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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicación: 19/01/2011
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Capítulo 21:

 Espiritualidad y Mitología de los pueblos antiguos. Fenicios

La antigua región de Fenicia se extendía por el territorio de lo que posteriormente sería el Líbano y por parte de Siria y Palestina.

Biblos (despuės Yabayl), Sidón (Sayda), Tiro (Sur), Beritos (Beirut) y Arados fueron las principales ciudades de Fenicia.

         El nombre de Fenicia se deriva del griego “Phoiníke” (país de la púrpura). En la Biblia, la región recibe el nombre de Cananea, derivado de la voz semita “Kena´ani”, que significa “mercader”.

El comercio se realizó principalmente utilizando el mar como vía de comunicación, pues el transporte terrestre de grandes cargamentos era mucho más difícil. Esta exigencia contribuyó a desarrollar la habilidad de los fenicios como constructores de barcos y los convirtió en expertos e intrépidos navegantes.

         El arte fenicio constituyó un sincretismo de elementos egipcios, egeos, micénicos, mesopotámicos, griegos y de otros pueblos y tenía un  carácter esencialmente utilitario y comercial. 

La pieza más destacada de la escultura fenicia es el sarcófago de Ahiram, hallado en Biblos, cuya decoración presenta motivos tallados en relieve.

 

 

Religiosidad

 

La religión de los fenicios era similar a la de otros pueblos del cercano oriente, aunque presentaba características e influencias procedentes de religiones y creencias de otras zonas como el Egeo, Egipto y posteriormente Grecia, debido a los contactos comerciales.

         La religiosidad se basó en el culto a las fuerzas naturales divinizadas. La divinidad principal era “El”, rey del panteón fenicio, a quien se rendía culto junto a su compañera y madre, “Asherah”, diosa del mar. De ambos descendían los otros dioses como Baal, dios de las montañas y de la lluvia y Astarté, diosa de la fertilidad, llamada Tania en las colonias del Mediterráneo occidental.

         Las prósperas ciudades fenicias tenían su dios o dioses particulares, a los que adoraban con gran respeto y temor; así, Melcart fue el dios de la ciudad, divinidad en honor de la cual los tirios celebraban cada cuatro años juegos solemnes. La conformidad de su culto con el de Hércules ha dado margen a los griegos para llamarle el Hércules de Tiro. Como este nombre parece el mismo que el de Melicerte, rey de la ciudad, hay una gran posibilidad de que fuera en que era un antiguo rey de Tiro, célebre por sus grandes acciones.

         Los Patckoi, dioses lares fenicios, eran representados en pequeñas estatuillas de vientre esférico y colocados en las mesas, entre las viandas. También eran llevadas por los navegantes, para que los protegieran contra los riesgos del mar.

         Otras deidades de menor importancia hubo en la mitología fenicia, inclusive cuando luego, con otros nombres corruptos, fueran incorporadas a otras religiones. Kabirim, dioses protectores de la navegación, hijos de Zadyk, la Justicia, en número siete, cuyas imágenes eran colocadas en las proas de las naves. Kusor-Ptah, generador del orden y propagador de la paz. Kusarthis, el que dictamina la ley y el que logra la armonía. Thaut, consejero del ser supremo y  autor de los ritos sacerdotales. Esmun, la deidad de la patria. Dagon, medio hombre y medio pez, rey de las aguas. Tannim, la serpiente, genio benéfico, cuyo modo de morir es concentrarse en sí misma.

 

Dagón

 

Se le representaba como una especie de monstruo, medio hombre y medio pez, lo que ha dado lugar a que algunos sabios, derivan su nombre de Dac, pescado. Algunos lo toman por Júpiter, otros por Saturno o Neptuno, otros por Venus a quien adoraban los egipcios bajo la forma de un pescado, porque se había ocultado de esa forma durante la guerra de Tifón contra los dioses.

 

 

Rituales y cultos

 

En un principio, los fenicios adoraban piedras y árboles que miraban como objetos divinos. Las piedras sagradas, llamadas “betilos” (“mansión de Dios”), eran ordinariamente negros guijarros en forma de huevo y algunas veces aerolitos.

Los árboles sagrados eran, a veces los verdaderos árboles y otras veces columnas de bronce adornadas, que terminaban en un cono. Erigían también en los altos lugares, es decir, en la cumbre de las montañas, altares y columnas de piedra.

         Entre los rituales fenicios más practicados tuvieron un papel esencial los sacrificios de animales, pero también de personas, principalmente niños. Los templos eran los lugares donde se realizaban estas ceremonias; solían edificarse en recintos abiertos dentro de las ciudades y normalmente se hallaban divididos en tres espacios.

         Otros lugares de culto fueron pequeñas capillas, altares al aire libre y santuarios que conservaban en su interior estelas decoradas en relieve.

         Los administradores de los cultos religiosos eran sacerdotes y sacerdotisas que con frecuencia heredaban de su familia el sagrado oficio. Los propios monarcas fenicios, ya fueran hombres o mujeres, desempeñaban el sacerdocio, para el que se requería un estudio profundo de la tradición.

 

Baal, dios de la fertilidad

 

Era el sol bienhechor que iluminaba la naturaleza y daba vida; era también el sol abrasador que secaba la vegetación y daba la muerte. Se le representaba como un hombre o como un toro. El carácter de este dios era caprichoso y sanguinario. Para aplacarlo, se inmolaban en sus altares víctimas humanas e inclusive se creía que le parecía muy grato si las víctimas eran niños.

Originalmente Baal constituía, junto con El, la deidad principal del panteón cananeo. Las tablillas descubiertas en Ras Shamra, localidad del norte de Siria enclavada en lo que fue el antiguo reino de Ugarit, que se desarrolló en torno a mediados del segundo milenio antes de la era cristiana, son la principal fuente de información acerca de su figura.

