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El método Silva de control mental

Vilma Spalla

Autor: Vilma Spalla
Curso:
8,83/10 (74 opiniones) |103598 alumnos|Fecha publicación: 01/09/2006

Capítulo 20:

 Aumentará mucho el concepto de sí mismo

"Perdemos demasiado tiempo despreciándonos. Si dedicá­ramos la mitad de este tiempo a buscar en nuestra mente la manera de enfrentar la vida, descubriríamos que somos mucho más fuertes de lo que pensamos", dijo la actriz y cantante Carol Lawrence en»el periódico Chicago Tribune del 14 de noviembre de 1975. Ella se convirtió en graduada de Control Mental por recomendación de otra graduada, la cantante Marguerite Piazza. Es cierto, la mayor parte de nosotros estamos encarcelados por. ideas limitadas en relación con nuestra identidad y nuestra capacidad y nuestro valer. Muy pronto experimentará usted el regocijo que le provocará el destruir estas limitaciones y descubrir nuevas libertades fuera de ellas. Cuando usted vea de lo que es capaz, el concepto que tiene de sí mismo se elevará hasta niveles insospechados. Se han realizado varios estudios en este sentido, y los resultados coinciden. Abarcan grupos nume­rosos sin problemas especiales, y otros grupos con un concepto de sí mismos obviamente deteriorado: estudiantes y alcohóli­cos, drogadictos, presos y gente pobre que vive de la bene­ficencia pública.

Vamos a dar un vistazo primero a los estudiantes. Control Mental se ha impartido, con frecuencia como materia escolar completamente acreditada, en veinticuatro colegios y universi­dades, dieciséis secundarias y ocho primarias.

Usted podría esperar que el mismo curso enseñado en for­ma distinta, en escuelas diferentes, a alumnos de diversas edades y antecedentes económicos y culturales desiguales lograría re­sultados disímbolos. Pero no es así. Los resultados han sido hasta tal punto uniformes que ahora se puede decir con segu­ridad que en ciertos conceptos básicos, son predecibles. Al in­troducir Control Mental en una escuela el resultado será que los estudiantes tendrán una autodirección más poderosa, una mayor orientación propia que surge del perfeccionamiento de la capacidad que surge para resolver problemas por sí mis­mos. En otras palabras, una mayor fortaleza del ego. Esto ha sido medido en forma científica por el doctor George De Sau, quien fuera director de Investigaciones Educativas para Control Mental Silva y director de Asesoramiento y Exámenes en el Williamsport (Pensilvania) Área Community College.

La primera prueba se realizó en 1972 en la escuela secunda­ria Hallaban High School de Filadelfia, en donde 2 000 estu­diantes tomaron el curso. Una semana antes y dos semanas des­pués, 220 estudiantes elegidos al azar fueron sometidos al cuestionario High School Personality Questionnaire, que con­siste de aproximadamente 140 preguntas que miden sensiblemente la imagen que una persona tiene de sí misma. De esta manera dicha imagen se puede resumir en un retrato con cator­ce características: audaz, entusiasta, seguro de sí mismo, y así sucesivamente. La prueba se emplea ampliamente en la inves­tigación y el asesoramiento.

Los retratos de la imagen propia de estos 220 estudiantes se combinaron en un solo perfil de grupo, y después se com­pararon antes y después. Resultados: cambios fundamentales hacia una mayor fortaleza del ego, confianza en sí mismos y serenidad, y alejamiento de la impaciencia, la inseguridad y el aislamiento. En algunos sentidos los estudiantes no manifestaron ningún cambio, como por ejemplo en el equilibrio entre la autoridad y la sumisión, el idealismo y el realismo. Lo que todo esto quería decir era que estos alumnos adquirieron un mayor respeto de sí mismos después de tomar el curso de Con­trol Mental, que el que tenían antes.

Como es natural, el punto de vista que tenemos acerca de nosotros mismos varía día a día, a causa de los cambios que se producen en la pautas que rigen a la vida. Si aplicáramos el test a un grupo escogido al azar y después lo repitiéramos tres semanas más tarde, encontraríamos algunos cambios. Esto tam­bién ha sido estudiado por aquellas personas que elaboraron el test. Los cambios fortuitos que ocurrirían por casualidad constituyen una expectativa normal, y la proporción de ellos ha sido calculada. Para evaluar los resultados en la Escuela Hallaban, fue necesario determinar en qué proporción exce­dían los cambios obtenidos, a aquellos que la casualidad podía producir. Aquí tiene usted lo que se descubrió:

Para que la casualidad produjera cambios positivos tan gran­des en la fortaleza del ego como aquellos que produjo Control Mental en Hallaban, habría sido necesario aplicar el test más de mil veces a un grupo elegido al azar, más de mil veces para igualar el cambio en la confianza en sí mismos, más de mil veces para equiparar el cambio en la serenidad. La diferencia no ra­dicaba en la casualidad, sino en Control Mental.

