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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/01/2011
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Capýtulo 27:

 Espiritualidad y Mitología de los pueblos antiguos. Japoneses

Los rasgos naturales y el clima de la tierra habitada por un pueblo tienen una gran influencia sobre su actividad formadora de mitos. Los japoneses siempre fueron susceptibles a las impresiones de la naturaleza, sensibles a los diversos aspectos de la vida humana y dispuestos a aceptar las sugestiones extranjeras.

         La susceptibilidad de la mente del pueblo ante su ambiente se demuestra en el temprano advenimiento de una poesía en la que se canta la belleza de la naturaleza y el patetismo de la vida humana, el amor y la guerra. Esta poesía temprana es sencilla en su forma y muy ingenua en sentimiento, pero es emotiva y delicada. El pueblo se sentía en armonía con los aspectos cambiantes de la naturaleza, exhibidos en los fenómenos de las estaciones, en las variedades de la flora, en los conciertos de los pájaros e insectos cantores.

Sus sentimientos hacia la naturaleza siempre se expresaron en términos de emociones humanas; se personificaron las cosas de la naturaleza y los hombres fueron representados como seres vivos en el corazón de dicha naturaleza. Los hombres y la naturaleza estaban tan cerca entre sí que los fenómenos personificados nunca quedaron disociados de sus originales naturales.

         La propensión de la gente a contar historias y a utilizar mitológicamente sus propias ideas sobre los fenómenos naturales y sociales añadió más material mítico al de los archivos de datos oficiales. Parte de ello, sin duda, fue introducido por los inmigrantes de otras tierras y son, por lo tanto, extrañas a las tradiciones primitivas de la raza.

 

Religiosidad


Shinto: La primitiva religión de ese pueblo se llamaba Shinto (o bien, Sinto, Shintoísmo o Sintoísmo) que significa “Camino de los Dioses” o “Espíritus”.

Esta creencia se remonta a una visión animística del mundo, asociada con el culto tribal de las deidades del clan. Se emplea aquí la palabra animismo para indicar la doctrina de que las cosas de la naturaleza están animadas, igual que nosotros, por un alma o por una clase especial de vitalidad.

Viendo el mundo bajo esta luz, los japoneses lo veneran todo, tanto un objeto natural como un ser humano, siempre que lo venerado parezca manifestar un poder o una belleza inusuales.

Cada uno de esos objetos o seres se llama “kami”, una deidad o espíritu. La naturaleza está habitada por una cohorte infinita de esas deidades o espíritus y la vida humana se halla estrechamente asociada con sus pensamientos y acciones. Al genio de un monte que inspire temor se le llama deidad del monte y puede ser considerado al mismo tiempo con el progenitor de la tribu que vive al pie de la montaña o, sino como el antepasado, si puede al menos ser invocado como el dios tutelar de la tribu.

         Por consiguiente, la religión shinto es una combinación de adoración a la naturaleza y culto ancestral y en la mayoría de casos el mito-naturaleza es inseparable de la historia relativa a la deidad ancestral y la de su adoración, porque la curiosidad por saber los orígenes de las cosas actúa con enorme fuerza tanto hacia el mundo físico como hacia la vida individual y social de cada uno.

Por este motivo las tradiciones shinto combinan la poesía sencilla de la naturaleza con las especulaciones filosóficas acerca del origen de las cosas. Estos dos aspectos del shinto se hallan tremendamente mezclados en los cultos comunales existentes y han dado lugar a muchos mitos y leyendas locales. En tales historias la fantasía desempeña un papel preponderante, pero nunca hay exclusión de la creencia religiosa. Esto se debe a la tenacidad de las leyendas del shinto entre la gente.

 

Budismo y taoísmo: Si el budismo estimula la imaginación que se refiere a los lazos que relacionan nuestra vida con otras existencias, el taoísmo representó y representa el genio poético y la tendencia romántica del valle chino de Yutzu en contraste con los rasgos prácticos y sobrios del chino del norte, representados por el confucianismo. Este enfatiza de modo especial la necesidad de volver a la naturaleza, entendiendo por esto una vida liberada de todas las taras humanas, de todos los convencionalismos sociales y de todas las relaciones morales.

