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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/01/2011
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Capýtulo 1:

 Introducción a la Mitología

Algunos de nosotros estamos llenos de dudas acerca de la vida y de nuestra condición como seres humanos. Las grandes preguntas de la  humanidad   -el saber cómo fue el principio, cómo se origina el encuentro de divinidades y hombres, qué pasará con nosotros y con el planeta al morir-  no han sido resueltas. Tenemos un leve atisbo, pero no es suficiente. Y así nos convertimos en grandes cuestionadores y en insipientes científicos; en amago de alquimistas o en ilustrados charlatanes.

Por lo demás, acaso si se quiere saber de estos temas universales, pues el hombre ha perdido su ser religioso. Ser religioso significa -simple y profundamente- plantearse apasionadamente la pregunta del sentido de nuestra existencia y hallarse dispuesto a aceptar las respuestas. El ser humano ha perdido el coraje de formular aquellas grandes preguntas con seriedad, así como generaciones pasadas lo hicieron; pero, lo peor de todo, es que ha perdido el coraje de recibir respuestas, de donde quiera que vengan. A nuestra época le interesa más avanzar en el espacio y en el tiempo y eso significa que el hombre cambia el mundo que encuentra. Y el cambio hecho por él, lo cambia a él mismo… El hombre transforma en instrumento todo cuanto encuentra. Y, al hacerlo, se convierte él mismo en instrumento…

Decía Aristóteles[1] que el origen de la Filosofía[2] era el asombro[3]. El hombre íntegro, primigenio, se asombra de todo aquello que le rodea, de todo aquello que no entiende y busca de una manera instintiva su explicación. Y la primera que encuentra es la mítica, sobrenatural. Entiende que el río se mueve porque hay un espíritu que lo impulsa. Un hombre enferma porque un espíritu maligno lo atormenta y si este hombre sana a continuación, se debe a un espíritu benéfico que ha luchado con el anterior y lo ha vencido. Todo esto claramente no es Filosofía.

De esto podríamos deducir cómo el hombre primitivo quiso explicárselo todo por un procedimiento que superaba a sus posibilidades, pero no a sus anhelos. Y este procedimiento fue el mito[4], el que contribuyó también, y no en pequeña parte, al primario sentimiento religioso. La fe ciega en lo sobrenatural. En esto, en efecto, se delata la iniciación del fecundo afán primero del hombre hacia toda ciencia, por el hecho del deseo de tratar de buscar una explicación a todo cuanto le rodeaba.


El desarrollo del pensamiento aquí es clave, porque es una manera de conducir la mente hacia lugares nuevos. Deepak Chopra[5] en El poder de la paciencia dice que una vez Einstein[6] se echó  en un diván, cerró los ojos y vio un hombre que viajaba con la velocidad de la luz. Siguiendo esta imagen que excitaba su curiosidad, comenzó a hacer varios experimentos con el pensamiento que aparentemente eran meras reflexiones. En el plazo de unos años las actitudes de todo el mundo científico experimentarían una enorme transformación cuando la naturaleza misma confirmara las visiones trascendentales de Einstein. Si una visión que alguien ha tenido mientras yacía en un diván puede alterar el mundo, esto nos lleva a pensar que debe haber un poder tremendo en los experimentos con el pensamiento… Nada se aprende verdaderamente hasta que se vive.

Aquí la otra palabra clave también, para entender el fenómeno mitológico, podría ser observación. Y es porque los seres humanos somos cíclicos, lo que da una ventaja para observar los modelos de evolución.

