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Logopedia

Autor: Patricia Castanon
Curso:
9,67/10 (6 opiniones) |9938 alumnos|Fecha publicaciýn: 26/02/2009
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Capýtulo 8:

 Disfasia. Alteraciones del lenguaje oral

La existencia de problemas o alteraciones del lenguaje engloba a un grupo muy amplio de patologías con características y etiologías muy diferentes. De forma general podemos definir los trastornos del lenguaje como aquellos que producen una ausencia del lenguaje, alteración o disfunción en su desarrollo estructural.

A nivel oral podemos encontrar básicamente cuatro tipos de alteraciones: retraso simple del lenguaje, disfasia, afasia y mutismo.

La afasia infantil es una de las patologías más graves dentro de los trastornos del lenguaje.

La afasia es causada por una lesión cerebral, Para definir la afasia infantil necesitamos que el inicio de la misma sea producido por algún tipo de daño cerebral. El cerebro del recién nacido, aunque posee el número total de neuronas del adulto, apenas alcanza la cuarta parte del peso de éste. En el desarrollo cerebral las neuronas crecen de tamaño e incrementan el número de axones y dendritas, así como la cantidad de conexiones que establecen. Este proceso de maduración cerebral es el que distingue el cerebro infantil del cerebro del adulto, y por tanto, provoca que las consecuencias de una lesión en un cerebro inmaduro sean diferentes.

Las alteraciones del lenguaje dependerán también del grado de adquisición del mismo que posea el niño en el momento de la lesión, por ello distinguiremos entre:

Afasia connatal: estaría producida por lesiones leves pre- o perinatales. Afasia infantil: sería la que tiene lugar una vez adquirido el lenguaje total o parcialmente, abarcando un periodo aproximado entre los dos años y la pubertad.

Aunque las lesiones en el hemisferio izquierdo producidas al inicio de la vida no suelen afectar significativamente al funcionamiento linguístico básico y funcional, no ocurre así cuando el niño que sufre la lesión ya había comenzado a hablar.

La lesión puede ser debida a traumatismos craneoencefálicos, a tumores que comprimen o invaden el tejido cerebral, a interrupciones del riego sanguíneo debido a bloqueo o rotura de una arteria, o a infecciones, intoxicaciones o radiación.

La sintomatología más característica de este trastorno es:

Mutismo: ausencia prolongada de emisiones verbales. Desorganización discursiva manifiesta. Lenguaje limitado a pocos vocablos. Comprensión muy limitada. Expresión reducida a modo de jerga, a veces con grandes dificultades de inteligibilidad.

Las NEE en los casos de afasia son:

El "estilo telegráfico" que le caracteriza necesita ser reducido para adquirir modelos de frases ampliadas. Necesitan situaciones comunicativas muy elementales. Algunos casos necesitarán el uso de SAAC, cuando el lenguaje oral sea difícil e inoperante. Una de las principales necesidades será la estructuración morfosintáctica. Entrenamiento de la memoria a corto plazo. Desarrollo de la psicomotricidad (gruesa y fina). Reducción y eliminación de la conducta ecolálica. Normalización de la articulación.

Juárez y Monfort (1989) en la evaluación del lenguaje distinguen entre la primera evaluación y las distintas evaluaciones que se realizan a lo largo de todo proceso de intervención: sus objetivos, jerarquización y medios son diferentes. En general, dada la importancia de los trastornos linguísticos, la evaluación inicial de los niños disfásicos no se plantea demasiado el problema de la existencia del trastorno, ésta resulta, en general, evidente.

Teniendo en cuenta la ausencia de un modelo único al que podamos referir cada uno de los datos que vamos a registrar, aparece claramente que la evaluación del niño disfásico tiene como objetivo principal diseñar un modelo individual de funcionamiento que dé cuenta de los niveles alcanzados, del contexto de desarrollo en que se sitúan y de la naturaleza aproximada de sus dificultades (teniendo en cuenta nuestras limitaciones acerca de los mecanismos de comprensión y producción del lenguaje).

En ocasiones las herramientas que se van a utilizar no difieren de las que se utilizan en la evaluación de otras patologías del lenguaje pero debemos centrar nuestra atención en los distintos resultados y en su interpretación global.

Belinchón y Cadenas (1985), teniendo en cuenta la extrema variabilidad de los casos, defienden que es preciso recurrir a sistemas de evaluación multiaxiales que permitan abordar la problemática del niño desde varios ángulos.

En los casos de afasia la evaluación puede ser realizada desde tres distintos acercamientos (Benson, 1985):

El examen clínico del lenguaje, como parte de un examen general. La aplicación de baterías de pruebas estandarizadas. La aproximación de corte más experimental propuesta por distintos profesionales del lenguaje.

De estas tres maneras de evaluación de la afasia, nos vamos a centrar en la segunda. Prácticamente todos los test de afasia exploran básicamente el lenguaje o habla espontánea, la repetición, la denominación, la comprensión, la lectura y la escritura. El más utilizado es el test de Boston.

Evaluación de la expresión oral: se valora el habla espontánea, la repetición, la denominación y las series de palabras automáticas. Evaluación de la comprensión oral.

La evaluación de la comprensión es más difícil que la de la expresión, ya que no es un factor que a veces se pueda determinar de forma clara y sencilla. Se pueden comprender palabras de uso frecuente y haber perdido la capacidad de comprensión sólo para las de uso muy infrecuente. Por otra parte la dimensión concreto/abstracto también parece muy importante en este sentido, puesto que se ha demostrado que los afásicos tienen menos problemas con los términos concretos.

