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Mitología. Ciencia y espiritualidad (1/2)

Autor: Sandra C Rogel B
Curso:
|486 alumnos|Fecha publicación: 19/01/2011
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Capítulo 18:

 Espiritualidad y Mitología de los pueblos antiguos. Celtas

Los druidas

 

Los druidas cumplían funciones de sacerdotes, maestros, sabios, videntes y magos. Su influencia era enorme y sus enseñanzas se apoyaban en tres pilares bien definidos: Adorar a los dioses, respetar a los seres vivientes y ensalzar la fortaleza física y espiritual. Tenían un alto rango en el sistema celta y junto con los reyes, regían el destino de la sociedad. Creían en la reencarnación y la transmigración (transformación en un animal o planta) y tenían orientación chamánica. Se vestían con túnicas blancas, llevaban a cabo sacrificios rituales que en ocasiones tenían una gran dosis de crueldad, ya que en muchos de ellos ofrecían víctimas humanas en la creencia de que así se las elevaba a la categoría divina. Con frecuencia las víctimas eran delincuentes o gente acusada de cometer tropelías, pero muchas veces también eran víctimas inocentes.

         Se supone que en sus comienzos los druidas fueron personas no aptas física y psicológicamente para la guerra, que asumieron papeles importantes en la sociedad celta debido también a su estudio de las ciencias ocultas. Se creía que tenían una comunicación directa con el otro mundo. Esto hacía que se confiara ilimitadamente con ellos y que sus juicios fueran seguidos al pie de la letra, ya sea que contuvieran opiniones sobre temas “domésticos” o que fijaran los modelos a seguir como sociedad. Ellos, por su parte, dedicaban su tiempo a observar el mundo natural que los rodeaba, estudiaban las propiedades de las hierbas, exploraban nuevos métodos de sanación, tanto desde un punto de vista médico como desde un enfoque hechicero. Se rehusaban a escribir sus enseñanzas y tradiciones religiosas y mágicas porque consideraban la escritura un acto sacramental dedicado solamente a los iniciados, por lo que cobraba gran importancia la transmisión oral de ellas y, por lo tanto, la tarea de los vates y los bardos.

         Según los druidas, la tierra era una entidad viviente que tenía conciencia y relación con las actividades humanas, aunque a la vez tenía exigencias que se debían satisfacer. De estas creencias se desprende la necesidad de las ceremonias, sacrificios y festividades realizadas en estas comunidades.

         Se conocen algunos registros de diferentes épocas de los que también se podría inferir la existencia de organizaciones druídicas femeninas a las que se denominaba “bandrui”, “dríadas” o “druidesas” y que vivían en bosques sagrados.

         Una segunda categoría estaba formada por los “vates” o “filis”, vestidos con túnicas rojas y una tercera, por los “bardos”, que vestían de azul; tanto a los vates como a los bardos se los consideraba aprendices de druidas. Podemos simplificar la descripción de sus funciones diciendo que los druidas eran los maestros; los vates tomaban nota, presenciaban lo juicios, enseñaban ciencias y comunicaban las enseñanzas, los mitos, las creencias y tradiciones a los nuevos (los más jóvenes) y los bardos eran los cantores que, de manera artística, informaban al pueblo, alentaban a los guerreros, elogiaban, criticaban y enseñaban mediante la música y la poesía.

 

Fiestas celtas

 

Una de ellas era (y es aún) “Imbolc“, “Oilmec” o “Brigantia” se extendía de la puesta de sol del 31 de enero a la puesta de sol del 2 de febrero y era una fiesta de las velas. Las velas domésticas se bendecían porque el final de las largas noches estaba cerca.

         La fiesta se hace en honor a Brigit, la diosa triple de los celtas, patrona de los herreros, los poetas y los curadores, que goza del culto a Sta. Brigit de Kildare. A veces es vista como tres hermanas, hijas del dios Dagda, el padre divino o como doncella, madre y corona. En “Imbolc“, “Oilmec” o “Brigantia”, se celebraba la representación de la diosa como doncella y su primera copulación con el dios de la luz.

         Éste es uno de los “sabbats” o fiestas del fuego más importantes, cuando los fuegos sagrados se encendían sobre las montañas para dar la bienvenida y favorecer la luz y el calor crecientes.

