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Capýtulo 11:

 Gerarld Gardner y su convenio de brujos

 

En 1939, un hombre llamado Gerald Gardner se inició en un convenio de brujos y, al encontrar fragmentadas y destruidas las antiguas tradiciones, empezó a crear un nuevo sistema de brujería. Los esfuerzos de Gardner han sido la base de la brujería moderna; los brujos

Gardnerianos y sus descendientes, entre otros, los Alejandrinos y los Algardos, forman la mayoría de movimientos de brujería actuales.

En “The Book of Shadows” (“El libro de las sombras”) de Gardner, que registra todas las creencias y ceremonias de brujos para futuras generaciones. En él son mostrados minuciosamente los ocho festivales más importantes de la brujería conocidos como “sabbats”.

 

 

Wiccana

 

Cada una de las diosas de la creación (Gaia, Yemayá, Ishtar, Demeter, etc.) crean la tierra por nacimiento o formándola, crean todo lo viviente. Son la tierra y la luna a la vez; sus símbolos y leyendas son ejemplos de historias alrededor del mundo y a través de los tiempos, las cuales establecen una diosa como fuerza creativa del universo. Son la base de la Wicca y la espiritualidad de las mujeres y ya que en la adoración a la diosa la mujer es parte de la madre creativa, cada una participa en la creación con sus propios actos de nacimiento y formación.

El ciclo de la luna y las estaciones celebra el proceso de la vida, desde el comienzo hasta el final y el nuevo comienzo. Las mujeres que son parte de los ciclos recuerdan su conexión con ellos, recuerdan que conforman la diosa y todo lo que vive.

El ritual es una nueva promulgación de los misterios de la tierra y el universo, del nacimiento, la muerte y toda la fuerza vital (de la diosa como deidad creativa y la diosa dentro del ser). Las mujeres, reunidas o en solitario, celebran los rituales de la diosa en todas partes.

Estos rituales se celebran en luna llena y nueva, más los ocho grandes sabbats de la rueda del año. Los ritos son tradicionales y creados por mujeres y son únicos en su énfasis sobre lo femenino. Algunos grupos incluyen el dios-consorte como el principio masculino dentro de las mujeres, lo masculino es una dualidad de la fuerza vital femenina. Otros grupos son “diádicos” y honran solamente  la diosa, viendo en su totalidad los elementos de la vida.

Las dos elecciones reflejan a Ishtar y Tammuz, o a Demeter, Perséfone y Hécate, pero ambas reflejan el cambio del año, la rueda giratoria de las estaciones y del nacimiento y la muerte y las fases de la luna.

En la comunidad femenina se realizan continuas investigaciones para entender y reclamar los rituales de la diosa del pasado. Mientras algunos rituales de grupo son hechos con una sacerdotisa, otros grupos prefieren que todas participen y varias mujeres guían las diversas secciones de un ritual.

Una congregación de seis mujeres se convierte en uno de seis sacerdotisas, seis líderes; cuando se desarrolla de esta forma y las habilidades de liderazgo ganadas se reflejan en la vida diaria de las mujeres. Cada sacerdotisa se convierte en una diosa en el curso del ritual y permanece como tal cuando se va a casa. Sus “hermanas” hacen lo mismo. Las mujeres de un ritual se sientan juntas para decidir qué hacer con él y cada una participa con una creatividad que se extiende más allá del grupo.

 Los círculos y congregaciones solamente están compuestos por miembros del sexo femenino.

Algunas congregaciones encantan con teatralidad sus rituales; otros enfatizan lo sagrado y los misterios de las mujeres y hay unos que prefieren la poesía. Cada círculo está compuesto de mujeres cuya individualidad es estimulada y la influencia creativa de cada una tiene igual peso en el proceso de grupo.

Todas estas cosas son muy diferentes a la Wicca tradicional, donde hay una diosa y un dios y el rol del sacerdote y la sacerdotisa es tomado por las mismas personas todas las veces. Las congregaciones están compuestas de hombres, mujeres y niños y en muchas de ellas la sacerdotisa escribe todo el ritual o lo toma de la tradición que ha recibido. El consenso y la improvisación están en menos uso, aunque los rituales avanzan más calmadamente y generan más energía dirigida.

En verdad, la magia se manifiesta mediante un llamamiento, que constituye una forma de mostrarse en este fabuloso mundo. Para algunos, tal cosa surge en el interior, de forma tan natural como el soplo del viento que acaricia la tierra, animando a la elevación. Se ignora de dónde procede esa llamada, constituyendo un misterio, pero representa una señal que incita a descubrir quiénes somos y qué debemos hacer mientras estamos en la Tierra, buscando nuestro verdadero objetivo.

A veces los poderes de la magia llegan de noche, de forma inesperada y espontánea. Mientras el alma dormita, se une con las oscuras formas de la noche, buscando los suaves resplandores que iluminan los sueños.