Una de las formas más comunes de evaluar la comprensión consiste en pedir al alumno que realice órdenes concretas, es evidente que si las realiza da la compresión, no obstante, en los casos que no realiza correctamente lo que se le ha pedido, la interpretación es más ambigua, puesto que puede tratarse de una apraxia, por ejemplo, o bien de una imposibilidad de mantener secuencias largas, sin que ello signifique alteración en la comprensión del lenguaje hablado.

Otro método de evaluación consiste en evitar respuestas que requieran actividad motora, pidiendo al sujeto únicamente que responda sí o no. Un tercer método de exploración consiste en pedir que señale los objetos que el evaluador nombra.

Evaluación de la lectura y escritura.

Una gran mayoría de los test de afasia incluyen identificación de letras, números, la lectura de palabras y oraciones y las conocidas pruebas de ensamblar palabras a cuadros y viceversa, así como emparejar un estímulo auditivo a una palabra.

Pasando a la intervención en afasia nuestro objetivo es recuperar lo que ya conocían antes del trastorno. Para ello es fundamental un inicio temprano en la detección e intervención, la existencia de un clima cordial y de esperanza ya que al no tener alterada la capacidad mental, a veces tienen procesos de depresión y desesperación. Por ello nuestro trabajo debe estar bien coordinado con el fisioterapeuta y el psicólogo.

Distinguimos nuestra intervención según se trate de una afasia motora o sensorial.

En la afasia motora el objetivo es el desbloqueo del lenguaje a través del lenguaje automatizado. Los ámbitos de trabajo son la articulación, los agramatismos y la construcción de frases. Se hará en tres fases:

Ritmo: introducir canciones por el MAL. Normalizar la prosodia Técnica para contestar preguntas cantando.

En las técnicas de articulación comenzaremos con ejercicios de diferenciación de sílabas. Primero se tomará conciencia de la estructura silábica a través de los fonemas, las vocales y los ejercicios logocinéticos.

Después se corregirán los agramatismos para alcanzar la coherencia gramatical de las frases y por último se harán ejercicios de construcción de frases mediante ejercicios de completar frases y de concordancia, entre otros.

Siempre tendremos en cuenta la importancia de prestar mucho apoyo visual.

En los trastornos afásicos con predominio receptivo o sensorial nuestro objetivo será mejorar la percepción del sonido y la comprensión de mensajes orales. Para ello trabajaremos la jergafasia o descolocación del lenguaje de tal forma que no se entiende y el reconocimiento de sonidos.

Para trabajar la jergafasia es importante conseguir:

Que el alumno no se centre en el propio lenguaje sino en otra actividad (por ejemplo manipulativa) mientras nosotros le hablamos. Realizar acciones basadas en modelos orales con apoyo visual. Agrupar palabras en función de su significado.

Para restablecer el reconocimiento de los sonidos del lenguaje trabajaremos siempre en orden fonema, palabra, frase, un ejemplo de trabajo podría ser:

Se coge una palabra conocida y familiar. El MAL la pronuncia. Se le muestra una imagen que represente a la palabra. Aislamos el primer sonido y lo articulamos por separado. Colocamos la letra de ese sonido al pie de la imagen y la volvemos a articular. Inducimos al niño a que emita el sonido. Continuamos con el resto de los fonemas.

El último punto a señalar son las ACIs. Un ACI es una estrategia de planificación y actuación docente que incorpora las modificaciones requeridas por un ACNEE y que le permiten acercarse a los objetivos establecidos en el currículo ordinario que le corresponde por su edad. Es elaborada por el profesor tutor, los profesores especialistas y el profesorado de apoyo y cuentan con la colaboración del orientador.

En todas estas alteraciones en general, no se suele necesitar ACI propiamente dichas, es decir significativas, salvo en algunos casos más graves como son el mutismo, la disfasia y la afasia.

A la hora de realizar una ACI se debe saber que ha de ser una estrategia global, muy flexible y dinámica, que tenga en cuneta unos criterios generales:

Partir de una amplia y rigurosa evaluación del alumno/a y su contexto. Partir siempre del currículo ordinario. Tender a que las adaptaciones aparten al alumno/a lo menos posible de los planteamientos comunes. Combinar los criterios de realidad y éxito.

La finalidad última de las ACIs es lograr la mayor participación de los ACNEEs en el currículo ordinario.

Vamos a describir a continuación, algunas de las adaptaciones, tanto de acceso como curriculares, que se pueden realizar, según el tipo de ACI:

Adaptaciones de Acceso: provisión de recursos espaciales, materiales o de comunicación que facilitan que el ACNEE desarrolle el currículo ordinario, o en su caso el adaptado. Materiales: tener muchos recursos variados que le permitan acercarse a la realidad y que aseguren su atención. Espaciales: ubicación dentro del aula. Comunicativas: debemos contemplar la posibilidad de uso de SAC Adaptaciones Curriculares: modificaciones que se realizan desde la programación en objetivos, contenidos, metodología, criterios y procedimientos de evaluación, para atender a las diferencias individuales. Qué y cuándo enseñar y evaluar: modificaciones en los objetivos, contenidos y criterios de evaluación mediante estrategias de adecuación, introducción, priorización, temporalización y eliminación. Cómo enseñar y evaluar: modificaciones en los agrupamientos; métodos, técnicas y estrategias de E-A y evaluación; actividades.

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