Mientras el curso estaba en progreso, un reportero del pe­riódico Philadelphia Daily News, Joe Clark, entrevistó a algu­nos estudiantes durante la hora del almuerzo. En un artículo que se publicó el 27 de septiembre de 1972, él citó las palabras de Kathy Brady, de trece años de edad, quien se había mordi­do las uñas desde que tenía ocho años: "Siempre me las mordía cuando me ponía nerviosa. Cuando estaba en el auditorio esta mañana me dieron ganas de mordérmelas, pero no lo hice. Sencillamente pensé: «No te muerdas las uñas». Cerré los ojos y me relajé".

Pat Esienlohr le dijo que había dejado pasar una riña con su hermano menor, algo que muy raras veces había sucedido con anterioridad. "Me dije a mí misma: «No tiene caso que te enojes. ¿Para qué pelear?» y no lo hice. También me deshice de un dolor de cabeza esta mañana diciéndome a mí misma que tenía que deshacerme de él. Sé que parece fantástico, pero funciona".

Ahora vamos a comparar los resultados obtenidos en esta escuela con otros dos estudios realizados, uno en Lawrenceville, secundaria católica y mixta ubicada en Pittsburgh, y el otro en St. Fidelis, secundaria católica para varones que desean convertirse en sacerdotes.

En Lawrenceville y en St. Fidelis, al igual que en Hallaban, el cambio fundamental que se observó entre los estudiantes fue en la fortaleza del ego. Lo que es más, este cambio fue unifor­me: en cada escuela el perfil de grupo mejoró hasta un grado que tan solo habría podido ocurrir por casualidad una vez en un millar. El mismo grado de cambio respecto a la serenidad se produjo en Hallaban y en Lawrenceville, si bien fue menor en St. Fidelis. En las tres escuelas se produjeron grados varia­bles de cambio positivo en la confianza en sí mismos.

Los hallazgos de los que forman parte las observaciones an­teriores no dejaron completamente satisfecho al doctor De Sau. Aunque se sintió alentado por los resultados positivos y tran­quilizado por el patrón uniforme de beneficios obtenidos con Control Mental, hacía falta algo más. Los tests aplicados al grupo antes, y dos semanas después del entrenamiento de Con­trol Mental no indican si estos beneficios tienen un valor per­durable, pero si se aplicaran tests cuatro meses después del en­trenamiento, estos tests lo tendrían.

El doctor De Sau hizo esto en Lawrenceville y en St. Fidelis y se encontró ante algunas sorpresas. [En todas las caracterís­ticas mencionadas arriba (fortaleza del ego, confianza en sí mismo, serenidad) los estudiantes mejoraron mucho más a lo largo del periodo de cuatro meses, de lo que lo habían hecho durante las dos semanas que siguieron al curso!

En el informe que rindió acerca de estos estudios, el doctor De Sau llegó a la siguiente conclusión:

Quizá los cambios que tuvieron lugar con los estudian­tes mencionados arriba en sus distintos ambientes educativos se pueden evaluar en forma óptima desde una perspec­tiva como la que sostiene John Holt, educador y autor. Holt defiende la posición de que el proceso educativo con frecuencia ha sido un proceso torpe en la enseñanza, ya que contribuye al incremento de la ansiedad, el sentimiento de culpabilidad y a una dependencia casi continua en el medio ambiente exterior para recibir aprobación o desapro­bación. Todas estas son condiciones que pueden producir comportamiento conformista o neurótico, pero es muy poco lo que hacen para incrementar la educación o el adelanto humano. Contamos con bases razonables para creer que en las demás instituciones sociales se pueden encontrar las mis­mas condiciones.

Los datos de la investigación mencionados arriba indi­can, por lo menos desde la perspectiva educativa, que existe una alternativa alentadora y viable. Un factor de cambio que es persistente y vigoroso después del entrenamiento de Control Mental es el de un desplazamiento hacia los puntos internos de referencia, es decir, el reconocimiento que un individuo tiene de su propio valer y un paso significativo hacia el autocontrol por otros individuos.

