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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
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|486 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/01/2011
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Capýtulo 2:

 ¿Qué es el mito?

Si no hubiese tanto olvido y falta de respeto hacia la sabiduría ancestral, tendríamos muy claro lo que es un mito. En América del Norte, los indios de las llanuras ofrecían una plegaria antes de matar a un búfalo y luego usaban cada parte: la carne como comida, los cueros para ropa y abrigo, los huesos para herramientas o decoraciones. Cuando el ferrocarril transcontinental se extendió hacia el oeste, otros norteamericanos empezaron a dispararle al búfalo por deporte. Haciendo puntería a través de las ventanillas, mataban a cientos de búfalos mientras el tren corría aceleradamente, dejando que sus cuerpos se pudrieran en el polvo. Como el búfalo, la nación india desapareció tras la expansión hacia el oeste y la humanidad se quedó sin aprender la sabiduría de ellos.

Entonces, de esto podríamos deducir que cada mito contiene una verdad de carácter histórico, natural o sobrenatural que merece consideraciones[1]. Hay que recordar que las narraciones mitológicas contienen con frecuencia hechos históricos enmascarados, referidos casi siempre a tiempos remotos, en los que no estaba desarrollada la escritura y no existía erudición histórica.

La falta de conocimiento científico de los hombres no podía explicar racionalmente la idea del universo, de los seres y objetos que la pueblan, ni tampoco de los fenómenos que en ellos se observan todos los días, periódicamente o de manera excepcional e incontrolable, como por ejemplo, las fases de la luna, las estaciones del año, las lluvias; los temas de la vida y la muerte, el posible destino más allá de la incógnita del último aliento y mil cosas más eran también inexplicables.

En atención a estos “misterios” que ellos vivían dieron como solución suponer que todo ello era obra de espíritus poderosos, invisibles y de conocimiento muy difícil; luego les fueron dando forma de dioses que acabaron personificando los fenómenos naturales; finalmente, adquirieron aspecto antropomórfico y las actividades que simbolizaban se transformaron en historias cada vez más complicadas, hasta que el elemento literario y anecdótico acabó borrando a los ojos del pueblo su significación originaria, mientras que los filósofos los tomaron como punto de partida para concepciones más elevadas, abstractas y auténticamente religiosas, hasta el punto de negar a los propios dioses personales.

En relación a la filosofía, específicamente los numerosos manuales académicos empapados de presupuestos positivistas[2], han caracterizado al mito de pensamiento prefilosófico cuya superación, interpretada en términos de un progreso necesario de la humanidad, pondría fin al estado teológico, en el cual los hombres tomaban por dioses o fuerzas sobrenaturales las causas últimas de la naturaleza.

La filosofía, según el positivismo de Augusto Comte[3], encarna el último y más perfecto estado de la humanidad, el estado positivo. Desde esta perspectiva, adoptada por numerosas escuelas, el mito representa una época de inmadurez racional, que sería superada en un tránsito al “logos”, la razón especulativa filosófica, proveedora de verdades absolutamente indubitables.

Esta posición llena de prejuicios, parte de la hipótesis de una historia lineal en  la que un único paradigma[4] de razón (la razón positiva, filosófica y científica), evolucionará progresivamente desde una posición inicial de total imperfección (el mito, la religión) hasta alcanzar su estado óptimo de desarrollo.

Los poetas, por su parte, consideraban los temas religiosos como algo tan conocido por su auditorio como su propia sociedad, de ahí se entiende la ironía y excesiva familiaridad y antropomorfismo con que tratan a los dioses para acercarlos a los hombres, sin que esto signifique que el poeta desconociera o despreciara la profundidad y seriedad de la auténtica religión.[5] El arte poético elevó a veces a la máxima espiritualidad la sencillez de mitos elementales y creó las más bellas fábulas de la humanidad. La belleza, la ejemplaridad, los más tiernos, elegantes y abnegados sentimientos humanos en relación con la naturaleza están expresados en ellas de manera genial; son ideas fundamentales que nunca han muerto por completo y que emergen una y otra vez a través de los tiempos y los estilos, porque sus problemas y soluciones son generales y eternos.

Los artistas en general han unido la fantasía con la realidad; no inventaron arbitrariamente, sino que coronaron con sus obras el esfuerzo ascendente de una espiritualidad que pugnaba por salir de las negruras de la prehistoria. El carácter simbólico del mito es en sí mismo arte y generador de arte.

Si el arte revistió a la religión de formas bellas, elevó los templos de los dioses, hizo sus estatuas y compuso sus himnos, el arte griego alcanzó su excelencia gracias al profundo contenido que le infundió la religión, salvándoles de ser un cuerpo tan hermoso como vacío de alma; y todo ello no es más que la expresión de esa suprema elegancia y equilibrio que fue la virtud más alta de la antigua Grecia, madre del espíritu y maestra de los pueblos.

