La lírica de esta etapa, empapada de las directrices de la
Contrarreforma, fusionará el paganismo de la etapa anterior con los
postulados del catolicismo y originará la llamada literatura
religiosa, representada principalmente por fray Luis de León y san
Juan de la Cruz. Paralela a la corriente citada, fluirá otra bien
distinta, representada por Fernando de Herrera, el cual, sin
abandonar la temática amorosa, cultivará una poesía épica. De ahí
la existencia durante este periodo de las dos escuelas poéticas que
ya mencionamos en la unidad anterior: la salmantina, dirigida por
Fray Luis de León, y que se caracteriza por su elegancia y
naturalidad en el lenguaje, y la moral y la filosofía en la
temática; y la sevillana, representada por Herrera, la cual busca
sobre todo la belleza formal y trata de temas mundanos. Al lado de
estas dos escuelas aparece la poesía mística, cuto representante
principal es San Juan de la Cruz.
Fray Luis de León (1527-1591) nace en Belmonte del Tajo (Cuenca).
Estudia en Madrid y Valladolid. A los dieciséis años ingresa en la
Orden de los Agustinos y estudia Filosofía y Teología en la
Universidad de Salamanca, de la que será profesor. Sus clases son
sólidas, rigurosas y amenas a la vez. Entiende de todo (Astronomía,
Matemáticas, Medicina...) y conoce perfectamente el griego, el
latín y el hebreo, entre otras lenguas. Es un hombre activo; anima
a Santa Teresa a reformar el Carmelo y él mismo colabora en la
reforma de su propia Orden. Pero la envidia le acecha (en la
Universidad había rivalidad entre las órdenes religiosas de sus
profesores: dominica, agustina...) y, con motivo de haber
divulgado la traducción del Cantar de los Cantares, es denunciado a
la Inquisición, que lo mantiene encarcelado en Valladolid desde
1572 a 1576. Comprobada su inocencia, fray Luis se incorpora a sus
clases universitarias de Salamanca y aún tiene tiempo de obtener y
regentar las cátedras de Filosofía Moral y Sagrada Escritura antes
de su muerte, que tiene lugar en el convento agustino de Madrigal
de las Altas Torres (Ávila).
Obra
La obra poética de fray Luis fue editada por Quevedo cincuenta años
después de la muerte del agustino para oponerla al aluvión de
poesía culterana de su época. Puede dividirse de la siguiente
manera:
Lírica original, que para la mayoría es la que más calidad posee.
Se trata de una veintena de poemas entre los que destacan las Odas
a la Vida retirada ("¡Qué descansada vida"), A
Francisco Salinas ("El aire se serena"), A Felipe Ruiz
("¿Cuándo será que pueda"), a la Profecía del Tajo
("Folgaba el rey Rodrigo"), a la Noche serena
("Cuando contemplo el cielo"), De la vida del cielo
("Alma región luciente"), En la Ascensión ("¡Y
dejas, Pastor Santo")... Todas estas composiciones están
escritas en liras, la estrofa que había puesto de moda Garcilaso de
la Vega en la etapa anterior.
Lírica traducida de libros sagrados. Existe un trabajo sobre Job,
colección de tercetos intercalados en su obra en prosa
Exposición del libro de Job. También tradujo una treintena de
Salmos, y asimismo se conservan unos fragmentos de los
Proverbios.
Lírica traducida de obras clásicas. Entre ellas, las Églogas
completas de Virgilio y también las dos primeras Geórgicas del
poeta latino, más de veinte Odas de Horacio, una Elegía de Tíbulo y
algunas composiciones de Bembo, Séneca y Eurípides, entre
otros.
En cuanto a la obra en prosa de fray Luis de León, citaremos,
además de la citada Exposición del libro de Job, una
traducción literal del Cantar de los Cantares y su
comentario; La perfecta casada, especie de tratado renacentista
sobre la mujer, y Los nombres de Cristo, que en forma de diálogo
platónico, presenta los diversos nombres que recibe Jesucristo
en la sagradas Escrituras.
Del estilo de fray Luis destacamos los siguientes rasgos: el sabio
manejo de la lira, la contención y la profundidad emotiva de su
expresión, el lenguaje natural, claro y armónico, alejado de toda
brillantez formal, si bien no rehúye recursos como la aliteración,
el hipérbaton, la personificación, la metáfora, el epíteto o los
encabalgamientos, que, siempre suaves, marcan el ritmo modulado y
tranquilo de su lírica. A todo ello añadiremos la carga espiritual
y serena que respiran sus versos y la pureza clásica que se
desprende de su palabra tanto en el verso como en la prosa.
Al salir de la cárcel
"Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se acompasa,
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso."
Fray Luis de León
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