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Mitología. La mujer

Autor: Felix Larocca
Curso:
6/10 (2 opiniones) |41 alumnos|Fecha publicación: 02/08/2011
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Capítulo 4:

 El carácter obsesivo. Etapa anal

La segunda etapa: La etapa anal y el carácter obsesivo

El mundo del carácter narcisista se estructura alrededor de impulsos. La normas sociales, las reglas de grupo y los roles definidos, que son los medios principales con que toda sociedad controla el comportamiento de sus miembros, y que a través la realidad social del grupo se disponen. Por el narcisista se perciben como ajenos y arbitrarios. Lo que señala el desarrollo de la próxima etapa es que el individuo comienza a comprender la operación y función de las reglas, sin que necesariamente comprendan su significado o la función que éstas sirven. La interacción con esas nociones, conceptos y parámetros, incomprendidos como son, crea un estado de ansiedad acentuado. Este estado de ansiedad sólo permite ser reducido si uno se somete a las reglas establecidas, incorporándolas como obligaciones, como compromisos que deben de ser ejecutados, sin titubeos o dudas. Los individuos en esta etapa movidos a escapar el peligro que les aguarda si dan rienda suelta a sus impulsos en un mundo indefinido y extraño, requieren y demandan reglas y dictámenes estrictos para dirigir sus acciones. La tensión que caracteriza este estado es, entre la ansiedad que deriva de existir en un mundo incomprensible e incomprendido y la necesidad de aplicar compulsivamente su adherencia a las reglas de ese mundo.

Algo que resulta complicado y difícil, a la vez

Si personas y organizaciones en la etapa narcisista pueden perder contacto con la realidad, lo opuesto puede ser dicho que caracteriza esta nueva etapa del desarrollo, que se asocia clínicamente con el carácter anal, cuyas características primordiales son orden, rigidez y parquedad.

Control es la marca de distinción de este tipo de carácter obsesivo, control éste que, a menudo interfiere con la libertad de proceder sin los obstáculos que ellos, erigen sin necesidad, para reducir las ansiedades que resultan de la falta de preceptos y reglas de naturalezas rígidas y draconianas.

A menudo nos encontramos con personas que son compulsivamente prolijas y ordenadas, como si no ser así representa un peligro extremo. Uno ve esa persona tan profundamente controlada, como alguien sin capacidad de goce o de placer en nada. Persona que, a menudo, trata los demás con el mismo tipo de vigilancia. Estas son personas que acumulan y esconden sin ton ni son, porque lo que atesoran son boberías tontas como si lo que acopian fueran cosas importantes y de valor. El tamaño de la pila tornándose en el elemento de la mayor importancia.

Los impulsos negativos y destructivos del carácter obsesivo poseen una cualidad sado-masoquística, su satisfacción derivando del sufrimiento y humillación que pueden infligir en otros o que otros, a ellos también, pueden infligirle. Lo que difiere de la rabia ciega del carácter narcisista. Mientras que el carácter narcisista puede desear la aniquilación de quienquiera que sea que obstruya su satisfacción propia, el carácter obsesivo puede en realidad disfrutar la experiencia del dolor prolongado. La violencia y el sufrimiento en otros, pudiendo resultarles fascinantes.

Para ventilar sus impulsos destructivos los caracteres obsesivos poseen mecanismos cuyas consecuencias son menos anti-sociales que las del narcisista. Éstas consisten en su subordinación total a rutinas mecánicas y a comportamientos basados en la repetición compulsiva. La repetición compulsiva, por su parte, representa una fuerza muy primitiva en la vida instintiva. Una fuerza conservativa que procura la reducción de los estímulos y el retorno a una vida de inercia total. Con esa adherencia mecánica a sus rutinas, los caracteres obsesivos tratan de alcanzar un estado de seguridad relativa y de inercia paralizante in a mundo complejo y desconcertante un estado que puede entenderse como suicidio institucionalizado o como modo de supervivencia individual.

Organización, productividad y el carácter obsesivo: El estado del orden impersonal 

El carácter narcisista puede hallar un lugar en las organizaciones sociales, pero se adapta a las mismas de manera titubeante y tentativa. No puede decirse lo mismo del carácter obsesivo que se halla a sí mismo en su elemento dentro del mundo de las organizaciones de cierto tipo. Las reglas del trabajo, las rutinas establecidas, los horarios, las cuentas, los récord, la regularidad de lo previsible, que son la esencia de la burocracia, ofrecen un medio sumamente controlado, que en esencia constituye la idea del obsesivo de toda organización.

Movido por la ansiedad agobiante, los caracteres obsesivos encuentran conforte en la estructura rígida. Ellos se sienten mejor cuando aplican reglas predeterminadas para establecer el orden. Pero, la cantidad de energía psíquica que malgastan para lograr ese orden, es prodigiosa en su magnitud. Ellos se vanaglorian en descubrir errores insignificantes en cualquier récord, o en exponer una desviación inconsecuente de cualquier regla. En su deseo e interés de mantener el mandato y la consistencia, los caracteres obsesivos veneran la precedencia y la tradición viendo cualquier desviación de éstos como catástrofe potencial.  En consecuencia, ellos oponen y resisten cambio e innovación con una tenacidad que es característica de su tipo de personalidad. Asimismo, los caracteres obsesivos encuentran muy difícil laborar con los caracteres impulsivos narcisistas. Creatividad, emoción e interacción espontánea son fenómenos profundamente amenazantes, engendrando ansiedades agudas, la que procuran reducir y neutralizar creando nuevas reglas impersonales y elaboradas.

Los rasgos que caracterizan esta personalidad son valiosos para cualquier organización, aunque a veces su rigidez y falta de espontaneidad obstruya el progreso, ya que los cambios los amenazan sobremanera. Son organizadores naturales, frugales, minuciosos y demandantes. Pero carecen de toda flexibilidad y no saben cuando ceder y ser flexibles. En su esencia son los burócratas por excelencia, desprovistos de toda creatividad.

No debe de ser malinterpretado que los caracteres obsesivos carecen de todo narcisismo. Todos poseemos anhelos narcisistas. Mientras que nuestro narcisismo se usa para que seamos más aceptables y por los demás deseados, el narcisista puro niega la existencia de los demás, tratando de ubicarse en el centro del universo donde, sólo él, vive.

En esencia, mientras que el carácter obsesivo atenta el control de su entorno, el narcisista le niega toda importancia que no sea la propia.

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