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Capýtulo 13:

 La regulación de la educación difusa

 Las condiciones en que hoy se desenvuelve la relación sociedad-escuela son distintas. Hoy los alumnos tienen otras oportunidades de aprendizaje antes y durante la etapa de la escolarización; ya que su experiencia escolar devine de la relación que mantienen con otras ofertas culturales.

  Esto provoca un conflicto cultural sobre todo en cuestiones de valores y  principios entre la educación áulica y la educación difusa, por el choque de dos modos distintos de parámetros culturales, uno tradicional y proposicional, que reina en las cosas de la escuela y otro que tiende a lo no proposicional y que los alumnos reciben en su vida cotidiana, y que se ejercita y aprende al mismo tiempo en la relación con los medios masivos de comunicación (sobre todo la televisión) y el resto de medios de uso contemporáneo como Internet, video, videojuego, música etc.

  Este medio de educación difuso opera por el simple hecho de estar ahí, producto de un sistema económico y financiero globalizado. Educa para la competitividad; promueve el egoísmo; exalta al máximo la violencia; enseña desear por medio de un consumismo extremo y no satisface el deseo que genera; promueve antivalores; etc.

  Es necesario en forma urgente ponerle un freno, para rehacer el sistema educativo, y para ello la nueva legislación deberá contemplar, controlar y regular la libertad que hoy goza la educación difusa.

 La instrucción y la educación

  Debemos partir de la matriz misma de la regulación educativa, mas específicamente de la Constitución Nacional.

  En primer lugar debemos considerar el pensamiento de nuestro máximo jurista, el Dr. Juan Bautista Alberdi, ya que sus ideas volcada en su libro: “Bases y Puntos de partida para la organización política de la Republica Argentina”, represento el texto fundamental en que se apoyaron los diputados constituyentes en el año 1853.

  Este libro trascendental que fija los principios y las fuentes de nuestro derecho público, dedica su Capitulo XIII a proclamar que “la educación no es la instrucción”; y es precisamente este concepto el que creemos básico para proyectar el verdadero alcance del Derecho Educativo, por ser la simiente de la estructura jurídica que regula la actividad educacional.

  Para el Dr. Alberdi, confundieron la educación con la instrucción, el género con la especie, esta diferencia manifiesta para la mayoría no es tenida en cuenta, pues la consideran una sutileza interpretativa, sin una incidencia fundamental.

  Sin embargo, nosotros como Juan Bautista Alberdi, consideramos un concepto fundamental –mas en nuestros días- es imprescindible comprender profundamente el contenido de esta expresión, ya que el alcance de tal significado fue receptado por el texto constitucional de 1853, plasmándolo en el Artículo 14º en su correlato: “el Derecho de Enseñar y Aprender”; integrándolo también cuando en el Artículo 67º inciso 16º otorga la potestad al Congreso de la Nación de dictar planes de instrucción general y universitaria. Pero este concepto impreso en nuestra Constitución de 1853, con el transcurso del tiempo y en las sucesivas enmiendas, nuestros legisladores dejaron de lado la diferencia sutil expuesta por Alberdi, entrando paulatinamente en la confusión normativa de asimilar como sinónimos de igual alcance y extensión a los dos términos “instrucción” y “educación”, fundiéndolo en uno solo que es el término “educación”.

  Aquella confusión del genero con la especie –advierte Juan Bautista Alberdi- condujo a otro error, “el desatender la educación que se opera por las acción espontánea de las cosas, la educación que se hace por el ejemplo de una vida mas civilizada que la nuestra; educación fecunda, que Rousseau comprendió en toda su importancia y llamo educación de las cosas”.

  Si bien el objetivo final del alegato Alberdiano era la formación de nuestros jóvenes pueblos Americanos a imagen y semejanza de la vieja Europa, los conceptos analizados nos sirven hoy para nuestro objetivo, diferenciar –como lo hace tan notable pensador- la “instrucción” de la “educación”, y advertir que la “instrucción” se refiere a la educación áulica, que es el genero, pero que existe además otra forma de educación que opera por la acción espontánea de las cosas, y que hoy con el avance científico y tecnológico avasallador que sufrimos, no solamente debemos atender, sino tenemos la obligación de regularlo dentro de la legislación educativa.

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