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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicación: 19/01/2011
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Capítulo 9:

 Factor racional e irracional de toda mitología. Fuerzas invisibles

1)  Factor Racional: Los pueblos primitivos y los salvajes atribuyen algunos beneficios de la vida (fuego, pesca, etc.) a un ser muy sabio, casi maravilloso. El bien lo suponemos razonadamente derivado de la bondad y del poder. El factor racional de la mitología nos presenta a los dioses hermosos, morales.

2)  Factor  Irracional: Los dioses se tornan odiosos, inmorales, brutales. Algunos mitólogos insignes como Max Müller, Lang, Meunier, creen que ese factor irracional responde a la grosería de los pueblos primitivos, que apenas han avanzado en una cultura determinada y para probar sus afirmaciones se basan en cómo al llegar los mismos pueblos a un determinado momento de su vida psíquica, cuando controlan ya sus sentimientos en un sentido sutil de apetencias racionales, repudian ese factor irracional, luchan porque únicamente perdure y ejemplarice el factor racional. Otros autores estiman que ese factor irracional oculta un simbolismo o una intención a los que todavía no hemos sabido llegar. Porque al estudiar filósofos y gramáticos el estado del espíritu humano en el cual pudo nacer el elemento absurdo de los mitos, ha llegado a la conclusión de que estos mitos no fueron creados por espíritus simples, sino por filósofos y gramáticos como ellos, quienes no iban a contar sin alguna razón historias irreverentes.

Fuerzas invisibles

Animismo

Según Edward Tylor[1], que es el primero en señalar su importancia, el “animismo” es el estadio original de la evolución religiosa. Según la concepción animista, el mundo estaría poblado de seres que habitarían los objetos, las plantas, los animales y los hombres.

El sucesor de Tylor en la cátedra de Oxford,  Robert Ranulph Marett (1866-1943) ha criticado los análisis de su maestro a propósito del animismo. Los primitivos, asegura, no creen ni más ni menos que nosotros en los espíritus: tienen solamente tendencia a tratar los objetos como si tuvieran vida.

Muchos pueblos primitivos, desaparecidos o aún existentes, pueblan el mundo con un infinito número de seres espirituales, benéficos o maléficos, a los cuales atribuyen la causa de todos los fenómenos naturales, y por los que creen animados, no sólo el reino animal y vegetal, sino también el mineral, en apariencia inerte.

Así que el animismo es entonces la creencia de que no sólo las criaturas vivientes, sino que los objetos inanimados tienen vida y personalidad; estas personas sobrenaturales son consideradas como espíritus, fantasmas o dioses.

Los animistas creen también que los humanos poseen almas que pueden abandonar nuestros cuerpos, ya sea temporalmente, mientras soñamos, o permanentemente, cuando morimos, para transmigrar a otros hombres o simplemente vagar por ahí.

El animista tiene el sentimiento permanente de que una fuerza, llamada “mana”, hace irrupción en su vida no solamente en ocasión de esos momentos solemnes que son el nacimiento, la iniciación y la muerte, sino también en sus relaciones cotidianas con sus padres, sus semejantes, los animales y la naturaleza en su totalidad.

Cualquier campo está abierto al mana, que puede revestir formas extremadamente variadas según las circunstancias, los objetos y los seres para los que se actualiza. La palabra mana (equivalente al wakan de los sioux) se ha tomado de las lenguas malayo melanesias y es originalmente una interjección que expresa el sentimiento que experimenta el hombre frente aquello que le es exterior y que le seduce, que le asombra, que le aterra, que admira.

La noción de mana tiene un significado fundamentalmente religioso y mágico. El mana se conviene en una categoría de pensamiento y de percepción del universo.

Los amuletos[2] son objetos con gran cantidad de mana utilizados para darle diferentes fuerzas al usuario, como protección, suerte, poder, entre otras.

El descubrimiento, a principios del siglo XX de la noción de mana en Oceanía suscitó un gran interés y numerosas discusiones entre los etnólogos. Particularmente facilitó el ímpetu del animismo. Puede colocarse en esta escuela de pensamiento a Emile Durkheim[3] y Marcel Mauss[4], que consideran el mana como la forma primitiva e indiferenciada del alma moderna.

Dentro del animismo podemos encontrar centenares de hechizos y rituales, para diferentes tipos de cosas. A continuación presentaremos dos de ellos que han desempeñado un papel importante en los pueblos primitivos y se conservan aun, en parte en el mito y el culto de pueblos más avanzados.