En la mayor parte de las escuelas donde se imparte Control Mental se insta a los maestros a que también tomen el curso. Las razones (todas excepto una) son bastante obvias, si toma­mos en cuenta los beneficios del entrenamiento. Los maestros se vuelven menos susceptibles de agitarse, más pacientes, y es más fácil para los estudiantes convivir con ellos durante las horas de clase.

Es bien sabido que un maestro que espera menos de sus alumnos recibe menos, en tanto que uno que espera más obtie­ne más. El maestro que ha recibido el entrenamiento de Control Mental ha tenido experiencia directa con aquello que en el capítulo 14 José llama "Ley cósmica", con una jurisdicción que engloba a toda la humanidad. No hay maestro que haya recibido este entrenamiento que pueda volver a burlarse del "equipo mental" de alguna persona. Conoce demasiado bien el enorme alcance de toda mente humana. Como resultado de ello es un mejor maestro, incluso aunque sus alumnos jamás hayan oído hablar de Control Mental.

Sin embargo, cuando los estudiantes y el maestro son gra­duados de Control Mental suceden cosas extraordinarias en el salón de clases.

Una maestra de primaria en Buffalo, enseña a sus alumnos a "ponerse en contacto" con Jorge Washington y con otros personajes del pasado para ayudarlos a estudiar historia, por medio de las técnicas que aprendieron a utilizar durante las últimas horas del curso de Control Mental, cuando trabajaron con los casos de rehabilitación. De esta manera "viven" la his­toria. Y para ayudarlos posteriormente, cuando resuelven sus pruebas, ellos se ponen en contacto mental con ella y encuen­tran la confirmación de sus respuestas.

Otra maestra, en este caso a nivel universitario, hace que sus estudiantes se pongan en contacto con los filósofos para recibir explicaciones para ciertos puntos que encuentran con­fusos en sus escritos.

-¡Da resultado! -dice ella.

La señora de Joe Lytle, conferencista de Control Mental en Virginia Beach, siente un deleite especial al dar clases a chicos entre los siete y los diecisiete años de edad. En el perió­dico LedgerStar de Norfolk (16 de julio de 1975) apareció un reportaje sobre algunas de sus experiencias, bajo el título "Es­tudiantes que se superan después del Curso de Control Men­tal". Uno de sus alumnos estaba tomando medicinas para la hipercinesia. El diario citó las palabras de la madre de este chico excesivamente activo: "Los cambios fueron absolutamen­te fantásticos después del curso. Mi hijo pudo dejar de tomar la medicina y sus calificaciones subieron notablemente. Control Mental le proporcionó el conocimiento de que él poseía el poder de cambiar".

Las calificaciones de otro estudiante que obtenía grados mediocres antes del curso subieron considerablemente después

del mismo.

Hubo el caso de otro estudiante más que tenía nota reproba­toria en los exámenes d« ortografía. Después del curso empezó a obtener calificaciones de primera en todas sus pruebas de ortografía, y en un año su aptitud para la lectura subió del cuarto al noveno nivel.

No había ningún medio práctico para comparar a aquellos que eligieron tomar el curso con aquellos que no lo hicieron, ni de medir la diferencia entre los dos grupos posteriormente, en virtud de que en las tres secundarias en las que el doctor De Sau llevó al cabo los tests antes y después del curso, casi todos los estudiantes se inscribieron en Control Mental.

No obstante, se presentó esta oportunidad en la Universidad de Scranton, en Scranton, Pensilvania. El profesor Donald L. Angelí, del Department of Human Resources ofreció el curso a alumnos graduados en Asesoramiento de Rehabilitación. El número de estudiantes que decidió no tomar el curso bastó para que él y el doctor De Sau pudieran estudiar algunas diferen­cias. Aplicaron un test similar al que se utilizó en las secunda­rias (aunque formulado para adultos) a 35 estudiantes que to­maron el curso y a 35 que no lo tomaron.

Las diferencias entre los dos grupos se manifestaron incluso antes del curso. De acuerdo con los resultados, aquellos que optaron por tomar el curso se mostraron más abiertos a expe­rimentar y más guiados por normas propias. Aquellos que no quisieron tomar el curso se mostraron más tradicionalistas, limitados por reglas, y más conservadores.

