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La mujer en Fortunata y Jacinta

Autor: Loli Fernández
Curso:
|788 alumnos|Fecha publicación: 03/12/2004
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Capítulo 2:

 Maternidad, economía y poder

a) Introducción a la obra 

      El subtítulo de Fortunata y Jacinta es el de "¨(d)os historias de casadas". Carlos Blanco Aguinaga[1] ha señalado cómo el subtítulo y especialmente la conjunción copulativa del título indican al mismo tiempo las diferencias y similitudes entre las dos mujeres: "Cada mujer se identifica con la otra en más de una ocasión, pero una y otra vez quedan separadas por su diferente clase social. Tal vez sea suficiente recordar (...) que Jacinta no produce aunque compra, mientras que Fortunata produce y vende".

   La diferencia entre compra y venta que Blanco establece entre las dos mujeres se mantiene dentro de los límites de la diferencia de clase social entre ellas: una señora burguesa, Jacinta, y una mujer del pueblo, Fortunata.

   Fortunata y Jacinta es una historia de relaciones y transacciones económicas y comerciales. Sin embargo, no hay en toda la novela episodios sobresalientes en los que Fortunata participe activamente en una venta, excepto cuando actúa como una prostituta. La función económica en Fortunata y Jacinta está relacionada esencialmente con la maternidad.

   En la novela, las referencias a la institución del matrimonio son múltiples.

   La compra, producción y venta de la obra puede leerse como la compra, producción y venta del hijo.

b) El matrimonio.

   En la novela hay numerosas alusiones a la institución matrimonial. Fortunata y Jacinta es la historia de dos matrimonios.

   La primera parte de la novela está dedicada en gran medida a la narración de las circunstancias que llevaron al matrimonio a Baldomero y a Bárbara, padres de Juanito. Juanito se hace amante de Fortunata y, después, marido de Jacinta. Fortunata, abandonada, contraerá un matrimonio poco afortunado con Maxi Rubín. El matrimonio de Jacinta con Juanito debería a su vez producir un heredero que continuara la dinastía santacruciana, heredero que llega al final de la novela no de forma "natural", es decir, no a través de un parto de Jacinta, sino como regalo de Fortunata a Jacinta del hijo que la primera a tenido de Juanito. Jacinta puede "realizarse", es decir, puede asumir una sujeción histórica donde la mujer es, sobre todo, objeto económico.

   En el caso del matrimonio de Fortunata, la sujeción a la mujer por medio de la maternidad tiene también su lugar: Maximiliano "(d)eseaba ardientemente tener hijos, por dos motivos: primero, para echarle a su cara un lazo más y ligaduras nuevas; segundo, para que la maternidad desgastase un poco aquella hermosura espléndida, que cada día deslumbraba más". Fortunata no quiere asumir las expectativas maternales propias de su papel de esposa. Para Fortunata, la posibilidad de dar un heredero a la familia Rubín está totalmente fuera de cuestión desde el principio y no únicamente debido a la impotencia sexual de Maximiliano[2]. La señora de Rubín no quiere asegurarse ninguna posición dentro de su matrimonio con Maxi.

   La idea de Fortunata es cambiarle el nene grande (Juanito) por el nene chico (el hijo).   Fortunata y Jacinta es la historia de dos matrimonios, es la historia del matrimonio. Es la historia de dos mujeres casadas, una adúltera, la otra fiel. Es la historia de la maternidad de dos mujeres, la una fértil, la otra estéril. Es la historia de dos familias, la de Rubín y la de Santa Cruz. Es la historia del hombre y de la mujer. Es la historia de dos mujeres escrita por un hombre. Y entre toda esta mezcla, Fortunata y Jacinta se buscan.

c)La maternidad.

   La búsqueda maternal de Fortunata y Jacinta es una búsqueda en que todo el esfuerzo se vierte en tapar la falta, la culpa, la ausencia.

   Jacinta es la casada estéril; alternativamente, Jacinta es la malcasada, la malquerida. El matrimonio de Jacinta y Juanito es un fracaso.

   Jacinta es hija de familia numerosa. Lo que a ella le falta, le sobra a su madre. El exceso, como la escasez, es un defecto en la cadena de productividad.

   Jacinta teje y cose para esconder su vergonzante feminidad. Guillermina, Jacinta, Doña Lupe y Aurora cosen y tejen para los niños que no tienen, para unos hijos ausentes. Fortunata, la madre real, no cose por su cuenta, sino que ayuda. Jacinta cose para consolarse de sus penas. Ella no tiene hijos y el marido le es infiel.

   Juanito es el marido perfecto, guapo, joven, rico, simpático y de buena familia. La empresa que intenta Barbarita, su madre, es la de casar al "pollo". Y la esposa escogida es Jacinta. Ella es la futura esposa perfecta. Pero la esterilidad de ésta, la anula como mujer. Por eso, Jacinta tiene que solucionar esa ausencia angustiosa, debe procurar un pequeño Santa Cruz a toda costa y es por eso por lo que se lanza a la calle para comprar un heredero.

   Los capítulos dedicados a la compra por Jacinta del primer Pituso, el niño que ella supone hijo de Fortunata y Juanito, son los únicos que muestran a Jacinta en un papel activo. Finalmente, el Pituso será puesto en un asilo, el de Guillermina.

   La compra del Pitusín es el único episodio importante en el que Jacinta actúa por propia iniciativa. Aparece la ironía y la novelización, que apuntan hacia la imposible asociación entre maternidad y actividad.

   Para dar por finalizado el asunto del Pitusín, a Jacinta se le niega la escritura. Jacinta se queda sin su hijo, sin novela y, por lo tanto, sin nada.

   Fortunata es la otra mitad, el complemento de Jacinta, que tiene lo que a esta última le falta, el heredero de los Santa Cruz, pero a la que le falta lo que Jacinta tiene, la legalidad de esposa respecto a Juanito. A Fortunata le falta algo fundamental desde la perspectiva masculina, su garantía de fidelidad. A la mujer (esposa y madre) le está prohibido el adulterio porque la fidelidad de la mujer es el garante del hombre, la única certidumbre que el hombre tiene de que sus bienes, riquezas y su ser,  van a pasar a sus hijos y a sus nietos. La fidelidad de la esposa es la garantía de la inmortalidad del marido.

Ninguna de las dos puede acceder a la "feminidad" según la sistematización de la fórmula freudiana (mujer = madre = esposa). Las dos pierden. Jacinta por su esterilidad inapropiada. Fortunata por su fertilidad inapropiada.

[1]Blanco Aguinaga, Carlos, "Having no option: The restoration of order and the education of Fortunata", en Goldman, Conflicting Realities, pp. 13-38.

[2]La impotencia de Maxi se anuncia implícitamente en el episodio de la noche de bodas: "Serían las diez cuando la desposada se quedó sola con su marido (...). Maxi no acababa de tranquilizarse, por lo que fue preciso apelar al remedio heroico. El mismo enfermo lo pidió, dejando oír una voz quejumbrosa que salía de entre las sábanas, y que por su tenuidad no parecía corresponder a la magnitud del lecho. Fortunata cogió el cuenta gotas y  acercando la luz preparó la pócima. En vez de siete gotas no puso más que cinco. Le daba miedo aquella medicina. Tomóla Maxi y al poco rato se quedaba dormido con la boca abierta, haciendo una mueca que lo mismo podía ser de dolor que de ironía".

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