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Manual básico. Museo

Autor: oswaldo ruiz
Curso:
10/10 (1 opinión) |261 alumnos|Fecha publicación: 07/07/2011
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Capítulo 8:

 Museo. Iluminación

Iluminación

En general contamos con tres fuentes básicas de iluminación: luz natural, luz incandescente y luz fluorescente. Para los montajes es recomendable tener presente que “la mejor iluminación artificial es la que más se acerca a la luz del día”. 7

7. DE FELICE, Ezio B., La Luz y los Museos. Casabella No.443. Milán, enero de 1979. En: LÓPEZ BARBOSA, Fernando. Manual de montaje de exposiciones. Museo Nacional de Colombia, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1993

Luz natural: Es una fuente que da un 100% de rendimiento de color, pero es difícil de controlar por las variaciones climáticas. La luz solar nunca debe incidir directamente sobre un objeto, pues sus radiaciones pueden quemar y afectar los pigmentos y materiales de éste algunas veces con solo unos pocos días de exposición.

Si hay riesgo de que la luz del sol incida en algún momento del día muy cerca de los objetos, se debe colocar en la ventana una cortina o una superficie que permita filtrar los rayos solares directos (vidrio esmerilado, liencillo, lona o tela tupida, acrílico blanco u opal, película de filtro UV). Si bien las películas con filtro UV son de muy buena calidad y vienen en presentaciones opacas y traslúcidas que se adaptan a las necesidades de un espacio para montaje, tienen el inconveniente que su vida útil es de tan solo 5 años lo que significa que deben ser remplazados al término de este tiempo y por consiguiente la institución debe incurrir en altos costos nuevamente. Por lo tanto, es recomendable usar vidrio esmerilado, el cual proporciona un 97% de filtración de rayos ultravioleta y no tiene fecha de vencimiento.

También se puede filtrar la luz que entra por las ventanas utilizando tela montada sobre bastidores. Ésta puede ser liencillo, lona o tela tupida que se escoge teniendo en cuenta el diseño museográfico y que permite el paso de la luz, sin oscurecer la sala. Pueden buscarse otros sistemas que en la medida en que logren garantizar la entrada indirecta de la luz solar sin llamar la atención del espectador serán igualmente válidos.

Luz artificial: Para hacer una adecuada selección de la iluminación artificial se deben tomar en consideración los siguientes aspectos: el brillo, el rendimiento del color y el control de rayos ultravioleta e infrarrojo que ofrece. Para acceder a esta información es recomendable asesorarse de una persona experta en el diseño de sistemas de iluminación para museos; de su selección y apropiado diseño dependerá la adecuada exhibición y conservación de los objetos. En la medida de lo posible hay que trabajar con sistemas de rieles y proyectores que permitan usar distintos tipos de bombillería para adaptarse así a las necesidades lumínicas de cada pieza y del espacio.

Luz incandescente: La luz incandescente o de tungsteno es la luz que encontramos en las bombillas corrientes. Es de diversas tonalidades de amarillo, algunas muy cercanas a la luz natural (luz día). Las bombillas corrientes difunden su luz en todas las direcciones. Se recomiendan las esmeriladas (no transparentes) porque esparcen la luz en forma difusa eliminando las sombras muy marcadas. Este tipo de bombilla se consigue de diferente wattiage lo que permite ajustarse a necesidades de luz más o menos fuerte.
Además de los reflectores incandescentes conocidos ampliamente con instalación sobre riel, existe en el mercado la bombilla halógena (para rieles especiales) mezcla de filamento de tungsteno con gas halógeno que proporciona el tono de luz más cercano al natural. Aunque toda bombilla incandescente irradia un mínimo de rayos ultravioleta, si se escoge luz halógena es importante verificar que las bombillas estén provistas de filtro ultravioleta. Este tipo de bombilla se consigue en varios voltajes de acuerdo con el tipo de instalación (12 v o 110 v) e igualmente con un determinado valor en escala de grados que dan el tamaño del haz de luz produciendo luz más puntual.
Lo ideal es lograr orientar la luz hacia cada uno de los objetos para lo cual se emplean bombillas reflectoras concentradas o también bombillas corrientes muy potentes con campanas orientadoras de 150W en adelante, siempre y cuando la distancia entre la bombilla y el objeto sea superior a 3mt. y se use únicamente en exposiciones temporales sólo para objetos de materiales resistentes, nunca para papel o textiles. Para la exposición permanente la potencia máxima de la bombilla no será superior a 100W.

