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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicación: 19/01/2011
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Capítulo 19:

 Espiritualidad y Mitología de los pueblos antiguos. Chinos

Todas las culturas del mundo han desarrollado una mitología construida alrededor de poderosas deidades, por lo que no es sorprendente que los chinos adaptaran sus sistemas filosóficos de la misma manera. Tales creencias proporcionan a los pueblos una explicación del mundo que les rodea y de las impredecibles y todopoderosas fuerzas de la naturaleza que pueden cambiar sus vidas en un instante. Por eso el pueblo chino nunca ha sentido la necesidad de separar los mundos de la mitología y la realidad; están tan unidos, que resulta difícil precisar cuándo acaba uno y cuándo empieza el otro. Las figuras históricas se convierten en dioses y se habla de las mitológicas como si formaran parte de la historia. Es así que los chinos pensaban que, tras la creación, el mundo había sido regido por una sucesión de doce emperadores divinos, cada uno de los cuales había gobernado durante un periodo de 18.000 años.

         China logró la supervivencia de un sistema social gracias a la habilidad para modificar y dar un carácter propio a las influencias extranjeras. Los que intentaron someter el país se encontraron con una sociedad más sofisticada y compleja que la suya  y aun cuando triunfaban en el campo de batalla, terminaban por adoptar costumbres y estructuras políticas de los conquistados.

Así ocurrió cuando las tribus nómadas manchúes conquistaron China entrando por el norte y establecieron la dinastía Quin en el siglo XVII. Pero la influencia exterior más significativa para el desarrollo del país no vino de la mano de pueblos invasores: el budismo penetró en China a través de la Ruta de la Seda y fue traído por los comerciantes procedentes de India y Asia Central durante el siglo I a.C. Por aquel entonces ya existían dos religiones o mejor dicho dos escuelas de pensamiento, establecidas en el país: el confucianismo y el taoísmo.

         Los nobles y los emperadores, que ya antes habían practicado una elaborada forma de culto a los antepasados, adoptaron con toda naturalidad el confucianismo y el taoísmo. Pero los agricultores, mayoritariamente excluidos de tales rituales, depositaron su fe en adivinos que decían poder aplacar a los malos espíritus y sus creencias estuvieron siempre más cerca del ancestral animismo de la tierra. El budismo, al contrario, era mucho más accesible para el pueblo común, aunque su fe resultó ligeramente modificada para enfatizar la importancia de la familia sobre el individuo.

 

El confucianismo: una fe práctica

 

Toma el nombre de su fundador K’ung Futse, que vivió entre el 551 y 479 a.C., durante el periodo de los reinos combatientes, después de pasar toda la vida intentando en vano convencer a varios nobles y gobernantes de los pequeños estados que aceptaran sus ideas éticas y morales. Confucio murió sin haber llegado a ver su sistema filosófico puesto en práctica. Sus discípulos se encargaron de recoger el pensamiento del maestro y publicarlo póstumamente, aunque habría que esperar hasta la dinastía Han para ver el confucianismo convertido en la ideología dominante del estado chino.

         Cuando finalmente se unificó China en el siglo II a.C., los confucionistas demostraron ser los únicos capaces de dirigir con eficacia los asuntos públicos del país. Por tanto, se convirtieron en las principales figuras de la vida pública y la administración del estado, lo que contribuyó aún más a la difusión del pensamiento confucionista.

         Confucio, que fue contemporáneo de Buda en la India, defendía la idea de una sociedad ampliamente estructurada y jerárquica, con la familia como principal elemento de cohesión social. Abogaba por un estricto código ético y recalcaba la importancia de un gobierno bueno y justo. Estaba convencido de que era posible alcanzar un estado de armonía si cada individuo atendía a sus responsabilidades y desempeñaba las obligaciones a que su puesto le comprometía. La unidad de la familia se conseguía a través de la veneración a los ancianos y la práctica de la piedad filial. Aunque se negaba dar su opinión sobre la existencia de seres sobrenaturales, es bien cierto que los sacrificios representaron una parte fundamental del pensamiento confucionista.

