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Capýtulo 3:

 Poesía infantil. Palabras son mariposas

Para esta autora mexicana de raza y fuerza, "la poesía es la manera más completa de conocer la realidad, de aproximarnos a la estructura del tiempo, de vislumbrar nuestra relación con la belleza, de viajar por los caminos de la memoria. La poesía nos permite fundir opuestos en un instante que puede ser engarzado como
una joya a través del arte, sin perder su inasible condición fugaz. ("¡Detente, eres tan bello!", que dijo Goethe). La poesía nos permite entrelazar imposibles y es siempre enamorada. Sufriente y sacrificada, opulenta y menesterosa, nos transforma -como dice el inmenso poeta argentino Alejandro Schmidt- en instrumentos sagrados.
Cuando nos habla el poeta -dijo Gastón Bachelard- nos convierte en agua viva. A esas transformaciones me acojo como un credo y a la triple definición platónica de poesía: "ese algo liviano, alado y sagrado"".
Escribir poesía es tarea difícil, ya lo sabemos, pero hacerlo para niños es aún más complicado porque los niños requieren un verso musical, lleno de candencias, que no sea ñoño, pero sí rico y rítmico. María García Esperón lo logra con "Aires de don Aire" en donde, a manera de un apóstrofe continuado, nos habla de un personaje entrañable, que es don Aire ("Señor Don aire / que vas/ Seños Don Aire / que vienes").
Don Aire circula por la ciudad con la alegría en sus manos, insuflando vida a todo lo que toca y haciendo que las cosas se humanicen, como el sol que no quiere helados, pero "devora la piedra".
Las palabras que emplea María se vuelven nutritivas, tienen cuerpo, aroma, saben a tierra y a cielo:
"En los hornos
de la tarde
ya están cocinando
estrellas
de ajonjolí,
de canela,
de anís
y de hierbabuena".
Empieza con un verso en arte menor para representar que Don Aire es aún suave, que no ha cogido el vuelo y, poco a poco, va ganando en intensidad y el verso se alarga también, como el Aire que lo lleva:
"El hombre de los helados
le ofrece su mercancía
le pone en los labios gotas
de amaranto, de alegrías.
Obleas que dicen historias,
barquillos que no navegan
galletas heladas, romas,
bocados de la sorpresa."
Don Aire está ebrio de alegría y sigue su periplo, y se cuela aquí y allá y llega al tren de los turistas y bromea con todo, a la vez que va sembrando felicidad:
"De tu bolsillo Don Aire,
se escapan, listos, los sueños.
Con tu voz, siempre tan clara,
se enjuagan los limoneros.
Cuando miras esa rama
se levanta la mañana".
Don Aire es el símbolo de la libertad, aunque este bien se puede perder porque, cuando ya no tiene fuerza para seguir y ni puede ayudar a la barca de vela:
" ¡Al arma! ¡Al arma, Don Aire,
que se llevan tus caudales!
Que han abierto el cofre blanco
donde guardas cantidades
de conchas de caracoles,
de abejas de fino talle,
de gorros rotos de duendes
de velas blancas de naves.
Las palomas mensajeras
se llevan tus novedades,
ya vuelan por la ventana
te dejan solo, Don Aire...
¡Qué tristeza entonces!"
Don Aire ni se compra ni se vende, solo se regala y es que:
"Don Aire sí que es poeta.
Es poeta y no lo sabe:
-Palabras son mariposas
son cosa de regalarse.
Si yo les pusiera precio
-me dijo el señor Don Aireya
no me pondrían veleros
en los mares de la tarde."
La poesía de María García Esperón alcanza entonces momentos de hondo lirismo,cuando evoca el Aire y el vacío que deja su ausencia. Son versos con un acento antiguo, cercanos al "Romancero gitano", teñidos de ausencias, de intuiciones, de
presagios:
"El niño del pescador
se sumergió ante tus ojos.
Cuando volvió traía el mar,
un mar moreno y ansioso.
Una moneda en los labios
Un raspón nuevo en el codo,
memorias de caracoles
y de extraviados tesoros".
El propio yo lírico toma partido en la historia y:
"Por los mares de Don Aire
me embarqué aquella tarde
y me sorprendí remando
por su sueño interminable.
Y me sorprendí llorando.
Y me consolé en seguida
para atrapar la marea,
con su luna aún encendida."
