La base del italiano moderno es el florentino del siglo XIV, representado por Dante, Petrarca y Boccaccio, y que se difundió por vía literaria. En los últimos cien años se ha difundido mucho el uso del italiano oral. Junto al italiano se han hablado dialectos. Estos representan las continuaciones locales del latín tal como se ha desarrollado en Florencia. Los dialectos locales constituyen continuaciones influenciadas por los dialectos cercanos de mayor prestigio. El florentino se presentaba en el siglo XIV como un dialecto conservador en el marco italiano.
La Italia moderna ha mantenido una pluralidad dialectal. La lengua de Florencia ha evolucionado.
Ascoli estableció que el italiano es el florentino antiguo basándose en algunas pruebas de fonética histórica que lo diferencian en primer lugar de los dialectos septentrionales y meridionales juntamente, y después también de los demás dialectos toscanos.
El italiano aparece hoy diferenciado desde el norte al centro-sur y luego región por región, pero casi exclusivamente en la fonética y en el léxico. Roma en el centro-sur difunde un modelo de italiano particularmente prestigioso e imitado; en cambio, en el norte, el italiano de Milán no tiene influencia más allá de los límites de Lombardía. Las diferencias son a menudo sutiles, pero llevan connotaciones relativas al origen y a la clase social y por eso son observadas frecuentemente con gran atención.
Los dialectos septentrionales forman un bloque bastante compacto, con muchos rasgos comunes que los aproximan, más que entre sí, alguna vez incluso a las hablas ladinas y a las lenguas galorrománicas, alejándose del italiano ya sea toscano ya centromeridional.
Según la hipótesis clásica de Ascoli, los dialectos desde el piamontés hasta el emilianorromañés muestran sustrato céltico, que está ausente del veneciano. La mayor parte de los fenómenos fonéticos más originales de los dialectos galoitálicos están relacionados con la pérdida general de las vocales finales diferentes de -a. Este fenómeno es común al provenzal y al francés.
No todos los dialectos italianos centromeridionales presentan caracteres de arcaísmo. Para el napolitano, el pugliés continental, el pugliés salentino y el siciliano son destacables desarrollos fonéticos innovadores originales. En napolitano e y o finales pasan a [ ]. Igualmente para la fonética son notables hechos de conservación. El siciliano ha hecho pasar el latín e a i, y o a u, contrariamente al esquema del romance casi común. Las asimilaciones nd >nn y mb>mm, difundidas en la Italia centromeridional (y hasta en Roma), son consideradas efecto de sustrato: el osco-umbro se comportaba del mismo modo respecto al latín.
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