Su ideal consiste en alcanzar, a través de un entrenamiento persistente, una vida en comunión con el corazón de la naturaleza, “alimentándose con las ambrosiacas gotas del roció, inhalando neblinas y éter cósmico”.

El taoísta que alcanza esta condición ideal se llama Sennin u “Hombre de la montaña” y se supone que ronda libremente por los aires, llevando una vida inmortal. El ideal de la existencia inmortal estuvo (y está) a menudo combinado con el ideal budista de una emancipación perfecta de las pasiones humanas y esta religión de misticismo naturalista fue el origen natural de muchos relatos imaginarios de hombres y superhombres que vivieron en el “corazón de la naturaleza” y llevaron a cabo sus hazañas milagrosas en virtud de su merito religioso.

         Aparte de los milagros atribuidos a esos “hombres de las montañas, algunas de las personificaciones populares de objetos naturales deben su origen a una combinación de creencias taoístas con el naturalismo budista, representada por la escuela Zen.

         El ambiente físico de los japoneses y las influencias religiosas que se han mencionado fueron favorables a un crecimiento opulento del cuento y la leyenda en que los fenómenos de la naturaleza eran personificados y desempeñados libremente por la imaginación. Sin embargo, hubo una fuerza contraria: el confucianismo.

Zen: El zen no es tanto una filosofía, sino más bien una experiencia que hay que vivir plenamente en la vida diaria. Los maestros zen enseñan que lo que llamamos pensar consiste a menudo en una serie de asociaciones de ideas y que la meditación encubre a veces una huida de las responsabilidades de la vida. Enseñan a dominar el mundo mental por medio de las “koan”, paradojas aparentemente insolubles que, de pronto, se aclaran debido a una iluminación que limpia por completo el espíritu. Sin que ello signifique repudiar la inmovilidad concentrada de la postura (zazen), los auténticos sabios se entregan a sus ocupaciones, cualesquiera que sean, con notable eficacia, puesto que aplican a ellas la atención selectiva que han desarrollado.

 

Confucianismo: Las enseñanzas de Confucio fueron racionalistas y su ética tendía a coartar la imaginación humana y a limitar la actividad del ser humano a la esfera de la vida cívica. Aunque la influencia de las ideas de Confucio quedó limitada en el Japón antiguo a las instituciones sociales y cívicas, esas ideas no desalentaron el desarrollo de las creaciones imaginativas y folclóricas.

Había mitos y leyendas en la China antigua, pero Confucio los despreció y ridiculizó. Los literatos confucianistas del Japón, a su vez, consideraron con desdén esos cuentos románticos. Especialmente durante los trescientos años existentes entre los siglos XVII y XIX, el completo dominio de la ética confucianista como la moral normal de las clases rectoras, significó un enorme obstáculo para el desenvolvimiento natural del poder imaginativo de la raza.

Sin embargo, las antiguas tradiciones se conservaron en el pueblo y en Japón existe por eso una gran cantidad de mitos y leyendas casi sin rival en las demás naciones.

 

 

Creencias relativas al alma

 

Se concebía el alma como una bola, tal como indica su nombre “tama-shii” o “bola de viento”. Se componía de dos ingredientes o funciones: una suave, refinada y feliz y la otra tosca, cruel y vigorosa. El primero siempre está junto al cuerpo, pero la segunda puede abandonar y/o funcionar más allá de la comprensión de la persona a la que pertenece.

Se decía que el Gran Amo de la Tierra vio en cierta ocasión, ante su enorme asombro, a su “alma tosca”, viniendo del mar y que esa alma era el agente principal de sus logros. Sin embargo, se ignora si todos los individuos poseen un alma o sólo los hombres que tienen un poder y una capacidad especiales.

Sea como fuere; el alma es una existencia que se halla más o menos fuera de los confines del cuerpo, aunque también se ignora si el alma, después de la muerte del cuerpo, va necesariamente a una de las moradas futuras.

Las antiguas creencias sobre el alma, por lo tanto, eran vagas y poco importantes, siendo principalmente bajo la influencia china y budista, de forma especial de la última, que los japoneses definieron y elaboraron ideas acerca del alma y de su futuro destino.

