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María de Magdala. Historia

Autor: Agustín Fabra
Curso:
10/10 (11 opiniones) |1015 alumnos|Fecha publicación: 12/07/2010
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Capítulo 1:

 Magdala. Nota preliminar e introducción

Este Ensayo sobre María Magdalena ha sido elaborado en base a múltiples estudios de teólogos y de autores católicos, así como consultas en datos de Concilios de la Iglesia Católica, desde el principio del cristianismo hasta el día de hoy.

En ningún momento se ha recurrido a textos gnósticos ni cátaros, como el Pistis Sophia o los Diálogos del Salvador, ni demás datos hallados en los rollos de Qumrán ni en los códices de Nag-Hammadi.

La única excepción es la inclusión del Evangelio de María a modo de anexo, el cual se ha incluido para el conocimiento del lector, pero en ninguna parte del texto de este Ensayo se ha utilizado algún párrafo de dicho Evangelio.

Todas las citas bíblicas han sido obtenidas de la Nueva Biblia de Jerusalén (Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, España, 1998).

                                                                              West Palm Beach, FL. 30 de abril del 2010

Introducción

“Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: Mujer, ¿por qué lloras?. Ella les respondió: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Dicho esto, se volvió y vió a Jesús, de pié, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré. Jesús le dice: María. Ella se vuelve y le dice en hebreo: Rabunní (que quiere decir: Maestro). Dícele Jesús: deja de tocarme, que todavía no he subido al Padre. Pero vete a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos: He visto al Señor y que había dicho estas palabras” (Juan 20:11-18).

Desde los orígenes del cristianismo se tejió en torno a María Magdalena una tupida red de fábulas cuya intención parecía ser la de ocultar su verdadera identidad y quizá rebajar el papel fundamental que ella debió tener en la fundación de la religión cristiana.

Así nació la leyenda: sin ningún fundamento histórico ni bíblico se proclamó la condición de prostituta pública de María Magdalena, se aseguró que era una mujer poseída por demonios impuros, y se fomentó la idea de mujer pecadora, arrepentida y penitente. La figura de María Magdalena ha permanecido tan oculta por distintas razones, que ha generado confusión y desorientación.

Se la llegó a considerar incluso como patrona y protectora de los prostíbulos, de las casas de mujeres pecadoras, de los vendedores de perfume, de las peluqueras e incluso de los zapateros. Pero María Magdalena, la mujer más nombrada en los Evangelios, no fue prostituta ni estuvo poseída por demonios impuros.

¿Por qué los Evangelios del Nuevo Testamento hablan tan poco sobre ella? Es claro que los Evangelios muestran rastros de una alta estima por ella, pero también de una decisión de reducir la importancia de su papel, posiblemente por ser mujer. Esto se confirma por la exclusión de las mujeres en la consideración del apostolado, en el relato de Lucas al principio de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 1:21-22).

Afortunadamente la Iglesia Católica, a partir del Concilio Vaticano II en 1963, reconoció el error en que se había incurrido al encasillar a María Magdalena en su papel de pecadora. Esto se debió en gran parte al florecimiento de los estudios bíblicos, junto con el descubrimiento de tantos manuscritos que iluminan los orígenes del cristianismo (Qumrán y Nag Hammadi a mediados del siglo XX). Por ello la Iglesia Católica modificó un tanto su postura tradicional y dedicó importantes esfuerzos a examinar más la corriente bíblica que la puramente filosófica y teológica, elaborada desde antiguo por Aristóteles.

El Vaticano comenzó a usar los escritos bíblicos como fuente de verdad y no sólo como soporte para probar tesis teológicas vigentes hasta aquel entonces. El conocimiento de las lenguas semíticas permitió interpretar con más fiabilidad los textos bíblicos y un examen más profundo de los mismos, a la luz del contexto histórico de los hechos de la vida y de la predicación de Jesús, y así se puso en cuestión algunas teorías que hasta entonces parecían inamovibles.

Debemos ser cautelosos y reconocer que los Evangelios parecen tener otras razones para mantener a María en el silencio. Y este es el objetivo de este ensayo sobre María Magdalena: la de descubrir los motivos de ese silencio y la de lograr reinstaurar a la Magdalena al lugar que realmente le pertenece en el cristianismo, ya que de todos los discípulos de Jesús, ninguno parece haber sido tan independiente, fuerte y cercano a Él como lo fue María Magdalena.

Capítulo siguiente - El papel de la mujer judía

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