12.170 cursos gratis
8.780.874 alumnos
Facebook Twitter YouTube
Busca cursos gratis:

Capýtulo 5:

 Archipiélagos en la memoria. Regresos

Después de la derrota las islas volvieron a ser un espacio irredento[1]: el territorio del que los argentinos habían vuelto a ser despojados, reintegrado brevemente a la soberanía nacional durante la guerra, parecía haber quedado más lejos que nunca de su recuperación.

Padres e hijos.

Periodista: ¿qué cosas en común tienen ustedes, los hijos de combatientes en Malvinas, con los

Hijos de desaparecidos?.

Leandro: La pérdida.

Periodista: ¿Y qué más?

Leandro: Ni más ni menos, la pérdida.[2]

Pero la visibilidad pública de unos y otros sí es diferente y esto tiene que ver con legitimidades obtenidas, pero también asignadas desde el Estado y por otros actores sociales. Hay por último, otro elemento que los une: la salida al espacio público desde la pérdida personal.

El regreso del soldado.

El retorno individual es una de las características de las relaciones con Malvinas en la década del noventa[3]. Si durante la guerra la lucha fue vista como la posibilidad de la unidad nacional y en la posguerra de regeneración, si las Fuerzas Armadas recordaron su carácter colectivo cada vez que pudieron y Alfonsín intentó tomar esa bandera para la naciente democracia, si los ex combatientes plantearon su sacrificio com parte de una lucha popular que los precedía, el símbolo distintivo de los años noventa fue el de los retornos individuales: padres y hermanos y, o hijos para visitar a sus caídos,  y algunos ex soldados para cerrar sus historia personales con la guerra.

El militar presentable: Martín Balza.

Durante la década del noventa se revirtió una de las imágenes más fuertes acerca de la guerra: aquella que colocaba a los conscriptos como víctimas de sus superiores antes que de los británicos. Paulatinamente , éstos pasaron a ser los principales enemigos de los soldados argentinos en las islas y no sus propios jefes.[4]

Diez años después de la guerra, las acciones en batalla comenzaban a ocupar su espacio entre los relatos victimizadores, las reivindicaciones autoexculpatorias y las manifestaciones de inocencia.

Balza era un militar veterano de la guerra de Malvinas[5], donde había tenido una destacada actuación. El 3 de diciembre de 1990, las cámaras de televisión lo mostraron fusil en mano reprimiendo el último de los alzamientos carapintadas, en el que enfrentó con otro militar que había compartido campamento de prisioneros en las islas: Mohammed Alí Seineldín, una de las figuras emblemáticas de la guerra del Atlántico Sur. Balza no se hallaba en el país durante los años más duros de la represión ilegal. Su autocrítica, su actuación en Malvinas y la represión a los carapintadas lo transformaron en una de las figuras centrales para devolverleMalvinas su carácter de “guerra internacional” y reivinciar la actuación de los hombres que allí combatieron, separándolos de la máxima conducción militar. Si el objetivo de Balza era el de subordinar el Ejército al poder constitucional y profesionalizarlo, Malvinas fue leída en esa clave.

Marcas. Monumentos y huellas.

De diversos modos[6], Malvinas es una presencia con fuerza creciente cuando nos acercamos a las zonas más próximas al escenario de batalla o las ciudades de las que buena parte de sus jóvenes marcharon a combatir con los regimientos. 

Lo que les otorga relevancia a esos monumentos es que concentran algún tipo de significado, pero éste puede ir del nacionalismo al duelo, o también combinar ambos. En todo caso la dispersión  y cantidad de los monumentos a lo largo y ancho de todo el país indica tanto el peso simbólico de  Malvinas como el sustrato republicano de la práctica, ya que la mayoría se deben a iniciativas comunales.

Veinte años no es nada.

La concordia y unidad buscadas públicamente en los actos por Malvinas ocultaban sólo parcialmente disputas por el significado de la fecha y la legitimidad pública de sus actores. ¿Malvinas estaba por encima de todo, o era apta para cualquier cosa? Un modo de compensar a los integrantes de las Fuerzas Armadas frente a la masa que se esperaba para los actos por los veinticinco años del Golpe de Estado de 1976[7]. Malvinas volvía a jugar un papel en las disputas por el pasado reciente; el mismo que había tenido a principios de los ochenta o en 1987, en boca del presidente Alfonsín.

