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El método Silva de control mental

Vilma Spalla

Autor: Vilma Spalla
Curso:
8,83/10 (74 opiniones) |103598 alumnos|Fecha publicación: 01/09/2006

Capítulo 16:

 Algunas especulaciones

Los capítulos 3 al 15, que usted acaba de leer, fueron dise­ñados, al igual que el curso de Control Mental, para ayudarlo a usar más de su mente de maneras especiales, para resolver la clase de problemas que acosan a toda vida humana. Lo que us­ted ha leído se deriva de mis más de treinta años de estudio y experimentación. Como podrá ver, he mantenido mi trabajo en un nivel por demás práctico, tal vez porque nací muy pobre y la vida me planteó problemas prácticos desde el principio.

Sin embargo, en el camino me pareció lo más natural es­pecular acerca de los muchos descubrimientos que me asombra­ban. Corno he sido influenciado por una gran cantidad de lec­turas, por asociados cultos, y quizá más que nada por la muy rica tradición del cristianismo, es poca la originalidad que me puedo adjudicar por estos pensamientos.

Una de las cosas que me sorprendió fue que nada de lo que descubrí que era realmente viable estaba en pugna con mis convicciones religiosas. A lo largo de trágicos siglos ha existido una relación embarazosa entre ciencia y religión. Yo jamás he experimentado esto personalmente. Lo que me sor­prendió todavía más es que mis descubrimientos no entraban en conflicto con ninguna otra religión ni, de hecho, con nin­gún concepto establecido en el mundo. Entre nuestros graduados entusiastas encontramos ateos, protestantes de todas las denominaciones, católicos, judíos, musulmanes, budistas e hindúes, junto con hombres de ciencia y eruditos de una amplia gama de disciplinas.

¿Significa esto que no existen valores inherentes en Control Mental? ¿Acaso las técnicas que yo elaboré, no son ni buenas ni malas, como las tablas de multiplicar? Dije que este capítulo versaría sobre especulaciones, pero en este punto tengo algunas convicciones firmes, mismas que creo apoyar con lógica. Permí­tame que las exprese como una especie de catecismo:

1. ¿Tiene leyes el universo? Desde luego... la ciencia las está descubriendo.

2. ¿Podemos infringir estas leyes? No. Podemos saltar de un edificio y morir, o lesionarnos, pero las leyes no se que­brantan; somos nosotros los que nos hacemos daño.

3. ¿Puede el universo pensar en sí mismo? Sabemos que por lo menos una parte de él lo puede hacer: nosotros mismos. ¿No resulta razonable llegar a la conclusión de que el todo puede hacerlo?

4. ¿Es el universo indiferente ante nosotros? ¿Cómo podría serlo? Somos parte de él y reacciona ante nosotros.

5. ¿Somos nosotros fundamentalmente buenos o malos? Cuando estamos en contacto estrecho con nosotros mismos, en la meditación, no somos capaces de hacer daño, y sí podemos proporcionar grandes beneficios.

De no ser por mis experimentos que comprueban el núme­ro 5, yo y mi punto de vista de la realidad seríamos completa­mente diferentes.

La mejor definición de la realidad que jamás escuché es que se trata de un sueño que todos compartimos. Tan solo con­tamos con los más leves indicios de lo que en verdad es. Lo que percibimos, la manera en la que vemos las cosas, se ajusta en gran parte a nuestra propia conveniencia. Las cosas vistas a distancia no son más pequeñas en la realidad, y las cosas sólidas no son verdaderamente sólidas.

Todo es energía. La diferencia entre un color y un sonido, entre un rayo cósmico y una imagen televisada, es la frecuen­cia, o lo que la energía está haciendo y la rapidez con la que lo está haciendo. La materia también es energía, según descu­brimos por medio de la fórmula E = MC2; es energía que lleva al cabo algo diferente, que se encuentra en otro estado. Un punto interesante en relación con la energía, en un mundo de opuestos en el que tenemos arriba y abajo, negro y blanco, rápido y lento, es el de que no existe opuesto alguno para la energía. Esto se debe a que no hay nada que no sea energía, incluyéndolo a usted y a mí, y a todo aquello que pensamos. El acto de pensar consume y genera energía, o, para ser más precisos, convierte energía.

Usted puede darse cuenta ahora de la razón por la que encuentro una diferencia mínima entre un pensamiento y una cosa.

¿Pueden los pensamientos ejercer influencia sobre las co­sas? Desde luego; la energía lo puede hacer.

¿Pueden los pensamientos ejercer influencia sobre los acon­tecimientos? Por supuesto; la energía lo puede hacer.

¿El tiempo es energía? Únicamente cuento con especulacio­nes por demás tentativas en este respecto, en virtud de que el tiempo nos presenta un gran número de facetas distintas. Si lo vemos de una forma creemos verlo con claridad, y si des­pués lo consideramos de otra manera nos parece completamen­te distinto.

Para atarnos las agujetas de los zapatos o para atravesar la calle, es mejor pensar que el tiempo corre en línea recta desde el pasado, cruzando por el presente rumbo al futuro. Es preciso que pensemos de esta manera con objeto de salir con bien de la diaria tarea de vivir, de la misma manera que todavía pensa­mos convenientemente que el Sol sale y se mete, como si la anti­gua astronomía de Copérnico nunca hubiera comprobado lo contrario. Desde esta perspectiva podemos recordar el pasado, experimentar el presente y ver con incertidumbre, si acaso, hacia el futuro.

Esto no sucede desde otra perspectiva. En Alfa y Theta podemos ver en el futuro y en el pasado. Los acontecimientos que sobrevendrán si proyectan sus sombras antes de producirse, y nosotros nos podemos entrenar para verlas. Esta habilidad se conoce con la palabra, respetable hoy día, "precognición". Era menos respetable cuando yo gané en la lotería mexicana.