Un mes después del curso se volvió a someter a prueba a los dos grupos y, si bien perduraban las diferencias originales, habían aflorado otras distinciones significativas: el grupo que había tomado el curso de Control Mental era más estable y maduro desde el punto de vista emocional, y sus miembros se mostraban más seguros de sí mismos y más relajados que los del otro grupo.

En pocas palabras, este estudio indica que aquellas perso­nas que optan por tomar el curso de Control Mental son dis­tintas de las que no lo hacen, y una vez que lo toman obtienen beneficios de él.

Si bien para todo el mundo resulta importante recibir un estímulo en lo que toca al concepto de sí mismo, esto puede resultar de importancia capital para el drogadicto que lucha por encontrar el camino para liberarse de este vicio. Control Mental cuenta con una experiencia limitada con los drogadictos, pero ella ha demostrado ser instructiva.

Paul Grivas, codirector del centro de Control Mental de Manhattan, quería ver qué podía hacer Control Mental por los adictos. Se ofreció como voluntario para empezar con cua­tro adictos, dos de ellos adictos a la metadona, y dos adictos todavía a la heroína. Los dos adictos a la metadona encontra­ron el curso de utilidad, pero no los liberó de la metadona. La metadona produce adicción con excesiva facilidad y se usa en un gran número de programas para liberar a los adictos de la heroína. Físicamente, es doloroso dejar el vicio de la meta­dona y los dolores, decían estos adictos, eran tan severos que no podían concentrarse en sus ejercicios de Control Mental.

Uno de los individuos que todavía era adicto a la heroína enfrentaba una crisis familiar el primer día del curso y lo dejó. El que se quedó logró desintoxicarse, y quedó libre de la droga durante varios meses después del curso. Más tarde llamó por teléfono al señor Grivas para informarle que había vuelto al consumo de la heroína. El señor Grivas le pidió que repitiera el curso y se pasó un día con él para reforzar su entrenamiento de Control Mental, y una vez más se vio libre de la droga. Meses después seguía sin consumirla; después mudó su lugar de residencia y el señor Grivas perdió todo contacto con él.

El segundo esfuerzo para ayudar a los adictos por medio del uso de Control Mental se llevó a cabo en un proyecto co­munitario del Bronx, con dieciocho ex adictos, algunos de los cuales eran administradores y pertenecían al personal del pro­yecto mismo. Aquellos que tomaron el curso dijeron que se sen­tían mucho más capaces que nunca de controlarse a sí mismos, y meses más tarde, varios de ellos informaron que incluso ha­bían logrado trasmitir parte del entrenamiento a sus familias. No fue posible realizar pruebas confiables antes y después del curso ya que tres meses más tarde no se logró localizar a mu­chos de los dieciocho miembros que originalmente habían inte­grado el grupo.

¿Se ha aprendido algo de estas dos experiencias? Sí, nos dice Paul Grivas. Aunque todavía no existe una comprobación esta­dística, la experiencia indica dos cosas:

Primero, Control Mental no debe entrar en contacto con la vida de un adicto durante solo cuarenta y ocho horas, para después dejarle a él el resto de la labor. Para la mayor parte de nosotros el curso constituye una experiencia que nos transforma de manera permanente, pero para el adicto, que tiene que superar años, quizá toda una vida, de intenso acondicio­namiento negativo, además de una adicción mental y física, es necesario que transcurra un periodo prolongado de ayuda adicional.

-Si me proporcionan un programa de rehabilitación de drogas en el que pueda hacer esto -dice Grivas-, obtendré resultados.

Segundo, si bien es difícil vencer a la drogadicción, el adic­to absorbe más fácilmente que muchas otras personas el entre­namiento de Control Mental. El señor Grivas cree que la razón de esto radica en que Control Mental implica un estado alte­rado de conciencia. En tanto que la mayor parte de la gente jamás ha alterado su estado de conciencia, el drogadicto lo ha hecho con frecuencia. Lo que no ha hecho antes es ponerse a un nivel mental útil en el que pueda obtener el control en lugar de perderlo. Es en este aspecto en el que Control Mental le reserva una promesa especial al adicto.

Aunque no se han llevado al cabo estudios muy amplios en esta área, los relatos de éxito por parte de nuestros graduados son lo suficientemente frecuentes para indicar que la confianza del señor Grivas en Control Mental está bien fundamentada.

Aquí tenemos el relato de un graduado que curó su propia adicción en 1971. Todavía está "limpio".

