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Capýtulo 5:

 Espiritualidad y Mitología de los pueblos antiguos.Vikingos

Los vikingos eran un pueblo teutón que se estableció en Escandinavia entre finales del siglo VIII y mediados del XI. La mitología vikinga es mitología escandinava y esta, a su vez, la versión mejor conservada de la mitología teutónica. La mitología vikinga incluye un complicado mito de la creación, además de una descripción muy grafica del final del mundo en el Ragnarok o crepúsculo de los dioses.

         Los asaltos vikingos irrumpieron en el escenario histórico a fines del siglo VIII: los fieros guerreros marinos salieron de su territorio escandinavo en busca de pillaje y saqueo.

Al lugar que fueran los vikingos fueran, el terror iba con ellos. No es claro el origen de la palabra “vikingo”, pero se piensa que “vik” significa “bahía” o “fiordo”, y que “iviking” significaba “renunciar al fiordo de origen y salir a otro territorio en busca de acción”. Estos aventureros eran campesinos de origen, que complementaban su ingreso con saqueos ocasionales, aunque algunos eran guerreros profesionales, entrenados para permanecer largas temporadas en el exterior.

 

La mística de la espada

 

El conocido casco con cuernos convirtió a los vikingos en un estereotipo, sin embargo, los profesionales de la arqueología no han encontrado cascos exactos de esa forma. Aunque las figuras cornadas aparecen en el arte vikingo, parece ser que tenían significado religioso. Los cascos de metal eran más bien escasos; los que se conservan son redondos o cónicos, cuyas viseras les confieren un siniestro aspecto de máscaras. Las camisas de malla de anillos de hierro entrelazados daban protección a ciertos guerreros, aunque eran más comunes los chalecos de correas de cuero.

El arsenal vikingo incluía arcos y flechas, lanzas y escudos redondos, pero poseía mayor sentido místico la espada del guerrero. Era ésta un arma pesada, con la que se atacaba en abanico, con el filo hacia fuera. También usaban hachas.

 

 

Cosmogonía vikinga

 

Según los libros sagrados llamados Eddas hubo un tiempo en el que no había cielo ni tierra, sino solamente un abismo insondable y un mundo de brumas en el que fluía una fuente.

De esta fuente partían doce ríos que se iban congelando según se alejaban de ella y que, capa tras capa de hielo, fueron llenando el abismo.

Al sur de este mundo de brumas estaba el mundo de la luz. Desde allí partió un viento cálido que sopló sobre el hielo y lo derritió.

El aire se llenó de vapor que formó las nubes de las que nació Ymir, el gigante de las heladas y su progenie. También estaba la vaca Audhumbla de cuya leche se alimentaba el gigante.

La vaca se alimentaba, a su vez, lamiendo la escarcha y la sal del hielo. Un día, al lamer los terrones de sal, apareció la cabellera de un hombre; el segundo día, toda la cabeza y el tercero, un cuerpo bello, ágil y poderoso. Este nuevo ser era un dios cuya hija, de la raza de los gigantes, traería al mundo a los tres hermanos Odín, Vili y Ve. Ellos mataron al gigante Ymir y con su cuerpo formaron la tierra; con su sangre hicieron el mar; con sus huesos, las montañas; con su cabello, los árboles; con su cráneo, el cielo y de sus sesos hicieron nubes cargadas de granizo y nieve.

De los párpados de Ymir los dioses hicieron Midgard (la tierra media), destinada a que la habitara el ser humano. Entonces Odín ordenó las estaciones y los períodos del día y la noche, colocando en el cielo el sol y la luna y señalando sus respectivos caminos. Pero también los dioses hicieron a los hombres y para ello tomaron un fresno y con él hicieron un hombre al que llamaron Aske, luego tomaron un aliso y de él hicieron una mujer a la que pusieron Embla.

Odín les dio la vida y el alma; Vili, la razón y el movimiento y Ve le dotó de sentidos, expresión y habla. Se les entregó Midgard como morada y allí se convirtieron en los progenitores de la raza humana.