El poemario es circular, empieza y acaba con la alegría de Don Aire, pero ha seguido un camino que lo ha llevado de la felicidad a la tristeza, pasando por varias etapas en su camino de fuerza arrolladora:
"Salió Don Aire del verso
y te puso su sombrero,
cinta grana en tu paraguas,
y más sal en tu salero.
Salió Don Aire y airoso
agitó su pluma al viento,
le dio puntos a las íes
y firmó sus hasta luegos"
Don Aire está de nuevo aquí, a nuestro lado:
"Para volver a encontrarte.
Para volver a encontrarse.
Para sentarse
en la banca
a ver oler
los azahares..."
Y el verso, vemos como al final vuelve a encogerse puesto que es un empezar de
nuevo, a coger fuerza, a ensancharse, a perderla, a recuperarse... La historia de Don
Aire se contiene en el poemario que es un texto unitario que recoge, como acabamos
de ver, la peripecia de este personaje singular, presente en nuestra vidas aunque no
siempre le hayamos prestado atención. Las ilustraciones de Lorde -Lourdes García
Esperón- son hermosas, se adelgazan como la voz de Don Aire, suben y bajan y se
adaptan al texto como la propia voz de Don Aire se pega a nuestras faldas y a
nuestras risas.
Si pasamos a comentar "Tigres de la Otra noche" -ilustrado de manera riquísima por
Alejandro Magallanes- es también un texto unitario que nos cuenta una historia llena
de emoción y fantasía entre un niño o una niña -o la propia autora- y un tigre:
"Hay un tigre
bajo mi almohada
todas las noches
estrena rayas."
El tigre es el ser que emplea la poeta para conocer mundo, gracias a él sabrá qué hay detrás de las cuatro paredes de su habitación. El poemario es un homenaje que rinde la autora a los héroes y autores de la literatura infantil y juvenil y, sobre todo, al tigre que es uno de los símbolos del escritor argentino Jorge Luis Borges. El tigre, como ocurría con Don Aire es el símbolo de la libertad, de la fuerza. No podía ser de otra manera viniendo de una mujer tan apasionada como María García Esperón. No quiere tener miedo y el tigre le proporciona la energía necesaria:
"Tigre,
dame una manita
de gato.
Quiero salir
a probar este mundo
a la carrera.
No podría hacerlo sin ti.
Afuera
están los chicos grandes,
las materias desconocidas
la maestra y los policías.
No es que tenga miedo:
sólo un poco de precaución,
que no es del todo mala.
Pero si me das algo tuyo...
algo simbólico,
no te asustes.
No quiero tu piel,
ni tus colmillos,
ni siquiera tu rugido
metido en un pañuelo.
Si acaso,
tigre mío,
quiero una mano,
una manita de gato."
Con el tigre viaja a la India, hacia lo desconocido, en donde vive aventuras mágicas, pero regresa a la realidad y quiere que el tigre siga a su lado:
"¿Quieres venir conmigo?
¡Anda!
Te llevaré a la escuela.
Te sentaré en el sitio
de mi mejor amigo.
¡Cuidado con tu cola!
Trata de enroscarla
debajo del pupitre.
Así está bien.
¡Tus bigotes!
¿No puedes guardarlos?
Distraen a la maestra.
Trae acá esa pata.
Aquí,
sobre mis hombros,
para que,
en el recreo,
todos sepan
que yo tengo un amigo
verdadero.
Dictado.
Hay que poner acentos
en diez palabras.
Cerré los ojos
y volví a abrirlos...
Los acentos
eran rayas.
Sobre la hoja
y las diez palabras
el tigre
salía de caza."
El mundo real y el imaginario, la rutina y la fantasía, Sancho y Quijote se hermanan en estos hermosos versos, de medida desigual, que nos hablan de una hermosa historia de amistad. El tigre no parece encajar en la escuela y por eso:
"Llevé a mi tigre
al zoológico.
Lo pensé mucho
-no fuera a pasarla mal-
pero quise correr el riesgo.
Estuvo mucho rato
apoyado
en los barrotes
de la jaula de los tigres.
Finalmente rugí
y salté sobre las rejas,
asombrando al cuidador
y a los cachorros.
Le arrebaté al guarda
las llaves de la jaula
y abrí la puerta de la prisión.
Lo demás fue un río de tigres
corriendo bajo los árboles
entre nubes de globos
y algodones de azúcar
y nubes de verdad
y libertad dulce."
La libertad de nuevo, la libertad tan importante en nuestras vidas y que nadie puede arrebatarnos. El tigre es como una ilusión en la vida de la poeta, que la sigue a todas partes, que hace que su vida sea menos aburrida y gris, que sea una vida especial.