         A través de determinadas ceremonias, a cada persona quedaba asignado su lugar en el amplio orden social y se le recordaba el conjunto de obligaciones a las que se lugar le comprometía. En la práctica, para cada individuo esto se traducía en garantizar que los ancianos estuvieran felices y debidamente atendidos, tanto en la última fase de su vida como después de la muerte; en un nivel superior, el emperador debía realizar sacrificios anuales al cielo y la Tierra. Las preocupaciones de Confucio eran de orden práctico: asegurarse del buen funcionamiento de un Estado sólido y perfectamente ordenado. No puede decirse que su filosofía constituya una religión, pues carece de muchos rasgos propios de las religiones; por ejemplo, una típica clase sacerdotal,

 

El taoísmo y el feng shui

 

La escuela de pensamiento conocida como taoísmo nació prácticamente al mismo tiempo que el confucianismo. Uno de los primeros textos taoístas fue el “Tao Te Ching” (Libro de la vía y la virtud), probablemente escrito por el sabio taoísta Lao-Tse alrededor del siglo VI a.C. Mientras que el confucianismo se ocupa más de asuntos éticos y políticos, los eruditos taoístas atendían a cosas esencialmente religiosas. En su aspecto más religioso, el taoísmo asume la existencia de un orden natural en el mundo, el cual determina el comportamiento de todos los seres. Los primeros pensadores taoístas creían en la unidad de las cosas, la identidad de todo con el universo y confiaban en que por medio del estudio de la naturaleza llegarían a descubrir las leyes esenciales que rigen ese universo.

         El interés por el espíritu de las cosas (especialmente por los elementos de la naturaleza, como el viento o el agua) condujo a los taoístas a una investigación sistemática que se convirtió en el origen de la ciencia en China. Con el tiempo, esta religión actuó en un plano más popular; la creencia de que los objetos inanimados poseían un “dios” o “alma” dio paso a un sistema de adoración destinado a propiciar estos poderes, algo alejado de los primeros pasos del taoísmo. Los sacerdotes taoístas practicaban también el arte del “feng sui” (viento y agua), método utilizado para determinar la posición de los edificios, a fin de que esta no ofendiera al espíritu o deidad del lugar. Esta religión ha tenido una enorme influencia en el desarrollo de la pintura paisajística de China. Sus preocupaciones se reflejan en los temas de este género: el estudioso que desde su rústica reclusión busca con la mirada las montañas vestidas de pinos y envueltas en la neblina.

 

El budismo y la transmigración de las almas

 

Introducido en la India en el siglo I d.C., esta religión era tan popular en tiempos de la dinastía Tang que se atrevía a desafiar el monopolio de las religiones ya existentes en el país.

         Uno de los aportes más importantes que el budismo hizo a China fue el concepto de transmigración de las almas. Esta creencia en un ciclo de la vida, la visión de que las almas regresan al mundo bajo la forma que determina el comportamiento del individuo en las pasadas encarnaciones, ofrecía no poco consuelo a quienes pensaban que su vida dejaba mucho que desear. La mitología del infierno se debe sobre todo al budismo: al llegar al mundo inferior, el alma comparece ante Yen Wang, el dios de la muerte, que hace balance de sus buenas y malas acciones. Por ejemplo, los creyentes o aquellos que cumplen sus obligaciones filiales pueden unirse directamente con el propio Buda, ir al monte Kunlun, morada de los inmortales, o renacer en un ser humano. Los pecadores comparecen ante uno de los nueve jueces, que les imponen un castigo de acuerdo con las faltas que hayan cometido. En el budismo, quitar la vida se consideraba como el más atroz de los pecados, idea que trajo consigo un nuevo respeto por todos los seres vivos: las prácticas vegetarianas se extendieron con la difusión del culto budista.

 

La Gran Muralla: la leyenda

 

No es sorprendente que uno de los monumentos más grandes del mundo creados por el hombre se haya convertido en el tema de una leyenda. La Gran Muralla china fue empezada durante la dinastía Quin en el año 214 a.C. para repeler los ataques de los turcos y mongoles que procedían del norte. Esta pared hecha de tierra y piedra y revestida de ladrillo, que se extiende a lo largo de mil cuatrocientas cincuenta millas, es un tributo a la pericia de los hombres que la diseñaron y construyeron hace muchos siglos.

