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Capítulo 4:

 La transición al Renacimiento. El final de la Edad Media

 

En 1479 los Reyes Católicos logran la unidad de Castilla y Aragón, y a partir de esa memorable fecha Castilla toma las riendas de la nación bajo el principio de que cada reino debe mantener sus leyes y sus costumbres. También han conseguido reorganizar las instituciones públicas y fortalecer la monarquía, que con anterioridad había sufrido reveses importantes por los abusos cometidos por los nobles. Con la creación del Tribunal de la Inquisición en 1480 quieren también los monarcas obtener la unidad religiosa y todos sus empeños están encaminados a conseguirlo, aunque años más tarde toman algunas medidas impopulares como la de expulsar a los judíos que no querían convertirse a la fe católica. Lo que sí logran llevar a cabo felizmente es acabar la tarea magna de la Reconquista, que había empezado varios siglos antes, pues en 1492 terminan con el reino moro de Granada. Otro hecho histórico que adquiere gran importancia en el reinado de los Reyes Católicos es el descubrimiento de América: nuevas tierras y nuevas gentes que evangelizar A todo ello hay que añadir la expansión que por el Mediterráneo empezaba a efectuar el gobierno de sus reales majestades (algunas plazas en el norte de Áfrican, la anexión de Nápoles o la de las islas de Cerdeña y Sicilia, que el rey Fernando había recibido en herencia.

Socialmente, hay que tener en cuenta el paso transcendental que ha dado  la sociedad medieval: de ser profundamente teocéntrica y hacer depender todo de Dios se ha ido convirtiendo en antropocéntrica. Ello origina un nuevo sistema de valores, según los cuales el hombre se convierte en estudio preferente y es el centro vital alrededor del que giran todas las manifestaciones de la vida. Como consecuencia de ello, poco a poco la religión obsesiva del periodo medieval se va desprendiendo de las costumbres y conductas humanas como una ropa vieja que estorba, provocando a la vez el glorioso amanecer de un ansia nueva de vivir en todos los sentidos.

Culturalmente, la época de los Reyes Católicos significa un avance hacia las nuevas formas renacentistas; y así, la influencia italiana, sobre todo la corriente alegórico-dantesca de Dante, Petrarca y Boccaccio, entra en España a través de Aragón y se instala en todos los campos literarios. Crece el interés por los conocimientos de la antigüedad grecolatina, ocasionando asimismo la entrada en España del Humanismo. Relacionada con los estudios y el campo de la educación, que en esta época cobran capital importancia, se halla la invención de la imprenta, pues gracias a ella se hace más fácil la difusión de los libros. No olvidemos tampoco que en este ambiente culto y preocupado por el conocimiento de nuestra propia lengua el humanista Antonio de Nebrija publica en 1492 su famosa Gramática castellana (la primera que se dio a conocer de entre las lenguas modernas, y dedicada a la reina Isabel, inestimable animadora del Humanismo).

Literariamente hablando, la etapa de los Reyes Católicos es testigo de la aparición, junto a la de La Celestina, que será objeto de esta unidad, o las Coplas de Manrique, que ya vimos, de los siguientes tipos de obras: algunas novelas sentimentales (título otorgado por Menéndez pelayo), entre las que destaca Cárcel de amor (1492), de Diego de San Pedro, cuyos rasgos esenciales son la brevedad, el análisis psicológico de los protagonistas (generalmente, adscritos a la alta nobleza) y el tema amoroso (en especial, las cuitas de los dos enamorados protagonistas Laureola y Leriano); una novela de caballerías, el Amadís de Gaula, que tendrá ilustres continuadores (a la cabeza, Cervantes), cuyo protagonista es el prototipo del fiel enamorado que lucha valientemente contra gigantes y  otros seres  fantásticos, poniendo sus triunfos a los pies de su dama ( Oriana en este caso); las crónicas, de las que sobresale la Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel,  de Andrés Bernáldez, precedente de la historiografía de Indias pues, además de ser un reflejo de la vida de esta etapa, recoge algunos capítulos sobre el descubrimiento de América; un libro biográfico, Claros varones, de Hernando del Pulgar (además, buen cronista del reinado de los Reyes Católicos), libro interesante que contiene veinticuatro retratos de altos personajes de la corte de Enrique IV, con cuyas semblanzas reafirma la confianza en el ser humano, que será una de las claves del Renacimiento. Pero la obra más importante de esta época es sin duda La Celestina.