María García Esperón recoge muy bien los elementos que conforman la vida de un niño y cómo éste rompe lo que parece serio, organizado, cabal y crea una ilusión hermosa, llena de rayas porque:
"Abrí el viejo baúl
y ahí estaba:
enroscado entre mis cosas,
mis libros,
mis juguetes,
mis estampas.
Adormilado y contento.
con los ojos bien abiertos en un sueño.
¿Has pensado
que si abres la puerta
de tu armario
le podrías ver la cara
al tigre?
Escondido.
Agazapado entre las flores.
Soñoliento.
Coronado de rosas.
Rey en su jardín,
oculto por sus rayas.
El tigre de la alfombra
sabe que es mirado
solamente por mí.
Ellos pasan por el rastro
que deja la luna
cuando viaja.
Hunden sus patas
en la hierba
que tiene perlas.
Se beben la noche
sin copa ni vaso,
despacio.
Y si llegan a mirarse
tiemblan
de belleza.
Tigre
de la caja de colores
apenas diste
un zarpazo de acuarela.
La jungla se deshace
porque ha llovido
y te me olvidaste, tigre
agazapado,
en la hoja de papel
bajo el árbol."
Pese a que (el tigre es una fiera/ a su manera...) la historia llega a su fin y la vitalidad del tigre -y de los sueños- también:con el tigre
"Vino a despedirse.
La piel le colgaba
un poco
(de los codos).
De repente
me pareció viejo.
Debo confesar que,
cada día,
me costaba más trabajo
hacerlo correr.
De salir a cazar
bajo la luna,
ni hablar.
"Hace mucho frío",
le decía yo,
como pretexto.
(Y no era cierto.)
El que no quería
correr ni cazar
-ya lo adivinaste-
era yo.
Por eso se hizo viejo.
Por eso se despidió.
"¡Espera!", le dije,
pero ya era duro de oído.
Entonces...
corrí descalzo
bajo la luna fría.
Volví a ser su cazador,
su corredor,
su embustero."
No puede desaparecer un amigo así, de repente, la vejez no puede aniquilarlo, para eso sirven los sueños, para eso sirve la ilusión que envuelve todo el poemario:
"(Mi tigre regresó,
la otra noche,
cuando por extrañarlo,
insomne,
contaba para dormirme
sus rayas de memoria.)"
Vemos que la personificación es esencial para entender los versos de María garcía. La poeta es como un demiurgo que dota de vida a las palabras, que observa los sueños, la magia que hay en la naturaleza, en las miradas y todo eso lo plasma en sus versos, llenos de ritmo, de cadencias, de recuerdos de otros mundos que acaso estén en éste y que nos llevan, a los adultos también, a su infancia y a los niños les dan alas para
seguir soñando y paladeando a qué sabe la palabra libertad.
"Sombraluna" es otro poemario de la autora mexicana, ilustrado por Lorde, que, como los dos que hemos comentado, cuenta una misma historia a través de varios versos que, en realidad, forman parte de un mismo poema, un largo poema arromanzado, que nos recuerda esos otros romances del Conde Olinos o del Prisionero, porque María García Esperón bebe directamente del romancero a la hora de escribir la historia de
una niña, Sombra, que se enredó con la Luna, en claro eco lorquiano (advertimos en su momento la influencia que acaso tenga la autora de García Lorca). Obsérvese la presencia de las rimas agudas a lo largo de todo el poemario que lo dota de esa especial candencia que solo tienen los romances:
"Sombraluna
Sombraluna
es niña y cruzó la mar
en una tarde de plata
que oyó sirenas cantar."
Sombraluna en su peregrinar, a la manera de Don Aire, conoce a las sirenas,
juega con ellas y las humaniza;
"-Sirenas, Verdesirenas
¿puedo quedarme a jugar?
Me peinaré con sus peines
y puliré su coral.
Me aprenderé
sus canciones,
les cuidaré su rosal,
les sembraré margaritas
en sus jardines del mar."
El viaje que realiza Sombraluna es una especie de camino hacia ella misma, una especie de búsqueda que la lleva a su propio yo, aunque se emplean como metáforas elementos de la naturaleza. Así también se encuentra con las estrellas:
"Las blancas estrellas miran
el verde oscuro mirar
donde está la luna niña
la Sombraluna del mar.
Las blancas estrellas cantan
y es tan quedo su cantar
que Sombraniña
se esfuerza
para oírlas murmurar..."
