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El método Silva de control mental

Vilma Spalla

Autor: Vilma Spalla
Curso:
8,83/10 (74 opiniones) |103598 alumnos|Fecha publicaciýn: 01/09/2006

Capýtulo 18:

 Un psiquiatra trabaja con control mental

A lo largo de los capítulos anteriores, José ha explicado en qué consiste Control Mental y proporcionó instrucciones deta­lladas de la manera en la que usted puede aplicar gran parte de este método. Usted habrá visto que en Control Mental in­tervienen niveles de conciencia muy profundos, y es posible que se pregunte, como otros lo han hecho, si correrá algún peligro al explorar, quizá por vez primera, las poderosas pro­fundidades de su propia mente.

José y aquellos que trabajan cerca de él en la dirección de la organización de Control Mental, dicen que las experien­cias tenidas hasta el momento demuestran que los beneficios del entrenamiento no se contrarrestan en lo más mínimo por ningún "efecto adverso" Para expresarlo de otra manera, nin­guna de las personas que ha tomado el curso ha empeorado a causa de él, hasta donde José y sus colegas están enterados.

Uno de los graduados de Control Mental, miembro de la profesión médica, ha sometido la seguridad de Control Mental a una prueba por demás severa. Se trata del doctor Clancy D. McKenzie, prominente psiquiatra y psicoanalista de Filadelfia, director del Philadelphia Psychiatric Consultation Service, miembro del cuerpo administrativo del The Philadelphia Psy­chiatric Center, y activo en la práctica privada. También ha estudiado yoga y otras disciplinas en el campo de la medita­ción, retroalimentación biológica y parapsicología, durante mu­cho tiempo.

Como parte de su investigación en estos campos, se inscribió en el curso de Control Mental en 1970.

-Quería yo comprobar si en realidad estaban enseñando clarividencia, según me habían informado varios de mis pa­cientes que habían recibido los beneficios del curso. Me con­vencí de que algo psíquico estaba teniendo lugar, y desde en­tonces he dedicado una buena parte de mi tiempo y mis pen­samientos a investigar más a fondo en esto.

Otras dos cosas estimularon su interés en Control Mental: un comentario hecho por Sigmund Freud hacia el final de su carrera, y algo que sucedió en una clase de Control Mental.

Freud había dicho que la dirección más prometedora que podía tomar la psicoterapia en el futuro era hacia la movili­zación de las energías del paciente. El doctor McKenzie veía claramente que la gente que asistía a la clase de Control Men­tal usaba energías que jamás se habían enterado que poseían.

Pero observó algo más en esta clase:

-Tres personas de un grupo de treinta estaban emocionalmente alteradas, y había una cuarta persona cuya estabili­dad estaba en duda. ¿Cuál era la razón? ¿Precipitaba el curso la alteración emocional o estaban ya enfermos cuando se ins­cribieron? ¿El beneficio que mis propios pacientes alterados habían recibido del curso se debía tan solo a la suerte?

La forma más práctica de indagarlo, razonó, era someter a las personas a prueba antes y después del curso. La prueba con­sistiría en observar de cerca a aquellos que eran los más vul­nerables desde el punto de vista psicológico. Él y un colega suyo, el doctor Lance S. VVright, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Pensilvania, comenzaron un estudio. A lo largo de los siguientes cuatro años y medio, 189 pacientes psi­quiátricos se ofrecieron como voluntarios para recibir el entre­namiento de/Control Mental. Para hacer la prueba todavía más rígida, concentraron un estudio aún más detallado en aquellos miembros del grupo que eran psicopáticos (psicóticos) o que se habían recuperado de la psicosis. Había 75 casos de estos.

Por sus observaciones de los efectos benéficos del curso en las personas sanas, los resultados de estas pruebas no constitu­yeron una sorpresa para el doctor McKenzie y el doctor Wright. Hubo una mejoría uniforme en la salud mental de los pa­cientes psicopáticos.

