay más que esperar en silencio, que no puede pasar nada grave, hasta que el nudo se deshaga igual que se ha hecho. Estar tranquilo. Sentirse tranquilo. Llegar a encontrar refugio en la soledad, en la protección de las paredes. En la misma inmovilidad. No se está mal. No se está tan mal. Para qué pensar. No hay más que estar quieto. No pensar en nada. Llegar a hacer como si fuera un deseo propio estar quieto. "

      Se suele emplear el monólogo interior para narrar sucesos, comentar acontecimientos o caracterizar a los personajes.

Muy parecido al monólogo interior es el llamado flujo de la conciencia, cuya característica fundamental es la emergencia del inconsciente a la superficie del texto, presentando desorden en la exposición, ideas que no guardan relación entre ellas, saltos temporales o frases sin terminar, como vemos en este fragmento de  Tiempo de silencio:

"Si no encuentro taxi no llego. ¿Quién sería el Príncipe Pío? Príncipe, príncipe, principio del fin, principio del mal. Ya estoy en el principio, ya acabó, he acabado y me voy. Voy a principiar otra cosa. No puedo acabar lo que había principiado. ¡Taxi! ¿Qué más da? El que me vea así. Bueno, a mí qué. Matías, qué Matías ni qué. Cómo voy a encontrar taxi. No hay verdaderos amigos. Adiós, amigos. ¡Taxi!"

       El género epistolar siempre ha estado presente en la literatura (obras enteras son epístolas o cartas, como las Cartas marruecas, de Cadalso, por citar un ejemplo del siglo XVIII). En otros casos la carta adquiere en las técnicas narrativas un peso muy importante, como el que proporciona a la trama de Pepita Jiménez, de Valera, el conjunto de cartas cruzadas entre la bella joven viuda y Luis, los dos personajes centrales de la novela. En la novela más actual puede aparecer el correo electrónico al lado de la carta al uso. Un ejemplo lo vemos en la obra de Juan José Millás, Laura y Julio (2006):

       "La noche pasada imaginé que mi cuerpo se deshacía en átomos para atravesar la pared que nos separa. Todo empezó como una fantasía, pero te juro, AMOR, que al poco sentí que me deshacía de verdad, me disgregaba, y cada una de mis partículas traspasaba el tabique. Una vez en el otro lado, mis átomos se reunían de nuevo y me acostaba junto a ti, que dormías, tomándote de la cintura..."

         Con la carta, la digresión ha desempeñado siempre en la narrativa un papel importante (recuérdense las novelas intelectuales del Novecentismo, por ejemplo, las de Pérez de Ayala). Mediante las digresiones, el narrador comenta y valora los hechos ocurridos, pero también expresa sus opiniones (a veces en boca de los personajes) sobre los más diversos temas culturales, sociales, artísticos, literarios, religiosos... como si fueran pequeños ensayos, sin conexión con el argumento de la novela. Por ejemplo, en la mencionada novela de MartínSantos leemos digresiones sobre las ciudades que no tienen catedral, sobre Cervantes, sobre los toros, sobre la esencia y existencia del hombre, etc. Con ellas el lector conoce la visión del mundo del autor.

       "¿Qué es lo que realmente Cervantes quería hacer? ¿Renovar la forma de la novela, penetrar el alma mezquina de sus semejantes, burlarse del monstruoso país, ganar dinero (...) para dejar de estar tan amargado como la recaudación de alcabalas puede amargar a un hombre? No es un hombre que pueda comprenderse a partir de la existencia con la que fue hecho. Como el otro el pintor caballero fue siempre en contra de su oficio y hubiera querido quizás usar la pluma sólo para poner floripondiadas rúbricas al pie de letras de cambio contra bancas ginovesas. (...) ¿Qué significa que quien sabía que la locura no es sino la nada, el hueco, lo vacío, afirmara que solamente en la locura reposa el ser moral del hombre?"

        Además de los citados, pueden aparecer otros lenguajes especializados, como el jurídico, el político, el humanísticohistórico, el administrativo, etc.. La verdad sobre el caso Savolta, de E. Mendoza, incluye varios de estos lenguajes aunque con intenciones paródicas: los artículos del periodista Pajarito de Soto poseen carácter de discursos políticos:

      "En la empresa Savolta (...) se pensó, se planeó y se intentó lo único que podía planearse e intentarse. Sí, señores, la huelga. Pero los desamparados obreros no contaban con (¿me atreveré a pronunciar su nombre?) ese cancerbero del capital, esa sombra temible ante cuyo recuerdo tiemblan los hogares proletarios..."

       Ejemplo de lenguaje jurídico y judicial es el interrogatorio al que el juez Davidson somete a Miranda:

"JUEZ DAVIDSON:  Explique usted de modo conciso y ordenado cómo conoció    a Domingo Pajarito de Soto..."

MIRANDA. Estaba yo un día en el despacho de Cortabanyes cuando llegó Lepprince...);

mientras que el lenguaje administrativo aparece en los documentos de carácter oficial o privado, incluida la declaración jurada que presta el comisario Vázquez ante el cónsul de EEUU:

          "Yo, Alejandro Vázquez Ríos, presto juramento y digo:

  Que nací en Antequera (Málaga) el día 1 de febrero de 1872, que ingresé en el cuerpo de policía en abril de 1891 y, como tal, desempeñé mis funciones en Valladolid...";

o el lenguaje sentimental de novela rosa que, por ejemplo, Lepprince emplea para referirse a María Coral:

       "Era suave, frágil y sensual como un gato; y también caprichosa, egoísta y desconcertante. No sé cómo lo hice, qué me impulsó a cometer aquella locura. Me sentí subyugado desde que la vi en aquel cabaret, ¿recuerdas? me sorbió la voluntad. la miraba moverse, sentarse y andar y no era dueño de mí. Me acariciaba y hubiese dado cuanto poseo de habérmelo pedido."

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