Sabía que tenía un problema grave: adicción a la he­roína. Mi nivel de comprensión en ese momento me im­pedía entender la forma en la que me iba a ayudar un curso llamado Control Mental, que sostenía entre otras cosas, que ayudaba a la gente a eliminar hábitos indesea­bles, si yo ya había probado la mayor parte de los métodos de rehabilitación para drogadictos. ¡Aunque me sentía escéptico, después de acudir a psiquiatras, psicoterapeutas, programas de metadona y hospitales, estaba dispuesto a probar cualquier cosa! Estaba convencido de que no viviría los tres años que faltaban para mi trigésimo cumple­años, a menos que dejara el uso de la heroína y el modo de vida que esta exigía para conseguir hasta 200 dólares diarios de droga.

"Un hábito no es más que impresiones en las células cerebrales que han sido reforzadas por medio de la repeti­ción", dijo el instructor de Control Mental. "Al cambiar la programación en el nivel de la causa, la mente subcons­ciente", continuó, "cambiamos los patrones del comporta­miento en el nivel del efecto que es la dimensión de la con­ciencia externa". Desde el punto de vista lógico, me parecía que tenía sentido, pero mis niveles emocionales me de­cían que necesitaba emplear drogas para insensibilizarme ante la vida y ante los sentimientos negativos que abrigaba hacia mí mismo. Entonces el instructor nos proporcionó una técnica para modificar la imagen de nosotros mismos como personas débiles, carentes de voluntad, ineficaces, y sustituirlas por imágenes de seres humanos confiados, con un concepto saludable de nosotros mismos.

Todavía escéptico, pero con un destello de esperanza, empecé a cambiarme en mi imaginación a nivel "Alfa". Me programaba tres veces al día, mañana, tarde y noche, y me decía que para el 20 de julio, treinta días después de la fecha de mi primera programación, desaparecería para siempre todo deseo de consumir drogas. A lo largo de los treinta días seguí usando drogas, pero disminuí con lenti­tud la cantidad consumida, y lo planeé de tal manera que para la fecha límite que me había fijado habría dejado de consumir drogas por completo.-

En aquel grandioso día de julio dejé de consumir drogas y no las he vuelto a consumir desde entonces. Esto no se pareció en ningún sentido a las demás ocasiones anteriores, en las que dejaba de consumir drogas, solo para volver a hacerlo en unos cuantos días, o unas cuantas semanas. En esta ocasión mi sentimiento profundo me decía que genuinamente no tenía deseos de consumir drogas. No necesité de fuerza de voluntad, ni de sustitutos, ni de supresión de sentimientos y deseos. ¡Dio resultado! ¡Por fin estoy libre!

El alcoholismo, otro vicio más, está mucho más difundido que la drogadicción, y ensombrece muchas más vidas... millo­nes de ellas tan solo en Estados Unidos. Sus víctimas también tienen la necesidad desesperada de vencer sentimientos de desamparo, fracaso y culpabilidad, para adquirir confianza en sí mismos y serenidad para facilitar su retorno a la salud.

Estas necesidades quedaron satisfechas cuando quince alcohó­licos tomaron el curso de Control Mental en 1973 como parte de un proyecto de investigación que se llevó al cabo en un retiro campestre en donde se encontraban bajo tratamiento. El doctor De Sau evaluó los resultados. Aplicó el mismo test de personalidad que había usado con anterioridad con los alum­nos graduados de la Universidad de Scranton y, al igual que en el estudio anterior, lo aplicó una vez inmediatamente antes del curso y otra, un mes después del mismo.

El contraste más marcado entre estas quince personas antes del curso y después del mismo se manifestó en el comporta­miento de manipulación. En el perfil de grupo se observó un desplazamiento del control furtivo de la conducta, a una mayor franqueza y sinceridad en la persecución de los objetivos, un cambio que la casualidad produciría solamente una vez en un centenar de ocasiones. Otras modificaciones siguieron, en for­ma general, el patrón que se observó entre los estudiantes de secundaria y los graduados de quienes se habló con anteriori­dad. Adquirieron una mayor fortaleza del ego y una mayor confianza en sí mismos, y se mostraron más relajados y más abiertos a nuevas experiencias, todas estas, cualidades de valor inapreciable para cualquier persona que lucha por liberarse del alcohol.

