En 1853 Domingo Marange realizó su último testamento, acompañado
de otros tres instrumentos notariales, aclarando y asegurando las
propiedades de su familia en Banes. En su testamento declaró
residir oficialmente en la ciudad de Holguín, calle San Pedro No.
20 y poseer además una casita de paja en la villa de Gibara y otra
casa de tejas en la hacienda de Banes. Pero Marange era sobre todo
un hombre de la actividad mercantil, en la casa banense radicaba la
tienda, atendida por su yerno Vicente de Juan y su hija Rita, con
cinco esclavos para las labores de la hacienda, estando a la vez
asociado con Pablo Palacios y Vicente Gutiérrez, condueños todos de
la tienda de Bijarú. Hasta el final de la vida Marange se mantuvo
soltero; pero desde 1843 brindó el mayor reconocimiento social a
sus hijos naturales. En el testamento y en tres documentos
notariales paralelos aclaró que todos heredarían a partes iguales
sus riquezas, salvo las excepciones siguientes especificadas sobre
la propiedad agraria: su propiedad en la hacienda de Banes la
heredaría su hija Francisca y su yerno Manuel González, restándole
los sitio: Los Pasos de Mulas adquirido de Miguel Rondón, entregado
a su hijo Domingo, y un sitio (sin nombre), de las tierras
compradas a Lorenzo Claro, dados a su yerno Lorenzo Martínez y su
hija Carmen y finalmente, el sitio agregado a la hacienda por su
yerno Vicente de Juan y su hija Rita, levantado en el camino de San
Vicente de las Torrenteras. Según Varona Pupo, en un punto conocido
como el Almacén de Banes.
Otra muestra del corto número de habitantes del lugar era la
situación del alistamiento de los vecinos al cuerpo de voluntarios.
Entre marzo y octubre de 1855 se realizó en Banes una
reestructuración del cuerpo paramilitar. De ese proceso resalta que
en todos los cuartones banenses sólo había 8 armas de fuego y 42
voluntarios estructurados en una compañía de infantería y otra de a
caballo. La primera era dirigida por el oficial Juan Caraballosa y
la segunda por Félix de Feria.
El 9 de agosto de 1855, el Ministerio de la Guerra de Ultramar,
Sección de Fomento, recibió indicación de proyectar un Faro en
Punta Lucrecia, uno más a construir o reparar dentro del sistema de
alumbrado marítimo de la Isla de Cuba. Esa indicación dio pié al
único plan constructivo fomentado por el estado colonial en la zona
de Banes, en toda su historia de dominación sobre el territorio.
Para abril de 1859 los planos ya estaban concluido, definiéndose el
Faro como de primer orden. Se supuso que la construcción civil, sin
incluir el aparato de luz, costaría 80 mil pesos.
Muy interesante resulta la comparación de los documentos originales
del censo de población de la zona cerrado el 15 de agosto de 1861,
con los datos reportados por Jacobo de la Pezuela y
correspondientes al año 1858 y toda la zona del Partido de
Bariay.
La cuestión es si en el año 1858 Pezuela le reconoció a todo el
Partido de Bariay un total de 2 526 habitantes, nos impacta que el
censo de 1861, sólo para los cuartones de Samá, Banes, Berros,
Tacajó y Bijarú, los documentos originales informen un total de 3
282 habitantes, una cifra inusitada respecto al total de todo el
territorio del Partido. En el plano social, el censo de agosto de
1861, permite apreciar la situación del área banense antes del
estallido revolucionario en La Demajagua: Total de habitantes:
1909, de ellos: Blancos: 1612, Libertos: 168 y Esclavos: 129.
Según el reporte censal referido, la población estamentalmente se
dividía en un 88,44% de blancos, un 0,87% de libertos y un 6,75% de
esclavos, cifras muy diferentes a las ya conocidas de 1817. Ahora
el sector poblacional de origen africano equivalía al 7,62% del
total (una reducción del 49,84% en 44 años), dato indicativo de la
crisis social de la esclavitud, en el lugar.
En el plano habitacional la imagen era la de un mar de bohíos. Casa
de mampostería: una, de tabla y tejas: 4, de tabla y guano: 3 y de
embarrado y guano: 234. Para 1866 lo típico en el plano económico
de la zona de Banes era el predominio de los sitios de labor en las
categorías de medianas y pequeñas propiedades y de algunos ingenios
y un trapiche dentro del partido de Bariay. Los ingenios y el
trapiche eran de tan ínfimo valor que Carlos Rebello no consideró
oportuno incluir ninguno de ellos en su estudio sobre el tema
azucarero cubano, publicado en 1860.
Para el inicio de la Guerra por la Independencia de Cuba el 10 de
octubre de 1868, la zona de Banes era un territorio
fundamentalmente boscoso y apartado del desarrollo jurisdiccional
holguinero, fomento económico crecido hacia el eje Holguín -
Auras - Gibara. Realidad sustentadora del criterio
desesperanzado del historiador local don Diego de Ávila y Delmonte,
que consideró la zona de la Ensenada en 1865, como un lugar
holguinero, simplemente remoto.
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