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Mujeres bíblicas

Autor: Anabel Sáiz Ripoll
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |1277 alumnos|Fecha publicaciýn: 21/06/2010
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Capýtulo 5:

 Sara tiene un hijo

Finalmente, Sara concibe y da a luz un hijo, Isaac: "Visitó, pues, Yavé a Sara, como le dijera, e hizo con ella lo que le prometió; y concibió Sara, y dio a Abraham un hijo en su ancianidad al tiempo que le había dicho Dios. Dio Abraham el nombre de Isaac a su hijo, el que le nació de Sara. Circuncidó Abraham a Isaac, su hijo, a los ocho días, como se lo había mandado Dios. Era Abraham de cien años de edad cuando le nació Isaac, su hijo. Y dijo Sara: "Me ha hecho reír Dios, y cuantos lo sepan reirán conmigo" (Génesis, 21, 1-6).
El nombre de Isaac significa "Dios ha sonreído" o "ría Dios" y volvemos a ver cómo el nombre es muy importante. José Jiménez Lozano así lo recrea: "Abram entró, corriendo, en ella y preguntó:
-¿Por qué te ríes?
-No me he reído -dijo Sara riéndose.
Y en eso notó Abram que Sara se encontraba ya restablecida y que la agonía del parto había pasado; y Agar y las otras mujeres le mostraron al niño que Sara había dado a luz y al que estaban lavando en una jofaina azul: era un bebé muy gordo y mofletudo, que reía en vez de llorar, como hacían todos los niños al nacer".
Sara entonces reflexiona sobre aquella otra risa que soltó cuando no creyó lo que Yavé le deparaba y dice: "Pero hoy sé que Yahveh me la concedió, aquella risa, porque la merecía. Tras tantos años de ser sólo Sarai, la del vientre seco, la esposa de Abram, heme aquí anciana y Sara, la fecunda. Sara pariendo la descendencia de Abraham, Isaac, mi hijo. ¿Cómo no reírse?"
Sara actúa con extrema dureza con Agar de nuevo, lo cual choca con su carácter apacible y alegre, y la expulsa con su hijo Ismael, acaso sospechando que le pueda quitar la primogenitura a Isaac. Agar es consolada por Yavé en el desierto:
"Levántate, toma el niño y tomale de la mano, pues he de hacerle un gran pueblo"
(Génesis, 21, 18).
En la Biblia, Sara no está presente en el sacrificio de Isaac (Génesis, 22), pero Halter, a quien ya hemos mencionado varias veces aquí, imagina que Sara los sigue y contempla la escena horrorizada, mientras invoca a Yavé: "Yahveh, dios de Abraham, escucha mi voz, la voz de una madre. No puedes, no. Tú no puedes exigir la vida de mi hijo, la vida de Isaac. Tú, no. No el Dios de justicia.
Escucha mi grito. Si permites que Abraham deje caer su cuchillo, que el cielo se oscurezca para siempre, que las aguas sumerjan la Tierra, que Tu obra desaparezca, se rompa, como los ídolos de Téraj que Abraham destruyó en Jarán".
Y acaba su suplica con unas palabras que anticipan el papel de Sara en la historia: "Detén la mano de Abraham. ¡Que arroje su cuchillo! Tu gloria encontrará una morada en mi corazón y en el corazón de todas las madres de Canaán. No rechaces mi plegaria. Piensa en nosotras, las mujeres, a través de ellas. Tu alianza sembrará el provenir, de generación en generación. ¡Grito hacia Ti, Yahveh: que tu fidelidad esté
en mi como mi esperanza está en Ti!". Como ya sabemos, Isaac no muere y en su lugar, milagrosamente, aparece un carnero que es el que será degollado.
Por último, volvemos a saber de Sara cuando muere (Génesis, 23) a los 127 años y sabemos que Abraham la lloró grandemente, así como su hijo Isaac, aunque éste se regodeó con su mujer (Génesis, 24, 67). El hecho de su sepultura fue también complicado porque Abraham quería comprar la tierra y no se lo permitían, aunque
finalmente se salió con la suya y fue Sara quien ocupó el primer trocito de la tierra
prometida. Fue sepultada en Macpela, Hebrón.
José Jiménez Lozano describe, con gran lirismo la muerte de Sara y cómo su marido echaba de menos su risa. Abraham compró el campo donde estaba la sepultura y se dedicó a cuidarlo y sentir nostalgia de Sara: "Como la luna era, y sus senos pequeños como manzanas en agraz todavía; su risa como el agua que del
arcaduz rebosa en tiempo de sequía". Un buen día ve que junto a la tumba ha florecido un manzano: "Y esa era la señal convenida de que ella había vencido a las sombras en lo oscuro. Así que Abram sintió rejuvenecer su sangre".
Posteriormente, en el Nuevo Testamento Sara es el ejemplo de mujer inquebrantable que sigue los designios del señor (Romanos, 4, 18; Hebreos, 11, 11) e incluso como ejemplo de esposa (1 San Pedro, 3, 6).
La figura de Sara de Ur sigue siendo atractiva y sin duda el relato bíblico que hemos ido glosando en las líneas anteriores se complementa con las dos novelas que hemos escogido para acabar de centrar y de recrear su humanidad desbordante.
Bibliografía mínima
-García de la Fuente, Olegario: "Mujeres de la Biblia", Barcelona, Planeta, 1976.
-Halter, Marek: "Sara", en "Heroínas de la Biblia", Barcelona, Planeta, 2004.
-Jiménez Lozano, "Sara de Ur", Madrid, Espasa-Calpe, 1997. (Austral, 408).
-Nacar, Eloino; Colunga, Alberto: "Sagrada Biblia", Madrid, Biblioteca de Autores
Cristianos, 2003.


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