         El marido de Meng Quiang  fue reclutado para ayudar a construir la Gran Muralla, un honor del que su familia estaba muy orgullosa porque habían pasado muchos meses y en todo ese tiempo no había recibido noticias de su marido. La devota esposa había hecho frecuentes ofrendas a los dioses y pedido a las autoridades competentes que averiguaran su paradero, pero nadie parecía saber nada de el. Finalmente, Meng se vio obligada a admitir que nunca más volvería a ver a su esposo, otro de los muchos trabajadores cuya vida había sido sacrificada en defensa de su país. La viuda lloraba desconsoladamente y tal fue su llanto que al final echó abajo la muralla.

 

Chung K’ui, el matademonios

 

Durante la celebración de Año Nuevo, en muchas casas chinas se colocan imágenes de Chung K’ui, el matademonios, para proteger el hogar de estos malvados seres. Chung K’ui es una popular figura mitológica sobre la que existen muchas historias. Una historia cuenta que él era un pobre estudiante que aprobó los exámenes del Estado, pero, que al no encontrar trabajo debido a su fealdad, se suicidó en las escaleras del palacio imperial, lo que convertía el edificio en un lugar favorito para los demonios. El demonio rojo apareció e hizo que enfermase el emperador, pero el fantasma de Chung K’ui volvió para matar al demonio con su espada y curar así el mal que aquejaba al soberano. En señal de agradecimiento, el emperador le hizo un solemne funeral y anuncio que a partir de ese momento Chung K’ui  sería el “matademonios” en todo el vasto imperio. En el infierno recluto un gran ejército de  espíritus que le ayudaban en su cometido.

 

٭٭٭

 

Los grandes relatos míticos chinos reflejan una mezcla de intereses sobrenaturales y mundanales. Sus temas giran en torno a las poderosas fuerzas de la naturaleza y la manera de obtener provecho de ellas y se ocupan también de la salvación de los individuos. Y a pesar de los antiquísimos lazos comerciales que unieron a China con el mundo exterior, gracias a la Ruta de la Seda, el pensamiento y la cultura de este pueblo apenas absorbió elemento alguno de otras civilizaciones y este carácter de aislamiento cultural permanece hasta nuestros días.

         Los mitos chinos son el reflejo de la admiración universal por el trabajo y la valentía. Existen un buen número de relatos en que el pobre vence sobre el tirano dictador, en una exaltación de valores como la justicia o la honestidad, lo que no deja de ser llamativo en una sociedad tan jerárquica como la china. Este pragmático modo de entender la religión se resume en el refrán “Confucionista en el trabajo, taoísta en la jubilación y budista cuando la muerte se acerca”. Si pretendemos racionalizar y explicar, decodificar sus relatos mitológicos, nos perderemos en el complicado nudo que es la mitología china. Pero si, por el contrario, los aceptamos como el relato vívido y coherente de una forma de experimentar el mundo, como una fuente de inspiración y consuelo, entonces entraremos en un mundo fascinante e iluminador.

         China es un país extraordinariamente grande, que ha sido capaz de dar cabida a un número también enorme de creencias y fundir las tres principales corrientes filosóficas en algo que podría considerarse una religión nacional.

 

Yin y Yang

 

En el principio de los tiempos sólo existía en el universo un caos oscuro. Dentro de aquella oscuridad (que tenía forma de huevo) nació Pangu, la primera criatura viviente. Pangu dormía alimentándose dentro del huevo. Después de muchos años, cuando se convirtió en un gigante, Pangu despertó y se estiró, rompiendo  la cáscara del huevo. Las partes más ligeras y puras de éste se elevaron y formaron el cielo; las más impuras y pesadas se hundieron, dando lugar a la Tierra. Tal fue el principio del las fuerzas “yin” y “yang”.

         El elemento femenino “yin” se asocia a la idea de frío y oscuridad; es decir, la Tierra y la Luna; el masculino “yang” con la luz y el calor, representados por el sol y los cielos. Este antiguo concepto chino del yin-yang ha sido conocido por los occidentales gracias a la popularidad alcanzada por el “I Ching” o “Libro de los cambios”.

