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Capýtulo 3:

 La Guerra en casa. La malvinización

Aunque parezca redundante, es bueno recordar que la mayoría de los argentinos tuvieron el principal contacto con la guerra a través de la prensa[1].

La propaganda oficial y los medios (aunque en ocasiones hoy resulta difícil la distinción entre una y otros) asignaron a la recuperación militar una trascendencia inédita.

Y la vanguardia de esos cambios fueron los soldados conscriptos en las islas. En los jóvenes que aguardaban el ataque británico, durante abril de 1982 se concentraron imágenes de Patria e ideales de nación y de futuro. El conflicto fue visto como un momento de prueba para el pueblo argentino, una posibilidad de cambio precisamente porque los protagonistas eran los jóvenes.

Al cumplir con su deber militar de ciudadanos, los conscriptos en Malvinas iban a estar habilitados para reclamar participación en la organización de la vida política argentina.

En general[2], se consignaba sin alarma que los defensores de las islas eran “soldados de 18 años, que tienen como promedio unos tres meses de instrucción militar”(nota al pie 10 página 72 del libro) Es que los conscriptos en ese momento previo a la batalla tenían en su juventud un elemento que realzaba su compromiso, su condición de vanguardia para un cambio y no como sucedería tras la derrota, el fracaso. Nadie objetaba que su escasa instrucción, su inexperiencia fueran un obstáculo ante un posible enfrentamiento con los británicos, que enviaron un contingente compuesto por tropas de elite.

La revista Gente[3] apelaba a las ocho invasiones inglesas, el conflicto de este modo se inscribía y asociaba con algunos hitos refuerte presencia simbólica en el imaginario público argentino y más específicamente en el relato histórico que era patrimonio de sectores nacionalistas que ibas desde la más rancia derecha a la izquierda revolucionaria que había sido el blanco de la represión  ilegal.

Guerra

El 1º de mayo de 1982 la guerra se transformó en una realidad: aviones británicos bombardearon la pista de Puerto Argentino, mientras que el día siguiente el submarino de la Royal Navy torpedeaba fuera de la zona de exclusión al Crucero General Belgrano, 323 de cuyos tripulantes perecieron. La muerte genera un nuevo compromiso, todo el país apoya a sus soldados[4].

Con el transcurso de los días el combate aeronaval relegó a un segundo plano las operaciones terrestres. Pero el 27 de mayo, con el desembarco británico en el Estrecho de San Carlos, los infantes recobraron el protagonismo. La captura de Puerto Darwin por los paracaidistas ingleses tras una cruenta batalla arrojó el resultado de centenares de prisioneros argentinos y la ominosa certeza del avance sobre Puerto Argentino.

La suerte de la batalla que se desarrollará en Puerto Argentino definirá el perfil política de Argentina que comenzó a dibujarse el 2 de abril pasado con la reconquista de las Islas Malvinas. Los jóvenes soldados, ante la batalla final, aparecen ahora como los que demandarán a sus conciudadanos por la validez de su sacrificio. Serán los rectores de la Argentina que vendrá y si antes de su juventud era garantía de pureza en sus ideales, ahora comenzaba a transformase en signo de inocencia y falta de albedrío. Cuatro días después las fuerzas argentinas en las islas Malvinas se rindieron. La guerra había terminado y 649 argentinos habían muerto cerca de diez mil emprendían el regreso como prisioneros al continente.

Patagonia: de puerta de entrada a puerta trasera.

Frente a las islas Malvinas, la Patagonia fue la porción de Argentina continental más próxima a las islas y el único puente entre éstas y el resto del país. Las ciudades del litoral se transformaron en la puerta principal del frente de batalla[5]. Los aprestos bélicos no eran una novedad para la región. La inminencia de una guerra con Chile por el Canal del Beagle durante dos primeros años de gobierno militar había generado importantes desplazamientos de tropas. Como resultado los habitantes de la región debieron refrescar y reincorporar una serie de rutinas ya aprendidas entre los años 1976-78.[6]

Con el avance de los días y el recrudecimiento del control de la prensa, este espacio fue dejando lugar a informaciones más a tono con el mensaje triunfalista de los medios, en este sentido el contraste entre estas informaciones con fuentes producidas a posteriori de la guerra del 82 resulta revelador que las percepciones acerca de esta guerra que existieron en distintos puntos de Argentina, desde Buenos Aires a Patagonia, la sensación era distinta.

