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Capýtulo 7:

 ¿Hechiceras o brujas?

 

La hechicería es un conjunto de prácticas mágicas que pretenden forzar a distancia la voluntad ajena, mediante manipulaciones mecánicas de la materia (brebajes, muñequitos, etc.), acompañadas de encantamientos e invocaciones a demonios y fuerzas invisibles. En cambio, las brujas intentan alcanzar idénticos fines mediante una simple maldición que dirija sus propios poderes psíquicos contra sus enemigos.

En tanto que las hechiceras facilitan, mediante hechizos y filtros, sus uniones amorosas y las de sus clientes, las prácticas de las brujas tienen en sí mismas un componente sexual sumamente poderoso.

El temor que las hechiceras inspiraban entre los pueblos mediterráneos y germánicos hizo que algunos reyes, emperadores y papas europeos dictasen leyes contra sus prácticas.

 

 

Origen de la brujería

 

Quizás el primer contacto histórico con la magia, lo sobrenatural y la brujería se remonta a escenarios paleolíticos, auque es un tema que se analiza con más fuerza durante la Edad Media en adelante.

En la brujería, sus ideales religiosos, difieren mucho de la religión en general y sobre todo de la occidental y cristiana, ya que las brujas idolatran a una “diosa”.

Su fe en el poder de la libertad espiritual, es la fuente de su credo, siendo este uno de los aspectos más incomprensibles al culto de los que son extraños a él.

Desde las culturas más remotas la adoración de diosas proliferaron debido a leyendas de culturas orientales. Adoraban a la mujer como dadora de vida a través del acto sexual. De ahí que en las fiestas las mujeres bailaban desnudas y la celebración se convirtiera en verdaderas orgías, actos que nada tenían que ver con los ritos religiosos ajenos a esta deidad, que veían en estos actos la personificación del diablo y el estado pecaminoso en su cuota más suprema.

En muchas civilizaciones había templos específicos en los que adoraban a la Madre Tierra o alguna deidad que personificara el amor, la reproducción, la protección de la cosecha, e incluso recurrían a los templos a practicar el acto sexual como una forma de adoración o rendir culto a la Deidad, aunque por lo general se obligaba a la mujer a rendirse en una especie de “prostitución sacra”, como por ejemplo a la diosa Ishtar.

En este caso, todas las mujeres tenían la obligación religiosa de que, al menos, una vez en su vida tendrían que mantener relaciones con extranjeros en honor a esta diosa. Esto dio paso a la creación de la prostitución sagrada cuando el clero comenzó a enriquecerse con esta práctica, aunque no formaba parte de la brujería; sin embargo, tuvo una conexión indirecta durante la posterior persecución de brujas y los cristianos habían heredado de los judíos la abominación por esta práctica, aunque ésta llegó a formar parte de los “Sabbats” (reuniones, fiestas) durante el medioevo.

En la Prehistoria, la religión griega se nutrió de la religión del Oriente, de la que derivan muchas deidades y es en Grecia, donde aparecen la adoración a un dios padre, en la figura de Zeus y las diosas madres pasan a un segundo plano subordinadas a Zeus; este hecho puede ser una clara interpretación del triunfo del principio patriarcal sobre el matriarcal.

 

 

Evolución de la brujería

 

La religión judía en nada contribuyó en el desarrollo del culto o adoración a estas deidades, pues aunque adoraban a espíritus, animales y objetos naturales, no poseyeron jamás una diosa madre. El principio femenino estaba relacionado con el pecado o la debilidad, más que con la creación. Los judíos escribieron lo que iba a convertirse en el Antiguo Testamento de la Biblia cristiana, en el cual se basaría la persecución de las brujas, unos dos mil años más tarde. El concepto cristiano de brujería como culto en el que se adora al diablo habría sido imposible entre los judíos, porque carecían de una personificación del mal a la manera del cristiano, en el que es el antagonista de Dios.

Los estudiosos norteamericanos y europeos piensan que la antigua creencia universal en la magia se basaba en la ignorancia de las leyes naturales que la ciencia ha venido esclareciendo desde entonces. Pero, más de media Europa posee alguna clase de fetiche o amuleto, el cual se supone que posee el poder de ayudarles o de protegerles, y están influidas aún por las supersticiones y el miedo a lo desconocido, nacido de la magia.

