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Mujeres bíblicas

Autor: Anabel Sáiz Ripoll
Curso:
10/10 (1 opiniýn) |1277 alumnos|Fecha publicaciýn: 21/06/2010
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Capýtulo 6:

 Rebeca. Presentación

Rebeca es otra mujer decisiva en el destino del pueblo hebreo, del pueblo escogido. Sin ella la historia bíblica habría sido muy diferente. Su peripecia vital, o al menos la que interesa para el destino de Israel, se lee en el "Génesis" y presenta los siguientes aspectos:
1. Cómo Rebeca conoce y se casa con Isaac
2. El nacimiento de sus hijos
3. Episodio de Guetar
4. Su intervención en la primogenitura de Jacob
5. La orden que da a Jacob para que parta a casa de Labán
Veamos con mayor atención estos acontecimientos. En el "Antiguo Testamento" (Génesis, 24) se incluye un relato, muy bien narrado y con gran lujo de detalles, en torno al "Casamiento de Isaac". Al morir Sara, la madre de Isaac, éste se quedó desconsolado. Pasaron los años y seguía sin contraer matrimonio; tanto que
Abraham, su padre, se inquietó y encargó a uno de sus siervos que le escogiera esposa, pero le hizo prometer que no la buscaría en Canaán, pues que allí eran paganas, sino en Mesopotamia, en la tierra de sus padres, en la suya propia: "Era Abraham ya viejo, muy entrado en años, y Yavé le había bendecido en
todo. Dijo, pues, Abraham al más antiguo de los siervos de su casa, el que administraba cuanto tenía: "Pon, te ruego, tu mano bajo mi muslo. Yo te hago jurar por Yavé, Dios de los cielos y de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en medio de los cuales habito, sino que irás a mi tierra, a mi parentela, a buscar mujer para mi hijo Isaac" (Génesis, 24, 1-4).
El siervo, lógicamente, le presenta una serie de objeciones porque no le parece tarea fácil ésa:
"Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿habré de llevar allá a tu hijo, a la tierra de donde saliste?" Díjole Abraham: "Guárdate muy bien de llevar allá a mi hijo. Yavé, Dios de los cielos, que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, que me ha hablado, y me juró, diciendo: A tu descendencia daré yo esta tierra, enviará a su ángel ante ti y traerás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer cono quisiera venir contigo, quedarás libre de este juramento, pero de ninguna manera volverás allá a mi hijo". (Génesis, 24, 5-8).
El pobre siervo, desorientado, parte para la tierra de su señor y allí hace lo que él considera más lógico: le pide una señal a Dios, "Tomó el siervo diez de los camellos de su seños, y se puso en camino, llevando consigo de cuanto bueno tenía su señor, y se dirigió a Aram Naharaím, a la ciudad de Najor. Hizo que los camellos doblaran sus rodillas fuera de la ciudad, junto a un pozo de aguas, ya de tarde, a la hora de salir las que van a tomar agua, y dijo:
"Yavé, Dios de mi amo Abraham, salme al encuentro hoy, y muéstrate benigno con mi señor Abraham. Voy a ponerme junto al pozo de agua mientras las mujeres de la ciudad vienen a buscar agua: la joven a quien yo dijere: Inclina tu cántaro, te ruego, para que yo beba; y ella me respondiere: Bebe tú y daré también de beber a tus camellos, sea la que destinas a tu siervo Isaac, y conozca yo así que te muestras propicio a mi señor" (Génesis, 24, 10-14).
Parece que el viejo criado pide mucho, no sólo busca a una mujer caritativa, que le haga la merced de darle de beber a él, un extranjero, sino que además pide que sea capaz de sacar ella misma el agua necesaria para los camellos. La mujer que haga eso bien puede ser la esposa de Isaac: "Y sucedió que antes de que él acabara de hablar, salía con el cántaro al hombro Rebeca, hija de Batuel, hijo de Melca, la mujer de Najor, hermano de Abraham. La joven era muy hermosa, y virgen, que no había conocido varón. Bajó al pozo, llenó su cántaro y volvió a subir. Corrió a su encentro el siervo y le dijo: "Dame, por favor, a beber un poco de agua te tu cántaro". "Bebe, señor mío" le contestó ella; y bajando el cántaro apresuradamente con sus manos, le dio a beber. Cuando hubo él bebido, le dijo: "También para tus camellos voy a sacar agua, hasta que hayan bebido lo que quieran" (Génesis, 15-19).
Muy contento con su suerte, el viejo siervo aún quiere saber más y le pregunta de quién es hija. No sale de su asombro cuando Rebeca le contesta quién es, es la sobrina nieta del propio Abraham: "Soy hija de Batuel, el hijo que Melca dio a Najor"
(Génesis, 24, 24). Y no sólo eso, sino que le invita a ir a casa de su padre a pasar la noche, dando muestras de tener un corazón limpio y puro. El siervo entiende que era la señal que esperaba y da las gracias, ante el asombro de Rebeca:
"Postróse entonces el hombre y adoró a Yavé, diciendo: "Bendito sea Yavé, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de hacer gracia y mostrarse fiel a mi señor y a mí me ha conducido derecho a la casa de los hermanos de mi señor". Corrió la joven a contar en casa de su madre lo que había pasado" (Génesis, 24, 26-28).

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