 

 

El libro de las sombras y el evangelio de los brujos

 

La mayoría de los brujos celebran desnudos sus sabbats y esbats. La razón de esta costumbre tradicional no es el deseo de incitar orgías sexuales, sino un a orden directa que aparece en el “Libro de las sombras”:Deberán librarse de cualquier esclavitud y como una señal de que son realmente libres, estarán desnudos durante sus ritos…”. Esta parte de las órdenes o imposiciones viene de un libro titulado “Aradia, Gospel of the Witches” (“Aradia, Evangelio de los Brujos”), escrito por Charles G. Leland (1897), una de las fuentes importantes del resurgimiento de la brujería. Este trabajo resultó de la amistad de Leland con una “strega” (bruja) italiana llamada Magdalena, que le dio el material para el libro en un fajo de páginas escritas a mano que ella llamó el “Vangelo” (“Evangelio de los brujos”).

De acuerdo a Leland, Aradia, el nombre más conocido de la diosa de los brujos, es una corrupción de “Herodias”. El Evangelio, obviamente una reliquia de los misterios romanos, dice que Aradia era la hija de Diana, la diosa de la luna, y su hermano Lucifer, el dios de la luz, que fue sacado del paraíso a causa de su excesiva arrogancia respecto a su belleza. En esta leyenda Lucifer claramente se identifica con el dios sol, Apolo.

Aradia fue enviada a la tierra por su madre Diana, para que estableciera la brujería y de este modo acabara con la injusticia, originando una renovación del culto de la naturaleza por parte de la humanidad.

El “Evangelio de los brujos”, una colección de mitos, exorcismos, encantos y hechizos mágicos, es considerado uno de los más importantes libros de brujería moderna.

 

 

La resurrección del culto

 

La resurrección del culto en los tiempos modernos parece haberse iniciado sosegadamente algún tiempo después de la Primera Guerra Mundial. Al principio fue más bien furtiva, y todavía hoy es una actividad secreta. Sus seguidores rehuyen la atención pública porque su culto perdería su inspiración espiritual y su éxtasis de ejecutarse ante un auditorio. El culto subsiste hoy principalmente en áreas urbanas o suburbanas, entre gente de clase media.

Se han propuesto diversas teorías acerca de por qué ha comenzado a resurgir el culto en la década de 1920 y ha ido creciendo a parte de esa época. La obra más importante es la de la profesora Margaret Murray, notable antropóloga británica, quien fue la primera en aplicar los métodos de esta ciencia a la brujería y quien ejerció gran influencia con su libro “The Wirch Cult in Western Europe” (“El culto de la brujería en Europa”) en 1921. Trató de demostrar mediante pruebas antropológicas combinadas con las actas de los juicios de brujas, que la brujería era una antigua religión que provenía del culto a la fertilidad, el cual encontró probablemente su primera expresión sofisticada en Egipto. Asimismo, trató sobre el predominio de la brujería en ciertas regiones y algunas semejanzas concretas prevendrían de residuos de civilizaciones arcaicas europeas y en particular de la celta.

Según la antropóloga habría existido una religión pagana extendida por todo el continente y desplazada por el cristianismo. Sus ideas permanecieron ocultas bajo la fe sencilla medieval, pero renacieron otra vez con el esoterismo prerrenacentista.

Tanto las brujas como los psicoanalistas tratan de hallar elementos de fe y bondad en cada individuo, y elaborar una explicación razonada de la conducta sobre estos hallazgos.

Los ritos y prácticas de las brujas modernas son enormemente variados debido a que cada conventículo es autónomo. No hay ninguna organización central que decrete o apruebe un ritual ortodoxo. Algunas brujas aluden a un Libro de las Sombras como a su Biblia, pero hay numerosas versiones de este libro, escrito para uso de los miembros de los conventículos individuales.

El nombre o nombres con los que designan a sus dioses hoy los mantienen en secreto, y no todos los conventículos utilizan el mismo nombre. En parte, esto procede de la antigua religión. Las brujas creen que si llegara a ser conocido por extraños el nombre de su diosa, ésta perdería algo de su poder para ayudar a los miembros de su culto. Además, según una vieja tradición, el conocer el nombre de la diosa podría servir para actuar contra ella.

En las prácticas mágicas del mago Aleister Crowley en las concepciones de Murray sobre la brujería como la “vieja religión” de la fecundidad, se fundamentarán las corrientes luciferinas y brujeriles contemporáneas.

 El propulsor de la moderna brujería wicca como ya lo hemos citado antes es Gardner, un masoquista y voyeur extravagante que aseguraba haber sido admitido en un grupo de brujería del sur de Inglaterra; tomó después contacto con otros grupos similares, sobre cuyas creencias y prácticas publicó en 1954 su libro prologado por Murray.

A la notoriedad alcanzada por su obra siguió una proliferación progresiva de grupos de brujería, algunos de ellos derivados de la tradición gardneriana y otros que se decían procedentes de tradiciones remotas por transmisión familiar, encabezados por personajes como Alex Sanders, Monique Wilson o Sybil Leek, cuyos seguidores no tienen recato en posar desnudos durante sus rituales para los medios de comunicación.