         El 31 de enero un lecho de novia formado con un haz de cereales era decorado con lazos para representar la diosa tierra. También era adornado con las primeras flores de la primavera. La cama se hacía frente al fuego y los habitantes del lugar gritarían: “Novia, entra, tu cama está preparada”. La novia simbólica dejaría sus vacas en la puerta, lo que traería la paz, la fertilidad y la abundancia. De aquí se deriva el hecho de que en inglés el término “bride” se emplee para una mujer que está a punto de casarse. Las mujeres de la casa vertían leche y miel sobre el lecho de Bride. Originariamente la cama se instalaba en la casa del jefe del pueblo, pero posteriormente se hacía en la granja principal de una zona. Los hombres del pueblo se reunían y después de haber pagado con una moneda, un ramillete de flores o un beso, entrarían en el círculo de la luz del fuego y pedirían ayuda para su trabajo o para los cultivos y formularían un deseo en la cama de Bride. Asimismo, se trenzaban cruces con paja o trigo y se colgaban por la casa para proporcionar protección.

         Se dice que la fiesta de Imbolc es un buen momento para llevar a cabo hechizos para el nuevo amor, para la fertilidad y para cualquier proyecto que comience de nuevo.

 

Beltane o Beltain

 

Se extiende desde la puesta del sol del 30 de abril hasta la puesta de sol del 2 de mayo y es la segunda gran fiesta o “sabbat” del año. Su nombre se debe a la Bealtaine irlandesa, que significa “fuego de Bel”, el fuego del dios celta de la luz, conocido con el nombre de “Bel”, “Beli” o “Belinus”. En la noche del primero de mayo, se celebra la llegada del viejo verano y el florecimiento de la vida. La diosa se manifiesta como la reina de mayo y como Flora, diosa de las flores, cuya festividad se celebraba en la antigua Roma a principios de mayo.

         La puesta de sol en el primero de mayo era la señal para que los druidas encendieran los fuegos de Bel hechos con nueve tipos diferentes de madera. Lo hacían girando un palo de roble en un agujero hecho sobre una pieza de roble en la cima de la colina más cercana, por ejemplo en la colina de Tara en el condado de Meta, en Irlanda, antiguo hogar de Dagda, el dios, héroe de la vieja Irlanda. A medida que el tiempo pasaba, todos los pueblos tenían sus fuegos de Beltane, a los que se atribuye fertilidad y poderes curativos.

         Las parejas jóvenes saltaban por encima de los fuegos de Beltane, corrían entre ellos y bailaban moviéndose en el sentido de las agujas del reloj. El ganado liberado de los establos después del largo invierno, era guiado entre los fuegos para despojarlo de la producción de leche suficiente para los próximos meses. Pero el rasgo principal de la fiesta data de las primeras comunidades agricultoras y que ha encontrado eco en todo el mundo. Las parejas jóvenes iban a los bosques y los campos a hacer el amor y traían flores de espino para decorar las casas y los graneros. El primero de mayo es el único momento del año en el que, de acuerdo a la tradición, se podía introducir espino en las casas. La gente dejaba cestas llenas con las primeras flores del verano en las escaleras de los amigos, los familiares, las personas amadas, los ancianos y los enfermos, una costumbre que debería ser resucitada en todas las comunidades.

 

Stonehenge

 

Serena en su esplendor solitario sobre la llanura de Salisbury a unos 150 kms. al oeste de Londres, Stonehenge ha intrigado a muchos investigadores de todos los tiempos. El conjunto es un monumento consistente en dos anillos concéntricos de piedras verticales que incluyen un par de ellas en forma de herradura. Además, hay varias piedras solitarias, entre ellas las llamadas Piedra del Altar, Piedra del Sacrificio y Piedra Ladeada; numerosos hoyos; una acequia circular muy profunda y una amplia calzada que parte la acequia en el borde noreste y comunica Stonehenge con el río Avon, a una distancia de 2 km.  El rasgo que proporciona a Stonehenge su silueta distintiva es un grupo de piedras altas denominadas puertas, que forman el círculo interior y la herradura interior. Más altas que las puertas del círculo exterior son las cinco puertas que habían constituido la herradura exterior. Se las llama trilitos (la palabra griega para tres piedras). Es de estos enormes dinteles de donde procede el nombre Stonehenge, convertido en Stanhenges, Stanenges, Stanheng y Stanhenges, palabras del inglés arcaico para “piedra colgada”.

         Si los constructores de las “piedras colgadas” no han sido identificados, tampoco se sabe el propósito exacto del lugar, aunque se cree que el complejo se utilizó como templo, uno de tantos monumentos antiguos de piedra o megalitos.