Uno de los cambios más significativos fue una reducción en la "sensibilidad ante la amenaza", o ansiedad. El doctor De Sau escribió: "El área de la sensibilidad ante la amenaza, con su intensa tensión autónoma y su exceso de actividad, puede ser de importancia considerable para la comprensión del com­portamiento del alcohólico. Es muy posible que los alcohólicos empleen el alcohol como un medio para tratar de equilibrar sus síntomas mentales físicos. El alcohol como una respuesta para equilibrar la mente y el cuerpo en una situación de ame­naza podría proporcionar un alivio de ese nivel de ansiedad. Podría parecer que la mejoría en el concepto de sí mismo y la capacidad para enfrentar la ansiedad constituirían una alter­nativa significativa en lugar del alcohol".

El director del retiro campestre presentó un informe sobre los progresos de los quince nuevos graduados de Control Mental seis meses más tarde. (Con objeto de proteger su intimidad se utiliza simplemente la palabra "sujeto" o la letra "S" para hacer referencia a ellos, en lugar de emplear sus nombres).

Sujeto 1: No ha habido recaídas desde que se sometió al programa de rehabilitación de 90 días. Desde que tomó el curso de Control Mental. S ha progresado y ha dejado de ser un in­dividuo muy pasivo y retraído, para convertirse en una persona cordial, sociable y de agudo ingenio.

Sujeto 2: Desde que tomó el curso de Control Mental, S no ha sufrido ninguna recaída y ha dejado la residencia y el programa de tratamiento en el retiro campestre. Parece ser que S está adquiriendo una sensación de bienestar y confianza en sí mismo.

Sujeto 3: No ha tenido recaídas desde que se sometió al tratamiento de rehabilitación en el programa del hospital. Des­de que tomó el curso de Control Mental, S ha experimentado un progreso definitivo en el programa de A. A.

Sujeto 4: No ha sufrido recaídas desde su hospitalización antes de tomar el curso de Control Mental. Este ha reforzado en forma definitiva su programa de tratamiento terapéutico.

Sujeto 5: S no ha sufrido ninguna recaída desde que se le dio de alta del programa de rehabilitación del hospital.

Sujeto 6: No ha habido recaídas. La sensación de bienestar de S está mejorando en forma definitiva. La mejoría se refleja en una estabilización aparente de toda su familia. Sus califica­ciones en la universidad también han mejorado.

Sujeto 7: Hasta la fecha S no ha sufrido ninguna recaída. Después del Curso de Control Mental, S abandonó el programa A. A. No obstante, es evidente que vive de acuerdo con la filo­sofía de A. A. Aparentemente, las relaciones familiares también parecen estar mejorando.

Sujeto 8: No ha sufrido recaídas desde que tomó el curso de Control Mental. Las relaciones familiares han mejorado enormemente. S ha dejado de ser el tipo de individuo mordaz e iracundo, para convertirse en una persona con tempe­ramento afable, "que ama a su vecino".

Sujeto 9: El sujeto, una mujer, no ha sufrido ninguna re­caída, y en la actualidad tiene un empleo.

Sujeto 10: No ha habido recaídas. Ahora S se orienta hacia sus objetivos y ha alterado en forma definitiva las limitaciones autoimpuestas, y está buscando oportunidades para obtener lo­gros de mayor importancia.

Sujeto 11: Desde que tomó el curso de Control Mental, S ha afirmado que su vida ha mejorado en forma progresiva, cosa que salta a la vista en la sensación de bienestar que manifiesta su familia y que se aprecia en su hoja de servicios en el traba­jo. S no ha sufrido ninguna recaída.

Sujeto 12: Doce años en el programa de A. A. Desde que tomó el curso de Control Mental, S ha sufrido una breve recaída con una duración de menos de una hora. No ha habido otras recaídas.

Sujeto 13: No ha sufrido recaídas desde que se le dio de alta del programa de rehabilitación del hospital. Desde que tomó el curso de Control Mental, S está reorganizando su vida en forma progresiva. Se ha observado mejoría en áreas tales como el trabajo, la familia, etcétera.

Sujeto 14: Desde que tomó el curso de Control Mental, S ha sufrido varias recaídas, y de todas ellas se ha recuperado por su propia cuenta. No ha sido hospitalizado a causa de nin­guna de estas recaídas, como sucedía antes de que tomara el curso de Control Mental.