Para aquellas personas interesadas en el razonamiento es­tricto y los rígidos controles que guían los estudios científicos, aquí tenemos unos cuantos detalles: De los 75 pacientes del grupo de personas alteradas, 66 eran pacientes del doctor McKenzie, y representaron el ciento por ciento de sus pacientes psicopáticos que se mostraron dispuestos a tomar el curso.

Al principio del estudio, los pacientes fueron enviados con prudencia, uno por uno, con objeto de poder controlarlos es­trechamente para que no se produjeran efectos nocivos en ellos mismos o en la clase. Asimismo, fueron enviados durante, lo que el doctor McKenzie describe como "periodos de mayor esta­bilidad". Más adelante descubrió que podía mandar a los pa­cientes durante sus periodos menos estables; cuatro de ellos asistieron cuando se encontraban en estado alucinatorio. Aún más tarde se sintió tranquilo para enviar a varios pacientes alterados a la vez, en ocasiones seis o más.

Como parte de su estudio, sometió a prueba a 58 de estos pacientes antes y después del curso para ver qué cambios po­dría producir. El test, que recibe el nombre de Experiential World Inventory, consiste de 400 preguntas formuladas para medir la percepción que una persona tiene de la realidad; se trata de algo parecido al famoso test de las manchas de Rorschach, pero en forma escrita. La diferencia entre los resultados obtenidos antes y después del curso fue impresionante: 36 pa­cientes mostraron una mejoría sorprendente en su percepción de la realidad, 21 permanecieron prácticamente igual y uno mostró un descenso.

La persona cuyo resultado mostró un descenso era un indi­viduo catatónico esquizofrénico de veintinueve años quien, por vez primera en su vida, dejó de tomar medicamentos y empezó a salir con chicas.

-Desde el punto de vista clínico -observó el doctor McKenzie-, tenía más energía emocional y una perspectiva más optimista después del entrenamiento. No obstante, el he­cho de empezar a salir con chicas le provocó un conflicto y él volvió a dar muestras de alteraciones dos semanas después del curso. No requirió de hospitalización.

Desde luego, todos estos pacientes habían estado en psico­terapia, algunos de ellos durante un año o más, cosa que brindó al doctor McKenzie una oportunidad excelente para observar cuáles eran los cambios clínicos reales que habían tenido lugar después del curso. Aquí tenemos algunos de sus descubrimientos:

Un paciente esquizofrénico de treinta años de edad, ha­bía creído a lo largo de una época anterior en su vida que había recibido órdenes, enviadas en forma telepática, de asesinar a alguien. Por fortuna jamás logró encontrar a la persona ade­cuada. Durante las sesiones de terapia que siguieron al curso logró autoanalizar sus alucinaciones por primera vez. Su ener­gía emocional mejoró mucho y adquirió una perspectiva más optimista de la vida. AI poco tiempo regresó a la escuela para obtener su título.

-Su capacidad para hacerlo así estaba directamente rela­cionada con el hecho de haber tomado el curso -explica el doctor McKenzie.

De veintiocho pacientes que padecían varias formas de de­presión (involutiva, psicótica, esquizoafectiva y maniacodepresiva), 26 sintieron una agradable mejoría después del curso. Los otros dos, que informaron que se sentían más deprimidos, no solamente lograron mejores resultados en el cuestionario sino que, al igual que los demás, lograron hacer frente a proble­mas que habían sido incapaces de enfrentar con anterioridad.

Una mujer de veintiún años de edad estaba decidida a sui­cidarse y se encontraba en la primera etapa de la psicosis agu­da. Le aseguró al doctor McKenzie que nada de lo que él pudiera hacer podría ayudarla; de cualquier modo se suicida­ría. Él recomendó que ella tomara el curso. Para el final de la semana estaba "completamente" atónito; ella reaccionó mejor de lo que lo habían hecho los demás pacientes. Fue una de las remisiones más increíbles que yo jamás había observado.

