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Mujeres bíblicas

Autor: Anabel Sáiz Ripoll
Curso:
10/10 (1 opinión) |1277 alumnos|Fecha publicación: 21/06/2010
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Capítulo 9:

 Rebeca cambia la primogenitura

Por último, llegamos al episodio crucial del relato que es cuando Isaac, ya anciano, sin apenas vista, decide bendecir a su hijo mayor antes de morir. Ruega a Esaú que salga al campo y le prepare un buen guiso antes. Rebeca que ha estado muy antena corre a decírselo a Jacob y no sólo eso, interviene y cambia el destino.
Ordena a su hijo Jacob que le traiga dos cabritos para que ella misma haga el guiso: "Ahora, pues, hijo mío, obedéceme y haz lo que yo te mano. Anda, vete al rebaño y tráeme dos cabritos buenos para que yo haga con ellos a tu padre un guiso como a él le gusta y se lo lleves a tu padre, y lo coma y te bendiga antes de su muerte"
(Génesis, 27, 8-10).
Jacob pone obstáculo porque él es lampiño y su hermano velludo y su padre lo reconocerá al tacto; pero Rebeca se muestra con una voluntad indomable, dispuesta a beneficiar a su hijo pequeño a toda costa:
"Sobre mí tu maldición, hijo mío; pero tú obedéceme. Anta y tráemelos"
(Génesis, 27, 13).
Sigue Rebeca siendo la protagonista de este momento decisivo: "Tomó Rebeca vestidos de Esaú, su hijo mayor, los mejores que tenía en casa, y se los vistió a Jacob, su hijo menor; y con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y lo desnudó del cuello; puso el guiso y pan, que había hecho, en manos de
Jacob, su hijo y éste se lo llevo a su padre..." (Génesis, 27, 15-17).
Isaac sospecha al principio, pro acaba por bendecir a su hijo pequeño, como si fuera el primogénito. Cuando ha acabado su bendición llega Esaú, pero ya no se puede dar marcha atrás porque las palabras han sido pronunciadas. Esaú se desconsuela y ruega una bendición, la que sea, porque ya se sabe sin nada y le duele.
Isaac entonces pronuncia estas palabras que más que bendición parecen una maldición:
"Mira, fuera de la grosura de la tierra será tu morada y fuera del rocío que baja de los cielos. Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano; mas cuando te revuelvas, romperás su yugo de sobre tu cuello" (Génesis, 27, 39-40).
Es comprensible, desde un punto de vista humano, que Esaú comience a odiar visceralmente a su hermano, aunque no se priva de decirlo e incluso de advertir que lo matará algún día. Rebeca, en ese momento, vuelve a intervenir para torcer el curso de los acontecimientos y le ordena que parta a su tierra, a casa de su hermano Labán con la pretensión de que tome mujer allá:
"Mira, tu hermano Esaú quiere vengarse de ti matándote. Anda pues, obedéceme, hijo mío, y huye a Jarán, a Labán, mi hermano, y estáte algún tiempo con él, hasta que la cólera de tu hermano se aparte de ti, se aplaque su ira y se haya olvidado de lo que le has hecho; yo mandaré allí a buscarte. ¿Habría de verme privada
de vosotros dos en un solo día?". Rebeca dijo a Isaac: "Me pesa la vida a causa de las hijas de Jet; si Jacob toma mujer de entre las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero vivir?" (Génesis, 27, 42-46).
Y a partir de aquí nada más de sabe de Rebeca. Podemos imaginar que le dolería la ausencia de Jacob, quien tuvo que pasarse mucho tiempo en casa de su tío Labán, aunque ésa es otra historia. El propio Isaac da la autorización para la partida.
A Rebeca no se le pueden hacer sólo alabanzas; eso está claro, pero acaso sea ése su mayor encanto puesto que se muestra como una mujer con aspectos negativos y positivos, una mujer de carne y hueso, que a veces decide bien y otras decide mal.
Rebeca supo mostrarse como una mujer caritativa y eso gustó a Dios, quien la escogió como esposa de Isaac. Rebeca fue también buena esposa y buena madre hasta cierto punto, ya que demostró un favoritismo sin motivo hacia su hijo pequeño, quizá porque el mayor presentó aún mayor voluntad que ella al casarse con paganas, quizá por otras razones que desconocemos. El caso es que Rebeca cambió el destino y al hacerlo sembró el odio y el rencor en el corazón de su hijo mayor, a la vez que desataba problemas en su propia familia. Y ella misma sufrió la condena al verse privada del hijo al que más amaba. Pero no vamos a juzgar a Rebeca, no somos quiénes para hacerlo, acaso estaba jugando un papel mucho más importante en la historia del pueblo escogido, mucho más importante de lo que ella misma hubiese podido imaginar nunca. Acaso ella misma no fue quien escogió hacer lo que hizo.

Capítulo anterior - El destino de Rebeca

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