1) Para perjudicar al enemigo: Es uno de los procedimientos mágicos más utilizados. Consiste en fabricar su efigie[5] con materiales de cualquier naturaleza y sin que la semejanza sea requisito indispensable, pudiéndose también decretar que un objeto cualquiera constituirá una efigie. Todo lo que a la misma le pase, recaerá sobre la persona cuya representación constituye. Basta herir una parte de la primera, para que enferme el órgano correspondiente de la segunda. Esta misma técnica mágica puede emplearse también con fines benéficos y piadosos. Existe otra técnica, consiste en tomar algunos cabellos suyos, limaduras de sus uñas o pedazos de sus vestidos y someterlos a manejos hostiles o vejatorios. La posesión de estos objetos equivale al dominio de la persona, la cual experimenta todos los efectos del mal que se inflige a los mismos. Según los primitivos conocer el nombre de la persona o del espíritu procura ya un cierto poder sobre ellos.

2) Para curar una herida de arma: Para curar una herida basta con engrasar el arma que la produjo. Algunos labradores ingleses siguen aún, hoy en día, tal receta y cuando se han herido con una hoz, procuran conservar esta en un perfecto estado de limpieza, con lo cual creen evitar la supuración de la herida. (“Tótem y Tabú”).  


[1](1832-1917), antropólogo inglés, junto con Lewis Henry Morgan es uno de los dos principales fundadores de la antropología.Nacido en Camberwell, Inglaterra, realizó sus estudios con los cuáqueros.

[2]En el libro “Amuletos y talismanes” de la antropóloga Migene González-Wippler (Llewellyn Español, St. Paul, 2000) se define muy bien los términos amuleto y talismán: La palabra “amuleto” se deriva del latín “amuletum”, el cual, según Plinio, es “un objeto que protege a una persona de los problemas”. Actualmente se ha modificado esa definición diciendo que es “un objeto, ya sea natural o artificial, el cual se cree que protege a una persona de problemas”. Un amuleto natural es una combinación de mana y fe. El amuleto artificial es simplemente una concentración de la fe. Se tiende a confundir lo que es un talismán de un amuleto. La palabra “talismán” se deriva de la raíz griega “teleo”, la cual quiere decir “consagrar”. Es precisamente el acto de consagración lo que le confiere al talismán sus supuestos poderes mágicos. Contrario al amuleto, que por lo general es un objeto que posee sus propios poderes naturales, el talismán debe ser “cargado” con poder mágico por la persona que lo prepara. Además, mientras que el amuleto es usado para propósitos generales, como evitar el mal o atraer la buena suerte, el talismán está preparado con un propósito definido.

[3](1858-1917), teórico social francés y uno de los pioneros del desarrollo de la sociología moderna.Durkheim nació en Epinal (Francia) en el seno de una familia judía.

[4] (1872-1950), antropólogo y sociólogo francés, nacido en Épinal. Estudió en la Universidad de Burdeos y en la École Pratique des Hautes Études de París.

[5]Imagen, representación de una persona real y verdadera.

Totemismo

También muchas devociones utilizan el “tótem”, que no son más que símbolos de grupos sociales que necesitan identificarse mediante los mismos. Los miembros de una etnia comparten una tradición cultural común: una lengua, un territorio y una religión, pero la conciencia colectiva que asegura la cohesión constituye el vínculo esencial.

El vocablo tótem tiene un origen desconocido. Al parecer fue introducido por J. Long, intérprete indio del siglo XVIII, quien lo escribía "otam". No obstante, la ortografía de este vocablo es algo incierta; de ahí que se ha escrito de varias maneras. Lo más aceptable también es que la palabra tótem proviene de la lengua ojibwa, utilizada por uno de los pueblos algonquinos de América del Norte, en cuya cultura fue observado el fenómeno totémico por primera vez. En dicha lengua, “ototeman” indica la relación de parentesco entre hermano y hermana. El indianista ojibwa Peter Jones le asigna una expresión que equivale fonéticamente a "toodaim"; Warren a "dodaim" y Assikinak a "ododam". Finalmente Keating, James y Schoolcraft lo llamaron "tótem".

Se ha dado la denominación de totemismo a un conjunto de creencias y prácticas que se basan en la afinidad o en una supuesta relación mística entre un individuo o un grupo humano, por una parte, y determinados animales, plantas, objetos o fenómenos naturales, por otra. Estos últimos constituyen el tótem. Ėste va generalmente acompañado de creencias o leyendas acerca del origen genealógico del grupo humano supuestamente relacionado con él y tiene aplicaciones en la moral instituida y en determinados tabúes, que ordenan su evitación o ritualizan estrictamente su contacto.

Tótem, tabú y exogamia (matrimonio fuera del grupo) son tres fenómenos que aparecen inextricablemente entrelazados en muchas sociedades, por lo que los estudiosos los agruparon dentro del concepto más general de totemismo, llegando a crear complejos sistemas que engloban símbolos, prohibiciones, relaciones mágico-religiosas, modalidades matrimoniales y otras muchas manifestaciones culturales.