Estos monumentos muestran una extensa variedad de formas. Los más sencillos constan de una única piedra vertical y se les llama “menhires”, la palabra celta para “piedras largas”. Algo más complicados son los grupos de menhires, a veces dispuestos en círculo o semicírculo y algunas veces en filas de varios kilómetros. Una tercera clase de monumento megalítico es el “dolmen”. Una estructura formada de habitación con techo que puede ser independiente y al nivel del suelo o encerrado dentro de un túmulo de tierra. Stonehenge se encuentra en la segunda categoría de monumentos megalíticos

 

El mago Merlín y Stonehenge

 

Geoffrey de Monmouth en su “History of the Kings of Britain”, escrita en 1136, daba su versión de cómo Stonehenge había llegado a convertirse en lo que era. Según su relato, “Chorea Gigantum” o “danza de los Gigantes”, se levantó en el llano de Salisbury en el siglo V d.C. en tiempos de Aurelio Ambrosio y de su hermano Uther Pendragon, padre del legendario Rey Arturo. El autor iniciaba su crónica con una guerra entre los britanos, mandados por Ambrosio y los sajones bajo el mando de Hengist, un enemigo muy odiado que había masacrado a 460 nobles britanos desarmados reunidos para un parlamento de paz. Después de derrotar al ejército de Hengist en una batalla y decapitarle por sus crímenes, Ambrosio visitó un monasterio cerca de Salisbury donde estaban enterradas las víctimas de Hengist. Conmovido hasta las lágrimas por el destino de sus leales condes y príncipes, Ambrosio decidió erigir un monumento digno de la memoria de tales guerreros. No pudiendo encontrar carpinteros o albañiles capaces de construir un monumento tan impresionante como quería, Ambrosio mandó a llamar a Merlín, un sabio druida renombrado por sus poderes proféticos y conocimientos místicos. Merlín le aconsejó que si quería señalar las tumbas de sus paladines con un monumento eterno, tendría que trasladar la Danza de los Gigantes, un grupo de enormes piedras que bendecían una montaña de Irlanda, ya que en estas piedras había un misterio y una virtud sanadora de diversos males. Según Merlín, una raza extinguida de gigantes irlandeses había acarreado las piedras mágicas desde la lejana África. El agua derramada sobre ellas adquiría propiedades curativas y los gigantes trataban sus armas de guerra con infusiones de hierbas obtenidas con las aguas mágicas. Ambrosio, ansioso por hacer lo que Merlín le había aconsejado, puso a Uther al frente de un ejército de 15.000 britanos y les envió a Irlanda en busca de las piedras milagrosas. Cuando Uther y sus hombres llegaron a su destino atacaron a las piedras con toda clase de artilugios, pero sin éxito. Finalmente, Merlín, que había acompañado a la expedición, utilizó sus poderes mágicos para moverlas. En palabras de Geoffrey de Monmouth, Merlín empleó sus propias “máquinas”, con las que fácilmente trasladó las piedras a los barcos que las transportaron a Inglaterra.

         Después de muchas celebraciones y ceremonias en la llanura de Salisbury, Ambrosio le pidió a Merlín que instalara las piedras traídas desde Irlanda. Merlín lo hizo utilizando los mismos poderes mágicos para colocar las piedras de forma circular sobre el cementerio tal y como los gigantes extinguidos las habían dispuesto mucho tiempo antes en Irlanda. Con el tiempo, el círculo de piedras mágicas erigido por las artes de Merlín se convertiría en la tumba de Aurelio y de Uther.

         Cronistas posteriores repetían la historia con algunas variaciones y Merlín se convirtió en una figura inalterable en el folclor de Stonehenge. En algunas historias, la magia del brujo conseguía que las piedras volaran por los aires desde Irlanda a bretaña.

         En los tiempos isabelinos, casi 500 años después de la publicación de la “History of the Kinas of Britain”, Merlín y la “Danza de los Gigantes” se convirtieron en temas populares para muchos de los autores teatrales londinenses. En un melodrama de la época, Merlín derrota a su supuesto padre (el diablo) y erige Stonehenge en honor de su madre mortal.

 

Los druidas y Stonehenge

 

Posteriormente, los teóricos proponen que Stonehenge era un templo construido por los druidas. Éstos constituían un cuerpo clerical de elite de los celtas que se habían desplazado al oeste desde el continente para poblar Britania en tiempos remotos. Lo poco que se sabe de ellos (o de los celtas en general) procede principalmente de los escritos de sus contemporáneos griegos y romanos; los mismos sacerdotes parecían utilizar muy poco el lenguaje escrito, tal vez temiendo que ello hubiera permitido que sus conocimientos especiales cayeran en malas manos.

