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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicaciýn: 19/01/2011
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Capýtulo 25:

 Espiritualidad y Mitología de los pueblos antiguos. Hindúes

El budismo se originó en la India, pero pronto se extendió a otros países del sudeste asiático, donde se ha convertido en la principal manifestación religiosa cultural. El pensamiento budista comparte con el hinduismo su visión cósmica del tiempo, en la que se incluye la transmigración de las almas.

         Gautama Buda nació en el norte de la India en el siglo VI a.C. y la historia de su vida se ha convertido en una leyenda que ilustra los más importantes preceptos del pensamiento budista.

El espíritu de Buda se apareció durante un sueño a la reina Maya de Kapilavastu: un elefante que flotaba sobre una nube, símbolo de la fertilidad, dio tres vueltas en torno a ella y después penetró en su vientre…

 

 

El príncipe Siddhartha

 

Se dice que el nacimiento de Siddhartha fue milagroso. En el momento de su concepción todo el universo mostró regocijo por medio de milagros: los instrumentos musicales sonaban sin que nadie los tocase, los ríos dejaron de fluir para contemplarlo y los árboles y las plantas se cubrieron de flores. El niño nació en el seno de una familia real, sin que su madre sufriera ningún dolor; de inmediato comenzó a caminar y en los lugares en que su pie tocaba la tierra surgía un loto.

Su madre murió de dicha al séptimo día de haberle dado a luz, pero la hermana de su madre se convirtió en una devota madre adoptiva. Por eso, el joven príncipe pasó la niñez en medio de amor, dicha y riqueza.

         Cuando el príncipe tenía 12 años, el rey convocó un concilio de brahmanes. Estos profetizaron que si el príncipe contemplaba el espectáculo de la ancianidad, la enfermedad y la muerte, se dedicaría al ascetismo. El rey prefería que su hijo heredara el trono y fuese un soberano gobernante, en lugar de ser ermitaño.

Los suntuosos palacios con sus vastos y bellos jardines fueron rodeados con murallas triples y la mención de las palabras “muerte” y “dolor” estaba prohibida.

         Cuando Siddhartha llegó a la edad adulta, el rey decidió que el modo más seguro de obligar a su hijo era por medio del matrimonio y la vida familiar. En consecuencia casaron a Siddhartha con la hija de uno de los ministros del rey. Al poco tiempo la recién casada quedó encinta. Pero con la misma prontitud y, a pesar de los esfuerzos de su padre, la vocación divina de Siddhartha despertó en él. La música, la danza y las mujeres bellas dejaron de afectar sus sentidos y por el contrario, parecía que le señalaban la vanidad y transitoriedad de la vida humana. Cierto día, el príncipe llamó a su jefe de caballerizas; deseaba visitar la ciudad. El rey ordenó que toda la ciudad debía ser barrida y engalanada y que apartaran de la mirada de su hijo toda visión deprimente o desagradable. Pero todas las precauciones fueron inútiles.

Mientras cabalgaba por las calles, Siddhartha, contempló un anciano tembloroso y arrugado que, debido a la edad, apenas podía respirar y que no podía caminar sin la ayuda de su bastón. Con sorpresa, Siddhartha aprendió que la decrepitud es el destino inevitable de quienes se hallan al final de su vida. Cuando regresó a palacio, preguntó si no había modo de evitar la vejez. Pero nadie le pudo responder. Al poco tiempo hizo otra visita a la ciudad y tropezó con una mujer afligida por un mal incurable. Después contempló una procesión funeraria, que le hizo tomar contacto con el sufrimiento y la muerte. Finalmente, Siddhartha encontró un mendigo asceta que le dijo que había abandonado el mundo para ir más allá del gozo y el sufrimiento y alcanzar la paz del corazón.

         Estas experiencias, junto con sus propias meditaciones, convencieron a Siddhartha de que debía abandonar su vida confortable para convertirse en asceta. Rogó a su padre que lo dejase libre, pero el rey estaba abrumado por el dolor al pensar en perder a su querido hijo en quien tenía puestas todas sus esperanzas. Hizo redoblar la guardia que rodeaba el palacio y mandó que continuamente se presentaran nuevas diversiones, dirigidas a evitar que el joven príncipe pensara en irse. La esposa de Siddhartha dio a luz un hijo, pero incluso esto no apartó al príncipe de su misión. Una noche, su decisión se hizo impostergable. Echó una última mirada a su esposa y a su hijo que dormían y se adentró en la noche. Montó su caballo y llamó a su jefe de caballerizas.