El tótem protege al hombre, y éste le prueba su veneración de diversas maneras. Existen varios tipos de tótems:

1) Tótem de tribu, que es común a toda la tribu y pasa de generación en generación.  

2) Tótem sexual, que es común a todos los hombres o a todas las mujeres de una tribu. Pertenece exclusivamente a un sexo.

3) Tótem individual, que es propiedad de un solo individuo y a cuyos herederos no puede transmitirse.

El antropólogo James Frazer fue el primero en analizar en su conjunto el fenómeno totemístico, en su libro “Totemism” (1885) y, más profundamente, en los cuatro tomos de su “Totemism and Exogamy” (1910).

Numerosos sociólogos, antropólogos y psicólogos estudiaron el fenómeno del totemismo en las primeras  décadas del siglo XX, movidos por la esperanza de haber encontrado un camino prometedor en la investigación de las raíces sociales y psicológicas del ser humano. Muy particularmente, se escogieron como campo de estudio las sociedades primitivas de los aborígenes australianos.

Con el transcurso del tiempo, un número creciente de investigadores se situó frente al totemismo en posición crítica, observando que los pretendidos fenómenos totémicos no se daban en estado puro, en su totalidad, en ninguna sociedad ni formaban un todo homogéneo.

El concepto de totemismo se aplicaba a un gran número de instituciones diversas que parecían tener algo en común. Pero por ello mismo pecaba de cierta indefinición, que provocaba a su respecto el desacuerdo de los estudiosos, hasta el punto de dejar de constituir un instrumento útil para la comprensión de las peculiaridades culturales de algunas sociedades.

El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, en “Le Totémisme aujourd’hui” (« El totemismo en la actualidad », 1963), llegó a la conclusión de que el totemismo no es más que una expresión simbólica que permite al individuo un mejor entendimiento y expresión de la realidad social que lo rodea y de la diferenciación de clanes y de roles.

Según este autor, su importancia había sido exagerada por los estudiosos del primer tercio del siglo XX.

Tabú

El tabú es algo prohibido, intocable, y está referido a una costumbre propia del totemismo por la cual es obligatorio evitar contacto con determinadas personas, animales o cosas, o la prohibición de ciertos actos o palabras. El incumplimiento del tabú trae como consecuencia un castigo inmediato. Los conflictos entre los impulsos y las tendencias del individuo y los tabúes, que pueden ser causa de neurosis, son objeto de análisis por el psicoanálisis.

El tabú es una de las formas de organización ritual más antiguas de las tribus  oceánicas, trascendiendo su primitivo significado  religioso para pasar a formar parte de las convenciones y usos sociales modernos.

La palabra polinésica “tabú” encierra una compleja significación. Es lo sagrado e intocable por un lado y lo prohibido e impuro por otro. Simboliza el carácter maligno de lo sagrado, considerado desde una perspectiva mágico-religiosa, y se fundamenta en el temor reverencial a una fuerza sobrenatural que impone terribles castigos al infractor.

El fenómeno del tabú y sus connotaciones religiosas y sociales constituyeron uno de los principales temas de estudio no solamente la etnología y la antropología, sino también de la sociología y la psicología. Para la antropología, el tabú se relaciona con objetos y acciones que poseen un significado esencial dentro de una jerarquía social determinada. De ahí la importancia que tienen los jefes y los objetos religioso o las prohibiciones impuestas sobre animales totémicos que en sí no poseen mayor relevancia que la de ser partes integrantes de la estructura simbólica de la sociedad.

El tabú puede referirse no solamente a aquellas personas o grupos que por su fuerza mágica o mana son sagrados, sino también a los objetos, ceremonias y lugares de culto que, por guardar una estrecha relación con aquéllos, constituyen tabú. De igual forma, lo desconocido o impuro es objeto de tabú, por el peligro que su contacto puede encerrar.

El contacto de estos pueblos primitivos con sociedades más civilizadas fue diluyendo el sentido religioso de muchos tabúes que, sin embargo, adquirieron una significación supersticiosa, fundada en un temor  ilógico ante el objeto designado por los mismos. Así, en el léxico de todas las sociedades, ya sean primitivas o desarrolladas, existen abundantes tabúes lingüísticos con los que se pretende enmascarar o atenuar el significado de palabras que inspiran temor, respecto o rechazo. Tal es el caso de las numerosas denominaciones eufemísticas que reciben términos sexuales, ciertas enfermedades graves como el cáncer, el diablo, Dios y la muerte, o determinados animales a los que se considera malignos o se les atribuye poderes mágicos.