 Así, el budismo negaba un lugar de descanso permanente del alma y enseñaba un proceso de cambio en un carácter moral del hombre. La mitología budista está llena de detalles minuciosos acerca de la peregrinación del alma hacia y desde esos reinos y se creía que se aparecían a los seres humanos los fantasmas de los que deambulan con incertidumbre entre tales reinos.

Uno de los cuentos mas populares respecto a los vagabundeos del alma dice que hay un río en cuya orilla el alma puede decidir donde ha de ir. El río se llama “Sanzu-no-kawa” (río de las Tres Rutas), porque los senderos salen en tres direcciones; uno al infierno, el segundo hacia la vida animal y el tercero al reino de los “fantasmas hambrientos”.

Pero, el fantasma que tenía un gran papel en el folclor era el que no era bastante bueno para ir al mundo celestial ni bastante malo para ser condenado a un castigo eterno. Un alma de esa clase, la que estaba en “chuu”, o sea en los estados intermedios, hacia apariciones fantasmagóricas, a veces como una figura humana, pero sin piernas y con una palidez cadavérica.

 

Lugares sagrados

 

 Cualquier lugar se considera sagrado si tiene alguna tradición de dioses, espíritus, hadas y antepasados relacionados con ese inframundo y dichos lugares son señalados y consagrados según las costumbres de la antigua religión shinto.

Todo el país está lleno de esta clase de santuarios; cada localidad posee al menos uno y todos tienen sus leyendas o historias. A menudo, son muy semejantes tales historias, aunque cada una se conserva celosamente no sólo en una tradición oral sino mediante las observancias y festividades religiosas entre la comunidad a la que pertenece. En realidad, cabe decir que el pueblo japonés todavía vive en una época mitológica: en efecto, la religión shinto enseña que ese país es la tierra de los dioses, que incluso hoy día viven entre los humanos y vuelan por los cielos entre los bosques o bien en los altos montes.

 

٭٭٭

 

Los japoneses siempre han creído en la existencia y la actividad de los espíritus, tanto los de los objetos naturales como los de los difuntos; pero de manera extraña, su mitología, como se desprende de la tradición sintoísta, está poblada por muy pocos seres fantásticos y es muy vaga respecto a la personalidad de los dioses.

Muchas deidades apenas son más que nombres, otras son adoradas como antepasados de los diversos clanes y sus leyes las considera el pueblo más como hechos auténticos que como fragmentos de una imaginación poética. Esto se debe principalmente a que los primeros relatos sintoístas se compilaron en forma de narrativa histórica, deseando sus autores producir algo que rivalizase con la historia china en antigüedad y supuesta autenticidad.

Lo que hoy día reconocemos como mitos se consideró en sus orígenes como sucesos históricos, los mismos que la historia oficial de China tuvo cuidado de transformar las leyendas raciales de su pueblo en supuestas crónicas de acontecimientos reales.

 

 

Las doncellas-hadas

 

Un hada indígena del Japón es Ko-no-hana-sakuya-hime, “Dama que hace florecer los árboles”. Es el hada de las flores del cerezo y se la representa volando y haciendo florecer los cerezos, probablemente respirando y soplando sobre ellos.

Su casamiento con el nieto de la diosa del sol puede considerarse como un ejemplo del casamiento de una doncella celestial con un ser humano.

         Un ejemplo típico de esta clase de uniones se ofrece en la historia de la doncella-Cisne. Esta doncella carece de nombre personal y se concibe como una doncella celestial provista de plumas o vistiendo un traje hecho con plumas. La versión mas idealizada de la historia es “El vestido de plumas” en una de las obras.

         Pero, no sólo las doncellas celestiales descienden a la Tierra y se casan con seres humanos en el folclor japonés, sino que una doncella de las profundidades del mar a veces se convierte en la esposa de un mortal, aunque cuando se produce uno de tales casamientos, según los relatos, el hombre usualmente desciende a la mansión de su esposa. Universalmente, sin embargo, el hada y su amante mortal están destinados a una temprana separación.