Al observar los ciclos de la naturaleza, nos conocemos a nosotros mismos. Los ciclos naturales del sol y luna han figurado de manera prominente en las más antiguas religiones del mundo. Por siglos los chinos han reconocido los ciclos lunares con las celebraciones del año nuevo y de la luna. Los antiguos egipcios celebraban los ciclos estacionales del Nilo con el mito de Isis y Osiris. En Europa, los druidas[7] observaban los solsticios y los equinoccios, trazando cartas de los cambiantes modelos de la luz en el cielo. Con velas y fuegos, aclaraban la oscuridad del invierno y celebraban el retorno de la vida en la primavera. Los americanos nativos tenían celebraciones rituales de las estaciones y consideraban sagrados los campos de caza, ofreciendo plegarias antes de tomar toda vida animal. El Antiguo Testamento insta a judíos y cristianos a ser buenos cuidadores de la naturaleza, a labrar y guardar el jardín del Edén, nuestro hogar terrenal. Los budistas enseñaban reverencia por la vida y los sistemas naturales… En fin.

Los modelos cíclicos se presentan en toda la naturaleza desde el mundo infinitesimal del átomo al mundo infinitamente más grande sobre nuestra cabeza. En nuestro sistema solar, los planetas trazan ciclos expansivos en el espacio. En la inmensidad cósmica del tiempo, las estrellas tienen sus propios ciclos de vida. Nacen, crecen en brillo y luego mueren lentamente llevando luz a nuestro universo por milenios.

A esto podemos agregar con brevedad los caminos recorridos por el ser humano para llegar a la escritura y que, por añadidura, hoy ofrece su vida espiritual. De acuerdo a esta premisa, podemos decir que la primera manifestación cognoscible de la inteligencia humana, es la capacidad de hacerse comprender por sus semejantes, transmitir sus pensamientos, voliciones y sentimientos por medio del lenguaje, sea oral o gráfico. De ahí que se comience el estudio del espíritu humano por los idiomas o lenguas, que a su vez dan origen a las distintas formas de escrituras.

Gracias a estos instrumentos, el hombre no sólo se relaciona con sus semejantes, sino que puede transmitir a generaciones futuras el producto de su pensamiento, hecho indispensable para la existencia de la Historia.

La preocupación por explicarse el origen, la esencia y el mecanismo del mundo en que vivimos podría haber dado origen a la Mitología, la Filosofía, la Religión, la Ciencia. En muchos momentos de la historia resultó difícil separar y diferenciar estas clases de “verdades”

Las manifestaciones más nobles del ser humano son las que se refieren a las actividades de su espíritu, porque gracias a ellas se diferencian de los restantes seres de la Creación y le han permitido superar su debilidad física, crear una cultura, vencer las adversidades del medio ambiente, progresar y dominar el mundo.

Las estructuras espirituales, la mentalidad, han llevado al hombre a intentar una explicación del Universo y del misterio de la vida. Ningún pueblo primitivo ha carecido de un sentimiento religioso, una creencia en el más allá y el convencimiento de que existen poderes superiores al hombre y a los cuales éste se halla de algún modo supeditado. La controversia, sin embargo, gira sobre el modo de interpretar las religiones primitivas.

Existe la teoría de que debió existir un monoteísmo primitivo que fue degenerando con el tiempo en diferentes politeísmos, habiéndose conservado puro sólo en el pueblo hebreo y en las fracasadas tentativas de Amenhotep IV[8] en Egipto y de Zarathustra[9] en Persia. Frente a esta teoría se encuentra la que sostiene la tesis de que las fuentes de la religión son distintas, citándose entre ellas las ideas y acciones de carácter mágico; la concepción antropomórfica de la naturaleza; el fenómeno de la muerte, con el acompañamiento del culto a los antepasados; la creencia en los espíritus que presiden y rigen nuestras acciones y las causas ocultas de los fenómenos naturales, cuya manifestación más patente la constituye el animismo o espiritualización de la naturaleza.