Ella encontró una nueva tranquilidad, se volvió más racio­nal, y sus pensamientos dejaron de correr cambiando rápi­damente en distintas direcciones. Otra cosa que resulta igual­mente importante: se libró de su carga de pesimismo. En un informe clínico, los doctores McKenzie y Wright dicen: "La hospitalización y las elevadas dosis de medicamentos no po­drían haberla tranquilizado en esa forma. Ella repitió el curso des semanas más tarde y una vez más se produjo una mejoría. Los cambios fueron increíbles; se mostró más capaz para co­operar en su terapia a lo largo de los siguientes seis meses". Un año más tarde, el doctor McKenzie la encontró totalmente recuperada de su aguda enfermedad.

Desde luego, las psicosis son desórdenes mentales severos. Las neurosis son mucho menos severas. De los 189 pacientes que tomaron el curso de Control Mental, 114 padecían tan solo neurosis. También se beneficiaron todos ellos.

Para resumir sus observaciones clínicas en el estudio men­cionado con anterioridad, los doctores escribieron:

Aquellos que continuaron la práctica de Control Men­tal después del entrenamiento estuvieron mucho más capa­citados para modificar su vida por medio de este método, e incluso aquellos que no lo practicaban lograron usarlo en momentos de crisis, cuando tenían que enfrentar tensiones o estaban obligados a tomar decisiones importantes. Para todos pareció ser una experiencia de expansión mental, una revelación de que ellos podían usar su mente de otras maneras. El entusiasmo del grupo se acrecentó hacia el final del curso y la mayor parte de las personas experimen­tó una energía emocional más intensa.

El grupo de pacientes alterados también manifestó un cambio impresionante desde el punto de vista clínico. Úni­camente la persona mencionada (el individuo de veintinueve años que empezó a salir con chicas) se mostró más alterado, y los demás por lo menos derivaron algún beneficio del entrenamiento. Muchas personas con interés apagado (res­puesta emocional ligera o nula) mostraron entusiasmo hacia algo por vez primera. En efecto pareció haber un cambio en la energía emocional después del curso, y una mejoría en la afectación. Ellos tenían una perspectiva más positiva en relación con su futuro, y algunos empezaron a comprender mejor sus procesos psicóticos. Los pacientes alucinatorios manifestaron una disminución clara en los síntomas de su padecimiento después del entrenamiento.

Se produjo un mayor relajamiento y una disminución de la ansiedad. Los pacientes aprendieron a depender de sus propios recursos para comprender, enfrentar y resolver problemas, y el hecho de lograr esto les dio más confianza.

El doctor McKenzie llega a la conclusión de que "se trata de algo que no tan solo es seguro y benéfico, ya que de los 189 pacientes, todos menos uno obtuvieron beneficios del curso. Puede resultar inmensamente útil como parte integral de la psicoterapia". Hoy día él hace que casi todos sus pacientes tomen el curso. Algunos de ellos abrevian la duración de su terapia hasta en dos años con las técnicas de Control Mental.

Él dice que una de estas técnicas, el Control de los Sueños, "bien puede venir a ser un adelanto importante en la siquia­tría. Constituye un medio rápido y confiable para comprender y resolver problemas".

El doctor McKenzie conoce el análisis freudiano y no ve conflicto alguno entre la manera en la que los freudianos inter­pretan los sueños espontáneos y la forma en la que los gra­duados de Control Mental interpretan sus sueños programados:

-El deseo que tenemos en el sueño freudiano se convierte en el deseo de tener la respuesta -explica; y advierte:

-Es necesario asegurarnos de que el deseo de un sueño inconsciente no haya reemplazado el deseo consciente de tener la respuesta.

