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Capítulo 6:

 Kanji para recordar I. Introducción al libro y al método (6/6)

Unas palabras acerca de cómo se llego a escribir este libro. Empecé mis estudios un mes después de llegar a Japón sin tener absolutamente ningún conocimiento previo del idioma. Una serie de viajes por Asia retardaron mis llegada unas semanas, y por ello entre a una academia de idiomas en Kamakura y empecé a estudiar por mi cuenta sin tomar parte en el curso, que ya había empezado. Una cierta impaciencia causada por mi propia ignorancia, comparado con la gente a mí alrededor, junto con la libertad de dedicarme exclusivamente a estudiar el idioma, me impulsaron a estudiar una gramática básica de introducción al japonés. Esto me proporciono una idea general acerca de la construcción del idioma, pero, por supuesto, no me dio ningún tipo de facilidad para utilizarlo. Tras varias conversaciones con profesores y otros estudiantes comprendí que debía empezar a estudiar los kanji lo antes posible porque parecía que allí estaba el hueso más duro de roer. Sin tener ni idea del funcionamiento de los kanji dentro del idioma, más eso sí, habiendo encontrado mi propio ritmo, decidí—contra la opinión de casi todos los que me rodeaban— continuar el estudio por mi cuenta en vez de incorporarme a una de las clases de principiantes.

Pase los primeros días leyendo ávidamente todo lo que pude encontrar sobre la historia y la etimología de los caracteres japoneses, y examinando la gran variedad de sistemas que había en el mercado para su estudio. Fue durante esos días cuando la idea básica que yace en los cimientos de este surgió en mi mente. Durante las semanas siguientes me dedique día y noche a experimentar con esa idea, que resulto funcionar lo suficientemente bien como para animarme a continuar. Antes de finalizar el mes había aprendido el significado y la escritura de 1.900 caracteres y estaba seguro de poder recordar lo que había aprendido. Poco tiempo después me di cuenta de que había ocurrido algo realmente extraordinario.

El método que seguí se me antojaba tan simple, incluso infantil, que hasta me resultaba embarazoso hablar de él. Y todo había ocurrido tan naturalmente que no estaba preparado para la reacción que causo. Por un lado, en la escuela me acusaron de tener una memoria fotográfica de corta duración que haría que todo lo que había aprendido se desvaneciera en poco tiempo. Por el otro, había los que me instaban a escribir mis “métodos” para sacar provecho de ello. Pero me pareció que todavía me quedaba demasiado para aprender de la lengua japonesa como para permitirme el lujo de distraerme. En una semana, sin embargo, me convencieron para que, como mínimo, dejara ver mis notas.

Dado que la mayoría estaban o en mi cabeza o en libretas repletas de apuntes ininteligibles o en tarjetitas caseras, decidí dedicar una hora al día a escribirlo todo sistemáticamente. Esa hora pronto se convirtió en dos, luego en tres, y cuando me di cuenta lo había dejado todo a un lado para dedicarme a completar la tarea. A finales del tercer mes lleve una copia lista para la impresión a la Universidad de Nanzan, en Nagoya. Durante los dos meses que llevo preparar la impresión añadí una Introducción. Gracias a la inestimable ayuda de la señora Iwamoto Keiko de la editorial Tuttle, se distribuyeron la mayoría de las 500 copias impresas en librerías de Tokio, donde se vendieron en pocos meses. A partir de ahí, empezó la historia de reediciones y reimpresiones hasta llegar al momento actual.

Tras el mes que pase estudiando cómo escribir los kanji, no volví a repasar formalmente lo que había aprendido. (Estaba demasiado ocupado buscando otro método para simplificar el estudio de la lectura de los caracteres, que fue completado mas tarde en un libro que sigue al que tienes en las manos2.)

Cuando encontraba un nuevo caracter, lo aprendía como lo había hecho con los de más, y nunca tuve la sensación de que debía hacer un alto y volver atrás ni de que debía repetir el trabajo. Admito que el hecho de que actualmente use los kanji diariamente en mis clases, investigación y escritos es una ventaja considerable. Pero sigo convencido de que toda mi rapidez y facilidad en aprender los debo a los procedimientos descritos en este libro.

Quizás solamente los que hayan seguido el método desde el principio hasta el final puedan reconocer lo poco complicado, obvio y accesible que es para cualquier estudiante medio que desee invertir tiempo y esfuerzo en el. Pero aun que el método es simple y realmente elimina la necesidad de invertir mucho esfuerzo, hay que reconocer que la tarea no es de ningún modo fácil. Requiere tanta resistencia, concentración e imaginación como se le pueda dedicar.

Barcelona, España
14 de diciembre de 2000

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2. Remembering the Kanji 2: A Systematic Guide to Reading Japanese Characters (Honolulu: University of Hawai‘i Press, 13th impression, 2007). Tras este tomo apareció mas tarde Remembering the Kanji 3: Writing and Reading Japanese Characers for Upper-Level Profi - ciency (Honolulu: University of Hawai‘i Press, 3rd impression, 2008), preparado con Tanya Sienko.

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