De todas estas causas va naciendo primero un respeto a los antepasados, que se manifiesta por su culto y por monumentos funerarios de carácter especial. De la creencia en los espíritus y su intervención en nuestra vida se derivan prácticas de magia y hechicería, con frecuencia vinculadas a la medicina más o menos empírica. Y, finalmente, de la espiritualización de la naturaleza nace la creencia naturalista o de adoración de estas fuerzas representadas de forma antropomórfica, fase en que se encontraban las religiones de los pueblos indoeuropeos que quedaron en Europa después de su escisión; es decir, del pueblo griego, del romano, de los germanos.

Ambos esquemas de desenvolvimiento religioso se ven por igual defendidos y atacados según la escuela etnológica a que se pertenezca. Pero común a las dos es el hecho de aceptar la aparición del culto; es decir, de la comunicación con los espíritus mediante ciertas operaciones de carácter ritual, que, partiendo del culto a los muertos, se complica más tarde con sacrificios cruentos o incruentos, que llegan incluso a alcanzar caracteres inhumanos (sacrificios de enemigos vencidos, de niños, de mujeres).

Otras manifestaciones del culto son los ayunos, las expiaciones, precedidas de la violenta expresión del dolor en los casos de muerte (mecerse los cabellos, abrirse heridas, mutilarse, etc.), apartamiento de la vida sexual, tratamiento de enfermedades, oráculos, etc.

Poco a poco, la religión se va apoderando de la vida privada y extiende su esfera de influencia a todos los actos de la misma, desde el nacimiento hasta la muerte, pasando por el matrimonio y por destino de los muertos. Este mismo culto origina pronto una casta de individuos dedicada a practicar ceremonias rituales. Se trata, como es natural, de los sacerdotes, ocupación primera individual, luego verdadera casta o clase que llega a cerrarse hasta el extremo de que se transmite por herencia la función sacerdotal.

El sacerdote puede ejercer una función política y no son raros los casos de teocracia[10] de los pueblos primitivos, ya que se fía en su poder mágico o sobrenatural que facilitará al pueblo cazador buenas piezas, al agricultor cosechas abundantes, al pastor rebaños perfectos, en fin.


[1]Filósofo griego (Estagira, 384-Calcis, 322 a. C.). A los 18 años ingresó a la Academia de Platón en Atenas y permaneció en ella 19 años, hasta la muerte de su maestro.

[2]Ciencia que trata de la esencia de la esencia, propiedades, causas y efectos de las cosas naturales. Conjunto de doctrinas.

[3]Aristóteles: “Poética”, Leviatán, Buenos Aires, 1991)

[4]La palabra “mito” deriva del griego “muthos”, “mythos” que significó inicialmente “hilo urdimbre” y posteriormente “palabra” o “historia” o “narración poética”, entre otros significados.

[5](1946) Médico y escritor indo. Ha escrito sobre espiritualidad y el poder de la mente en la curación médica.

[6]Físico y químico alemán (Ulm, 1978-Princeton, USA, 1955).. En 1921 Obtuvo el Premio Nobel de Física.

[7]Los druidas eran sacerdotes de las tribus celtas de las Galias y las islas británicas. Creían en la transmigración de las almas y en la vida eterna, concebida como continuación de la terrena. Actuaban también como jueces y educadores.

[8]Se le conoce también como Amenofis y Akenatón. Faraón de la XVIII dinastía egipcia. Reinó entre el 1379 y el 1362 a.C. Fue autor de una reforma religiosa basada en el culto a Atón, el disco solar, causa por la cual desechó el nombre de Amenofis.

[9]Se le conoce también como Zoroastro. Fundador de la antigua religión persa llamada mazdeísmo. Mientras algunos lo consideran un personaje mítico, otros afirman que vivió en el siglo VI a.C. durante 80 años.

[10]Es un tipo de gobierno que atribuye el poder político a Dios y a sus representantes y somete el poder civil a lo religioso. Egipto, China y el pueblo hebreo constituyeron teocracias. El cristianismo medieval pretendió someter el poder temporal al espiritual, lo que provocó reacciones y luchas como las de las investiduras o el cisma de occidente.

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