Los dioses, en complicidad, se aseguraron de que los guardianes se quedaran dormidos y de que los cascos de los caballos no hicieran ruido. A las puertas de la ciudad, Siddhartha entregó el caballo al jefe de su caballeriza y se despidió de ambos. De ahí en adelante dejó de existir el Príncipe Siddhartha, pues el Buda había comenzado el verdadero viaje de su alma.

 

Siddhartha es Buda

 

Después de que el príncipe Siddhartha dejara su familia para ir en busca de la comprensión del misterio del sufrimiento humano, se hizo monje y buscó la sabiduría siguiendo varias doctrinas y a varios maestros. Pero eso no le enseñó lo que estaba buscando. Siguió deambulando y después permaneció durante seis años en la rivera de un río, donde practicó un terrible ascetismo que redujo su cuerpo a casi nada; pues creía, como ocurre con muchos religiosos, que si negaba todo deseo del cuerpo, finalmente podría vigorizar la vida del espíritu.

         Después de algún tiempo, se dio cuenta de que semejante autocastigo sólo sirve para destruir la fortaleza de la persona y, en lugar de liberar el alma, la vuelve débil. Siddhartha sabía que debía ir más allá del ascetismo, igual que había trascendido la vida mundana. Agotado y delgado como un esqueleto, aceptó un poco de arroz que le ofreció un joven de un poblado que, al ver su debilidad, se sintió movido a compasión. Después se bañó en el río.

Cinco discípulos con los que había compartido su austeridad lo abandonaron, sintiéndose traicionados. Se dijeron unos a otros que no estaba tan iluminado, después de todo.

         Siddhartha partió entonces hacia un lugar llamado Bodhi-Gaya, en el que encontraría el Árbol de la Sabiduría. Mientras pasaba a través del bosque, emanaba tanta luz de su cuerpo que los pájaros se sentían atraídos y volaban en círculos a su alrededor y los animales lo escoltaban. Finalmente llegó donde se encontraba la higuera. Extendió en el suelo un puñado de heno recién cortado y se sentó sobre él, murmurando su juramento: “¡Aquí, en este lugar, que mi cuerpo se seque y que mi piel y mi carne se desprendan y caigan, si levanto mi cuerpo de este asiento antes de haber alcanzado el conocimiento que busco!”. Y la tierra tembló seis veces mientras hacía este pronunciamiento.

         Un demonio llamado Mara, sabiendo que la iluminación de Siddhartha significaría su propia destrucción, decidió intervenir. Envió a sus tres hermosas hijas para tentarlo. Las jóvenes cantaron y danzaron ante él, pero permaneció inmóvil en el corazón y en el semblante, calmado como un loto en las tranquilas aguas de un lago. Las hijas del demonio se retiraron derrotadas. Entonces el demonio envió un ejército de diablos horribles que rodearon el árbol sagrado y amenazaron a Siddhartha. Pero tan profunda era la serenidad de este que se vieron paralizados, como si tuvieran los brazos sujetos a los costados. Finalmente, el demonio Mara cabalgó desde las nubes y desenvainó una terrible arma, un enorme disco que podía cortar una montaña en dos. Pero esa arma fue impotente contra Siddhartha. Se convirtió en una guirnalda de flores y quedó suspendida sobre la cabeza de éste. Por último, el demonio fue vencido. El inmóvil Siddhartha permaneció en meditación bajo el árbol sagrado. Llegó la noche y con ella la iluminación que había buscado fue haciendo su aparición lentamente en su corazón. Primero conoció las condiciones exactas de todos los seres vivientes y a esto le siguieron las causas de su renacimiento en el mundo de la forma. Por todo el mundo y en todas las edades contemplaba seres sensibles que vivían, morían y reencarnaban. Se acordó de sus propias existencias anteriores y captó los inevitables eslabones de causa y efecto. Mientras meditaba sobre el sufrimiento humano recibió la iluminación sobre cómo sucedía esto y los medios que podían propiciar su cese.