La magia está presente en todas las religiones en forma de milagro. Una diferencia sustancial entre magia y milagro es que este último implica la ayuda de la deidad, y en la primera no es necesaria la ayuda divina.

La magia es más antigua que la religión, y tuvo mucho que ver con el desarrollo de la religión organizada, con los sacerdotes de las pequeñas organizaciones sociales. En cierto modo, la ciencia, destruiría la fe universal en la magia.

La magia fue practicada por las brujas mucho antes de que la brujería se convirtiera en una religión independiente. Originariamente, las brujas eran hechiceras respetadas, por su poder y sabiduría sobrenaturales.

Hasta finales de la Edad Media, todo el mundo, aceptaba la magia como algo real y creía que las brujas tenían muchas clases de poderes mágicos. Muchos hombres de ciencia, y teólogos cristianos y judíos, así como los que tomaban parte en los misterios griegos, creían en un saber místico, oculto, secreto, esotérico. Había magos de todas las clases, incluso brujas, aparte del clero; y los sacerdotes condenaban por lo general la magia de estos competidores tachándola de mala.

Independientemente de sus fines la Iglesia Católica estableció una distinción entre lo mágico y lo milagroso. Los primeros padres de la Iglesia creían en la magia, pero sostenían que se realizaba con la ayuda de los falsos dioses. Los únicos hechos sobrenaturales que aceptaba la Iglesia como milagrosos eran los realizados en el seno de la verdadera fe, con la ayuda o sanción de su propio Dios.

 

 

Brujería en el período medieval

 

En un principio, la brujería formaba parte de la magia, encantamientos y hechicería. El culto fue perfilándose como un culto religioso, no reconocido como tal hasta el siglo XV, finales del siglo XVII, fecha en la cual este tipo de creencias supersticiosas y populares fueron radicalmente sustituidas por el razonamiento y el saber científico, aunque la magia siguió teniendo un poder importante, y así reyes y vasallos consultaban a magos y hechiceros acerca de problemas de la vida cotidiana, pactos, negocios, amor, ungüentos curativos, etc, pero poco a poco, la Iglesia, comenzó a adoptar una postura cada vez más severa en este asunto, pues les restaba poder en cuanto a la “manipulación de sus fieles”  y proclamaron que el leal clero era el único y verdadero intermediario entre Dios y los hombres. Así,  la única forma que tenía el clero de defender sus intereses, era la de comenzar una cruzada que consistiría en la persecución de los herejes (brujas o brujos, magos, hechiceros e incluso curanderos) que practicaban acciones ajenas a lo que predicaba la Iglesia y la religión, acciones que estaban fuera de su culto. Para ello además, vincularon a las brujas como la figura del diablo en la tierra, concentrando todos sus esfuerzos para extinguirlas.

En esta época la brujería estaba vinculada con lo ritual y emanaba de las antiguas religiones de la fertilidad, más las incorporaciones de tradiciones locales.

La magia era inherente a la brujería ritual y muchas de las que fueron condenadas a la hoguera por brujería, en realidad no eran más que hechiceras, cuyas actividades no comportaban culto alguno. La mayoría de los que asistían a los “oficios” de brujería no eran más que gente de campo, cuyas fiestas eran más atractivas que el casto culto de la Iglesia. Ėsta declaró que la brujería era una religión que tenía por dios al diablo.

 Entonces el creer en la realidad de la brujería y en la de toda su magia se convirtió en herejía y los que siguieran estas ideas serían perseguidos y condenados. Desde entonces y en ausencia de una literatura imparcial u otro tipo de testimonio concreto, la organización religiosa de la brujería medieval permanece envuelta en el misterio.

Los procesos llevados contra la brujería dieron lugar a la creencia de que las brujas se organizaban en conventículos en los que actuaban en grupos de trece miembros; contaban con un dirigente que pertenecía a una clase social más elevada que el resto de los miembros, con una serie de deberes organizativos y sacerdotales; además seguían un ritual de culto propio. Sin embargo este proceso llevado a cabo en la Edad Media permanece en la oscuridad, pues no hay datos que puedan tomarse como fidedignos, pues firmaban las confesiones que la Inquisición les dictaba para parar con las torturas y evadirse de la hoguera.

En Italia durante el Renacimiento había dos tipos de bruja: la bruja medieval perteneciente al habitat rural y la hechicera, más relacionada con el ambiente urbano.


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