         La interacción de estas dos fuerzas sostiene el cosmos chino. Si se perturba su equilibrio, el desastre se cernirá sobre la raza humana. Los antiguos chinos consideraban el cielo como la fuente de la climatología que gobernaba sus vidas y sabían que el gobernante de la Tierra debía ofrecer sacrificios al mundo de Shang Ti, el hijo del Cielo. Así como el yin y el yang cósmicos deben permanecer en armonía, la interacción del hombre y la naturaleza era importante para la supervivencia de la raza humana. El hombre, por lo tanto, debía aprender a reaccionar correctamente ante los caprichos de la naturaleza.

 

Guan Yin y el arroz

 

La deidad más querida por el pueblo chino es Guan Yin, diosa de la piedad, que originalmente fue un bodhisattva budista llamado Avalokitsvara. Este santo, cuyo nombre significa “aquel que oye los gritos del mundo”, es también patrón del budismo tibetano.

         Guan Yin suele presentarse como una madona con un velo blanco y un niño en los brazos; es muy venerada por quienes esperan un niño. Dicen los pescadores que esta diosa les protege en los momentos de peligro en el mar y a veces se identifica con Mazu, cuyo culto se ha extendido más allá de las zonas costeras del sur de China. No sólo hay imágenes de Guan Yin en los templos y santuarios, sino también es los hogares y lugares públicos. Su figura se ha representado en todos los medios; es la diosa más venerada y popular del panteón chino. Inclusive, hay una historia que da la idea del afecto que sus devotos sienten por ella. Es la historia del regalo del arroz.

         En tiempos en que los hombres vivían de la caza y la recolección, la vida era dura e incierta. Cuando Guan Yin vio cómo la gente sufría y a veces moría de hambre, se sintió conmovida y decidió ayudarles. Apretó sus senos para que la leche manara de ellos y con ella llenó las espigas de la planta del arroz.

         Deseando producir bastante para todos los habitantes de la Tierra, la diosa estrujó tanto su pecho que las últimas gotas de leche se mezclaron con algo de sangre. Por esa razón se dice que hay dos clases de trigo: uno rojo y otro blanco.

 

Los dragones

 

Los dragones son los animales mitológicos más importantes de la tradición china. Al contrario que sus homónimos europeos, los dragones chinos siempre han disfrutado de una buena relación con los humanos, aunque a veces también tienen sus momentos de mal genio.

El dragón representa el elemento masculino “yang”. A partir de la dinastía Han, este animal pasó a ser el símbolo del Hijo del Cielo, es decir, el emperador. La parte femenina “yin” está representada por el ave fénix, que corresponde a la emperatriz. Y la unión de ambos animales simboliza la armonía del estado marital.

         Hay cierta afinidad entre los dragones y el agua en todas sus formas: mares, ríos, lagos, lluvia. Se pensaba que cuatro reyes dragones gobernaban los cuatro mares que rodean la Tierra; además, podían encontrarse dragones en los lagos y ríos, habitando palacios de cristal y custodiando preciados tesoros. Los dragones ejercían el control sobre la lluvia, por lo que suelen representarse jugueteando con una bola o una perla (símbolo del trueno) y rodeados de nubes.

         Al comenzar el Año Nuevo chino, fecha que, según el calendario lunar, tiene lugar a finales de enero o principios de febrero, se representa una danza del dragón. De la cabeza a la cola, una fila de bailarines, cada uno con un palo, sostiene una parte del gigantesco cuerpo del dragón. Moviéndose hacia arriba y hacia abajo, hacia delante y hacia atrás, los bailarines hacen que el dragón se retuerza en busca de la bola. Este baile puede tener su origen en un antiguo ritual de preparación del suelo antes de la siembra primaveral, se realiza en todas las comunidades chinas del mundo.

         El festival del barco-dragón, que se celebra en el sur de China, tiene lugar el quinto día del quinto mes del calendario lunar (hacia mediados de junio). Varios equipos compiten en una carrera de remos sobre embarcaciones alargadas y estrechas cuya proa termina en una cabeza de dragón. La pérdida de un remero durante la competición se consideraba tradicionalmente como un sacrificio al dios dragón y dado que muchos chinos no sabían nadar, este tipo de sacrificios eran bastante comunes.