         Cuando llegó el amanecer, Siddhartha había alcanzado la iluminación perfecta y se había convertido en Buda. Durante siete días permaneció en meditación y después se quedó  cerca del árbol sagrado durante otras cuatro semanas. Sabía que ante él se habían abierto dos caminos. Podía entrar de inmediato en el nirvana, el estado de bienaventuranza final, o podía renunciar a su propia liberación durante algún tiempo y permanecer en la tierra para enseñar a otros lo que había aprendido.

El demonio Mara le instaba a que abandonara el mundo, pero los dioses se unieron para implorarle y el Buda accedió a su destino final como maestro. Durante el resto de su vida trabajó para enseñar a hombres y mujeres el misterio del sufrimiento y del renacimiento. Al final, a la edad de 80 años, sintió que se había hecho viejo y se preparó para su final. Se tendió al lado del río y los árboles a su alrededor se cubrieron de flores. Entró en meditación, después en éxtasis y, finalmente, alcanzó el nirvana.

Su cuerpo fue quemado en una pira funeraria que se prendió sola y se extinguió en el momento adecuado mediante una lluvia milagrosa. De esta forma, un ser humano trajo luz a las tinieblas.

 

Los textos y mitos budistas

 

Las enseñanzas de Buda han sido muy reverenciadas desde la antigüedad, pero no existe ninguna colección de textos escritos, a modo de “biblia” budista. Las distintas áreas budistas elaboraron sus propios manuscritos y colecciones de enseñanzas.

La colección de historias míticas y legendarias budistas conocida como “Jataka” recoge quinientas cincuenta historias de las encarnaciones anteriores de Buda. Algunos de estos relatos son típicamente budistas, pero otros son parte del folclor contemporáneo que ha quedado incorporado a la mitología budista. Estos relatos nos ofrecen un vivo retrato de la vida social y las costumbres de la India antigua. Algunas de ellas tienen un tono descaradamente misógino: se considera a las mujeres como la fuente de todos los comportamientos traicioneros. La historia típica es un cuento moralizante que trata de prevenirnos contra la búsqueda de placeres terrenales, aunque también puede interpretarse como un alegato contra la naturaleza engañosa de las mujeres.

 

٭٭٭

 

Las sucesivas oleadas de conquistas no alteraron la estructura de la sociedad hindú. La vida seguía su curso como siempre lo había hecho, gobernada por lo que era importante: las lluvias, las predicciones astrológicas, el favor de los dioses a través de la intermediación de los sacerdotes brahmanes y las ofrendas de sacrificios, las muchas festividades anuales, las obligaciones con la casta y la familia, la prevención de la contaminación y sobre todo, el ciclo constante de nacimiento, matrimonio y muerte.

         Los nombres “hindú” e “india” provienen del vocablo ario que designa la región del río Indo. Los arios impusieron sus leyes como un sistema de castas que dividió a la sociedad  hindú en cuatro “varna”, disposición similar a la del cuerpo humano. A la cabeza estaba los brahmanes, sacerdotes y académicos; la  casta guerrera o “kshatrillas”, eran el brazo armado; los “vaishyas” o granjeros y comerciantes, el estómago; los “shudras” o siervos, las piernas.

Los “panchama” una quinta categoría que ni siquiera tenía un lugar en este sistema de castas, eran considerados intocables. La casta era hereditaria, se refería a un orden de deberes en el que todos tenían un papel que jugar y estaba concebida separadamente del poder o la riqueza. Los “varnas” no eran tan rígidas y la posición de una familia podía “cambiar”.

         Pero el sistema unificó la sociedad hindú y le permitió resistir las presiones hacia el cambio que recibía del exterior. La vida se modificó en la India, pero muchas costumbres perduraron.

 

Antiguos dioses

 

“Brama” es la personificación divina del brahman, el Absoluto, que no está limitado por ninguna cualidad y que nadie puede concebir. Tiene cuatro cabezas y cuatro brazos, cuyas manos sostienen a veces los Vedas (libros sagrados), simbolizando con ello su patronazgo sobre la casta de los brahmanes.