Las antiguas creencias siempre son cuestionadas por los descubrimientos nuevos o las nuevas sensibilidades de los ojos que las miran. Cuando sucede eso a nivel de sociedad, tenemos un cambio de paradigma. En el Renacimiento[6], cuando Galileo[7] cuestionó la antigua visión geocéntrica de la Tierra como centro del universo, la humanidad occidental descubrió gradualmente un sistema solar que cambió para siempre nuestra visión del cosmos y de nosotros mismos. Por medio del conflicto, a menudo aprendemos a ver con mayor claridad…

En fin,  pero, si queremos ponernos más “enciclopédicos” para adentrarnos al mundo de la mitología, debemos empezar diciendo que es el estudio e interpretación del mito y cuerpo de los mitos de una cultura particular. El mito es un fenómeno cultural complejo que puede ser encarado desde varios puntos de vista. En general, es una narración que describe y retrata en lenguaje simbólico el origen de los elementos y supuestos básicos de una cultura. Intentan explicar el lugar del hombre en el universo, la naturaleza de la sociedad, la relación entre el individuo y el universo que percibe y el significado de los acontecimientos de la naturaleza.

Hoy tendemos a delimitar los hechos que pueden ser probados científicamente de las ideas y creencias que no se pueden probar. Estas últimas se agrupan a menudo despectivamente como imaginación, invenciones o mitos. Esta discutible contradicción entre mito y fantasía por una parte y hechos incontrovertibles por otra disimula y distorsiona el valor y significado de los mitos como guías para la vida. Inevitablemente la historia[8] ha ayudado a esto último.

Los mitos se dan en todas las partes y todos los pueblos del mundo y. a pesar de su asombrosa variedad, comparten ciertas características. Estas similitudes son debidas a que los hombres se encuentran en todos los sitios ante los mismos problemas básicos y se plantean las mismas preguntas. Quieren saber por qué son lo que son, por qué la naturaleza se comporta como lo hace y cómo están relacionados las causas y los efectos. Es propio del ser humano buscar causas y significados a todo cuanto aparece ante él. Aunque la ciencia ha contestado ya a muchas preguntas acerca del "cómo", los "porqué", la relación del hombre con el cosmos, la naturaleza de la fuerza vital en su interior, continúan irresolutos.

Mitos y religiones tienen en común el que ambos brindan a la vez explicaciones y causas: tanto el "cómo" como el "porqué" del universo. Sin embargo, en contraste con la mayor parte de las religiones, la mayoría de los mitos no pretenden ser ninguna guía directa. Contienen una moral implícita, pero su fin principal no es imponerla. Son simplemente historias que se proponen explicar los aspectos no cuantificables de la existencia y que tratan a la vez de las vivencias humanas habituales y de lo sobrenatural.

Desde el punto de vista de la mitología, el mundo que percibimos directamente no es el único mundo existente. Es ésa precisamente la idea a la que postula: de que hay algo más allá de las cosas materiales y aparentes[9]. El fenómeno del nacimiento puede entenderse como un proceso físico, pero esto no excluye que se le considere también como un acontecimiento sobrenatural (como, por ejemplo, una reencarnación). Pero en nuestra sociedad cada vez más ilustrada y más dominada por la ciencia, nuestra conciencia mitológica aflora solamente en situaciones extremas: cuando la estructura racional de la sociedad se desploma.

El pensamiento lógico gradual que se requiere para la adquisición del conocimiento científico es lento y laborioso.

Los mitos explican los misterios de la naturaleza, por ejemplo, estableciendo paralelos entre cosas simples y conocidas y otras que son más difíciles de comprender. El fuego tiene algo en común con el sol, la fuente de calor y energía del oro es resplandeciente y por su color se parece al sol. No se oxida en la intemperie y por tanto, sugiere inmortalidad. Así, a partir de las características físicas comunes, se establecen equivalencias simbólicas y una cosa asume las cualidades de otra.

Así como el huevo da origen a la vida, así también el mundo “se originó” de un huevo. Las montañas a menudo son inaccesibles e inspiran respeto, igual que los seres a quienes el hombre atribuye un poder superior. Por tanto, la morada de los dioses puede ser una montaña como el Olimpo lo es para los dioses griegos. El trueno y el relámpago dan miedo, igual que los accesos de ira; de ahí que un hombre muerto por un relámpago tenga que haber ofendido a Zeus, el rey del Olimpo. Otras veces el paralelismo se establece sobre otra característica: dado que el trueno da paso a la lluvia, en los lugares donde llueve poco el trueno simboliza la fertilidad. Ríos, árboles y animales tienen características expresables en forma de cualidades humanas como astucia y fertilidad, destrucción y coraje.