El teatro anterior a La Celestina

Antes de hablar de la obra dramática de Rojas, conviene que efectuemos un breve repaso del teatro medieval anterior a ella.

  • El recitado de los juglaresen las plazas públicas o en los castillos, ante un público sediento de oír historias dramáticas de amor o de guerra, era una especie de representación teatral.
  • También existió un teatro litúrgico que había nacido para ser representado en las iglesias como ilustración de los Evangelios y que tenía que ver con las fiestas religiosas más señaladas, como la Navidad y la Pascua de Resurrección. Ejemplo, el Auto de los Reyes Magos, del siglo XIII.
  • Poco a poco este teatro religioso fue sustituido por otro de tono y temática profanos, que se representaba en las plazas públicas como ocio y diversión de las gentes de todas clases sociales.
  • Al llegar el siglo XV podemos comprobar que conviven esos dos tipos de teatro, los cuales, por otra parte, no han desaparecido ya nunca de nuestros escenarios: el profano y el religioso. Entre los autores del teatro religioso destaca Gómez Manrique con su Representación del Nacimiento de Nuestro Señor, obra que pertenece al ciclo de Navidad, o sus Lamentaciones fechas para Semana Santa, al de la Pasión. Y entre los dramaturgos que cultivaron el teatro de tipo profano el más importante es Juan del Encina; su Aucto del Repelón refleja la tradición popular medieval, o cualquiera de las tres Églogas, de ambiente renacentista, incluido el suicidio de uno de los personajes, aunque en su mocedad también cultivó el teatro religioso  (Autos de la Navidad y de la Pasión).
  • Finalmente, y ya avanzado el siglo XV, esas Comedias Humanísticas, que habían nacido en Italia, llegaron a España junto con las corrientes artísticas y literarias que acabarían por originar el Renacimiento.

 

La Celestina, modelo español de comedia humanística, aunque, como queda dicho, podemos considerarla también como novela dialogada, fue escrita por el bachiller Fernando de Rojas (1475-1541). De éste sabemos pocos datos. Había nacido en la Puebla de Montalbán (Toledo), de padres judíos conversos; estudió Leyes en Salamanca; por su condición de hijodalgo fue injustamente tratado por el conde Puebla y fijó su residencia en Talavera, donde fue alcalde mayor. En la segunda edición de su obra (Sevilla, 1501) nos dice en unos versos acrósticos que había encontrado el primer acto escrito y compuso los 15 restantes (estos 16 actos son los que ya aparecen en la primera edición de Burgos de 1499). La redacción definitiva consta de 21 actos, como podemos comprobar en la edición de Sevilla de 1502.

Al frente de la obra figura un argumento general y al principio de cada acto su contenido particular. La acción principal de La Celestina puede resumirse así: Calisto, joven noble, entra en el jardín de Melibea persiguiendo a su halcón. En cuanto ve a la bella muchacha, se enamora perdidamente de ella, pero es rechazado. Consulta el caso con su criado Sempronio, y éste le recomienda que acuda a la vieja Celestina para conseguir sus propósitos amorosos. Ésta, adiestrada en tales cometidos, visita a Melibea y consigue hábilmente que se avive en ella su amor oculto por Calisto y acepte mantener una entrevista con el joven. Conseguido este paso, Calisto premia la intercesión de Celestina con una cadena de oro. Entonces Sempronio y su compañero Pármeno deciden sacar también provecho de ese premio y, al comprobar que la vieja no quiere compartirlo con ellos, la matan. La justicia da con los codiciosos asesinos y los condena a muerte. A todo esto, una noche que Calisto se halla con Melibea escucha un ruido procedente de la calle; preocupado por la circunstancia, intenta escapar por una escala, pero resbala, se precipita al suelo y muere. En tonces Melibea, desesperada, se refugia en una torre de la casa y, ante la mirada abatida de su padre Pleberio, después de contarle sus cuitas, se arroja desde lo alto y se mata. El triste y, a la vez, didáctico lamento de Pleberio concluyen la obra.