         Lo que hizo tan controvertida la relación de los druidas con Stonehenge eran sus supuestos ritos religiosos sangrientos. Muchos de los cronistas clásicos presentan a los druidas como a una hermandad siniestra dedicada a supersticiones inhumanas y ritos bárbaros. Julio César, que escribió mucho sobre los druidas en su “Guerra de las Galias”, aseguraba que ofrecían sacrificios humanos a sus dioses construyendo inmensas jaulas de mimbre con forma humana “cuyos miembros tejidos con ramas, llenaban con hombres vivos y les prendían fuego, por lo que los hombres perecían envueltos en llamas”.

         Inigo Jones, mientras catalogaba a los pueblos que no podían haber construido Stonehenge, también hacía una referencia a los sacerdotes celtas: “Con respecto a los druidas, por supuesto que Stonehenge, no pudo haber sido construido por ellos, a tal respecto, no he encontrado ninguna mención de que fueran nunca expertos en arquitectura o con talento para cualquier cosa que llevara a alguna parte”. Jones aceptaba que los druidas pudieran haber sido filósofos y astrónomos, como había indicado Julio César, pero ésas eran ramas del saber “que consisten más en la contemplación que en la práctica”, no la clase de estudios que Jones consideraba “adecuados para formar el criterio de un arquitecto en una palabra y con esto basta, Stonehenge no fue obra de los druidas”.

         Por muy enérgicos que fueran tales argumentos no disuadieron a John Aubrey y llegó a la conclusión de que el arquitecto había ocultado datos para encajar “el monumento en su hipótesis, lo cual es muy distinto de la cosa de sí”. Aubrey no tenía mejor opinión de la teoría de su amigo Charleton, ni de cualquier otra atribución que convirtiera a los invasores extranjeros en constructores de Stonehenge. Admitiendo que estuviera “andando a tientas en la oscuridad” para llegar a esta conclusión, Aubrey dijo que Stonehenge y otros monumentos megalíticos mostraban “claras evidencias de que fueron templos paganos” y una “probabilidad de que fueran templos de los druidas”.

 

Merlín y Nyneve

 

Cierto día, Merlín halló una doncella hermosa llamada Nyneve y aunque era muy anciano, se enamoró de ella. Con el fin de impresionarla, asumió la forma de un joven apuesto y alardeó de su habilidad como poderoso mago. Estaba tan preocupado por impresionarla, que no percibió que ella no sentía lo mismo hacia él. Pero ella le prometió  ser su amante si compartía los secretos de su magia. Él aceptó creyendo que había encontrado una discípula devota y una mujer. Nyneve prosiguió sonsacándole cada vez más conocimientos, aprendiendo todos los hechizos y recetas mágicas, pero frustrando su deseo. Merlín comprendió lo que estaba sucediendo y se dio cuenta de que lo estaba engañando.

         Viendo lo que tenía deparado el destino, Merlín fue a ver al Rey Arturo para advertirle que el fin estaba cerca para su confiable consejero y hechicero. El rey se quedó sorprendido y exigió que le dijera por qué, con toda su sabiduría, no podía hacer nada por salvarse. Merlín respondió con tristeza que en la batalla entre el conocimiento y la pasión, el conocimiento no gana nunca.

         El infeliz encantador siguió a Nyneve por todas partes, pero esta nunca satisfizo su deseo. Le hacía continuas promesas y lo tentaba, obteniendo de él todavía más secretos, pero retirándose una vez más. Finalmente, Merlín cometió la tontería de enseñarle los secretos de los hechizos que nunca se pueden romper. Con el fin de complacerla, creó una cámara mágica. Lo que intentaba era conseguir que ambos pudieran consumar su amor. Merlín entró primero y ella se entretuvo afuera. Luego ella pronunció las palabras de un hechizo terrible que no podía ser roto. La puerta de la cámara se cerró y Merlín quedó atrapado dentro para siempre. Se dice que Merlín sigue allí, en su cámara recubierta de oro, justo como había anticipado que sucedería.


 

Bibliografía:

Ø “Los celtas”, Roberto rosaspini, Ediciones Continente, 1999, Buenos Aires, Argentina

Ø “Magia y rituales”, Cassandra Eason, Océano Grupo Editorial, 2000, Barcelona, España

Ø “El ciclo mitológico irlandés y la mitología céltica”,  Edicomunicación, España, 1996

Ø “Viaje mítico”, Editorial EDAF S.A., España, 2000

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