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El método Silva de control mental

Vilma Spalla

Autor: Vilma Spalla
Curso:
8,83/10 (74 opiniones) |103598 alumnos|Fecha publicación: 01/09/2006

Capítulo 15:

 Cómo ayudar a otros mediante control mental

El detectar enfermedades en personas que usted jamás ha visto resulta bastante sorprendente, pero nosotros nunca nos detenemos en este punto. En los cuerpos dentro de los cuales proyectamos nuestra conciencia también proyectamos curación.

Es obvio que existe una energía que interviene en la proyección mental, una energía dirigida por las intenciones de nuestra mente. Si cambiamos estas intenciones de una recopi­lación de información a una curación, modificaremos lo que la energía va a llevar al cabo.

¿De qué manera vinculamos nuestras intenciones con esta energía de tal forma que realice lo que nosotros deseamos? La intención por sí misma, en su forma pura, se parece a la voluntad.  Como dije en el capítulo que trata sobre el control de los hábitos, la voluntad aislada no tiene mucha utilidad. Así como primero detectamos anormalidades por medio de la visualización, después visualizamos las condiciones que desea­mos establecer libres de las anormalidades. Esta es la curación psíquica. Es tan sencillo como eso.

Para la mayor parte de las curaciones que usted llevará al cabo no será necesario que domine la técnica de rehabilitación. Se puede convertir en un curador igualmente eficaz sen­cillamente por medio del uso de su pantalla mental, como lo hace en los casos de resolución de problemas! De hecho, fe! se encuentra en las etapas iniciales de meditación y visualización, aún así puede lograr algunos resultados efectivos.

Muchas de las posibilidades que ofrece la vida están en una balanza delicada. Un ligero empujoncito y usted puede hacer que esta balanza se incline en su favor. En ocasiones, desde luego, la balanza ya está inclinada y se requiere de un psíquico más diestro (cosa que usted podría llegar a ser para lograr que se cambie a su favor). Si espera hasta que sea tan eficaz en el uso de Control Mental como le gustaría ser antes de em­pezar a realizar curaciones psíquicas, estará desperdiciando oportunidades  inapreciables de ayuda a quien la necesita.

Yo empecé mi labor de curación mucho antes de haber desarrollado Control Mental, y de hecho mucho antes de tener una metodología organizada para la curación. Puse a prueba un método tras otro, con resultados variables. Lo importante es que no esperé, y tuvo lugar un número significativo de cura­ciones ... las suficientes, de hecho, para que yo adquiriera un cierto renombre como curador en mi área de la frontera con México. Muchos pensaban que yo poseía dones especiales o poderes poco comunes; pero sencillamente había leído y ex­perimentado hasta que aprendí a usar lo que aprendí.

Una de mis primeras curaciones demuestra cuan diferentes eran entonces mis métodos. En 1959 oí hablar del sacerdote de una parroquia cercana a Laredo que había padecido durante quince años de una dolorosa hinchazón en las rodillas. Con frecuencia tenía que guardar cama. El dolor y el tener que guardar cama no eran lo único que preocupaba al sacerdote; estaba imposibilitado para hincarse en los momentos en los que así lo exigía la celebración de la misa. El arzobispo le había otorgado una dispensa; pero no había dispensa alguna que pudiera liberar al pobre hombre de la preocupación de que no estaba cumpliendo con un ritual sagrado.

Fui a visitarlo.

-Creo que le puedo ayudar -le dije-.  No soy doctor, pero a lo largo de los últimos doce años he estado trabajando

en el área de la parapsicología y hemos obtenido resultados muy semejantes a los de la curación por la fe, con la que usted está familiarizado.

Tan pronto como mencioné las palabras "resultados muy semejantes a los de la curación por la fe", el sacerdote se em­pezó a preocupar más por mí que por él mismo. ¿Parapsico­logía?

-Nunca he oído hablar de semejante ciencia. Confío en que no se estará metiendo en algo que nuestra Santa Iglesia des­aprobaría.

Le expliqué lo mejor que me fue posible, algunos de los principios de la parapsicología que yo había aprendido, y la manera como se pueden activar las curaciones. Nada de lo que dije parecía concordar con la teología de este hombre. Me pro­metió investigar más a fondo y tal vez llamarme en poco tiem­po. La mirada de compasión que había en su rostro y el matiz de incredulidad de su voz me quitaron toda esperanza de que volviera yo a saber de él. Yo sabía, sin embargo, que él oraría para que se me protegiera de peligros tan graves en su mente que empequeñecían incluso sus propios problemas.