Estas historias de las doncellas marinas no son simples cuentos de amor, sino que narran ampliamente el mundo que hay en el océano o más allá del mismo. La separación de las parejas casadas es el resultado de la añoranza del ser, que ha abandonado su elemento natural, por su antiguo hogar. Cuando la doncella baja del Cielo, su regreso se debe a la expiración de su tiempo en la Tierra, mientras que cuando un esposo humano ha descendido al mar, la separación es consecuencia de una ruptura de la promesa que hizo.

 

El hombre de la montaña

 

El Sennin, el “hombre de la montaña”, es el hombre ideal del misticismo taoísta, modificado por la imaginación popular del Japón.

Se cree que los Sennin obran hazañas sobrenaturales: puede volar por el aire, proyectar su propia imagen por la boca, caminar sobre las aguas del mar, convertir una calabaza mágica en un caballo, invocar animales misteriosos de la nada a voluntad y otras maravillas semejantes. Pero lo más esencial de ellos es que se encuentran más allá del efecto de los cambios del mundo, así como de sus conmociones y gozan de una vida inmortal en una bendita serenidad y la absoluta emancipación de todo cuidado.

Son reclusos ideales que están más allá de las limitaciones humanas y viven en constante comunicación con la naturaleza; los hombres en quienes se encarna el macrocosmos y que, por consiguiente, son los verdaderos “hijos de la naturaleza”.

         Se dice que tienen su hogar en medio de distantes montañas o en felices islas, e incluso, en el mismo cielo y sus reuniones son como una asamblea de poetas o “librehabladores”.

Pero los Sennin son eminentemente individualistas y hasta cuando festejan algo juntos, cada uno se basta a sí mismo y encuentra su placer en sí mismo. Este mito tiene su origen en el largo periodo de inquietudes que padeció China durante los siglos que siguieron al IV. En aquel tiempo de desintegración social muchos hombres de talento se retiraron del mundo. Estos misteriosos reclusos fueron idealizados por el pueblo llegando a ser confundidos con seres sobrenaturales.

La idea de una vida recluida y meditativa encontró simpatía en Japón durante la época de confusión de los siglos XIV y XV y las historias sobre los Sennin se convirtieron en los cuentos populares de aquel periodo.

         Los Hombres de las Montañas, a pesar de su autosuficiencia, tenían su propia sociedad. Sus asambleas eran a menudo representadas pictóricamente. Tales asambleas tenían lugar en una reunión ideal llamada Senkyo, el reino de los Sennin, una comarca situada entre montañas, donde los pinos simbólicos de la longevidad crecían hasta los cielos y donde las terrazas dejaban divisar amplios panoramas correspondientes a las mentes libres y espaciosas de los Sennin.

Allí intercambiaban opiniones, componían poemas, tocaban música o se dedicaban a la meditación. Este reino ideal era el paraíso de los taoistas, pero al revés que el paraíso de los budistas, no era un mundo brillante o resplandeciente. Era solamente un lugar bellamente ideal habitado por esos inmortales, que formaban una comunidad propia, sin estar muy bien organizados ni unidos como los que moraban en los paraísos budistas.

 

Demonios y seres fantasmales

 

Los japoneses adoptaron a los ángeles budistas y los inmortales taoístas con muy pocas modificaciones, pero no ocurrió así con los demonios y otros seres fantasmales tomados de las fuentes indias o chinas y a veces resulta extremadamente difícil seguir el rastro de la identidad de tales concepciones.

Es un hecho que los espíritus malvados de la antigua mitología nativa son objetos vagos y sombríos, apenas algo más que nombres. Casi todos los demonios o seres fantasmales del folclor japonés son de origen extranjero, aunque la imaginación japonesa les ha dado formas muy distintas de las que tienen en otros países.

         Los seres de esta especie pueden dividirse en tres clases, aunque sean borrosas las fronteras que las separan. Estos son: Los fantasmas, puros y simples o formas deterioradas de almas humanas errantes; demonios, seres de origen infernal, creados para castigar a los malvados, pero a menudo ocupados en verdaderas travesuras, en cuyo caso son de carácter cómico; y, vampiros aéreos llamados Tengu y semejantes a los espíritus furiosos que rabian en el aire.