La campaña electoral de 1983 fue dominada por una figura: la de Raúl Alfonsín, fundador y líder de la facción Renovación y Cambio de la Unión cívica Radical. Alfonsín, un abogado de la ciudad de Chascomús, en la provincia de Buenos Aires, debía sus progresos políticos a Ricardo Balbín, la figura principal de los radicales desde los años 50. a fines de los 60, las diferencias sobre la estrategia del partido dividieron en forma creciente a Balbín y Alfonsín, hasta convertirlos en rivales por la dirección del partido. En 1972 Alfonsín creó Renovación y Cambio, una organización moderada de centro izquierda dentro de la UCR, pero no arrancó de la dirección del partido a Balbín.

Alfonsín fue abogado defensor de Mario Santucho, líder del ERP, no insistía Alfonsín por ninguna simpatía hacia los guerrilleros, sino como partidario del debido proceso jurídico. Después que el gobierno prohibió todas las actividad políticas en marzo de 1976, Alfonsín siguió por un tiempo a otros políticos civiles y pasó a segundo plano.

A la muerte de Balbín en 1981, en pocos meses las encuestas de opinión señalaban a Alfonsín como líder político más popular de la nación. Pero tuvo que hacer frente al desafío del aspirante más conservador Fernando de la Rúa. En las elecciones internas Alfonsín ganó en ocho de las once provincias. De la Rúa se retiró y Alfonsín fue proclamado candidato presidencial de la UCR.[8]

Alfonsín ganó las elecciones del 30 de octubre con el 52% de los votos contra el 40% de Luder.[9]

Los protagonistas de las conmemoraciones de los veinte años de Malvinas fueron los combatientes, pero a la manera de un “soldado genérico” por la Patria, con virtudes ciudadanas eternas y por lo tanto indiscutidas.  La desmalvinización en 2002, pasaba a ser prácticamente cualquier cuestionamiento hacia la guerra, pero sobre todo a las Fuerzas Armadas que la habían planificado y conducido.[10]

En un discurso el presidente Eduardo Duhalde, agregó a la reivindicación territorial de las islas el peso de la sangre:

Las Malvinas son irrenunciablemente nuestras. Las lágrimas y la sangre de nuestros héroes

Regaron sus playas y sus montes y no hay título de posesión más fuerte que el que otorga la sangre[11]

El presidente, la figura más alta del Estado (que había encarnado durante dos décadas en el imaginario de los ex combatientes las políticas de ocultamiento y abandono) era el encargado de reintroducir simbólicamente a los caídos en el panteón nacional. En su discurso invirtió el significado de muchos de los elementos que en los ochenta habían servido para explicar la derrota. Ahora se trataba de circunstancias de la guerra que realzaban el sacrificio y aumentaba n el compromiso.

Las palabras del presidente[12] de la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina reforzaron esta idea. Sus compañeros caídos y los vivos eran un modelo a seguir.

Guerra contra el olvido.

Cómo empezó la Operación Olvido[13]. Apenas terminadas la guerra, el llamado “proceso de desmalvinización” empezó en las propias dependencias militares. A los soldados se les ordenó no hablar de Malvinas ni con sus familias.

Pero ahora la sociedad podía escucharlos[14]. Para eso, podían dejar de ser jóvenes o transformarse en héroes (muertos como Estévez, como Cao…). Pero una vez reconocida la batalla librada contra los británicos, serían héroes en un panteón abierto por el Estado que los había ignorado olímpicamente durante dos décadas, un panteón compartido con quienes durante los ochenta habían denunciado como los causantes de buena parte de sus penurias e impulsores del olvido y la marginación : las Fuerzas Armadas.

Canon en fragmentos. Los héroes, los responsables, la gloria.

Una de las formas de incluir la experiencia de los ex combatientes en un relato nacional fue el de inscribirlo en el discurso patriótico[15] construido desde finales del siglo XIX. En ese sentido, aunque con objetivos divergentes, confluyeron las iniciativas de las Fuerzas Armadas y de los distintos gobiernos civiles y militares que se alternaron desde 1982. esta forma de leer la guerra de Malvinas la inscribe la historia canónica oficial, en un registro semejante al de los otros episodios bélicos de la historia nacional.