Sus fuentes son numerosas: la Biblia, Aristóteles, Virgilio, Ovidio, Terencio, Petrarca… Hasta en la literatura castellana anterior se han encontrado huellas, sobre todo, en escritores moralistas, como Alfonso X el Sabio o el Arcipreste de Hita. En el fondo parece una comedia de Terencio en la que se han intercalado sentencias y máximas pertenecientes a los escritores antes citados y muchos más.

Los caracteres principales de La Celestina podríamos reducirlos a los siguientes:

·        La pintura psicológica de los personajes, no sólo de los principales (Calisto, Melibea y  Celestina), sino también de los secundarios (los criados, las amigas de Celestina), está realizada con gran realismo y humanidad.

·        Presenta la contraposición de dos mundos diferentes: el de los dos enamorados y el de los aprovechados que explotan el amor de los primeros; ambos mundos responden a los dos planos típicos de nuestra Literatura: el ideal, ajeno a las miserias humanas, y el real, con todas sus vilezas y ramplones egoísmos.

·        En la obra tienen cabida por igual elementos propios de la EdadMedia y del Renacimeinto. Entre los medievales destacan el interés por el carácter personal de cada personaje y el propósito moral de sacar una lección ética de lo sucedido en la obra (la muerte de los protagonistas o de los criados es un castigo divino a sus bajos instintos en los primeros o a su codicia en los segundos). Entre los elementos renacentistas, destacamos ciertas escenas sensuales o el suicidio por amor de Melibea.

·        Aparecen asimismo dos tipos de lenguaje en la obra: el culto, en boca de Calisto o Melibea, que se basa, entre otros rasgos, en el empleo de neologismos, la colocación de los verbos al final de las oraciones y las referencias a elementos del mundo clásico (personajes, mitos…); y el popular, plagado de refranes y voces del pueblo, en labios de los criados o Celestina.

Cervantes dijo del libro que sería divino si encubriese más lo humano.

El personaje de Celestina que, como ya dijimos, tiene su precedente en la Trotaconventos, del Arcipreste de Hita, influirá en otros personajes afines de la Literatura posterior, creados por escritores como Feliciano de Silva (la Segunda Celestina), Cervantes (La tía fingida), Lope de Vega (La Dorotea oEl rufián Castrucho, entre otras),  Francisco Delicado (La lozana andaluza), etc.

LECTURAS Y ACTIVIDADES

Te propongo la lectura de un fragmento de la obra. Calisto, tras quedar prendado de la belleza de Melibea, le confiesa a su criado Sempronio el amor que siente hacia la muchacha y el ansia de poder admirar su belleza otra vez. Sempronio, que quiere aprovecharse de su amo, recurre a la vieja Celestina en busca de ayuda pues conoce las tretas de que se vale la astuta mujer para doblegar las voluntades de los enamorados. Celestina idea un plan para que Calisto pueda acceder al amor de Melibea y acude a casa de ésta con intenciones de lograrlo. Aquí tienes parte del diálogo que mantienen Celestina y Melibea sobre la enfermedad que padece Calisto.

“CELESTINA.-Eres mi señora; téngote de callar, he de servirte yo, pídeme lo que quieras; tu mala palabra será víspera de una saya.

MELIBEA.- Bien la has merecido.