Sujeto 15: Se ha sometido periódicamente ai programa de A. A. a lo largo de ocho años. Fue hospitalizado cuatro veces antes de tomar el curso de Control Mental. Hubo recaídas pe­riódicas durante este ínterin. Desde que tomó el curso de Control Mental, S ha sufrido cuatro recaídas, dos de las cuales requirie­ron de un breve periodo de hospitalización.

Obviamente, Control Mental constituyó un poderoso es­tímulo en las luchas de estos quince alcohólicos, a excepción del último.

Desde luego, este pequeño estudio no basta para demostrar que en la actualidad Control Mental se debería aceptar como parte integral del tratamiento de los alcohólicos. No obstante, la mejoría en la sensación de bienestar que se ha hecho apa­rente en forma tan uniforme en las pruebas realizadas antes y después del curso con los estudiantes y pacientes psiquiátri­cos, indica claramente que aquellos que buscan medios más efectivos para ayudar al alcohólico deberían hacer una prueba con el Control Mental.

      Existe otra condición que provoca el quebrantamiento del amor propio; esta situación no es autoimpuesta, como en el caso de la adicción a las drogas o al alcohol, pero está todavía más difundida: la pobreza. Desde que existen las sociedades humanas se ha reflexionado sobre las causas de la pobreza y sus remedios. Control Mental no participa en este debate, pero puede resultar de gran ayuda para persuadir a los pobres para que recurran a sus fuerzas y se ayuden a sí mismos.

A algunos les puede parecer que ya hemos iniciado la parti­cipación en el debate, como si al persuadir a los pobres para que se ayuden a sí mismos estuviéramos suponiendo que ellos tienen la culpa de su propia pobreza. Obviamente, esto es falso, pero cada una de las personas pobres se puede ayudar a sí misma para salir de sus limitaciones cuando descubra en Control Men­tal lo que todos los demás descubren: una mayor capacidad para controlar su propia vida.

El primer esfuerzo serio para descubrir qué utilidad tendría Control Mental, si es que la tiene, como parte de un programa de rehabilitación en el ámbito del trabajo social, fue un estu­dio con 41 personas que vivían de la beneficencia pública.

Es bien sabido que una persona que se queda sin empleo sufre un golpe en su amor propio. Esto hace más difícil el que piense y actúe debidamente para salir de su problema. Un aspirante a un empleo que muestra una actitud derrotista y acomplejada se desempeña en forma poco favorable en las en­trevistas que tiene, cosa que prolonga su periodo de desempleo, lo que a su vez hace que disminuya todavía más su amor propio. A la larga esto lo puede conducir a vivir de la beneficencia pública. Si algo interviniera en esta espiral descendente a pro­porcionar un estímulo realista al amor propio, la persona alcan­zaría una posición poderosa para ayudarse a sí misma.

A grandes rasgos, este es el razonamiento que siguió Larry Hildore, director del Departamento de Servicio Social de Ottawa County, en Michigan. Él mismo había tomado el curso y sabía lo que el entrenamiento podía lograr. La única duda que tenía en mente radicaba en saber si los resultados se podían medir y qué forma darle a las mediciones.

Para elaborar el proyecto de investigación y aplicar los tests él y el doctor De Sau recurrieron al doctor James Motiff del departamento de psicología de Hope College, en Holland, Mi­chigan. El test que escogieron fue el "Tennessee Self-Concept Test", prueba ampliamente usada que consta de seis páginas y cien preguntas. Este test mide cinco aspectos de la opinión que una persona tiene de sí misma: ser físico, ser moral/ético, ser personal, ser familiar y ser social. El test se aplicó en dos ocasiones, una antes del curso y la otra después del mismo.

Este solo hecho podría llevar a algunos a ver los resultados como un simple "Efecto de Hawthorne". (A mediados de la década de 1920 y en los primeros años de la de 1930, la com­pañía Western Electric Company emprendió un proyecto de investigación de largo alcance para estudiar los distintos cam­bios en las condiciones de trabajo que podrían mejorar el es­tado de ánimo de los empleados de su planta Hawthorne, de Chicago. No importaba lo que la compañía hiciera, el estado de ánimo mejoraba. Si contribuían con algo, el estado de áni­mo mejoraba. Si lo eliminaban, volvía a mejorar. Coincidieron en que a la gente le daba gusto que se percataran de su existencia, y esto explica las mejorías en el estado de ánimo.)

