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Machismo. Agresividad en el hombre

Autor: Jorge Díaz Echandía
Curso:
9,50/10 (2 opiniones) |3137 alumnos|Fecha publicación: 03/09/2009
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Capítulo 9:

 El hombre desconsiderado

El desconsiderado, "Esos oficios son para las mujeres" Este genero de hombres, machistas o que dicen no serlo.   Resultan ser quienes argumentan que los trabajos de la casa, educación y atención de los niños, son sólo obligación de la mujer.

No aceptan que dentro de la relación y con mayor razón cuando ambos trabajan, todas las actividades del hogar y crianza de los hijos sean una responsabilidad que debe ser compartida equitativamente.  Si el hombre no fue educado desde su casa para ejecutar ciertos oficios; no podemos por esto, calificarlo de incapaz. 

Tal comportamiento es abusivo y no menos agresivo para con la mujer, porque se descarga en ella todo el trabajo pesado y extenuante y no falta el cara dura que la acuse de floja porque tiene que preparar una comida,  arreglar la casa, atender los hijos; mientras el descansa, ve la TV, o lee la prensa y revistas.  Porque tuvo un día muy pesado, -"como sí la mujer se la hubiera pasado silbando". -  Sentado como un rey, esperando ser atendido.

Desligarse de los deberes y responsabilidades del hogar, es una posición muy cómoda, alegando no saber realizar tales oficios.  Pero lo más censurable, es la apatía mostrada al no tomar la iniciativa; empezando por aprender de lo más sencillo a lo más difícil, para poder participar como es debido, apoyando a su pareja y a su familia. "Nadie nació aprendido, pero el deber llama". También sería una demostración de amor a su pareja.

El hombre no pierde hombría por usar delantal, por asear, cocinar o cambiar los pañales impregnados y con su olor característico, aunque sienta nauseas.  Es de verdaderos hombres asumir esa participación.  No habrá otra manera de sentirse padre y esposo, que compartiendo con la pareja esa lucha por sobrellevar la misión que ambos asumieron al unirse; entiéndase bien, misión, no es una tarea, una obligación o algo muy harto que toca hacer.  Es verdad que la mujer tiene mayores aptitudes que el hombre para realizar esos trabajos, pero también es verdad que las ha desarrollado por lo cómodos y manipuladores que los hombres han sido, a fin de zafarse de hacer tales deberes.  La mujer forzada por las circunstancias las ha tomado como su deber.   Por tanto tiene que ser más hábil.    "La práctica hace al maestro".

Es incompresible que un hombre que dice amar a su pareja, no sienta como varón el deseo de servirle y ayudarle.  El caballero tradicionalmente se ha caracterizado por ser muy atento con las damas; el argumento conquistador de la mayoría se afianza en tal carácter, entonces,  cómo luego de constituirse como pareja se olvida el señuelo con el cual atrapó a su victima y ya conseguido el propósito, se olvida de convertirlo en una actitud permanente en la relación.  Caer en la desatención, desidia, descortesía; hiriendo los sentimientos y amor propios de la mujer, que se ve utilizada al extremo del abuso, por quien ella creyó sería su protector. Tal actitud es agresiva y abusiva para la mujer-

Entender por parte de los hombres la trascendencia del compromiso y la vocación necesaria para la unión matrimonial - matrimonio-sacramento -, merece un capitulo aparte; pues es bien distinto, a lo que tradicionalmente se ha venido manejando por una gran mayoría de hombres al formar pareja.  O sea cual fuere  el carácter de esa unión.

Esa participación amañada, es lesiva para la relación.  Una pareja al casarse animada  por el amor que se profesan, necesita estar consciente que lo hacen para servirse el uno al otro; no la mujer al hombre como se piensa.  Para que juntos se aliaran en su crecimiento personal, apoyándose y preocupándose por vivir la unidad en su relación, por el amor y respeto que como personas se merecen.

Los hombres estamos en la obligación moral de tomar cartas en el asunto; las mujeres solas no son las que deben cargar con los oficios domésticos, aun cuando la mujer permanezca en casa todo el día,  se puede ser solidario con ella; en las noches o fines de semana, colaborándole con el arreglo de la cocina, acostando los niños u otras tareas, mientras ella reposa del duro trabajo y encierro de todo el día.  Este gesto de servicio con ella, puede mostrarle cuanto nos importa como persona, esposa, madre o mujer.