Pero los mitos no explican solamente por qué el hombre y el mundo en el que vive son como él los percibe. Este concepto de la mitología sería inadecuado. Una de las más específicas características humanas es la de crear imágenes.

Narrar mitos llega a ser una necesidad vital no sólo para aplacar o propiciar los poderes sobrehumanos, sino también para estimular las mismas dotes creativas y espirituales que llevaron al hombre a inventar sus mitos.

Si no hay una significación y una finalidad más allá de la satisfacción de las necesidades físicas cotidianas, ni el hombre ni la cultura pueden desarrollarse. Por eso mismo, el hombre necesita comprender el sentido de sus derrotas y victorias, del nacimiento y la muerte, para evitar la desesperación que pueden acarrear los avatares de la fortuna y la complejidad de la vida. De ahí que haya mitos para responder a casi todas las cosas: hay mitos de origen o creación, de fertilidad de heroísmo, de resurrección. etc.

Los mitos son intemporales y perpetuos, pues la necesidad del hombre de vivir en armonía con su naturaleza mediante unas directrices es hoy tan grande como lo ha sido siempre. Los mitos conectan las “realidades" externas con las esperanzas, deseos y miedos de nuestros sueños. Dan apoyo y seguridad al hombre. En los mitos puede encontrar un ámbito lúdico dentro de un mundo que, sin ellos, sería aterrador, insoportable, aburrido o frustrante.

La narración mítica cuenta, por ejemplo, cómo comenzó el mundo, cómo fueron creados seres humanos y animales, y cómo se originaron ciertas costumbres, ritos o formas de las actividades humanas. Casi todas las culturas poseen o poseyeron alguna vez mitos y vivieron en relación con ellos.

Los mitos difieren de los cuentos de hadas en que se refieren a un tiempo diferente del tiempo ordinario. La secuencia del mito es extraordinaria, desarrollada en un tiempo anterior al nacimiento del mundo convencional. Como los mitos se refieren a un tiempo y un lugar extraordinarios, y a dioses y procesos sobrenaturales, han sido considerados usualmente como aspectos de la religión. Sin embargo, como su naturaleza es totalizadora, el mito puede iluminar muchos aspectos de la vida individual y cultural.

Si bien la creación del relato mítico puede considerarse como resultado de la necesidad de justificar el orden natural y social existente, más allá de toda finalidad explicativa, el mito cumple una función social relevante: tanto por su contenido como por la forma de su transmisión permite confirmar la fe, determinar los comportamientos y las relaciones humanas y mantener la cohesión social.

El mundo contemporáneo insiste en preguntarse sobre el mundo mítico y sus respuestas han dado origen a otros temas transversales y fecundos. Por ejemplo, el estadounidense Joseph Campbell[10] partió de Jung[11] para establecer una serie de constantes narrativas, las mismas que hoy pueden sorprenderse en las sagas de “Indiana Jones”, “El señor de los anillos”, “Matrix”, “Harry Potter” o “La guerra de las galaxias”.

Todas ellas mantienen el esquema del viaje del héroe[12], un elegido al que se encomienda una misión que debe cumplir venciendo incontables obstáculos, pero tras la cual verá reforzada su identidad. Coincidencia nada casual, ya que Campbell ha sido el gurú de George Lucas[13] y en la actualidad todos los manuales de guión al estilo de Hollywood recogen sus esquemas.

Sin embargo, éstos no son sino el eslabón final de la mitología comparada emprendida por estudiosos como James G. Frazer[14] y proseguida por historiadores de las religiones como Mircea Eliade[15] o antropólogos como Claude Lévi-Strauss[16].


[1]Intentar definir lo que es un mito es una tarea titánica. Cualquier acercamiento que pretenda explicarlo se hallará bañado de prejuicios, lo que provocará una interpretación muy poco neutral. Lo que viene de aquí en adelante, son sólo apreciaciones que he considerado como consensuales o universales.

[2]El positivismo es un sistema filosófico del siglo XIX que admite únicamente el método experimental.

[3]Comte fue el creador de la doctrina del positivismo. Nació en Montpellier (Francia) el 19 de enero de 1798 y murió en París (Francia) el 5 de septiembre de 1857.

[4]El paradigma es un esquema o marco mental que se toma como referencia y sobre el que se desarrolla un proceso intelectual. Una buena definición y descripción de lo que es un paradigma se encuentra en el libro de la antropóloga Patricia Junge “La mirada com-unitaria”, Ed. Univ. Bolivariana, Santiago,2006.