         Una creencia muy extendida afirmaba que el paisaje estaba cruzado por “líneas de dragón”, que eran como las venas de la tierra. Entonces, antes de construir un edificio o elegir un lugar de enterramiento, se consultaba al geomántico que decidía si el sitio y la actividad entorpecerían o no el curso de las fuerzas naturales que corrían a través de las líneas de dragón, pues, de ser así, se provocaría la ira del mítico animal, desencadenando terribles calamidades.

 

 

Bonzos, monjes chinos

 

Los bonzos son los monjes chinos que veneran a Fo. Recomendaban las obras de misericordia y sobre todo la caridad a los monasterios, con promesa a los bienhechores de expiar por ellos los pecados por medio de rogativas y penitencias.

Según ellos, el alma del que habrá descuidado las buenas obras, pasará por una larga y vergonzosa continuación de transformaciones en cuerpos de los más viles animales. Practicaban estos bonzos en público y bajo el velo de la humildad y de la dulzura, las más rudas austeridades. Para perpetuar su orden compraban niños, a los cuales educaban siguiendo el espíritu del cuerpo y les iniciaban en sus misterios, después de haber hecho con ellos varias pruebas muy rigurosas; una de ellas, por ejemplo, era no permitirles dormir durante el año de noviciado. Las mujeres devotas de Fo se ofrecían con facilidad a sus maestros, quienes les decían que el cuerpo no era más que una medida mezquina que no merecía la pena guardar, pero Fo elegía algunas veces por templo la medida que permitía consagrarle.

Había en las ciudades varias congregaciones de devotos del dios Fo dirigidas por viejos bonzos y en todas las provincias hormigueaban estos monjes. Sus templos más acreditados se llenaban a cada instante de un concurso prodigioso de devotos que iban allí en romería, llevando la figura del dios Fo o de algún otro ídolo pendiente del cuello o el brazo y pasando entre sus dedos los granos de un rosario pronunciaban respetuosamente las palabras “o-mi-to-fo”, que ni ellos mismos comprendían.

Existían también en China bonzos de la secta de Laokún. Se dividían en cuatro órdenes que no se distinguían más que por el color de sus hábitos. Unos vestían de negro y llevaban pendiente de la cintura un gran rosario, lo que les daba cierta semejanza con algunos de los religiosos europeos. Los otros colores eran el blanco, el amarillo y el rojo. Sus funciones principales se reducían a pronosticar el porvenir, exorcizar los demonios y buscar la piedra filosofal.

         Se dejaban crecer la barba y el cabello. Se vanagloriaban de disfrutar del poder de hacer llover cuando les placía, pero esta vanidad les costaba cara si no lo lograban en seis días, pues se le apaleaba como a un embustero.

 

 

 

Pa-Qua o Ta-Qua

 

En mitología es el arte de consultar los espíritus. Hay varios métodos establecidos para esta operación, pero el más común es el de presentarse delante de una estatua, quemar ciertos armas, golpeando varias veces la tierra con la frente. Tienen mucho cuidado en colocar cerca de la estatua una caja llena de espátulas en las cuales hay grabados muchos caracteres enigmáticos, que pasan por otros tantos oráculos. Después de haber hecho varias reverencias, dejan caer a la suerte una de las espátulas, cuyos caracteres descifra el bonzo que preside la ceremonia; algunas veces consultan un gran cartel fijado en la pared y que contiene la llave de los caracteres. Esta operación se practica antes de emprender un negocio importante, como un viaje, una venta, un casamiento, etc. Esto, por lo que respecta a los chinos que todavía conservan tales tradiciones, ya que la China Popular las abolió en 1949.


 

Bibliografía:

Ø “Dioses y mitos chinos”,   Edimat Libros S.A., 2001, España

Ø “Dioses, mitos y hėroes orientales”, Editorial Humanitas, 1992, España

Ø Diccionario de Mitología Universal, J.F.M. Noel, Edicomunicación, S.A.,1991, España

Enciclopedia Temática Universal, Editorial Larousse, 2001, Colombia

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