 

Odín y su divina morada

 

Asgard es el nombre de la morada de los dioses, donde sólo se podía acceder a través del puente Bifrost (arcoiris). En Asgard se levantan palacios de oro y plata, donde viven los dioses, pero el más bello de todos es Valhala, la residencia de Odín, un antiguo y poderoso dios con un solo ojo, que desde su trono puede contemplar los cielos y la tierra.

Odín era la deidad máxima del panteón escandinavo y no sólo era el dios de la guerra, sino también la encarnación del conocimiento mágico y de la inspiración poética, atribuciones que otorgan a su figura una singularidad compleja.

En el contexto general de la mitología germánica, se le conocía bajo los nombres de Wotan o Woden, provenientes de la raíz Wod, que significa “furor” y/o “sabiduría” y de donde se derivó la palabra Wednesday (miércoles), según el historiador romano Tácito, pues lo identificó con el dios latino Mercurio y así el miércoles o “dies mercurio” se transformó en el día de Wottan, según se aprecia en el término inglés procedente del antiguo anglosajón.

Del mismo modo a menudo se le daba a Odin el nombre de Alfadur (padre de todo), pero a veces este nombre se usaba con un sentido que sugiere la idea de que los escandinavos creían en un ser superior a Odín, no creado y eterno.

Como señor de la guerra, reunía en la mansión celeste del Valhalla a los grandes guerreros muertos, los “einherjar”, que se adiestraban a su lado para el Ragnarok o gran batalla final entre dioses y malignos. Pero Odín era además un mago, un chamán, conocedor de la runas mágicas (caracteres de de la escritura escandinava) que habían adquirido su sabiduría mediante la entrega de un ojo y con otros sacrificios y las Nornas se ocupan de grabar las runas del destino sobre un escudo de metal. Lleva sobre los hombros a los cuervos Hugin y Munin (el pensamiento y la memoria), que sobrevuelan todos los días el mundo para contarle a Odín todo lo que han visto y oído. A sus pies estaban los lobos Geri y Freki, a los que Odín echa toda la carne que le sirven, puesto que él no necesita alimento.

Montado en Sleipnir, su caballo de ocho patas, podía galopar por el aire y las aguas. El hidromiel constituye su única comida y bebida. 

La supremacía de Odín, en suma, hacía que se reunieran con el valor, magia y poesía, elementos indisociables en la concepción escandinava del mundo. Tal vez por ello, aunque temido y venerado, su popularidad era menor que la de dioses como Thor y Frey, más cercanos a la naturaleza humana.

         La esposa  de Odin se llamaba Friga. Ella era la protectora de la vida doméstica y daba la bienvenida a su palacio a todos los que fueron fieles a sus votos matrimoniales. También era diosa de las nubes y compartía con Odín el poder de ver todo lo que sucedía en el mundo.

 

 

Los placeres de Valhala

 

 

Las valquirias


Las valquirias eran doncellas guerreras que iban a caballo pertrechadas de yelmos y lanzas. Odín, que deseaba albergar en su palacio la mayor cantidad de héroes para que lucharan contra los gigantes el día de la batalla final, las enviaba a los campos de batalla para que eligieran a los que debían morir.

Las valquirias eran sus mensajeras y su nombre significa “las que eligen a los muertos”. Cuando cabalgaban para cumplir con su misión, sus armaduras irradiaban una extraña luz que brillaba sobre los cielos nórdicos, a la que los hombres llaman “aurora boreal”.


La muerte es sólo un viaje

 

La muerte era concebida también como un viaje. El entierro en barcos era un rito funerario muy común: las naves, con provisiones y alimentos y un surtido de objetos cotidianos, eran sepultadas en montículos de tierra.

El barco Gokstad fue la tumba de un rey, que yacía en su lecho dentro de una pequeña tienda con sus armas dispuestas alrededor. Lo acompañaban cadáveres de caballos, perros e incluso de un pavo real. También era común la cremación: los funerales eran un apocalíptico espectáculo, pues las naves incendiándose zarpaban hacia mar abierto.