Una paciente a la que el doctor McKenzie había estado tratando durante algún tiempo llamó para comunicarle que estaba a punto de internarse en un hospital a causa de unos dolores en el pecho y el estómago. Él le dijo que en lugar de esto quería que acudiera a un hospital psiquiátrico. La llamada no le sorprendió en absoluto; durante algún tiempo él había visto que esto se avecinaba. La condición mental de la mujer había estado empeorando.

En el hospital psiquiátrico el doctor McKenzie le dijo que programara un sueño que diera respuesta a cuatro preguntas:

¿Cuál es el problema? ¿En dónde se encuentra? ¿Qué lo oca­sionó? ¿Cómo me puedo deshacer de él?

Esto es lo que ella soñó:

Ella, su esposo y sus tres hijos viajaban en automóvil por un camino sinuoso. Empezó a nevar y el automóvil se salió de la carretera. No pasó mucho tiempo antes de que el coche estuviera cubierto con nieve. Su esposo le dijo que apagara el motor, y después ocho o diez personas procedentes de la ciudad acudieron al lugar para desenterrarlos. Cuando salieron del automóvil sus tres hijos habían desaparecido.

Adelante, muy cerca de donde se hallaban, el camino lle­gaba a su fin. Había otro camino que se dirigía a la derecha y que entroncaba en un ángulo recto con otro camino, mismo que a su vez conducía a otro camino más, una supercarretera, también en un ángulo recto.

Al escuchar el relato del sueño de su paciente, el doctor McKenzie tuvo la sospecha de que ella estaba describiendo el sistema intestinal y le pidió que dibujara un mapa del "camino sinuoso". Ella lo hizo y, en efecto, el camino seguía con toda precisión el curso del sistema intestinal del ser humano, con exactitud absoluta en sus proporciones. Lo que es más, por medio de un examen médico posterior se encontró una obs­trucción en un punto que correspondía exactamente con el lugar en el que el automóvil se había salido del camino: el sitio en el que el intestino delgado se une al intestino grueso. En otras palabras, el sueño que esta mujer había tenido (ella no sabía casi nada de anatomía; había abandonado sus estudios en la secundaria) señalaba con toda precisión el lugar de la obs­trucción que ella padecía en un segmento de una pulgada en el sistema intestinal humano, que tiene una longitud de veinte pies.

Aún más: de acuerdo con el simbolismo de su sueño, la nieve era un producto lácteo que había provocado el padeci­miento intestinal y de algún modo había activado la formación de la obstrucción. El consejo que su esposo le dio para que apagara el motor era, también en forma simbólica, el mejor consejo que ella podía recibir: significaba "suspende el sumi­nistro del combustible al cuerpo; deja de comer".

Las ocho o diez personas que los desenterraron de la nieve, en el lenguaje de los sueños, podían ser los dedos de las dos manos. Esto tal vez representaba la curación por "imposición de manos" o por medio de la cirugía. La ausencia repentina de los niños era la realización de un deseo. Ella quería que ellos dejaran de interponerse para recibir más atenciones por parte de su esposo.

El doctor McKenzie hizo que la trasladaran a un hospital médico en virtud de que, normalmente, una obstrucción intes­tinal como esta requiere de cirugía inmediata. Sin embargo, provista con esta comprensión de su sueño y con el conocimiento, obtenido en la clase de Control Mental, del poder que la mente tiene sobre el cuerpo, y ante la perspectiva de una ope­ración, ella empezó a eliminar la obstrucción. Una hora des­pués de que en el hospital se confirmó médicamente el diag­nóstico que el doctor McKenzie hiciera basándose en el sueño, ella había eliminado la obstrucción y no fue necesario operarla. Su cirujano se mostró asombrado.

Más tarde el doctor McKenzie se enteró de que esta mujer había sido operada a causa de obstrucción intestinal cuatro veces en los últimos veinte años, y su cirujano le dijo que en cada ocasión la obstrucción se había encontrado en el mismo lugar. Aparentemente ella había aprendido a provocar la en­fermedad siempre que existía una necesidad psicológica.