En los mitos védicos y brahmánicos se le asimila al Embrión de Oro, la matriz universal de la cual provienen el Tiempo y el Espacio, primeras manifestaciones de Brama como dios creador

         “Shiva”, el dios de la danza, es universalmente conocido en la India. En el círculo de llamas que evoca el “samsara” o ciclo de las reencarnaciones, la danza de Shiva expresa las fases del tiempo cósmico, la victoria sobre la ignorancia metafísica (con el demonio a sus pies), el trance que se apodera del alma ante la trascendencia de lo divino y el júbilo extático o entusiasmado que éste le inspira. Dios salvaje, encarna la trascendencia y el terror sagrado que provoca en el hombre. Si destruye es para metamorfosear, por eso es el modelo de los ascetas y de los adeptos al yoga, que buscan una conciencia superior. Ostenta el poder porque domina todas las energías de la vida y sobre todo la energía sexual, de ahí que se le represente íntimamente unido a su polo femenino, Sakti.

         “Visnú”. Si Brama es el dios del conocimiento y de la ciencia y Shiva el de la experiencia trascendental, Visnú es el dios de la devoción y de la vida religiosa. Protector y vivificador de todo cuanto existe, aparece representado a menudo sobre la serpiente primordial, que simboliza la materia prima del universo. Divinidad bienhechora y que se compadece de los mortales, recibe una veneración personal y sus adeptos se distinguen por la efusión de sentimientos de amor. Cuando el desorden amenaza la tierra, desciende a ella bajo encarnaciones diversas; así, en el curso de los tiempos, se distinguen diez “avataras” suyas, entre las que destacan las de Rama y Krishna.

Rama, héroe del “Ramayana”, personaliza la bondad y la fe por su lucha contra el demonio Ravana; pero el gusto por lo maravilloso de los indios, cristaliza, sobre todo, e, Krishna, el divino que enseña la sabiduría al guerrero Arjona en el “Bhagavad-Gita”.

 

Rituales y lugares de culto

 

No es obligatorio asistir a las ceremonias en los templos; tiene mayor importancia el culto privado, asumido por el cabeza de familia. El hinduismo sacraliza poderosamente la vida cotidiana: levantarse, acostarse, el baño, las comidas, etc. Son actividades rituales que se realizan con la ayuda de elementos cósmicos, como el agua o el fuego. Cada etapa de la vida tiene su “sacramento”; concepción, ritos de la preñez, nacimiento y asignación del nombre, iniciación a la edad adulta (esencial en las dos castas superiores), matrimonio, funerales por cremación y liturgias conmemorativas de los antepasados. Todas las casas hindúes tienen su santuario, vedado a los visitantes.

         Textos sagrados, los Grihya-sutra (tratados domésticos), regulan estos ritos sumamente complejos, que los brahmanes enseñan a las familias campesinas.

         Las manifestaciones de la piedad hindú en los templos son extraordinarias: noches enteras de devociones, abluciones, sacrificios de ofrendas vegetales (raras veces animales, en la actualidad) o de manteca, acogida de peregrinos que acuden siempre en gran número.

         La “casa del embrión” o “del nacimiento”, centro secreto del culto, corresponde a la montaña sagrada y a la cabeza del hombre, donde reside su inteligencia; sólo los servidores de la divinidad tienen acceso a él. El “lingam” (sexo masculino) es, sobre cualquier otra cosa, la mejor representación del dios Shiva y un objeto de gran devoción. Un falo vertical, que a menudo emerge de una plataforma circular que simboliza el sexo femenino (yoni). El conjunto no tiene una directa significación erótica, sino que expresa una visión energética de lo real.

 

Culto a los animales

 

A través de su larga historia, los pueblos de la India han tenido respeto y veneración por los animales. El ganado fue muy considerado por las tribus prehistóricas del valle del Indo, por los pastores arios, para quienes era la medida de la riqueza y su moneda y por los hindúes, que prohibieron y todavía en la actualidad siguen prohibiendo su sacrificio.

         Esta actitud impidió la utilización de los animales. Los hinduistas, budistas y jainistas daban igual importancia a todas las formas de vida, pues las consideraban encarnaciones de una energía o fuerza vital. Creían que al morir algo, su energía reencarnaba en otra forma. Por lo tanto, matar era ilícito, pues incluso los insectos podían contener la fuerza vital del alma de algún antepasado amigo. En un terreno más elevado, la mitología hindú dio a los dioses atributos animales.