Si en los niveles Alfa y Theta se puede ver el futuro desde ahora, este debe de enviar por delante alguna clase de energía, con la que podemos sintonizarnos y para que el tiempo emita cualquier clase de energía a cualquier punto, es preciso que sea una energía en sí mismo.

Yo descubrí algo bastante extraño en relación con la manera de la que percibimos el tiempo hace muchos años, cuando rea­lizaba experimentos en el campo de la hipnosis.

Cuando llevé a dos de mis hijos en regresiones de edad -pro­yectándolos hacia atrás en el tiempo- si el cambio de escenario de presente a pasado se iniciaba demasiado rápido, se bamboleaban hacia su derecha (estando el sujeto de cara hacia el Sur) al igual que cuando nos movemos bruscamente hacia el Oriente en un camión, nos bamboleamos hacia la derecha (al Poniente).

Los niños sentían que al proyectarlos hacia atrás en el tiem­po viajaban hacia la derecha (Poniente). Cuando yo los progre­saba hacia al futuro lo contrario sucedía; se tambaleaban hacia la izquierda (Oriente). Muchos de mis experimentos (posteriores) con diversos sujetos confirmaron esto.

Más tarde, cuando abandoné la hipnosis en favor de la me­ditación controlada, quise encontrar la manera de desplazarme hacia adelante y hacia atrás en el tiempo en forma subjetiva. Yo miraba hacia el Este porque las disciplinas orientales espe­cifican la recomendación de mirar en esa dirección y el Este me parecía una dirección tan buena como cualquier otra. Después me pregunté si podría desplazarme con mayor libertad en el tiempo colocando el futuro a mi izquierda y al pasado a mi derecha, tomando un indicio de mis experimentos en el campo de la hipnosis.

En este planeta el Sol trae al nuevo día desde el Oriente y se lo lleva hacia el Poniente. Si yo miraba hacia el Sur duran­te mis sesiones de meditación, el Oriente estaría a mi izquierda y el Poniente hacia mi derecha, y de esta manera yo estaría orientado en armonía con el flujo planetario del tiempo.

No sé si realmente descubrí o no descubrí la dirección en la que fluye el tiempo; lo que sí sé es que una vez que empecé a mirar hacia el Sur me sentí mejor orientado en el tiempo y pude desplazarme con mayor facilidad en él.

Ahora vamos a hablar sobre cosas más importantes. He mencionado varias veces a la Inteligencia Suprema en los últi­mos capítulos. ¿Es esta alguna manera evasiva que uso para referirme a Dios? Francamente no puedo comprobar lo que estoy a punto de decir; tengo que hablar según lo que me dicta la fe. Mi respuesta es no; (al hablar de la Inteligencia Su­prema no estoy hablando de Dios. Uso mayúsculas para las palabras porque siento un gran respeto hacia ella, pero para mí no se trata de Dios.

Parece ser que el universo hace lo que hace con una efi­ciencia notable, sin el menor desperdicio. Cuando pongo un pie delante del otro, no puedo creer que una de las preocupa­ciones de Dios consista en encargarse de que no me tropiece, y para el caso, tampoco es una de las preocupaciones de la Inteligencia Suprema; es cosa mía. Fui programado genética­mente para aprender a caminar; esa fue obra de Dios. Ahora que he aprendido, los pasos a seguir me corresponden a mí.

No obstante, hay pasos en la vida que no son rutinarios, y es posible que necesite información que no está a mi dispo­sición mediante los cinco sentidos, para tomar una decisión. Para esto recurro a la Inteligencia Suprema. En ocasiones nece­sito un consejo de importancia trascendental. Para esto recurro a Dios. Digo una oración.

Veo varios niveles de inteligencia como un continuo que va de la materia inanimada a la vegetal y a la animal, des­pués va al ser humano y a la Inteligencia Suprema, y por últi­mo a Dios. Creo que he encontrado científicamente medios de comunicación con cada nivel, desde el inanimado hasta la In­teligencia Suprema. He realizado experimentos bajo condicio­nes controladas, los he comprobado por medio de la repetición, y cualquier persona que siga las instrucciones que aparecen en este libro o que tome el curso de Control Mental los puede reproducir. A esto es a lo que me refiero cuando digo "cientí­fico". Una gran parte de lo demás es especulación y fe; pero esto no lo es.

Presentaré una más de mis especulaciones: en la perspectiva  de nuestra larga historia, nosotros los humanos hemos termi­nado recientemente una etapa evolutiva. Esta consistió en el desarrollo de nuestro cerebro. Esto ya quedó concluido; conta­mos con todas las células cerebrales que vamos a tener. La si­guiente etapa ya está en progreso: el desarrollo de nuestra men­te. Dentro de poco tiempo las que ahora se consideran habili­dades psíquicas especiales serán lugar común para todos nos­otros, como lo son en la actualidad para los graduados de Control Mental y para aquellos lectores que sigan los pasos que he bosquejado en este libro.

Al leer estas especulaciones usted puede darse cuenta de que tengo un determinado punto de vista respecto del mundo y de lo que constituye la verdad y la realidad. Ahora resulta justo que usted pregunte:

-¿Los graduados de Control Mental emergen de sus expe­riencias con puntos de vista similares a estos?

No, lejos de esto. Permítame que le proporcione un ejem­plo.

Entre aquellos que siguen más de cerca las prácticas de Control Mental, un número sorprendente de ellos se vuelven vegetarianos. Harry McKnight, quien trabaja estrechamente conmigo, lo hizo recientemente. A mí me gusta disfrutar de un buen filete.

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