Pero sí volví a tener noticias del sacerdote un mes más tarde y una vez más me encontré sentado al lado de su lecho.

-José, como usted sabe, el Señor nos conduce por caminos extraños. Unos cuantos días después de su visita recibí una circular que contenía la reseña de un libro escrito por uno de los hermanos de nuestra orden. Encontré un capítulo com­pleto dedicado a esta parapsicología de la que hablábamos el otro día. Ahora la comprendo un poco mejor y estoy dispuesto a permitir que ponga a prueba su labor conmigo.

Me senté con él durante más de una hora y hablé acerca de mis lecturas y de parte del trabajo que había llevado a cabo. Mientras más tiempo permanecía con él, más me agradaba aquel hombre. Finalmente se cansó y llegó el momento de que yo partiera.

-Bueno, está bien -dijo-, ¿cuándo empezaremos el tra­tamiento?

-Padre, el tratamiento ya ha empezado.

-Pero no comprendo.

-Esto es algo mental, padre, y mientras nosotros hablába­mos yo llevé al cabo la labor inicial.

Efectué el resto del trabajo en casa aquella noche. A la mañana siguiente el sacerdote me llamó por teléfono y con sor­presa y alegría en la voz me informó que había tenido lugar un enorme alivio en el transcurso de la noche.

Tres días después de mi visita él podía caminar e hincarse, y nunca más ha vuelto a padecer molestias en sus rodillas. ¿Un milagro? No, un fenómeno puramente natural. Aquí tiene la forma en la que lo logré.

A lo largo de la plática de más de una hora, ambos nos en­contramos alerta y relajados dos condiciones útiles para la cu­ración. Los  temas sobre los cuales hablamos aumentaron su confianza en la parapsicología. En el trabajo psíquico la con­fianza es tan importante como lo es la fe en la religión. Entre tanto yo empecé a visualizarlo mejor de su salud y aprendí a apreciarlo cada vez más, cosa que resulta igualmente importan­te. El amor es una fuerza tremenda; yo quería que también estuviera de nuestra parte.

Llevé al cabo una cosa más como preparación para lo que haría posteriormente, aquella noche. Para ayudarme a visuali­zarlo más tarde, estudié detenidamente mientras hablábamos al sacerdote: su rostro, la impresión que me produjo su apretón de manos, sus distintas expresiones y ademanes característicos, el sonido de su voz, la sensación total de estar en su presencia. Esta fue la "labor inicial".

Varias horas más tarde, cuando el sacerdote estaba dormido y yo estaba de regreso en casa, llevé al cabo el resto del tra­bajo. Lo que hice era totalmente diferente de lo que hago en la actualidad. Había descubierto que las energías psíquicas se transfieren con mayor eficacia cuando está de por medio la supervivencia como lo mencioné en el capítulo anterior. En lugar de ponerme a nivel, como lo haría hoy día, aguanté la respiración mientras imaginaba que el sacerdote gozaba de perfecta salud. Transcurrieron largos minutos, hasta que mi cuerpo clamó por respirar. A pesar de ello me aferré a mi ima­gen del sacerdote perfectamente sano. Entre tanto mi cerebro, en una especie de alarido psíquico, gritó y la energía del alarido transportó la imagen cuidadosamente guardada de perfecta salud, exactamente hasta el sitio al que se suponía que debería llegar.

Finalmente respiré, convencido de que la labor estaba ter­minada, y así fue. El método que imparto y que utilizo hoy día es mucho más sencillo para el operador, y es igualmente efectivo. Simplemente aprenda usted a usar su pantalla mental en forma vívida  y con confianza. Permítame que le proporcione un bosquejo del procedimiento, paso a paso.

1. Resulta de utilidad, aunque no es necesario, que usted conozca la condición de la persona a la que está a punto de curar.  Puede indagar esto en forma  psíquica  u objetiva;  no tiene importancia.

2.Póngase a nivel meditativo y proyecte a esta persona den­tro de su pantalla mental tal y como está, con el padecimiento que la está aquejando. Coloque otra imagen sobre la pantalla, hacia la izquierda, en la que se esté haciendo algo para corre­gir el problema. (Si no conoce a la persona y todavía no está preparado para la práctica de rehabilitación, trate de enterarse con anticipación de su apariencia física para que la visualización sea tan precisa como sea posible).