CELESTINA.- Si no la he ganado con la lengua, no la he perdido con la intención.

MELIBEA.- Tanto afirmas tu ignorancia, que me haces creer lo que puede ser. Quiero, pues, en tu dudosa disculpa tener la sustancia en peso, y no disponer de tu demanda al sabor de ligera interpretación. No tengas en mucho, ni te maravilles de mi pasado sentimiento, porque concurrieron don cosas en tu habla que cualquiera de ellas era bastante para sacarme de seso. Nombrarme ese tu caballero, que conmigo se atrevió a hablar, y también pedirne palabra sin más causa, que no se podía sospechar sino daño para mi honra. Pero pues todo viene de buena parte, de lo pasado haya perdón; que en alguna manera es aliviado mi corazón viendo que es obra pía y santa sanar los apasionados y los enfermos.

CELESTINA.- Y tal enfermo, señora. Por Dios, si bien le conocieses, no le juzgases por el que has dicho y mostrado con tu ira. En Dios y en mi alma, no tiene hiel; gracias dos mil; en franqueza, Alejandro; en esfuerzo, Héctor; gesto de un rey; gracioso, alegre; jamás reina en él tristeza; de noble sangre, como sabes; gran justador; pues verlo armado, un San Jorge; fuerza y esfuerzo, no tuvo Hércules tanta; la presencia y facciones, disposición, desenvoltura, otra lengua había menester para contarlas; todo junto semeja ángel del cielo. Por fe tengo que no era tan hermoso aquel gentil Narciso, que se enamoró de su propia figura, cuando se vio en las aguas de la fuente. Ahora, señora, le tiene derribado una sola muela que jamás cesa de quejar.

MELIBEA.- ¿Y qué tanto tiempo ha?

CELESTINA.- Podrá ser, señora, de veintitrés años; aquí está Celestina que le vio nacer, y le tomó a los pies de su madre.

MELIBEA.- Ni te pregunto eso, ni tengo necesidad de saber su edad, sino qué tanto ha que tiene el mal.

CELESTINA.- Señora, ocho días, que parece que lleva un año en su flaqueza; y el mayor remedio que tiene es tomar una vihuela, y tañe tantas canciones y tan lastimeras, que no creo que fueron otras las que compuso aquel emperador y gran músico Adriano, de la partida del alma, por sufrir sin desmayo la ya vecina muerte. Que aunque yo sé poco de música, parece que hace aquella vihuela hablar. Pues si acaso canta, de mejor gana se paran las aves a oírle, que no aquel antiguo, de quien se dice que movía los árboles y piedras con su canto. ¡Mira, señora, si una pobre vieja como yo, si se hallará dichosa en dar la vida a quien tales gracias tiene! Ninguna mujer le ve, que no alabe a Dios, que así le pintó; pues si le habla acaso, ni es más señora de sí de lo que él ordena. Y pues tanta razón tengo, juzga, señora, por bueno mi propósito, mis pasos saludables y vacíos de sospecha.

MELIBEA.- ¡Oh, cuánto me pesa con la falta de mi paciencia! Porque siendo él ignorante y tú inocente, habéis padecido las alteraciones de mi airada lengua. Pero la mucha razón me releva de culpa, la cual tu habla sospechosa causó. En pago de tu buen sufrimiento, quiero cumplir tu demanda, y darte luego mi cordón; y porque para escribir la oración no habrá tiempo sin que venga mi madre, si esto no bastare, ven mañana por ella muy secretamente.”

 

Actividades

a)      Resume brevemente el diálogo entre Celestina y Melibea.

b)      ¿Has visto en este pasaje alguna muestra de la astucia de Celestina?

c)      ¿Qué dos detalles cita Melibea que podían haberle confundido y sacado de juicio?

d)      ¿Qué cualidades de Calisto enumera Celestina?

e)      ¿Con qué personajes lo compara? Diferencia los reales de los ficticios o legendarios.

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