[5]El mito no tiene que ser necesariamente un relato acerca de dioses, sino que puede tratar también de otros acontecimientos de un pasado lejano, que resucitan en un discurso fantástico o simbólico y despiertan en renovado interés. El mito habla de lo originario, de los sucesos que constituyen, de la manera que sea, el fundamento de lo que vino después. En este sentido, los mitos señalan caminos y dejan huellas que introducen al presente. Se requiere una aproximación cuidadosa, una atención sin prejuicios, dispuesta a escuchar e interrogar, para descubrir qué significan los mitos, que se sirven a menudo de fórmulas enigmáticas y cifradas.

[6]Período artístico y cultural que se desarrolló en Europa entre los siglos XV y XVI y que se caracterizó por su recuperación de las formas clásicas grecorromanas a la luz de los nuevos ideales humanistas.

[7]Científico italiano (1564-1642) autor de trascendentales descubrimientos en astronomía, matemáticas y mecánica física.

[8]El mito es una clase de relato caracterizada básicamente por un discurso “ficticio” de un pasado remoto, cuya temporalidad es radicalmente distinta a la de la historia. En este sentido el mito se diferenció pronto de la historia, oponiéndose a su veracidad (contrastable empíricamente) y presentándose como una narración artificial y falaz que da cuenta de hechos inverosímiles, orientados al simulacro y la ilusión.

[9]En el bellísimo libro de Jaime Hales “La campana interior”, Ed. Norma, Santiago, 2003, está la siguiente reflexión que viene al caso señalar: “…mientras creemos que sabemos, no reconocemos nuestra ignorancia. Sólo al tomar contacto con la ilusión y la ignorancia, al reconocer que lo que sabemos del mundo no es más que el resultado de la vida aparente y de la materialidad inmediata y limitada, recién podremos comenzar el camino hacia la trascendencia que no es otro que el camino hacia el interior de cada uno”.

[10]Nació en New York el 26 de marzo de 1904, su interés por los temas antropológicos (en concreto, por la cultura nativa estadounidense) se despierta a la temprana edad de seis años, cuando su padre le lleva a ver el espectáculo del salvaje oeste de Buffalo Bill y el Museo de Historia Natural.. En 1984, en su fiesta de cumpleaños en el Palacio de Bellas Artes de San Francisco, se reúnen más de mil invitados y al año siguiente comienza la filmación de lo que será “The Power of Myth” (en el célebre “Skywalker Ranch” de G. Lucas). Murió el 30 de octubre de 1987 en Honolulu.

[11](1875-1961), psiquiatra y psicoanalista suizo, fundador de la escuela analítica de la psicología. Murió en 1961 en Küsnacht, Suiza.

[12]El héroe de la mitología es un ser inferior a los dioses y superior al hombre, a veces, un semidiós, uno de cuyos padres es un dios. Puede ser, en su origen una figura histórica o legendaria, pero, en cualquier caso, combina la leyenda con la historia. Ampliamos la información más adelante en el capítulo especial sobre el tema del héroe.

[13]Nació el 14 de mayo de 1944 en Modesto, California, USA. Es el creador de la saga “Star wars” y posteriormente de Indiana Jones. Presidente de Lucas Film Ltd., Lucas Arts Entertainment Company y Lucas digital Ltd., Lucas Licensing, Lucas Books y Lucas Learning Ltd.

[14](1854-1941), antropólogo británico, nacido en Glasgow, Escocia, y formado en las universidades de Glasgow y Cambridge. Su libro más famoso es “La rama dorada” (1890), un estudio de antiguos cultos, ritos y mitos y su paralelismo con el cristianismo primitivo. Esta obra, que cimentó la fama de Frazer como académico distinguido, se amplió a 13 volúmenes en 1915.

[15](1907-1986), filósofo rumano especialista en religión comparada, novelista y poeta. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Bucarest en 1928. Las obras más importantes de Eliade, escritas en francés o inglés, incluyen “El mito del eterno retorno” (1949), “Tratado de historia de las religiones” (1949), “Lo sagrado y lo profano: Naturaleza de la religión” (1956) y los tres volúmenes de “Historia de las creencias y las ideas religiosas” (1985).

[16](1908), antropólogo francés y principal defensor del enfoque estructuralista en la antropología social. Nació en Bruselas, pero se educó en Francia, donde estudió filosofía y derecho en la Sorbona de París. Entre sus libros cabe citar: “Estructuras elementales del parentesco” (1949), su autobiografía “Antropología estructural” (1958), “Tristes trópicos” (1955) y “El pensamiento salvaje” (1962). En 1964 publica el primer volumen de “Mitológicas”, que comprende: “Lo crudo y lo cocido” (1964), “De la miel a las cenizas” (1966), “El origen de las maneras en la mesa” (1968) y “El hombre desnudo” (1971).

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