La mayoría de estos brujos señalan la diferencia entre su magia blanca y la negra, con la que identifican a nutridas organizaciones surgidas en Estados Unidos, que siguen la tradición mágica de Crowley y sus antecesores, como la ahora decrépita “Iglesia de Satán” y el “Templo de Set”.

Todos estos grupos parecen tener en común una relación con la magia sexual, afirmando que la brujería es una respuesta a las prohibiciones e hipocresías sociales y forman una corriente conocida como el nuevo “paganismo”.

Enfrentados a estas innegables realidades, es nuestra responsabilidad e inevitable tarea romper los tabúes que han mantenido el mundo mágico en la oscuridad durante miles de años.

Debemos esforzarnos por aprender más acerca de esta cualidad del inconsciente humano. Y más que eso, es necesario desechar el prejuicio y la discriminación que han estigmatizado a la magia.

Desde el pasado hasta nuestros días hemos dado un salto para constatar cómo, en cualquier lugar donde busquemos, sobrevive la creencia en las brujas entre quienes se tienen por tales y entre quienes las temen.

 Cabe preguntarse ahora si la antigua brujería, que empañó la era de los descubrimientos y la consolidación de los estados modernos, escondía algo más que un simple fenómeno social basado  en creencias ilusorias, o si se trataba de una verdadera forma religiosa organizada.

 

 

Síntesis y últimas apreciaciones históricas

 

Si queremos mirar el pasado de la brujería, una de las más antiguas religiones, debemos remontarnos a la era paleolítica de hace más de treinta mil años, cuando la divinidad de los brujos aparecía como el dios de la cacería.

Antes de ir a cazar, el hombre primitivo paleolítico representaba una escena de cacería donde la presa era invariablemente capturada, frente a un sacerdote que se vestía con pieles de animal y usaba un tocado con cuernos.

 Este sacerdote simbolizaba el dios de la cacería y la ceremonia era una forma de magia imitativa, donde se representa una situación para que pueda suceder en realidad.

En la Edad de Bronce los cuernos se habían convertido en un símbolo de la cabeza del dios. Se creía que la cantidad de cuernos era una indicación del poder de un dios.

Poco después que el dios cornudo se convirtió en objeto de culto, hizo su aparición triunfante la Gran Madre, diosa de la fertilidad. En esta etapa del desarrollo del hombre la supervivencia significaba alimento y fertilidad, de este modo la Gran Diosa reinó durante muchos años al lado del dios con cuernos. Posteriormente, con el desarrollo de la agricultura, la Diosa se convirtió en la más importante de las dos deidades. La cacería era aún necesaria, especialmente durante los meses de invierno, pero la mayor parte del año la vida era sostenida con productos de la agricultura. Así, la diosa de la fertilidad era llamada para que extendiera sus bendiciones sobre los cultivos, el hombre y los animales.

La Diosa fue invocada bajo tres aspectos diferentes. Era invocada como una doncella joven para problemas amorosos; como una matrona para otorgar fertilidad y proteger a los jóvenes; y como una mujer vieja para obtener consejos y sabiduría. Pero en todos estos aspectos ella era aún reconocida como la Gran Madre. Su predominio se ha mantenido y actualmente es la principal divinidad de la brujería moderna.

El dios cornudo, el consorte de la Diosa, siempre se para a su lado. Era conocido por los celtas como Cernunnos y en algunas partes de Inglaterra se conocía como Cerne o Herne. Con la llegada del cristianismo el dios con cuernos se equiparó con el concepto cristiano del diablo, pero esta identificación es errónea, ya que el dios cornudo de los brujos es anterior al diablo del cristianismo, que ni siquiera es mencionado en el Antiguo Testamento. Además, Cernunnos no es una entidad maligna; es una fuerza natural, poderosa e incontenible, proveedor de vida en el plano material, el único que lleva a la realidad la fertilidad de la diosa.

En la brujería se conoce a la Diosa como Aradia, Habondia, Isis, Ceres, Demeter, Artemis, Hécate, y otros nombres tradicionalmente asociados con la luna y las diosas de la fertilidad de los antiguos.

La errónea asociación del dios con cuernos y el diablo del cristianismo, finalmente se convirtió en el eje sobre el cual giraban los infames juicios a brujos ocurridos entre los siglos XIII y XVIII. En la mayoría de los procesos las víctimas probablemente no eran brujos, sino objetivos inocentes del rencor personal y la histeria predominante en tiempos medievales. También es posible que al menos algunas de las víctimas deben haber sido brujos, ya que este fue un período en el que las iglesias  cristianas decidieran perseguir a los brujos como herejes durante una época en la cual los papas comerciaban vicios y usaban veneno y otras formas de asesinato para alcanzar al trono del Vaticano.

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