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Iglesia católica. Renovación carismática

Autor: Agustín Fabra
Curso:
9/10 (2 opiniones) |309 alumnos|Fecha publicaciýn: 18/04/2011
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Capýtulo 5:

 Espiritualidad. Carisma

Es cierto que todos los cristianos somos carismáticos, pues ya en el Bautismo y en otros sacramentos hemos recibido los dones y carismas del Espíritu Santo necesarios para ser miembros vivos del Cuerpo de Cristo. Pero el bautismo en el Espíritu Santo, o esa nueva infusión del Espíritu, es una gracia poderosa que renueva, actualiza y pone en movimiento el abundante caudal de gracias, dones y carismas que hemos recibido a través de los santos sacramentos.

Los carismas son dones gratuitos que da el Espíritu Santo a los cristianos para la construcción de la Iglesia y para la edificación de un mundo más justo y más fraternal.

Al leer atentamente el capítulo 12 de la primera carta a los fieles de Corinto se nota que el Apóstol Pablo se está refiriendo a las asambleas eucarísticas, y los carismas de que habla son aquellos que surgen en dichas asambleas, dentro de un ambiente cálido saturado de oración y de alabanzas.

Lo primero que asombra es el hablar u orar en lenguas, aunque este es el menor de los carismas y no está dirigido directamente a la construcción de la comunidad, sino a la gloria de Dios, como escribe Pablo, y al provecho personal del que lo posee. Es una oración de alabanza o de acción de gracias al Señor que sale del corazón y que por sus frutos espirituales se deduce que es un don de Dios y no un mero fenómeno psíquico. Muchas personas santas y piadosas dentro de la Iglesia han tenido este don.

En un ambiente de alabanza, de amor fraternal y de una oración que espera respuesta por parte del Señor, no es extraño que se produzcan profundas conversiones e incluso sanaciones, algunas físicas y muchas más interiores. Se trata aquí de la fe del Evangelio que traslada montañas (Lucas 17:6). La imposición de manos sobre la cabeza del enfermo, ya sea físico o espiritual, no es un rito sacramental sino un símbolo de la comunidad que ora en nombre del Señor, quien escucha a su pueblo y obra maravillas en él.

También puede extrañar la oración de liberación de la influencia del maligno, o por profundos desequilibrios psíquicos por influencia de brujería, espiritismo, santería, etc. Hay que ser sumamente prudentes en meter al diablo en este terreno tan turbio y delicado, debiéndose recurrir al don del discernimiento. La Iglesia es muy estricta en todo lo referente a influencias o posesiones diabólicas y sólo en determinadas circunstancias permite el exorcismo, y siempre por medio de sacerdotes preparados y elegidos especialmente para ello. En estos casos lo más aconsejable es orar sencilla y humildemente por la sanación interior de la persona y emplear, con paz y confianza en el poder del Señor, la oración en lenguas.

En la renovación Carismática es muy importante el don del discernimiento que el Señor concede en ocasiones y a determinadas personas, para así poder distinguir el origen de estas manifestaciones. En todo ello se necesita mucho sentido común y serena prudencia.

Espiritualidad y sus fuentes

Los carismas son para la construcción de la Iglesia de Dios y para el servicio del mundo, tal como Cristo lo exige en el Evangelio. Pero de nada sirven esos carismas si no están fundamentados en el amor y sirviendo al amor.

Juan Pablo II en su exhortación pastoral sobre la catequesis (Catechesi Tradendae), al aludir expresamente a la renovación Carismática, escribió: La Renovación en el Espíritu será auténtica y tendrá una verdadera fecundidad en la Iglesia, no tanto en cuanto suscite carismas extraordinarios, sino cuando conduzca el mayor número posible de fieles, en su vida diaria, a un esfuerzo humilde, paciente y perseverante para conocer siempre mejor el Ministerio de Cristo y así dar testimonio de El (Número 72).

Hay que dejar bien claro que lo primero en el cristianismo no es la experiencia, sino la existencia cristiana; una vida de fe, esperanza y amor a Dios y al prójimo, sobre todo al más necesitado y al más cercano. La experiencia cristiana de la Renovación nos debe llevar a vivir a fondo nuestro bautismo, y a realizar la vida cristiana hasta sus últimas consecuencias en la Iglesia y en el mundo en que vivimos.

La espiritualidad carismática, propia de la Renovación, es la que brota de las Santas Escrituras, especialmente del Nuevo Testamento, y que está centrada en la Santísima Trinidad. Ya hemos visto el papel tan importante que tiene el Padre bueno y misericordioso y la presencia fecundante del Espíritu Santo en nosotros, lo cual nos convierte en verdaderos testigos de Cristo resucitado.

Es la Biblia la principal fuente de vida espiritual de la Renovación Carismática y se debe aconsejar su lectura seria y asidua, así como también su meditación constante y el deseo e inquietud de ir conociéndola mejor. Sin embargo es necesario tener un buen guía en su lectura porque existe el peligro de interpretarla demasiado libremente o al pie de la letra. La Biblia es el libro de la Iglesia y hay que atenerse a ella y a sus directrices en cuanto a la interpretación de las Sagradas Escrituras.

Son también los santos sacramentos fuente de vida para el miembro de la Renovación. Hay que frecuentarlos, prepararse debidamente para su recepción, participar activamente en la Eucaristía y vivirla en comunión con los demás hermanos; con los pobres en particular.

La Renovación en el Espíritu da un relieve especial al sacramento de la Penitencia, el cual es un sacramento de perdón y de reconciliación con Dios y con los demás. Es fuente de alegría y de paz, así como es también fuente de sanación interior.

La lectura de los grandes maestros de la espiritualidad católica, los que nos llevan a conocer mejor nuestra fe y a vivirla más plenamente, debe ser también gozosa fuente donde acudir el cristiano.

Hay muchos y buenos libros en la Renovación Carismática Católica que debemos conocer. Pero también es cierto que debemos tener mucha precaución al leer libros carismáticos no católicos, pues algunas veces podrían desviar nuestra fe y nuestra fidelidad a la Iglesia católica.

Capýtulo siguiente - La oración. Carisma

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