 

Thor, el dios del trueno

 

Junto a Odín y Loki, el dios del trueno ocupaba un lugar preeminente en el panteón escandinavo. Era el responsable del tiempo y las cosechas, además de los viajes por mar que pudieran estar expuestos a las adversidades de los elementos. Curiosamente, los rayos que partían los cielos durante las tormentas no eran temidos por los escandinavos, sino que en ellos veían la mano de Thor que, cumpliendo con su cometido, daba muerte a los malvados gigantes.

         Thor tenía barba roja y una voz rotunda y poderosa; su habitual proceder ante una dificultad consistía en matar a cualquiera lo bastante imprudente como para ponerse a su alcance. Su martillo invencible recibía el nombre de Miolnir y su bella esposa era la diosa Sif.

Tras su combate con el gigante Hrungnir, Thor esta condenado a llevar hasta el día del Ragnarok una piedra incrustada en su cabeza, fragmento del mazo del gigante que quedó destrozado por Miolnir en el curso de la contienda.

 

Loki, el malvado

 

Loki, el mago de las mentiras, el dios de las travesuras y el engaño, es el más fascinante de todos los miembros del panteón escandinavo, no sólo a causa de sus ardides y su astucia, sino además porque muestra una de las características más raras en los personajes mitológicos: el desarrollo de la personalidad. Aunque nunca fue alguien en quien se pudiera confiar, en los primeros tiempos ayudo a Odín a crear el mundo y colaboró con otros dioses en incontables ocasiones.

 

 Las runas

 

La palabra “runa” proviene de otra nórdica “runar”, que significa “señal mágica”, mientras que en la lengua germánica, “raunen”, equivale a “cuchichear” o “secreto” y para los godos runa era un “susurro”.

Se entiende entonces por qué se da a las runas el carácter de alfabeto mágico, compuesto de palabras simbólicas a las que se les asigna poderes ocultos, misteriosos.

         Se han encontrado runas germánicas, sajonas o inglesas antiguas, escandinavas, góticas, egipcias, iraníes y hasta mapuches.

El alfabeto más conocido es el germánico, llamado “Futhark”, que posee 24 caracteres divididos en grupos de ocho figuras.

Inicialmente las runas eran formadas con troncos de roble y de abedul, árboles sagrados en las culturas del norte de Europa, en los cuales se grababan los símbolos a fuego. También se grababan los símbolos en piedras encontradas en las cuevas, en las armaduras y armas de los hombres, en hueso y en amuletos u otros abalorios y ornamentos.

         Las runas son un alfabeto que no desarrolló la forma de lenguaje hablado. Era un sistema de escritura con el que básicamente se transmitían mensajes de tipo poético o de carácter mágico-religioso, pero sobre todo, son principios cósmicos. Son signos de poder y conocimiento. Son signos de entidad y de situaciones metafísicas y como tales poseen un valor sobre cada uno de los planos de la existencia.

Estos poderosos instrumentos de sabiduría y sanción lamentablemente también han sido utilizados por los mundos oscuros. Así tenemos el ejemplo de la runa que tiene forma de esvástica, la tenebrosa cruz gamada de los nazis.

Quienes han vivido en Europa o tienen amigos y parientes que emigraron durante y después de la Segunda Guerra Mundial, saben muy bien que las heridas de esa conflagración inspirada en la locura y el racismo aún están abiertas. Tanto ese como otros símbolos fueron usados por pueblos antiquísimos, con significados y fines muy diferentes de los que les dieron los nacionalsocialistas

         Su sentido obviamente es muy distinto. Los signos de las runas han sido hallados inscritos en megalitos que tenían una función similar a la de un templo mágico-religioso, si bien el sentido de las runas era, principalmente, de tres ordenes: Un sentido de comunicación (entendido por casi todo el pueblo), un sentido de potencia (los signos, grabados en megalitos y también en armas, como espadas, puñales y dagas, conferían fuerza y poder a estos objetos) y un sentido mágico, en el que sólo podían poseerlo algunos hombres, privilegiadamente los iniciados.