Las estrellas le traen mensajes que la niña se esfuerza en escuchar porque:
"-Escúchanos, Sombraluna
que es de sabios escuchar.
Te contaremos historias
de nuestro antiguo lugar
y encenderemos las luces
que no se van a apagar."
Sombraluna se pregunta cómo es que ella ve las cosas que otros no ven:
"-Estrellas de plata pura,
sirenas de dulce sal...
¿por qué si viven conmigo
no las miran los demás?"
El misterio sigue en los versos, como ocurre también con los romances clásicos:
"-No preguntes, Sombraluna
que de tanto preguntar
los castillos
de la playa
los tira de golpe
el mar.
Los ojos de las estrellas
se vuelven oscuridad
y el canto de las sirenas
no lo vuelves a escuchar".
Sombraluna descansa en una fuente que le cuenta historias sin final, a la manera machadiana y llega a un castillo:
"Sombraluna, como siempre
se deja en la fuente ir
a los prados de la tarde
que tienen flores de lis.
Un castillo hay en un prado,
en el castillo un jardín.
En el jardín una fuente
y en la fuente yo te vi".
Y ahora entendemos qué le pasa a Sombraluna, no se puede dormir, como le ocurre a tantos niños y echa a andar su imaginación:
"Es de noche, Sombraluna...
Qué, ¿no te puedes dormir?
-Estoy mirando la cuna
que mece estrellas de anís.
-Y mañana, Sombraluna
te vas a desmañanar.
Se te va a quedar la noche
dormida en el delantal.
y sus pulseras de azahar."
Sombraluna se encuentra con una niña dormida, una niña de cuento que no sabe qué
significa la palabra libertad:
"En un castillo encantado
de minaretes de sol...
La niña sombra se alumbra
con un fugaz resplandor."
Es una niña que no sabe del sol, que prefiere la oscuridad de la noche, que es amiga
de la luna:
"No quiere soles la niña
ni tampoco claridad.
Quiere la luna caída
para hacerla manantial.
Quiere una noche de menta,
esa azul oscuridad,
que se esconde en la mañana
para verla despertar. "
Nos encontramos con un símbolo que, como dijimos, tiene resonancia lorquianas, en
este caso es la luna, del "Romance de la luna luna":
"En los arcos de la casa
la luna sale a cantar.
Lleva vestido de encaje
y pendientes de coral.
Canta que canta la luna.
Quiere que quiere salir
para cantarle a su niña
y para mirarte a ti.
De puntillas, Sombraluna
a la reja se asomó.
Quería oír las voces verdes
de las macetas en flor.
Tan sólo encontró silencio.
Solo silencio encontró.
De silencios Sombraluna
se compuso una canción."
Obsérvese cómo la poeta retoma el final de un verso para iniciar otro, lo cual le da una dimensión de poesía oral a sus textos extraordinaria:
"Una canción de violetas,
de sombralunas
en flor.
De niñasombra
escondida
en un secreto verdor."
De nuevo el misterio de la letra de la canción:
"Las palabras
más gastadas
las lavé con alhelí
y los nombres de las hadas
no te los puedo decir. "
La autora, como una presencia superior, le advierte a la niña:
"Niñasueño, no te obliguen
si no quieres, a decir
los secretos que tú sabes...
y que te saben a ti."
Y sigue su caminar la niña, rodeada de enigmas y de aromas, en hermosas
sinestesias:
"Sombraniña caminaba:
yerbaluna era su andar.
En las puntas
de sus pasos
un jazmín
se echó a llorar."
Se termina el sueño:
"-Niñasombra no te vayas
pero si quieres salir
de la noche que es mi casa
da al jazmín algo de ti".
Y llega el momento de, como en los cuentos clásicos, dar una prenda:
"-¿Qué podría darte yo
que tú no tuvieras ya?"
Lo que la luna cantora le pide a Sombra es especial, no se puede medir ni se puede pagar porque está hecho de la sutil materia de los sueños:
"-El principio de tu sueño.
De tus sueños el final.
El trébol de madrugada,
la naranja al despertar,
la violeta en el pañuelo,
un clavel para mi ojal".
La luna tiene un secreto que, al final, se nos desvela en estos versos llenos de misterio
y de emoción:
"De la mano de la sombra
la luna se quiso ir
para vestirse de niña
y entre la gente vivir.
Y se puso Sombraluna
para poder resistir
sin que ninguno se entere
de lo que quiere decir."

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