Posteriormente, la hija de dieciocho años de esta mujer acudió al doctor con un problema: estaba embarazada y no estaba casada.

-¿Por Dios, qué voy a hacer? -preguntó ella.

Una vez más, él recomendó el Control de los Sueños para encontrar la respuesta. En su sueño apareció un hombre. Él le dijo:

-Te aconsejo que tengas al bebé, que esperes tres años, te cases con el hombre y te vayas a vivir a otro estado.

-Yo no hubiera podido darle un consejo mejor -dijo el doctor McKenzie.

La proporción de divorcios entre los adolescentes es de ochenta por ciento, de modo que una espera de tres años en casa era lógica. El hombre era la persona que ella necesitaba, pero para que su matrimonio tuviera éxito era necesario que ellos se alejaran de la casa, de los padres.

En otro caso, el Control de los Sueños condujo a una téc­nica terapéutica totalmente nueva, que ahorró años de tera­pia. El problema de esta paciente consistía en que cada vez que su esposo se retrasaba más de diez minutos para la cena, ella se cortaba las venas de las muñecas. Durante meses el doc­tor McKenzie trató de explicarle que, aunque ella pensaba que estaba reaccionando ante el retraso de su esposo, en reali­dad estaba experimentando un sentimiento anterior, procedente de la infancia, cuando su padre alcohólico no llegaba a casa. Una vez que comprendiera esto dejaría de cortarse las venas de las muñecas. Pero el doctor McKenzie no lograba hacerla entender. A juzgar por el camino que seguían las cosas, a la mujer le esperaban dos años más de terapia dos veces por se­mana. El doctor McKenzie sugirió que ella programara un sueño. Su sueño resultó ser sorprendentemente creativo, y resolvió su problema de la noche a la mañana.

Ella soñó que el doctor McKenzie grababa algunas afirma­ciones que a ella le molestaban sobremanera. Ella reproducía esta grabación en casa y grababa sus reacciones en una segunda cinta. Después reproducía la segunda grabación para que el doctor McKenzie la interpretara. A cada una de sus interpreta­ciones ella exclamaba: "¡Ay, qué tontería de mi parte!" Las interpretaciones del doctor subrayaban el hecho de que ella estaba confundiendo dos realidades diferentes, la pasada y la presente. Su sueño la llevó a comprender esto por vez primera. Jamás volvió a cortarse las venas de las muñecas.

-Este notable sueño programado curó por completo a la paciente. Un examen que se le practicó a los tres años confirmó que ella seguía bien -informó el doctor McKenzie.

Otro paciente sufría de claustrofobia, y durante más de un año luchó por descubrir la causa. Esta resultó ser interesante. En un sueño programado, él y otras tres personas se encon­traban en un rectángulo delineado por una cuerda en el suelo. Afuera de este rectángulo, en una esquina, había otro más pe­queño, también delineado por una cuerda. Todos estaban tratando de salir del rectángulo mayor a través del pequeño.

La interpretación de este sueño se hace clara cuando se con­sidera que el área más grande representaba el útero y la más pequeña la cerviz. Afuera había verdes pastizales con vacas (los sueños).

Uno de los compañeros del paciente corrió hacia el rectán­gulo más pequeño, pero fue detenido por una barrera invisible (las paredes del útero). Llevaba atada a él, cerca de la hebilla de su cinturón, un cordón de botes de hojalata (un cordón umbilical).

El paciente sabía que de alguna manera tendría que salir de allí, pero decidió dejar que los otros lo hicieran primero. El intentarlo le provocaba una sensación de nerviosismo, como la que se siente cuando se pronuncia un discurso; era algo que él sabía que tenía que hacer a pesar de que le ocasionaba ten­sión y ansiedad (trauma del nacimiento); pero una vez que todo terminaba sentía alivio.

Las otras tres personas que estaban en el rectángulo eran sus hermanos y su hermana.