La herencia de Odín


Las teorías sobre el origen de las runas son contradictorias, porque lo cierto es que las encontramos esparcidas desde las Columnas de Hércules hasta orillas del Indo, en dólmenes, menhires, construcciones megalíticas, sin contar joyas, anillos, espadas y otros objetos encontrados especialmente en el norte de Europa.

También sorprende la relación que tienen con los jeroglíficos egipcios o con culturas tan alejadas de esos centros como la de nuestros mapuches, que en su más importante instrumento ritual (el cultrún) dibujan un símbolo casi igual a la runa llamada “disipadora de energías negativas”.

         Estos grabados jugaban un rol importante en la vida de los “hombres del norte”, aquellos moradores europeos de inciertos ancestros que descienden de los llamados “hiperbóreos”.

Huellas claras nos han llegado de los celtas, germanos y vikingos. Estos últimos, por su característica de pueblo nómada y conquistador, fueron quienes más difundieron la sabiduría rúnica y la leyenda de su origen.

Las piedras rúnicas son la fuente más importante para construir la historia de la Era Vikinga; las inscripciones talladas en rocas conmemoraban difuntos, ya fuera que no habían regresado de sus viajes al Este y al Oeste, o porque merecían loas por sus buenas y valientes acciones. Hay que recordar que los vikingos usaban las runas tanto para la adivinación como para la magia, el nacimiento, la buena salud, las batallas, la fertilidad, el tiempo, el amor y los conjuros, entre otros objetivos.

         El origen de las runas tiene una historia que dice que hay que remontarse a Odín, el poderoso sacerdote de una tribu sueca, que vivía en la península nórdica.

Ėl tenía grandes capacidades de clarividencia y un día se colgó del árbol de la sabiduría durante nueve días y nueve noches, sin comer ni beber. Gracias a este acto de entrega y autosacrificio recibe el conocimiento de las runas. Poco a poco se fue reponiendo, mejoró su salud y obtuvo una gran fuerza y poder. Transmitió esta sabiduría a su pueblo y desarrolló tantas capacidades que sus seguidores cuentan que, cuando decidió abandonar voluntariamente su cuerpo, Odín dibujo nueve círculos concéntricos en su pecho y murió frente a sus discípulos y camaradas. Pero su espíritu permanece rigiéndolo todo en ese lugar y se transformó en un dios.

         Los estudiosos del Tarot pueden reconocer a Odín en el Arcano XII (El colgado), que representa el autosacrificio necesario para la iluminación. Por otro lado, es interesante consignar que en los libros sagrados llamados Eddas, recopilados en el siglo XI por el sacerdote islandés Saemundo y en el siglo XIII por Snorri Starlusson, contienen las famosas “Sagas”, supuestamente escritas por el propio Odín y en las cuales el dios advierte sobre el uso adecuado de las runas: “Aprende a marcarlas, aprende a colorearlas, aprende a evocarlas, aprende a dispersarlas. Es mejor no pedir antes que prometer por demás, porque un presente requiere otro cambio, mejor es no matar que causar demasiadas muertes. El primer encantamiento que sé, es de todos desconocido en la raza humana. Se le conoce como asistencia porque presta ayuda, en las horas de angustia y en las de congoja…”

 

Las runas fueron prohibidas

 

Las runas fueron prohibidas durante siglos. Esto tiene relación con la Inquisición, con la Iglesia Católica, que condenó todas las prácticas mágico-religiosas de los pueblos antiguos por considerarlas actos paganos y señalarlas como “cosa del demonio”.

En Europa existió una represión muy fuerte contra las personas que practicaban estos cultos tradicionales que se transmitían de generación en generación y que representaban una parte del folclor de los pueblos. Como la sabiduría de las runas la tenían unas cuantas familias nobles o religiosas, fue bastante fácil para la Inquisición cortar con esto, bastaba cortar la cabeza de unos pocos iniciados que habían pasado por duras pruebas para recibir estas verdades.