Para medir este posible "Efecto de Hawthorne", el doctor Motiff puso a prueba a otro grupo de personas que vivían de la beneficencia pública que no tomaron el curso de Control Mental. Se les aplicó la prueba dos veces, pero a diferencia del grupo que había tomado el curso de Control Mental, ellos no experimentaron nada especial entre los dos tests. No se pro­dujo ningún "Efecto de Hawthorne".

Aquellos que recibieron el entrenamiento de Control Men­tal terminaron con puntos de vista radicalmente diferentes acerca de sí mismos, cambios que en algunos casos superaban la casualidad con probabilidades de millones a una. Los cam­bios fueron extraordinarios en todas las categorías: los nuevos graduados descubrieron que eran mejores personas de lo que antes habían pensado que eran, y sintieron una nueva confian­za en su capacidad para resolver sus propios problemas.

El grado de cambio llevó al doctor Motiff a exclamar que los datos "son los más significativos que jamás he observado".

Un informe relacionado con el estudio decía lo siguiente:

Había surgido una cierta duda en relación con el grado de receptividad que mostraría una... madre [que vive de la beneficencia pública] en los abismos de su miseria, ante una exposición repentina con Control Mental, y su filosofía que habla de "estar cada vez mejor". Dicha preocupación se disipó rápidamente... en la segunda semana. Ciento por ciento de las personas que se inscribieron originalmente regresó para terminar el curso, y el tímido silencio preva­leciente en un principio fue reemplazado por un murmullo de animada conversación que amenazó con convertir la se­sión en una reunión de reencuentro de gran efervescencia.

Casi todo el mundo tenía algo constructivo de qué ha­blar ... un nuevo acercamiento con sus hijos... la des­aparición de un dolor crónico de cabeza .. disminución en la frustración... pérdida de peso. Una joven madre de ros­tro radiante usó la técnica del Espejo de la Mente para encontrar la solución a su problema de empleo y vio úni­camente una mano que llenaba un cheque. Al día siguiente consiguió justamente el empleo que siempre había deseado.

Por lo general es un estado mental en que se ha deteriorado el concepto de sí mismo el que lleva a una persona a ingresar en una prisión y allí lo convierte en un hombre rudo y cínico. Y es también un estado mental el que generalmente propicia su pronto regreso a la cárcel una vez que ha salido "libre". La clase de libertad que Control Mental podría proporcionar a un delincuente es la misma que nos ofrece a todos nosotros; la liberación absoluta de las constricciones mentales que se nos manifiestan a muchos de los que andamos "libres", como dolo­res de cabeza, úlceras, insomnio, angustia y fracasos en la vida, y que equivalen a lo que los prisioneros encuentran como la constricción de muros y rejas.

La limitada experiencia que tiene Control Mental en las prisiones indica que tiene como resultado que el individuo per­cibe un medio ambiente menos brutal. El tiempo de condena ya no se compone de horas vacías que la ley arrebata a la vida de una persona, sino en una parte plena de la vida misma... horas de crecimiento y conocimiento de sí mismo. Puede ser que Control Mental no haga de la prisión una morada de feli­cidad, pero puede convertirla en un sitio más civilizado en el cual uno puede evolucionar.

Aunque no se han llevado al cabo estudios estadísticos, las experiencias personales de los prisioneros y de sus instructores son mucho más elocuentes. Cuando Lee Lozowick era coordi­nador de área de Control Mental en Nueva Jersey (renunció a principios de 1976 para establecer Hohm, una comunidad espi­ritual), él impartió el curso siete veces en la prisión Rahway State Prison, cuatro veces a un total de aproximadamente se­senta presos, y tres veces al personal de la prisión.

-No cabe la menor duda -dijo él- acerca de los bene­ficios que los prisioneros y el personal obtuvieron del curso. Se les podía observar en el rostro.

Los funcionarios quedaron hasta tal punto impresionados con Control Mental que a los prisioneros que estaban estudian­do para obtener un título se les acreditó académicamente el curso.

Ronald Gorayeb, quien sucedió al señor Lozowick en su puesto en Control Mental, impartió el curso a diez presos de la cárcel Passaic County Jail de Nueva Jersey. Un hombre aban­donó el curso cuando quedó en libertad y quiso regresar para terminarlo. Los funcionarios de la prisión tuvieron que negarse. Otro pidió aislamiento penal después del curso para ayudarse a meditar. Los funcionarios de la prisión accedieron. Otro más se programó un empleo en el exterior, por medio del uso de la técnica de la pantalla mental. Encontró el empleo, que era lo único que necesitaba para obtener la libertad condicional.

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