Tradición mágica

El hombre paleolítico[1] utilizaba algunos de sus ritos mágicos para asegurar éxito durante la cacería. El hombre neolítico[2] usaba los mismos rituales para mejorar sus cosechas y su propia fertilidad. Los rituales para producir lluvia eran particularmente importantes y fueron transmitidos a posteriores generaciones, tales como las que surgieron en Egipto y Mesopotamia.

Con base en los descubrimientos arqueológicos, las comunidades neolíticas desarrollaban ciertos ritos mágicos en el período de equinoccios de primavera y otoño y durante los solsticios de verano e invierno.

Es incierto si estos ritos fueron celebrados en conexión con la agricultura o el culto al sol, pero lo que sí puede apreciarse es que esas épocas del año se volvieron sagradas para la humanidad y todavía son importantes en los rituales mágicos y religiosos.

Para el paleolítico todos los aspectos de la vida y todas las fuerzas de la naturaleza eran en esencia divinas. El amor, la muerte, el hambre, el temor, el fuego, la luz, etc., eran materia de culto pues representaban un dios. Este inicial politeísmo y la creencia en los poderes de la naturaleza fueron la cuna de la tradición mágica.

El culto a los dioses de la naturaleza eran una parte intrínseca de la vida diaria. Tenía la creencia en una unidad entre la naturaleza, el mundo material y lo divino, por eso les rendía culto todos los días de su vida espontánemente.

Todo lo que el hombre neolítico hacía reflejaba dicha actitud: los rituales que conducía, la ropa y las joyas que usaba, e incluso la música y el arte desarrollados eran actos de adoración.

La magia es el arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de espíritus, genios o demonios, efectos o fenómenos extraordinarios, contrarios a las leyes naturales.

La magia puede ser usada en beneficio de la comunidad o de un individuo, o para propósitos antisociales. La hechicería es el uso de la magia con el intento de dañar a otra persona. La hechicería es practicada por algunas sectas, como también por personas sin religión específica. La brujería, como la hechicería, es un intento por dañar a otra persona a través de medios sobrenaturales. A diferencia de la hechicería, la cual requiere sustancias materiales, la brujería es la cualidad de un individuo, y los brujos operan sólo a través de medios psíquicos. Tanto en la brujería como en la magia se encuentran estos elementos:


1) La realización de rituales o de gestos simbólicos.

2) Pronunciamiento de un hechizo.

3) Una condición prescrita del que efectúa el rito.


Diferentes culturas y personas independientemente de su religión, también              creen y practican ritos del animismo, como amuletos, hechizos, adivinación, espíritus, etc.


Según las investigaciones de la antropóloga Migene González-Wippler, Jung consideraba que la magia conseguía una percepción de la realidad a través de los niveles intuitivos e inconscientes de la mente. Creía que “hay una dimensión del ser humano que no es exterior a nosotros, en el sentido que puede ser dirigida y manejada en forma tangible; está en nuestro interior… Es la base de los métodos esotéricos del pasado… Las personas que no entienden esto y no tienen en cuenta los argumentos que soportan tal idea, piensan que todo esto se trata de simples supersticiones”.

El interés del antropólogo en la magia es básicamente descubrir la fuente de creencias y rituales y explicar cómo se relacionan con el desarrollo general del hombre.

Este interés por la magia en diferentes partes del mundo también llama la atención a los sociólogos, los cuales estudian la transmisión de conocimiento entre culturas y la formación y el desarrollo de las sociedades humanas.

Tal vez podríamos enunciar como idea global de todo esto que la magia es un arte, pero también una ciencia. Un arte, ya que es la expresión del ingenio humano para adaptar los elementos naturales para uso del hombre y también una ciencia, pues su conocimiento se logra a través de estudio y práctica.

Todos estamos llamados a ser magos y a utilizar la magia. Joseph Campbell, el gran maestro de Mitología, dijo que cualquiera que se encuentre en una esquina aguardando que el semáforo se ponga verde está esperando el momento de entrar en el mundo de las hazañas heroicas y la acción mítico-mágica…  El camino del mago está en todas partes y en ninguna en particular. Pertenece a todo el mundo, pero a nadie exclusivamente. En occidente, se considera que mago es principalmente el que profesa el arte de la alquimia y convierte el vil metal en oro. Pero el sentido esencial tal vez tenga su acertividad en la India donde significa “trasnformar a los seres humanos en oro”. Entonces aquí el mago enseña a su discípulo a convertirse en una persona libre y amorosa.


[1]El paleolítico es perteneciente o relativo al primer período de la edad de piedra, al que corresponde la piedra tallada.

[2]El neolítico se aplica al segundo período de la edad de piedra, o sea el de la piedra pulimentada.

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