Este único sueño le proporcionó el discernimiento que nece­sitaba para comprender su claustrofobia.

Lo que hace este sueño particularmente interesante no es el hecho de que conduzca a una persona hasta la etapa ante­rior al nacimiento (esto es relativamente común), sino la refe­rencia que hace a la "barrera invisible". "¿Sugiere esto -se pregunta el doctor McKenzie- la posibilidad de la clarividen­cia antes del nacimiento?"

El doctor McKenzie no solamente aconseja a sus pacientes que usen el Control Mental, sino que él mismo lo utiliza para auxiliar a sus pacientes. "Algunos de los conocimientos más sorprendentes llegan a mí cuando estoy empleando Control Mental".

Una noche programó un sueño acerca de un paciente que estaba en psicoanálisis, un hombre de veintisiete años que no había salido con chicas durante dos años. Las mujeres estaban en su contra, "y además, no valían la pena". En su sueño, el doctor McKenzie se oyó que le decía al paciente: "Me da lo mismo que jamás llegue usted a tener una relación hetero­sexual". La siguiente ocasión en la que el paciente se quejó acerca de las mujeres, eso fue exactamente lo que el doctor McKenzie le dijo.

Funcionó. El paciente se quedó atónito. El evitar a las mujeres era su manera de resistirse al tratamiento. Ahora esto ya no daría resultado. Además, sintió pánico cuando pensó que jamás tendría una relación normal con una mujer.

Esa noche la tuvo.

El doctor McKenzie, que se ha convertido en consejero de Control Mental Silva, continúa su búsqueda en pos de nuevas maneras de usar Control Mental para mejorar y acelerar el tratamiento psiquiátrico. Al mismo tiempo está buscando for­mas de utilizar Control Mental en áreas mucho más extensas de la práctica médica: en el diagnóstico de las enfermedades.

El primer paso en esta búsqueda consiste en encontrar me­dios para medir la confiabilidad de la técnica que Control Mental tiene para el estudio de casos de rehabilitación. Des­pués de tres años de investigación, tiene la creencia de que se está acercando a lo que él llama un "proyecto de investigación absoluta", mismo que elimina todas las variables y mide tan solo lo que se trata de medir. Su propósito consiste en encon­trar maneras de aplicar las técnicas de rehabilitación a la me­dicina.

En ocasiones el diagnóstico médico implica la práctica de cirugía exploratoria o el uso de drogas que pueden ocasionar molestias o peligro para el paciente, y ninguna técnica de diag­nóstico es certera todo el tiempo. El diagnóstico psíquico no representaría riesgo alguno para el paciente, siempre y cuando se logre demostrar su confiabilidad. Esto es lo que el doctor McKenzie está investigando.

La primera vez que puso en práctica su nuevo proyecto de investigación fue con un grupo de 30 graduados de Control Mental. La precisión de los resultados fue mayor de la que produciría la casualidad, por 200 a uno. Él se sintió alentado, pero quería perfeccionar sus métodos todavía más y tomar me­didas para que los resultados se procesaran en una computadora. Él verificó sus planes con el departamento de estadística de la Universidad de Pensilvania y allí estuvieron de acuerdo en que en realidad había eliminado los factores variables que entorpecen las investigaciones psíquicas, y que sus mediciones serían precisas.

El boletín de noticias de Control Mental publicó los dibu­jos de dos cuerpos humanos (página siguiente) con círculos que los lectores debían marcar. Al igual que en los casos de rehabilitación, se les proporcionaron los nombres, edades, sexos y paraderos de dos personas que estaban enfermas. Lo que no se les dijo, y lo que el mismo doctor McKenzie ignoraba, era la naturaleza de los padecimientos. El médico de Florida que le proporcionó los casos no revelaría esto hasta después de que se recibieran los resultados. El estudiar dos caso en lugar de uno resulta esencial para la medicina.