         El “oni” (el diablo) abarca desde el gigante que puede devorar todo el mundo, mediante ogros y vampiros, al diminuto duende autor de travesuras. Pero los japoneses suelen pensar que un oni es un diablo feo y temible que surge de las regiones infernales para arrastrar a los pecadores hacia el averno, para castigar a los malvados aún con vida o aterrorizar a los hombres de mala disposición.

Su cuerpo varía igual que su color; puede ser azul, rosa o gris; tiene la cara aplanada y muy ancha la boca que se extiende de oreja a oreja. En la cabeza ostenta unos cuernos; a menudo luce un tercer ojo en la frente; los pies tienen tres dedos con unas puntiagudas y son asimismo tres los dedos de las manos. Va casi desnudo y su taparrabos está hecho de piel de tigre. Puede andar por la tierra o volar por el aire. En la mano derecha lleva a menudo una vara de hierro provista de púas muy afiladas.

         Pero pese a su terrorífico aspecto, el oni del folclor japonés es un personaje tremendamente cómico. Les gusta entrometerse en los asuntos humanos, pero son fácilmente burlados con sencillos encantamientos y hechizos y su consiguiente irritación suele ser el tema de una historieta cómica. Se les engaña con facilidad y su fuerza demoníaca así como su espantosa apariencia, los hace aún más ridículos cuando son engañados o quedan indefensos ante los mismos a quienes deseaban asustar.

 

El calendario floral

 

Las plantas y las flores están asociadas a la estación en que florecen y están presentes en las fiestas que acompañan a cada estación.

Existe un “calendario floral” muy conocido donde se enumeran los lugares famosos de cada flor y pueden leerse las poesías y leyendas relativas a las mismas. El simbolismo de las flores deriva principalmente de sus respectivas características y su asociación con las estaciones y las leyendas hasta cierto punto tienen su origen en las figuras poéticas o en las narraciones míticas, tanto nativas como extranjeras.

         Todas las familias del Japón, por pobres que sean, poseen su blasón familiar. Este amplio uso de los blasones tuvo su origen en los dibujos pintados en banderas y otros artículos militares y data de la época de las guerras feudales que duraron del siglo XIV al XVI.

El crisantemo, que es el emblema de la familia imperial, ya se utilizaba a principios del siglo IX y la mariposa de los Taira y el “sasarindo”, las hojas y las flores del bambú, de los Minamoto, fueron adoptados probablemente en el siglo XII.

         Es un hecho significativo que la heráldica japonesa utilice muy poco a los animales y sí, en cambio, a las flores. Estas se dibujan con líneas simples, mientras que son muy raros los dibujos complicados como los que se ven en las armaduras europeas.

 

 

Relatos heroicos

 

En todos los pueblos las hazañas de sus héroes primitivos adoptan inevitablemente un carácter mítico o semimítico y si el héroe vivió en un pasado muy remoto su fama se ve afectada por este proceso mitopoético hasta el punto que resulta difícil separar los hechos históricos de los adornos legendarios.

Todavía hay otra clase de héroes cuya existencia real no se puede establecer, pero cuyas proezas legendarias forman tanta parte de la tradición popular que se piensa en ellos como personas tan reales, como aquellos cuyas acciones son incuestionablemente auténticas.

 

La mariposa

 

Es una diminuta hada con alas multicolores. Es el insecto más popular en el folclor japonés y frecuentemente se ejecuta en las festividades una música instrumental y una danza característica que representa a tan frágil insecto.

Las historias en torno a ellas son simples y emotivas, como la que cuenta de un joven que soñó que sus difuntos padres volvían al jardín y veían conmovidos y admirados a las flores y finalmente se convertían en mariposas…


Bibliografía:

Ø “Mitología japonesa”, M. Anesaki, Edicomunicación, S.A., 1996, España

Ø “Dioses, mitos y héroes orientales”, Editorial Humanitas, 1992, España

Ø Diccionario de Mitología Universal, J.F.M. Noel, Edicomunicación, S.A.,1991, España

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