El menosprecio por las fortalezas y cualidades propias de la naturaleza femenina, no dejan de inquietarnos a pocos. Entonces, cómo quedarnos indiferentes frente a un espectáculo tan grotesco,  en los casos, cuando  súbitamente somos testigos de un maltrato físico, de palabra,  o presenciamos una humillación, acoso sexual, o cualquier otro atropello en contra  de una mujer. Y no pasamos a la acción solidaria.

Sí todos los hombres nos preocupáramos mas por comunicarnos con las mujeres con  base en sus  sentimientos, si nos esforzáramos en aprender a conocer sus reacciones femeninas tan diferentes a las varoniles, si no estuviésemos tan prevenidos con las actitudes y reacciones queriéndolas entender de manera racional.

Principalmente si no las considerásemos inferiores. Quizá,  si nuestra inteligencia nos empujara a tomar en cuenta que, la razón en el hombre a la hora de compartir con una mujer es tan importante como la sensibilidad en ella.  Así dejaríamos de obsesionarnos tanto con la competencia y el deseo irreprimible del poder y el control en la relación.

Si aplicáramos lo anterior como método, entonces quizá, algunos aunque fuésemos pocos, iniciaríamos un movimiento anti machista, pero no de discursos, sino de ideas llevadas a la práctica. Esto seria acercarnos a ser los mejores y más confiables amigos para las mujeres. Seguros de que ellas valorarían a los hombres por las características masculinas, sin tildarlos de machos, ni verlos como una amenaza, menos como   opresores o actores de cualquier situación de conflicto en su relación con ellas.

Indudablemente que una relación fundada en la sabia aceptación de las características propias de la sexualidad.  Renunciando a la competencia por el dominio de los sexos, y optando por la confianza y nobleza en las actitudes, es el ideal para las relaciones entre hombres y mujeres.

Una verdadera relación de lealtad generosa y por sobre todo, un profundo respeto por la otra persona y sus sentimientos.  Conlleva aceptación de los rasgos inherentes a su personalidad y sexualidad, -no cabe duda- formarían la más grande y eficaz llave del universo. Dotándolos como pareja de los más vigorosos atributos para conseguir juntos las metas y propósitos; serían los mejores cómplices de una verdadera amistad, esto es algo que solos, no alcanzarían en el resto de sus vidas atrincheradas en bandos contrarios...

Los hombres y mujeres que han conseguido esta clase de unión, son vistos como "marcianos" o seres raros y escasos sobre este planeta, pero quienes los califican así, generalmente lo hacen desde su punto de vista de la frustración por no disfrutar ese ideal de relación, que todos anhelan alcanzar para sus vidas.

Mientras hombres y mujeres continúen en esa cruenta batalla por la supremacía y la dominación dentro de la relación, serán presas de la desconfianza, el desamor y el fracaso.  He aquí el egoísmo en grado exponencial... Como si dijesen (Si no puedo ser feliz, tampoco te lo voy a permitir a ti). En una relación de pareja no prima la felicidad, sino la unidad que es permanente, la felicidad es cíclica y efímera, no permanente.

Se ha escrito, dicho e insistido en teorías y doctrinas sobre el respeto que se deben entre ambos sexos, pero no se alcanza una clara conciencia de asumir en la práctica ese respeto.  Tampoco como alcanzar esas las metas, principalmente por parte de los hombres.  ¿Por qué?  ¿Qué nos sucede a los seres humanos?

¿Qué hay en nuestra naturaleza que nos incita a ser infelices?  Sí nos Despojados del egoísmo, podemos reconocer cómo llegar a sentirnos radiantes.  Entonces.  ¿Por qué no lo hacemos? 

El egoísmo, la pereza, la desidia, la falta de acción, la rabia, el desquite, el engaño, la intolerancia, la incomprensión, los apegos materiales, la no aceptación, los celos y otras tantas razones y motivos son justamente el meollo del asunto.  La deshumanización de la naturaleza humana...

Deteniéndonos un poco sobre las anteriores expresiones, analizándolas, profundizándolas y buscándoles una causa, estas nos  pueden sugerir, que todo reside en una  falta de verdadera espiritualidad; indispensable para motivar esa  paz interior suficiente que, nos evite convertir esos detalles en armas de guerra.

Más bien que sea una oportunidad para madurar como personas, al luchar juntos por vencerlas, buscando el crecimiento y el deseo por ser cada día mejores seres humanos.  Que hagamos méritos de aquello que nos  diferencia de los demás seres vivos en la tierra.  La fortaleza de espíritu, es el argumento más importante a la hora de vencer las debilidades humanas.

Esa inteligencia de la cual fuimos dotados y que angustiosamente no sabemos emplear en algo tan importante y definitivo como es nuestra afectividad y convivencia con el sexo opuesto.

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