En las conversaciones[7] con quienes vivían en esos años en la Patagonia, la figura del retorno de los aviones es una constante, una forma de evocar la angustia y la tensión de esos días, la cercanía con ese borde delgadísimo entre la vida y la muerte a la vez que mantiene esa distancia con la forma en la que la guerra fue vivienda en las grandes urbes del “Norte”.

Así como el inicio del conflicto dio a la Patagonia una visibilidad pública[8] como pocas veces tuvo, el final de la guerra y la derrota la convirtieron en la puerta de atrás del gobierno militar, aquello que de ser posible debería no ser visto. Tras la rendición del 14 de junio de 1982, a los puertos atlánticos del Sur comenzaron a llegar los heridos y finalmente los prisioneros. Era el final y a la vez el comienzo de una gran cantidad de nuevas situaciones: la desmovilización, la búsqueda del paradero de muchos soldados y también la circulación aun bajo una severa censura de prensa, de las primeras noticias de las condiciones en las que habían vivido y combatido los miles de soldados enlas islas.

Una voluntad de silenciamiento que no fue acompañada en muchos casos por la población civil. Los soldados que consiguieron hablar con la prensa, explicaron que estaban sorprendidos por el recibimiento popular ya que “Nos dijeron que no íbamos a tener contacto con los habitantes de Madryn porque nos iban a apedrear (…) en el buque nos informaron nuestros jefes que el pueblo estaba enojado por la rendición en las Malvinas; que no habían sacado a Galtieri y que temían quela población de esta ciudad nos fuera a apedrear, por eso no íbamos a tener contacto con la gente.”[9]

Sin embargo, la población rompió los cordones de seguridad para acercarse a los soldados, las muestras de solidaridad y cariño se evidenciaron una vez más y esta vez con más razón al poder tenerlos en persona.[10] En la prensa local patagónica ( a diferencia de los medios nacionales) se encuentra gran cantidad de testimonios y críticas acerca de las restricciones no sólo a los periodistas, sino al público en general.

Era imposible explicarles en ese momento que un rígido e inexplicable operativo les impediría tomar contacto con la población que ansiosamente los aguardaba[11]. A nivel local, estas medidas eran vividas como un aspecto más de la política centralista “del Norte”. Para las regiones directamente afectadas por la guerra o para los pueblos y ciudades cuyos jóvenes habían combatido, para los familiares y para los jóvenes combatientes, esa búsqueda del silencio, en muchos casos, no sería posible.

Pero esas acciones, restringidas a lo local, faltaron o no fueron conocidas a escala nacional. Del mismo modo en que había procedido a la represión de su pueblo el gobierno militar comenzaba a disponer de los despojos de la guerra de Malvinas: de los muertos y de los vivos. Es que entre abril y junio de 1982 se vivieron diferentes guerras. Un escenario semejante se abriría en la posguerra.

 

[1] F. Lorenz.  2006, p. 69.

[2] F. Lorenz.  2006, p.72

[3] F. Lorenz.  2006, p. 73

[4] F. Lorenz. 2006, p. 74.

[5] F. Lorenz, 2006, p.76

[6] F. Lorenz, 2006, p.77

[7] F. Lorenz.2006, p.81

[8] F. Lorenz 2006, p. 83

[9]Impacto, 21 al 26 de junio de 1982.  En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas, Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 85

[10] “Madryn fue la primera en darles la bienvenida” en Impacto (Chubut), del 26 junio al 2 de julio de 1982. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires. 2006. pág. 85

[11]Jornada, 21 de junio de 1982. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires. 2006, pág. 86

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