El discurso patriótico[16], como en el caso de los veinte años del desembarco, presenta dos ventajas a la hora de hablar de Malvinas: la Patria es un espacio donde los conflictos internos no tienen lugar, habitado por los puros, los héroes que murieron por ella. Éstos, en el caso de Malvinas, eran civiles y militares, los antagonistas de los distintos discursos históricos acerca de la transición. Es lo eterno, lo referente para todos más allá de cualquier tipo de antagonismos.

El paradigma de esta confluencia se da en el caso de los soldados-ciudadanos, los conscriptos. Se trata de una forma de narrar la Nación que fue eficaz para la construcción de numerosas identidades nacionales durante el siglo XIX y XX entre ellas la argentina que alimentó el imaginario de distintas fuerzas políticas conservadoras y revolucionarias en pugna y que en un lento proceso de recuperación superó las críticas demoledoras hacia las Fuerzas Armadas ( que concetraban la simbología del discurso).

Durante los ochenta para transformarse en la voz oficial del Estado como visiblemente sucedió en 2002.

En esta retórica, lo que predomina es la ausencia de la reflexión, aplicada ésta a las distintas responsabilidades y conductas: el deber cumplido se ve realzado por las malas condiciones en las que se peleó e iguala a oficiales y subalternos (todos muertos por la Patria); el apoyo de la sociedad fue por un sentimiento puro y en consecuencia resulta secundario qué apoyó,  qué tergiversaciones recibió.

¿Hay otras formas, otros intentos de volver inteligible la historia de las Malvinas? Aparecen precisamente aquellas que apuntan a los puntos ciegos del discurso  patriótico- militar. También para el vigésimo aniversario, el ensayista Horacio González cuestionaba la notición superficial de compromiso patriótico que había movido a los militares, proponiendo más bien una revisión profunda de los motores que alimentasen antes que una descalificación lisa y llana de los motivos “patrióticos” o “nacionalistas” para la acción política.

Opinión de José Pablo Feinmann acerca del conflicto:

Su origen espurio hace que no hay gloria posible enla guerra de 1982. políticamente, no fue una guerra de liberación o antiimperialista: quienes muerieron en esa guerra no murieron por la causa justa: murieron como parte del plan de una junta macabra[17].

Los combatientes en Malvinas son queribles porque son víctimas, no en una guerra, sino de un Estado terrorista. El análisis de Feinmann retoma algunos de los tópoicos centrales del discurso de los derechos humanos de los años ochenta, que necesitaba enfatizar los crímenes cometidos. En este contexto, la figura de los jóvenes fue central, pues encarnaban a las víctimas inocentes.

Es tan doloroso admitir que se fue parte de los proyectos de Galimberti o Firmenich como admitir que se fue parte de los proyectos de Galtieri. Y esto no es los dos demonios. La llamada “teoría de los dos demonios” que sólo concentraba la responsabilidad de la violencia en algunos actores, sino que exculpaba al grueso de la sociedad, son evidentes cuando equipara a los jefes militares con los dirigentes guerrilleros. Al colocar a los protagonistas de Malvinas en el mismo paradigma de interpretación de la violencia política, Feinmann reproduce la lógica de concentrar la carga de responsabilidad colectiva en la culpabilidad individual de algunos actores (Galtieri). Las víctimas ancladas por la muerte en su condición de jóvenes, son despojadas de toda complejidad política que representan y pueden ser queridas y recibidas por los mayores que los narran.

En interpretaciones como la de FEinmann, enla historia argentina reciente no hay gloria posible porque se trata de proyectos ya degradados, ya nacidos “perversos”. Lo que otorga a los supervivientes de la guerra, el afecto de los argentinos es su condeición de indefensión y su juventud, asociagbles a la pureza.

                                  La Naciónsin individuos.

No en todos los casos los ex soldados tuvieron un lugar en el análisis[18]. Esto se debe a que en el campo de las Ciencias Sociales. Malvinas ha sido analizada mucho más como un problema político que como un conflicto bélico.

Pero ¿qué es lo que vuelve “legítimo” el reclamo de los ex combatientes? ¿Haber sido víctimas del Estado, del silencio social o su participación en la guerra?. En el análisis, han sido victimizados fundamentalmente por la recurrente apelación a un nacionalismo superficial. El nacionalismo territorialista es un peligro latente. En eses sentido, Malvinas funciona como una advertencia contra las fáciles tentaciones de las invocaciones a la unidad nacional.