Mientras más wattios tenga la bombilla, más potente es y por lo tanto más calor produce, razón por la cual debe estar suficientemente lejos del objeto para no atentar contra su conservación. Cuando se trata de objetos muy sensibles a los rayos UV (pinturas antiguas, textiles, dibujos, grabados o pinturas sobre papel, manuscritos o impresos antiguos, cortezas, plumas y demás material orgánico) deberá recurrirse a la luz indirecta de baja intensidad; ésta se logra orientando la luz hacia el techo pintado de blanco el cual la reflejará uniformemente en el recinto. Un recurso de fácil manejo cuando sólo se cuenta con bombillas corrientes y con el que se consigue el mismo efecto, es pintar la bombilla en la parte inferior con vinilo negro de modo que impida la irradiación de la luz directamente sobre el objeto.

La bombilla corriente sin orientación esparce su luz sin concentrarla sobre el objeto, lo que provoca que en ciertas ocasiones la sombra del observador se proyecte sobre los objetos, perjudicando así su apreciación. Por esta razón, al orientar la luz usando bombillas reflectoras o corrientes con campanas orientadas, éstas deben cruzarse, con el fin de evitar que el visitante produzca sombra sobre el objeto. Los reflectores deben ubicarse en el techo a una distancia no muy cercana a la pared. De acuerdo con la altura del riel de luces, se debe dejar una distancia de 1.8mt al muro. No se pueden ubicar muy cerca porque pueden producir sombras verticales molestas, ni muy lejos porque se dificulta el cruce óptico y disminuye la potencia lumínica. Para techos muy altos esta distancia aumenta y a la inversa para techos muy bajos disminuye. La distancia mínima entre el reflector y la pared establecida por el Smithsonian

Institution es la cuarta parte de la altura del techo: por ejemplo, 80cm como mínimo para un techo de 2.40mt de altura. Lo anterior se aplica para iluminar objetos sobre pared en general. Tanto su instalación en el recinto como su orientación hacia los objetos, deben permitir eliminar en lo posible las sombras que el visitante pueda producir al acercarse.

Luz fluorescente: Al igual que la luz de una bombilla incandescente normal, la luz fluorescente se dispersa por toda la sala; es fría y no emite tanto calor hacia el objeto. Proporciona una muy mala reproducción del color y la radiación ultravioleta que produce es muy alta. Sólo se utiliza el tipo de bombillo conocido como luz día pues es más cercano a la luz natural. Este tipo de luz se puede emplear para bañar los muros de la sala e iluminar los objetos en bases o en vitrinas (por ser fría puede ubicarse más cerca de los objetos). La luz fluorescente resulta económica, pero si se usa como único tipo de luz en toda la sala, a veces produce la sensación de cansancio por lo que en lo posible, se recomienda mezclarla con luz incandescente. Al usarse en vitrinas, debe tenerse cuidado que no incida directamente en los ojos del visitante mientras observa el objeto. Para ello existen diversas formas de camuflar la luz: “Aún más importante es que la luz no produzca deslumbramientos, porque nada cansa tanto a la vista como enfrentarse con la luz deslumbrante, ya sea directa o reflejada por una superficie pulimentada (...) En último término, la vista es la que juzga y según su veredicto el sistema de iluminación persiste o fracasa”.

TIMBIE, W.H. y MOON, P.H. Iluminación de edificios. En: KIDDER-PARKER, ed. Manual del arquitecto y del constructor. México, UTEHA, 1981, pág.1.821.

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