         Para ser más exactos podemos decir que en el año 783, Carlomagno emitió el edicto de Lippe, mediante el cual “…el antiguo culto pagano es abolido y prohibido. Pagará con su cabeza quien sea sospechoso de utilizar la cremación antes del entierro, de tomar parte en fiestas o ritos paganos, de ultrajar o contradecir a los curas cristianos”. A continuación, 4.500 primogénitos de las más nobles familias sajonas fueron decapitados, hecho que se produjo en un solo día en Extemstein.

 

Runas mayores y runas menores

 

Las runas mayores están asociadas al culto del dios Thor, el del “pesado martillo poderoso”, numen del rayo, de la potencia y de la venganza, que detenta asimismo el poder de las runas de la guerra.

Según ciertos mitos suecos antiguos, las runas de Thor se hallan asociadas a las runas de Odin. Las runas mayores también estaban asociadas al culto y resucitar a los muertos. Las runas mayores también estaban asociadas al culto de las diosas Freya y Frig. La adoración de Freya, que era hija de Odín, se basaba en su poder de infundir a sus fieles poderes adivinatorios mediante las runas con su símbolo. A Freya se consagraban una cohorte de sacerdotisas, a quienes los jefes de clanes solicitaban anualmente el oráculo, que debía ser expresado bajo éxtasis divino.

Este don de las sacerdotisas les habría sido conferido a Odín “cabalgándolas”. El culto de Frig se relacionaba con la sexualidad y fecundación femeninas y los ritos nupciales se celebraban en primavera.

         Las runas menores son muy numerosas y entre ellas se encuentran las que están asociadas al culto de las Nornas, diosas de la fatalidad de la mitología germánica. Las tres principales son las tres hermanas gigantes Urd (presente), Verlandi (pasado) y Skuld (porvenir), a las cuales está sometido el destino de los dioses y de los hombres.

En un principio sólo existía Urd, la que riega las raíces del Iggdrasill con las aguas de la fuente que lleva su nombre. Junto a estas tres Nornas existe una cohorte de Nornas que descienden, unas, de los Elfos (espíritus de la naturaleza que fabricaron la espada de Odín y el martillo de Thor) y otras, de los Gnomos (genios de los bosques, montañas y casas).

 

Las runas como adivinación

 

Las runas no representan un simple alfabeto de una escritura antigua, pero si cada letra es un símbolo sagrado y autónomo.

Cada runa representa un arcano relacionado a entidades representativas de dioses de la mitología nórdica. Los símbolos a su vez, tienen una energía individual y una vibración característica que se expresa en la fuerza específica de cada runa. El campo vibratorio se altera en la medida en que varios símbolos son conjugados para un trabajo en grupo. Es esta fuerza que estimula la intuición del “runamal”, cuyo significado es la runa hablada o los intérpretes que hacían que las runas hablen, por lo que recibían este sobrenombre.

         Las runas se pueden consultar de dos maneras. Una consiste en dejar caer siete runas consecutivas, que se tienen guardadas en una bolsita de cuero, piel o tela oscura o roja. Seguidamente, ir tomando una a una empezando por la que está en el centro e interpretar los símbolos grabados. Este método era el utilizado por los germanos.

También se aconseja el sistema de los antiguos celtas, que se hacía poniendo la mano dentro del saquito o bolsa y tras hacer la pregunta en voz alta, se sacaba una runa y se interpretaba. De esta manera se evita cualquier tipo de falsificación o truculencia. Es conveniente ir dejando las runas consultadas sobre un mantel, para que no se estropeen y duren más tiempo.

         El mejor momento para consultar las runas es la noche y principalmente con luna llena. No es recomendable con luna nueva o menguante.


Bibliografía:

Ø Diccionario de Mitología Universal, J.F.M. Noel, Edicomunicación, S.A.,1991, España

Ø “El oráculo mágico de las runas”, Bufastis, Fapa Ediciones, 1998,  España

Ø  Enciclopedia Microsoft Encarta 2003

Ø “Amuletos y talismanes”, Migene González-Wippler, Editorial Llewellyn Español, USA

Ø Revista “Uno mismo”, 1992, Chile

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