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Leyendas de Sevilla

Autor: Marta Fernández Núñez
Curso:
8/10 (1 opinión) |1175 alumnos|Fecha publicación: 11/06/2008
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Capítulo 4:

 El enigma de los subterráneos de Sevilla

El enigma de los subterráneos de Sevilla Torre del Oro

En el patrimonio histórico de la capital andaluza, hay muchas alusiones orales, ¿son tan numerosas las alusiones orales?. Si no conoces algún investigador sobre la materia, en Internet la información es mínima. Corren por las calles de la ciudad, numerosas historias referente a la tela de araña que por debajo de las calles existen.

¿Quién no ha oído hablar de que la Torre del Oro se comunica con Triana por debajo del río y con el Alcázar?. ¡ y que las distintas cárceles de la Inquisición , se comunicaba con el Tribunal del Santo Oficio?.

El enigma de los subterráneos de Sevilla  Alcazar

La fuente más fidedigna para hacer un estudio pormenorizado, son los documentos y archivos, y en menor parte, algunos autores fiables.

Empecemos primero por los túneles romanos, olvidadas durante siglos. Lejos de todo interés, estos túneles, no tiene nada de especial, son meras cloacas. Los romanos, siempre cuidaron mucho de la parte sanitaria.

Estas historias, el autor que mejor las recoge, Álvarez Benavente en su obra "Explicación al plano de Sevilla".. Cuenta Benavente que en siglo XIX, durante un carnaval, una esclava se escapo por uno de estos pasadizos, levantando una loza. Este pasadizo, es el que posteriormente pudo investigarse, cuando se estaban realizando obras en la calle Abades en 1970.

El enigma de los subterráneos de Sevilla  Calle Abades

Otro subterraneo de la misma época,es la de la calle Argote de Molina, donde hoy está el Restaurante don Raimundo. a este callejón, se le llamó durante los siglos XVI y XVII, el Callejón de las Brujas.

 El enigma de los subterráneos de Sevilla  Calle Argote de Molina

En la época musulmana,se habla de galerías que van desde la Catedral, hasta la calle García Vinuesa, la cual puede ser desdesagües de la antigua Mezquita.

El enigma de los subterráneos de Sevilla     Catedral al atardecer

El enigma de los subterráneos de Sevilla  Catedral de noche

El enigma de los subterráneos de Sevilla  Catedral  de día

Por debajo de torneo, también tiene otro pasadizo, o en el barrio Humeros. Para documentarnos en este ámbito,tenemos al cronista Don antonio de Ulloa, sevillano,almirante de la Armada. Por otra parte también está el cronista don Manuel de la Cruz, siglo XVIII. En el barrio Humores, hay también,algunas grutas, donde dice la historia, que unos muchachos encendieron una hoguera,y murieron axfisiados.                                                                  

No cabe duda, de que uno de los simbolos, junto con la Catedral, es el Alcazar. Antiguo baluarte militar, no es extraño pensar, que se debieron hacer algunos pasadizos, para ayudar a la fuga en caso de peligro. Era costumbre de fortalezas como esta, de tener salidas ocultas con acceso a las afueras de la ciudad, de mensajeros u otros enlaces. En efecto tal pasadizo existió, y se pudo ver cuando hace 30 años, se hicieron reformas en la Antigua Fábrica de Tabaco, actual Universidad. El pasadizo cruzaba hasta la calle de San Francisco, dirección sur-oeste. Desgraciadamente, este pasadizo es inaccesible debido a la cimentación de la Fábrica de Tabaco. Esta galería, puede que sea de época posterior a la musulmana, quizás de la época de Pedro I El Cruel.Llamado el Cruel por sus detractores, y el Justiciero por su partidarios,sobre esta figura, también vuelan sobre Sevilla, grandes leyendas, tal es la historia de la cabeza de Rey Don Pedro.

El enigma de los subterráneos de Sevilla  Cabeza Rey don Pedro

Detengámonos un poco en esta historia, no menos peculiar que los subterráneos. En la calle Candilejo, en la esquina más ancha de esta calle, a la altura de los balcones del primer piso, se puede apreciar la estatua de medio cuerpo de un caballero medieval, coronado y con manto real sobre sus hombros. Lleva el pelo corto alrededor del cuello y cercenado en la frente, como debía ser la costumbre en esa época. Con su diestra empuña el cetro, que apoya en el hombro, y descansa la otra mano sobre su espada al cinto. Se trata de la figura del rey don Pedro I de Castilla que, aunque nacido en Burgos.

Esta historia, mitad leyenda mitad realidad, ocurrido en Sevilla y que tuvo al rey  como protagonista.

Algunos historiadores mantienen que fue precisamente por un lío de faldas por lo que Pedro I salió una noche a recorrer las calles de Sevilla. Otros defienden que fue a consecuencia de una conversación con Domingo Cerón, el alcalde del rey, que afirmó que en la ciudad no se cometía un delito sin tener su castigo, y el rey quiso comprobarlo por sí mismo. Lo cierto es que iba solo y embozado en su capa cuando se topó con uno de los Guzmanes, el hijo del conde de Niebla, que apoyaba las aspiraciones al trono del hermano bastardo del rey. La ira se desató y las espadas chocaron en el silencio de la noche. El ruido despertó a una anciana vecina que, movida por la curiosidad, se asomó a la ventana alumbrándose con su candil a tiempo de ver cómo uno de los contendientes, cuyo aspecto recordaba al mismo rey, atravesaba el pecho a su oponente. La anciana, alarmada, volvió a cerrar la ventana pero, con tan mala fortuna, que se le cayó el candil a la calle. Apoyada sobre la ventana, intentando imaginar lo que pasaría cuando encontrasen su candil junto al cadáver, pudo oír claramente un crujido, como de nueces al chocar, alejándose del lugar. A la mañana siguiente, en la Sala de Justicia, los Guzmanes se presentaron para exigir que se buscase al culpable de la muerte de uno de los suyos. El rey prometió hacer lo posible por encontrarlo y concluyó: "Cuando se halle al culpable, haré poner su cabeza en el lugar de la muerte.". Al cabo de unos días, se trajo a juicio a una anciana que había sido testigo del duelo. La anciana, a pesar de admitir que había visto lo sucedido, se negaba a contar lo que sabía. Ni las preguntas inquisitivas de Domingo Cerón, ni las amenazas de los alguaciles, le hacían decir palabra alguna. El rey, finalmente, se dirigió a ella: "Dinos a quién vistes en el duelo y no te ocurrirá nada ". La anciana, cogió un espejo y colocando frente al monarca exclamo Aquí tenéis la cabeza del asesino . El rey, cumplió su promesa  ordenando  llevar oculta en una caja de madera la cabeza del culpable que fue colocada tras una reja en la hornacina . Tras su muerte la caja se abrió y para sorpresa de todos apareció el busto del pendenciero monarca  en el lugar del suceso, donde hoy día aún se puede contemplar. 

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