En el contexto de la guerra[19] y ante la imprevisión militar que se ocupan claramente de destacar ¿a quién habría llamado la atención la presencia de los jóvenes conscriptos en las islas, cuando venían siendo protagonistas de distintas acciones violentas desde varios años atrás?. Precisamente  a Malvinas se llegó como parte de una creencia en la comunidad “en términos de gesta nacional que unía patria, comunidad y Fuerzas Armadas” y fue la derrota la que puso en crisi ese modelo cultural. Y llevó a que se cuestionaran instituciones sacrosantas como el servicio militar obligatorio. Por otra parte y no es lo menos importante muchas d elas víctimas de esa maquinaria compartían los valores por los que habían llegado a las islas.

Reflexión última de Federico Lorenz:

Tanto en las islas como en una mesa de torturas, en la guerra y en la posguerra, fue tomada y actuada por hombres y mujeres alimentados por ideas[20]. El fuerte proceso de reflexión que con altibajos estamos realizando en relación con los años setenta busca superar esa primera salida, la del impacto emocional y la condena o glorificación moral. Para recuperar las posibilidades de pensar políticamente el pasado como una forma de imaginar un futuro.

En relación con otros campos de estudio de la historia reciente, las reflexiones sobre la guerra de 1982 siguen ancladas en el contexto de los ochenta, pero ni el discurso radical, ni el victimizador, ni el patriótico son suficientes para entenderla. La guerra y sus protagonistas oscilan entre dos extremos inaccesibles a la discusión : el limbo de las víctimas o el Panteón atemporal de los héroes y mártires de la Patria.

En ese sentido, Malvinas fue en una situación concreta y  que no tuvo que ver con la guerra sino con sus consecuencias, una oportunidad para pensar un proyecto de país. Acaso ése sea su principal potencial simbólico: constituir, por lo que significa y no por su materialidad, un espacio de vinculación.

Pero mientras tanto, el mapa vuelve a perder su unidad y los individuos y las ideas y las experiencias , los proyectos y las luchas son islas a la deriva y el Archipiélago sólo una metáfora de una sociedad y un país en fragmentos agudos, tan dolorosos como cortantes.


[1] F. Lorenz. 2006, p.239.

[2] Hijos. Doc, America TV, 1999. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas. Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 245

[3] F. Lorenz.  2006, p. 245.

[4] F. Lorenz.  2006, p. 250

[5] F. Lorenz. 2006, p. 253.

[6] F. Lorenz. 2006, p.263

[7]Clarín, 3 de abril de 2001. En Federico Lorenz, Las guerras por Malvinas. Edhasa, Buenos Aires, 2006. pág. 273.

[8] D. Rock, 1987, p. 475

[9] D. Rock, 1987, p. 478

[10] F. Lorenz.  2006, p. 273

[11] Clarín, 3 de abril de 2002. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas, Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 277.

[12] F. Lorenz.  2006, p. 278.

[13] F. Lorenz.   2006, p. 287.

[14] F. Lorenz.   2006, p. 289

[15] F. Lorenz.   2006, p. 293

[16] F. Lorenz.   2006,p. 295

[17] José Pablo Feinmann, “La Guerra y la Gloria”, Radar, 31-03-2002. En Federico Lorenz. Las guerras por Malvinas, Edhasa. Buenos Aires, 2006. pág. 299.

[18] F. Lorenz.  2006,p.303

[19] F. Lorenz.  2006, p. 307

[20] F. Lorenz.  2006, p. 327

Nuestras novedades en tu e-mail

Escribe tu e-mail:



MailxMail tratarý tus datos para realizar acciones promocionales (výa email y/o telýfono).
En la polýtica de privacidad conocerýs tu derechos y gestionarýs la baja.

Cursos similares a Historiografía argentina acerca del conflicto de las Malvinas



  • Výdeo
  • Alumnos
  • Valoraciýn
  • Cursos
1. Guerra de Malvinas
Conoce la historia, las tácticas, intereses y todos los secretos de la Guerra de... [03/08/05]
2.680  
2. Las culturas aborígenes en argentina
Descubre las principales culturas que emergieron en el sur de Latinoamérica,... [31/07/07]
2.514  
3. Islas Malvinas. Historia de la soberanía
Historia de las Islas Malvinas y la soberanía argentina . En este curso veremos... [04/09/09]
820  

ýQuý es mailxmail.com?|ISSN: 1699-4914|Ayuda
Publicidad|Condiciones legales de mailxmail