En ocasiones el diagnóstico médico implica la práctica de este nuevo proyecto de investigación. Esto permite que el doctor McKenzie elimine todas las conjeturas. Por ejemplo, si el pa­ciente A tenía una lesión en el tobillo izquierdo pero el pacien­te B no la tenía, cualquier círculo marcado en el tobillo iz­quierdo del paciente B sería una conjetura. Si 5 lectores con­jeturaban que había una lesión en el tobillo izquierdo de B, es razonable suponer que el mismo número de personas conje­turaría lo mismo en el caso de A Ahora vamos a suponer que 50 lectores marcaron el tobillo izquierdo de A. El doctor McKen­zie restaría 5 de este número como conjeturas y llegaría a la conclusión de que 45 estaban operando psíquicamente. En­tonces la computadora mediría la importancia estadística de los resultados.

Para que esto funcionara era preciso que los dos casos fue­ran diferentes. Si ambos tenían el tobillo izquierdo lesionado, este método para eliminar las respuestas no psíquicas no se podría utilizar.

El médico de Florida cometió un error: proporcionó dos casos que, según resultó, tenían lesiones en la misma área del cuerpo. El doctor McKenzie tuvo que modificar sus planes y estudiar los resultados de otra manera. En lugar de comparar el caso A con el caso B, comparó el número de respuestas co­rrectas con el número mayor que le seguía. Aunque la compu­tadora le dijo que los resultados podrían haberse producido por casualidad solamente una vez en casi mil millones de veces, aún así no considera que su experimento sea decisivo ya que no fue posible seguir exactamente su proyecto de investigación.

 Existen muchas otras facetas en este proyecto, aparte de las que se resumen aquí, y él ha realizado muchos otros experimen­tos que produjeron lo que él llama "resultados estadísticamente significativos". Su proyecto completo tiene una importancia tal que con toda certeza oiremos hablar más acerca de esta investigación cuando se haya refinado su técnica todavía más. En lugar de limitarse a pedir que marquen un círculo para indicar el punto donde se localiza una enfermedad, proporcio­nará a los graduados de Control Mental unas listas de referen­cia con padecimientos médicos, con la que ellos podrán hacer diagnósticos específicos,

-Estos estudios preliminares -dijo- señalan hacia eleva­dos niveles de importancia estadística. No obstante, no estoy preparado para sacar conclusiones de ellos. Se requiere de una labor mucho más concienzuda. Si los estudios posteriores resul­tan igualmente alentadores, es posible que contemos con una forma de poner a trabajar a los psíquicos para que ayuden a los médicos en sus diagnósticos de maneras todavía más con­fiables que las que usan hoy día. Esto bien podría convertirse en un descubrimiento médico. Es demasiado pronto para de­cirlo con certeza, pero esa es mi meta.

El director de investigaciones de Control Mental, Wilfrid Hahn, bioquímico y ex presidente de Mind Science Foundation, comparte las esperanzas del doctor McKenzie. Dice él:

-Desde el siglo XIX, cuando el método científico se aplicó a la investigación psíquica, las variables no controladas (en ocasiones desconocidas) dejaron interrogantes pendientes en re­lación con los descubrimientos. Como el doctor McKenzie dice, todavía no se sabe si se alcanzará un descubrimiento en el cam­po de la medicina. Pero yo creo que él ya ha obtenido un gran adelanto en su método de investigación. Con base en todos los datos que él recopile, podrá concentrarse en las respuestas psíquicas, eliminar toda la basura, y dejar solamente aquello que se desea estudiar, al igual que un químico que estudia un solo microelemento en el agua, puede eliminar el agua y todos los demás elementos excepto aquel que desea estudiar.

IMPORTANTE: El propósito de este experimento consiste en detectar correc­tamente el punto en donde se localiza la anomalía o el padecimiento. Por favor limite sus actividades a la detección, con objeto de no afectar a la enfermedad durante el experimento.

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