3 Ahora proyecte sobre la pantalla, todavía más hacia la izquierda, una imagen vivida de la persona perfectamente gana, llena de energía y optimismo. En un estado de meditación profunda usted se encuentra agudamente receptivo a lo que se dice a sí mismo. Este momento en particular resulta crucial para adquirir la convicción de que la imagen feliz que ahora tiene de la persona real... no que se está volviendo real, ni que será real, sino que es real. La razón que explica esto es que en este nivel meditativo, en Alfa y Theta, su mente está aso­ciada con las causas; en Beta se relaciona más con los resultados. Al visualizar con convicción a nivel Alfa y a nivel Theta usted está causando. Lo que aparentemente está haciendo al tiempo de sustituir "es" por "será" no tiene importancia. El tiem­po es algo distinto cuando se está a este nivel. Visualice los re­sultados que desea como si ya se hubieran alcanzado!»

Entre las leyes del universo parece existir una especie de ley cósmica que garantiza que todos nosotros, no importa cuan ilustres o cuan inferiores seamos, cuan brillantes o cuan torpes seamos, podemos tomar parte en el advenimiento de sucesos legítimos por medio de la firmeza de nuestro deseo, nuestra creencia y nuestra expectativa. Esto se dijo con anterioridad, y en una forma más adecuada, hace casi 2 000 años, según nos dice San Marcos en el Nuevo Testamento: "... todo cuan­to pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis".

Mientras usted visualiza que esta persona goza de perfecta salud llegará un instante, un instante muy agradable, en el que sentirá que ha hecho lo suficiente! Es agradable porque se trata de una sensación de realización. Cuente del uno al cin­co para salir a Beta, "sintiéndose completamente despierto y mejor que antes".

Mientras más practique esta técnica, mayor será el número de coincidencias hermosas que tendrá lugar y más firme será su convicción, lo que a su vez producirá coincidencias aún más hermosas?.Tan pronto como aprenda a utilizar su pantalla mental podrá empezar a activar esta reacción en cadena.

Si bien es posible que las técnicas de la curación por la fe y la curación psíquica sean diferentes, creo que sus princi­pios (y sus resultados) son los mismos. Los rituales de la cura­ción por la fe difieren de una cultura a otra, pero tienen el mismo efecto doble: inducir un nivel mental más profundo y fortalecer la creencia y la expectativa.

Un gran número de curadores emplea métodos que los de­jan exhaustos. Su energía se consume y en ocasiones pierden peso en una sola sesión. Esto no es necesario. De hecho, los métodos de Control Mental tienen el efecto contrario. Una vez que tenemos esa sensación de realización, experimentarnos una exaltación; no se trata de algo sutil, sino de una sensación bastante intensa, v en efecto nos despertamos "sintiéndonos mejor que antes". Hemos descubierto que el curar a otros re­sulto benéfico para el curador.

Un gran número de curadores tiene la creencia de que no están capacitados para curarse a sí mismos. Algunos sienten que incluso si lo intentan perderán sus "poderes". Nosotros he­mos comprobado que esto es falso, una y otra vez) Muchos también creen que tienen que estar en la presencia de la per­sona que están curando para la "imposición de manos". Para aquellos de nosotros que no somos médicos con licencia o fun­cionarios de iglesias reconocidas, esto es ilegal. Lo que es más importante, en términos de leyes más liberales; no es necesario. La curación cuando la persona está ausente da resultado.

Al analizar esto en las clases de Control Mental, con fre­cuencia citamos el caso del sirviente del Centurión, a quien Cristo curó a distancia. Cristo no vio al sirviente, solo al Cen­turión quien le informó acerca del problema. "Y en aquella hora se curó el criado".

Un pequeño comentario: observe que de acuerdo con nues­tras tradiciones, cuando pedimos un deseo, ya sea con el huesito de la pechuga del pollo, o cuando vemos una estrella fugaz, o cuando apagamos las velas de nuestro pastel de cum­pleaños, se nos previene que no revelemos nuestro deseo. Esta reserva es probablemente algo más que un simple juego de niños; creo que hay algo de sabiduría detrás de ella. El man­tener nuestro deseo, o para ser más precisos, nuestra visualización de una curación, en secreto, parece constituir un medio para evitar que se disipe su energía, e incluso también para incrementar esta energía. Por esta razón, yo y muchos de nues­tros conferencistas aconsejamos a los estudiantes que guarden para sí mismos su labor de curación. Cuando Cristo dijo des­pués de una de sus curaciones: "Cuida de que no se lo digas a nadie", Él no estaba pidiendo que se le encubriera: Sus ra­zones eran más profundas.

Capítulo siguiente - Algunas especulaciones

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