Era Baal ante todo un dios de fertilidad que, asociado por tanto a la tormenta y la lluvia, se enfrentaba periódicamente a Mot, señor de la sequía y la muerte. El triunfo de Baal simbolizaba la prosperidad de las cosechas. En esta mitología Baal era la encarnación de las fuerzas activas de la vida, mientras que El era representación de la sabiduría y la prudencia de la ancianidad. Los fenicios adoptaron a Baal como Baal Shamem, señor de los cielos.

         Tras su llegada a Canaán, los israelitas adoptaron a Baal para hacer referencia a las divinidades locales. Cuando en el siglo IX, sin embargo, Jezabel intentó sustituir el culto de Yaveh por el de Baal, se produjo el rechazo de éste, que pasó a representar la abominación y todos los falsos dioses. Esta circunstancia, junto con la creencia, hoy muy discutida, de que los cartagineses sacrificaban sus primogénitos a Baal Hammón, dio a este dios una imagen  sanguinaria que en nada responde a sus orígenes.

 

El maléfico Moloch

 

Entre todos los dioses fenicios ninguno tuvo más adoradores ni más templos que Moloch, a quien se identificaba con Baal. Deidad maléfica, cuya estatua se levantaba en todos los puertos a los que alcanzaba la influencia fenicia.

         Se le inmolaban víctimas humanas durante ceremonias espantosas por sus aullidos. Por el mismo Plutarco se sabe que los fenicios sacrificaban sus propios hijos a un dios que Plutarco llama Saturno y que no era otro que el terrible e insaciable Moloch.

         Todas las representaciones de Moloch eran espantosas, de un arte bárbaro y primitivo, generalmente en bronce y huecas, para que en su interior pudiera ser el enorme brasero donde se achicharraban las víctimas engullidas por el dios.

 

Astarté

 

Diosa del amor, reina de los cielos, la luna. Es probable que esta diosa, en su origen, no fuera más que un símbolo egipcio, unido a los varios signos del Zodíaco que señalaban la diferencia de estaciones.

Se la representaba bajo la forma de una ternera o de una oveja, también bajo la figura de una mujer que tiene cubierta su cabeza con una de buey con sus cuernos, para señalar el creciente de la luna, o la dignidad real; con vestidos largos o cortos y sosteniendo un bastón que remataba con una cruz. En algunas medallas está coronada de rayos y en otras lleva una corona. Salomón y sobre todo Jezabel, introdujeron el culto de esta diosa entre los hebreos. Los africanos la confundían con Juno; pero Luciano afirma que era la luna y añade haber sabido luego por los sacerdotes fenicios que era Europa, deificada después de su muerte, para contentar a su padre Agenor, que estaba inconsolable por su pérdida. Cicerón la llama la cuarta Venus.

 

Baal-Adonis

 

En Byblos se lo adoraba. Su templo estaba en la cumbre de la montaña que coronaba la ciudad y tenía además un santuario en Afaka, lugar donde el río de Adonis surgía de la montaña por un circo de rocas. Se representaba a Adonis con la figura de un joven extremadamente hermoso. Se decía que, yendo de caza por el Líbano, una divinidad envidiosa tomó la forma de un jabalí y le dio muerte; su mujer Astarté, que lo amaba con pasión, lo buscó largo tiempo por el monte y encontró al fin su cuerpo ensangrentado, arrodillándose junto al cadáver se lamentó desconsolada, pero algunos meses después, el dios resucitó. Todos los años al comienzo de los grandes calores, cuando el estío mata a la primavera, se celebraba en Byblos una fiesta fúnebre en honor de Adonis.

Se honraba al dios durante algunos días, se le ofrecían sacrificios, se enterraba después su estatua y se hacía la ritual plantación, en vasos llamados “jardines de Adonis”, de ramas verdes que pronto se secaban con el sol. Mientras grupos de mujeres, unas con cabellera suelta; otras, rasuradas, corrían por las calles, con las vestiduras desgarradas, golpeándose el pecho, profiriendo gritos de dolor y arañándose el rostro.

 

 

Cosmogonía y teogonía

 

Una tradición asegura que el principio de todo fue el soplo o el espíritu y un caos terrible. El espíritu (“neuma”) se recogió en sí mismo con una afición llamada deseo (“photos”). Y así fue el origen de todas las cosas. Porque de la unión de “neuma” y de “photos” nació Moot “(putrefacción acuosa”), germen de la creación. De dicho limo nacieron Kolpiah (“soplo de la boca de dios”) y su esposa Baau (“la noche primordial”). De Kolpiah y de Baau nacieron Eon (“el ser”) y Erotógenos (“el primer nacido”). Eon engendró a Genos y a Genea y éstos poblaron la Fenicia y elevaron sus manos al Sol, señor de los cielos, Baal-Samin.

La misma tradición refiere que a los anteriores semidioses se unieron Memrum y Usus. El primero de ellos introdujo la civilización en Fenicia; el segundo, enseñó a los fenicios el arte de navegar.


Bibliografía:

Ø “Dioses, mitos y héroes orientales”, Editorial Humanitas, 1992,  España

Ø “Saber mitología”, Editorial Sopena S.A., 2001, España

Ø Diccionario de Mitología Universal, J.F.M. Noel, Edicomunicación, S.A.,1991, España

Ø “Viaje mítico”, Liz Greene y Juliet Sharman-Burke, Editorial Edad, 2000, España

Ø Enciclopedia Hispánica, Editorial Barsa Planeta, 2003, USA.

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