         Dice una vieja historia hindú que un ejército de monos ayudó al héroe Rama a rescatar a su esposa de Ravana, el demonio. Como Rama era encarnación del dios Visnú, desde entonces se venera a los monos, los cuales tienen papeles principales en sencillos mitos, leyendas y fábulas. Se trata de relatos en que los animales hablan y piensan como seres humanos para destacar moralejas que formaban parte de la educación de los jóvenes indios de noble estirpe. Una de ellas, sobre los peligros de escuchar charlas malévolas, habla de un mono y un cocodrilo que eran grandes amigos, pero la esposa del cocodrilo sintió celos y exigió el corazón del mono.

El cocodrilo, con engaños, hizo subir al mono a su espalda y trató de ahogarlo, pero el mono persuadió al cocodrilo de que tenía otro corazón mejor aún en un árbol del bosque. El cocodrilo llevó al mono de regreso a la orilla, tan sólo para descubrir que había sido engañado dos veces y que además, había perdido a su mejor amigo.

         Asimismo, para los antiguos indios, al igual que para todo el pueblo primitivo, las aves fueron fuente de inspiración. Las relacionaban con otro habitante celestial: el sol. Al avanzar el hinduismo, la potencia del sol se presentó con una imagen mitad ave, mitad hombre: Garuda, y el principio del agua se simbolizó con serpientes sinuosamente encorvadas.

         Las aves, reales y míticas, figuraron en la tradicional vida de la India. Los habitantes del Valle del Indo dejaron numerosas representaciones de aves nativas, como gallinas y palomas. Miles de años después, los emperadores musulmanes de la India se interesaron tanto en las aves de lejanas regiones que tenían las más extrañas variedades e hicieron pintar sus retratos para los álbumes de la corte.

         Por otro lado, por siglos y siglos, el ganado ha sido esencial en la India. Los toros sirvieron de animales de tiro y las hambres crónicas hicieron de la leche de vaca un alimento básico. Debido a la escasez de madera, sus excrementos han sido por milenios el único combustible de la mayoría de los hogares.

         Para el hindú, la veneración a la vacas, arraigada en profundas tradiciones, es parte inseparable de su vida. Pero, no son verdaderamente sagradas: la religión hindú sólo prohíbe matarlas. Representan también la vida pastoral, que se considera idílica.

El dios Krisna, creador del universo, creció entre rebaños y pastores; la narración de su niñez entre ellos es muy popular. Para todos los hindúes, más que las vacas son sagrados los toros. Desde tiempos prehistóricos se les asocia a Shiva y se les representa en los templos como símbolos de procreación.

 

 

Kama Sutra: Aforismos sobre el amor

 

         Al principio, el “Señor de los Seres” creó a los hombres y las mujeres y, en forma de mandamientos distribuidos en 100.000 capítulos, trazó las reglas de su existencia en relación a Drama (obtención de la riqueza) y Kama (el amor, el goce o placer).

Algunos de estos mandamientos, por ejemplo, los que tratan de Drama, fueron escritos aparte por Swayambhu Manu; los que se refieren a Artha fueron recopilados por Brihaspati, y los relativos a Kama fueron expuestos por Nandim en 1.000 capítulos. Más tarde, estos Kama Sutra (aforismos sobre el amor), fueron reproducidos por Shvetaketu, hijo de Uddvalata, abreviadamente en 500 capítulos; la misma obra fue también reproducida en 150 capítulos por Babhraya.

         Estos 150 capítulos estaban agrupados bajo las divisiones siguientes: cuestiones generales, abrazos, unión del macho y la hembra, sobre la propia esposa, sobre las esposas de los demás, sobre las cortesanas, sobre las artes de la seducción, etc.

         Redactada en partes separadas por distintos autores resultaba casi imposible encontrar la obra completa, por lo tanto, Vatsyayama compuso un volumen condensado, a modo de resumen de todos los trabajos de los autores anteriormente mencionados.


Bibliografía:

Ø “Mitología”, Editorial Sopena, S.A., España, S/F.

Ø “Kama Sutra”, Vatsyayana, Editorial Alba, España, 2000

Ø “Viaje mítico”, Editorial EDAF S.A., España, 2000

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