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Machismo. Agresividad en el hombre

Autor: Jorge Díaz Echandía
Curso:
9,50/10 (2 opiniones) |3137 alumnos|Fecha publicación: 03/09/2009
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Capítulo 10:

 Conclusión

Felicidad, unidad, alegría, sociedad, familia, relaciones interpersonales, pareja, sea cual fuere el marco de acción. Engendra como algo inexplicable el conflicto, enfrentamiento y el temor a compartir. Parece que somos guerreros por naturaleza y nos sentimos cómodos haciendo todo cuanto sea necesario por demostrar que no damos por perdida ninguna causa. Así esto nos condene al fracaso afectivo, a rompernos el corazón o rompérselo al otro.  Basta que no piense, actúe o haga cuanto queramos para tener motivo de conflicto, somos impulsivos y nos movemos por presiones, pero parecen movimientos mecánicos. No siempre usamos la inteligencia para decisiones inteligentes que nos ayuden a convivir en armonía con el sexo opuesto.

¿Qué hay de nuestra sensibilidad?  Pero lo increíble y aun menos comprensible, se resume en la falta de acción;  ¿Qué posición ha tenido el hombre frente a esta cruda realidad opresora del machismo?

Que sea este planteamiento motivo de reflexión, no otro discurso bonito que muchos aplaudan y pocos o quizá ninguno actúe.  Porque insisto no sabemos vivir plenos, - Dado que nos ahogamos estando en medio de la miel, desesperados por llegar a lamer las orillas. - Nos falta tranquilidad, serenidad, buen juicio, para alcanzar la convivencia con inteligencia emocional.

¿Será que nuestro grado de espiritualidad es tan pobre que todo lo dejamos a nuestros instintos animales?

¿Será que nuestra capacidad de amar  como lo expresa el término, llega sólo hasta dónde nos sentimos afectados personalmente?

¿Será que no hemos entendido que el amor requiere de nuestra donación?  Para hacerlo efectivo y afectivo y más aun, reconocer el verdadero significado de éste término.

 ¿Será que no queremos reconocer lo valioso del desarme de nuestros corazones, para redescubrir el precioso ser humano que vive en la mujer? Y también en el Hombre?

Y así continuaríamos planteándonos muchas preguntas buscando que  nos descifraran  la gran incógnita.  El temor del hombre por reconocer en la mujer, a la persona que no pretende desplazarlo  de su posición de hombre, sino que desea compartir con él sus dotes, sus fortalezas, su sexualidad y cualidades para buscar provecho mutuo, sabiendo que puede aportarle muchas cosas que sus características sexuales le otorgan, para  combinarlas con las propias del varón.

A modo de ejemplo, hombres y mujeres en la etapa del enamoramiento son espléndidos, hacen, dicen y viven cosas excepcionales, llegando a extremos insospechados,  se colocan en frente del mundo y lo retan por llevar ese amor hasta las últimas consecuencias.  Por cuánto tiempo? 

Sí es posible vivir esa experiencia por un corto tiempo, entonces no es por incapacidad de hombres y mujeres que puedan convivir y compartir en armonía.  Sino, porque no existe la predisposición mental, la convicción y el acondicionamiento espiritual para afrontar con categoría esa relación de una manera definitiva; en igualdad de derechos y con miras a convertirse en una unidad sólida y productiva, en términos de afectividad, aceptación y respeto para sus congéneres.

El agresivo machista ha sido una lacra social que ha causado muchas víctimas a través de la historia, ha impedido que el mundo de hoy, sea mas afectivo, confiable, humano, alegre, mas honesto, organizado, espiritual, bondadoso y mas sensible y también solidario.  Es en suma el responsable por la violencia al interior de las familias, bien sobre las mujeres o sobre los hijos. Esto es una denuncia para tomar en cuenta, y así buscar soluciones en la continua manifestación de los conflictos como seres humanos.

 Y no esperando a la pregunta de ¿Por qué de esta denuncia?  Respondo con firmeza, porque todos estos valores son innatos en la mujer y por la tozuda prepotencia machista, se les ha negado a ellas su participación como pilares de la sociedad, con el ímpetu que debiera ser, al evitar que libremente se expresen;  sí tomamos como referencia las posiciones machistas enunciadas, con las cuales se han coartado.

En diferentes zonas de la tierra, muchas culturas son extremadamente machistas y opresoras, desde su misma religión, promueven el sometimiento de la mujer y se le deja de ver como la creatura puesta al lado del hombre, no debajo ni encima,  para conseguir el propósito del creador de continuar con la especie humana.  Respetando esas tradiciones culturales no tenemos que porque aceptarlas.

Deseo y confío que todos quienes lean estas líneas, hombres o mujeres, tomen para sí el mensaje que les ayude a cambiar su mentalidad frente al sexo opuesto, que no continúen viendo un enemigo en frente, sino mas bien, que diseñen un plan de acción, encaminado a valorar, respetar y aceptar las características propias de la sexualidad de esa persona, pero seguros de obtener como respuesta las mismas para sí,  no se trata de resignar frente a los atributos físicos, económicos, de clase o sexo,  sino de obtener el sitial que le merece,  su condición de seres humanos. 

Del Génesis 2,24. "Dejará el Hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos vendrán a ser una sola carne..."  Este texto no da para interpretar que el hombre dominará a su mujer, o la menospreciará, sino, que está llamado a vivir la unidad con ella, como un  plan que Dios ha establecido para ambos, cuando deciden conformar pareja.

Pero es igualmente importante que se acepte y considere a todas las mujeres con el respeto y dignidad que su condición de personas les merece, sea en el medio que sea o a través de la relación social que compartan.  Depende también de un cambio en la educación y formación de los varones con respecto al sexo femenino, para que lo vean con altura; apreciando sus capacidades naturales y las mujeres disponiéndose a no reforzar las inclinaciones machistas desde su rol de formadoras y educadoras.  Terminemos ya con esta batalla de los sexos y la dominación y dispongámonos a enfrentar un nuevo siglo con unas convicciones diferentes respecto a nuestras relaciones  hombre-mujer,  busquemos un cambio cultural, promovámoslo, aportemos y procedamos de tal manera que podamos vencer el mito que por tanto tiempo ha rondado este mundo, de quien depende sino de nosotros, los hombres y mujeres de hoy.

Jorge Díaz Echandía

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